Se tiene la idea torpe de que cualquiera puede ejercer un juicio sobre cualquier manifestación artística al presentarse ésta de formas tanto accesibles como comunes. Una crítica correcta correspondería al ejercicio intelectual de reconocer tanto las virtudes como los vicios que compongan la obra. Con esto no se quiere decir que aquel que no posea una razón critica no puede gozar de la contemplación de una obra de arte, el arte no es solo intelectual, no se deslinda (ni debe) de la carga emocional propiamente humana.

En el caso particular de la cinematografía, se tiene que ejercer más que en otras artes un juicio crítico, al componerse de las otras seis bellas artes, ninguna ha escapado a ese “movimiento de imágenes” (kíνημα y γράφειν), y esto le confiere una complejidad más amplia que a otras formas artísticas, por lo que necesita aún más detenimiento su contemplación. Al hablar de cine, se habla de algo relativamente nuevo; los demás artes ya le llevaban varios siglos de nacimiento a esta joven manifestación que apenas ve la luz a principios del siglo XX, y en este siglo ha manifestado ser la forma más popular de creación artística, por mucho que el postmodernismo hable de una muerte del arte tendrá que pensarse que el arte avanza a pasos agigantados (al igual que la tecnología) en todo el desarrollo del siglo pasado; la cinematografía pasó del cine mudo y bicolor, a una elaboración más compleja en lo que refiere a los soundtracks, la fotografía, las tomas con las cámaras a la vez que las actuaciones comienzan a ser más y más complejas.

Ahora bien, como se ha dicho el cine es la amalgama de muchas otras artes realizadas en conjunto, su duración es relativamente más prolongada que la mayoría de las otras bellas artes, así que debe pensarse de inicio que el espectador verá un montón de imágenes que no se detienen y que se relacionan entre sí de manera continua, llevando así la pintura a niveles mayores; cualquier persona podría apreciar por una hora un solo cuadro y en el mismo tiempo se le habrán presentado más imágenes en una proyección fílmica, la contemplación cinematográfica exige entonces miradas atentas para su mayor apreciación. Por otra parte se tiene la combinación de música, danza y literatura, que sí bien ya se había consagrado tanto en el teatro de orígenes trágicos y en la ópera, en el cine se permite una visión más amplia de estas manifestaciones gracias a las distintas tomas que una cámara puede realizar, no situándose en un punto en el cual esté el espectador sino permitiendo observar puntos específicos que dan énfasis a la creación artística. En lo que se refiere a la escultura y la arquitectura tendremos que pensar nuevamente en las tomas que una cámara podría hacer y que en el pasado difícilmente la mayoría de los espectadores podría haber resaltado, pero así mismo esto es lo que compone tantos escenarios que recrean y permiten “echar a volar” la imaginación tanto de directores como de espectadores, otorgando paisajes sumamente irreales o la recreación de escenarios que parecen reales. Así mismo es en esta manifestación artística que el vocablo de arte y técnica vuelven a conjuntarse como originalmente estaban (τέχνη), la tecnología y el arte no chocan en sentido alguno en el séptimo arte, sino que permiten el desenvolvimiento y abarcar más horizontes la una de la otra.

Y de la misma manera en la cual la cinematografía recupera el sentido auténtico (como palabra no como manifestación) del arte, recupera también la forma en la cual los espectadores recurren a observar la obra. El ciudadano griego esperaba esa época del año en la cual podía acudir a ver las tragedias, dejar de lado el arado, la pesca o cualquier otra forma de trabajo, sumergirse en el olvido de su realidad y con ello relajarse, lo mismo pasa con el burgués de los siglos XVII, XVIII y XIX, que deja sus negocios para acudir al teatro, y así como acontece en estas dos formas de espectadores, lo mismo ocurre con el espectador de cine; muchos de los que acuden a las salas tan solo lo hacen como una manera de escape, buscando tan solo la recreación y no el goce estético en cuanto tal.

Existe un juego hermenéutico bastante curioso en el arte: entre el artista, la obra y el espectador. Por una parte, el artista quiere decir algo en su obra, por otra parte, la obra puede proyectar más de lo que su creador pretendía, y por último el espectador que puede ser de dos tipos: aquel que solo desea la recreación y por otro lado aquel que quiere admirar la obra buscando su complejidad estética. Toda obra de arte posee en sí misma un propósito, hay algo de lo que habla, pero el lenguaje artístico por momentos es demasiado ambiguo, pero a la vez es muy claro es entonces que cabe establecer una pregunta: ¿La obra de arte es algo en si misma o exige ser develada?

El supuesto más o menos explícito de algunas filosofías es que el artista como individuo de excepción, dentro del común de los hombres, está dotado de un poder visionario que penetra profundamente en todas las cosas. De algún modo, ante sus pupilas limpias de todo interés mundano, se presenta la realidad como es en sí misma, que una vez reflejada en la obra sorprende como una revelación al ser vista por los demás. Es el hombre que al despojarse del velo que oculta la verdad de las cosas las descubre en su auténtico ser1.

A partir de lo mencionado por Samuel Ramos, se debe entender entonces que hay que develar la obra de arte, que es algo ya en sí mismo, pero existe más de fondo, que se deben a analizar las partes que constituyen la obra. En el caso de la cinematografía los ingredientes que constituyen y posibilitan su creación estaban otorgados antes de su nacimiento, en la poética de Aristóteles, y si bien se podría acusar de poner palabras en la boca del filósofo estagirita, a continuación, se otorgara una helenización del cine más que una actualización del discurso.

Seis son las categorías que Aristóteles otorga a la tragedia para que, dé esta forma pueda alcanzar su más alta manifestación: argumento, dicción, pensamiento, carácter, canto y escenografía2, son los elementos constitutivos del arte poético (entiéndase aquí que compete a la creación trágica, el teatro, y para propósito de estas líneas el cine) dentro de los cuales se desarrollara toda la obra, aunque pueden analizarse de manera individuo. La escenografía es aquella que cautiva al público, pone el lugar donde se ha de desarrollar todo el entramado artístico que componen los otros cinco elementos, no por ello menos importante puesto que el espectador debe ser seducido por la obra de tal forma que la contemplación le resulte artística.

Consecuente a la escenografía se establece el canto, el soundtrack, que no se muestra ajeno en la tragedia ni en la ópera, es aquello que adereza la obra y otorga algo más de lo que a simple vista se puede apreciar, como lo representa ya la música como fenómeno artístico aislado, hace hablar al alma cuando todos los elementos calla, y junto a la escenografía coloca el ambiente en el cual todo transcurre. Así mismo se habla también de la dicción, siendo algo que no se aprecia de manera inmediata en la obra, es la manifestación ya sea en verso o en prosa de aquello que se plasma, el guion sin más, la unión con la literatura y que es el entramado oseo de la obra; y hasta el momento se ha creado tan solo el hueso y carne de la obra. El carácter, por otro lado, se encarga de plasmar aquello que la dicción marca, la actuación, el representar de la mejor manera posible aquello que constituye el cuerpo, y si bien la escenificación y el canto son el ambiente de la obra, la actuación es aquello que otorga el espectáculo en sí, las miradas están pendientes de él puesto que es aquello que se observa de manera inmediata y es en este punto donde el espectador-no- estético se detiene y rara vez llega a observar algo más allá.

El pensamiento se encargará de que todo lo anterior obedezca a cierta verosimilitud y necesidad, que aquello que se está plasmando en la obra sea pertinente y no exagerado ni se quede corto, sino que sea en la justa medida, cada elemento tiene que ir al caso con el argumento. El argumento, menciona Aristóteles, es el alma de la tragedia, es el punto primordial y que difícilmente se ve en la obra, es la premisa a partir de la cual todo lo demás puede suceder, siendo ya de carácter simples y complejos, en ciertos casos se manifiesta más de un argumento, pero esto no es tan agradable para el filósofo griego; el argumento es aquella imitación de acciones humanas y por ende es aquello que vuelve más complejo su apreciación.

Un ejemplo de cómo se manifiestan estás categorías en el arte cinematográfico se puede apreciar en el cine “comercial” y en aquel cine que pretende ser más artístico, piénsese por ejemplo en El señor de los anillos, este film posee premiaciones por su fotografía, escenarios, soundtrack, actuaciones, la adaptación del guion, dirección, pero en lo que refiere al argumento al no ser simple no se termina de plasmar del todo, el argumento no es solo la lucha del bien contra el mal, sino que a la par se desarrollan, la amistad, el amor prohibido, la guerra, la esperanza, etc. Todas emociones humanas que no terminan de ser bien desarrolladas. Por otra parte, mencionemos A Clockwork-Orange, este film a pesar de no tener galardones de la academia, en la banda sonora, escenografía tiene reflejado de manera precisa su argumento, que es complejo, pero es tan solo uno: la violencia humana, todo lo demás es adorno del argumento y constituye la atracción (o repulsión) a esta obra, el asesinato a la anciana de los gatos, la técnica de Ludovico, Beethoven, son tan solo consecuencias de la dicción y el pensamiento que se quieren establecer de la obra de Burgues, que aunque no es una adaptación fiel del libro sigue cumpliendo el cometido de representar un mismo argumento con una actuación magistral por marte de Malcolm McDowell; en este punto cabe mencionar que los galardones tanto de los Oscares como Canes refieren a las categorías aristotélicas, quizá de manera accidental o quizá de manera directa.

No debe confundirse el argumento con la historia, la historia en todo caso coincidiría más con la dicción, es decir el desarrollo del argumento; éste último está enfocado, como ya se ha mencionado, a la imitación de acciones humanas: Ars Imitator Natura (el arte imita la naturaleza)3 el hombre interactúa de distintas maneras con su entorno, la finalidad el arte es proporcionar un sentido a la vida: “La ciencia tiene en común con el arte el hecho de que lo más cotidiano le parece completamente nuevo y atractivo, como si hubiese surgido por el poder de un encantamiento y se viviesen ahora por primera vez. La vida es digna de ser vivida, dice el arte, la seductora más bella; la vida es digna de ser conocida, dice la ciencia4“. En su afán de dotar de un propósito la existencia, la obra no puede desligarse entonces de un discurso antropomorfizado, es por ello que en el caso del a cinematografía el género de ciencia ficción o incluso las películas animadas, no están alejadas de las emociones humanas, el argumento representa ese sentir humano y el escenario, dicción, pensamiento y demás van en torno a éste por más irreales que sean.

Además de la Mímesis la Catarsis también apoya al argumento, si como menciona el filósofo estagirita, la catarsis se crea a partir de la compasión (eleos) y el terror (phobos)5 deberá entenderse entonces el desenvolvimiento del propio yo en la obra, es decir, el momento en el cual se crea la catarsis o se siente terror y compasión por algún carácter representado en la obra, es porque se está observando el propio yo en la obra, no como una aspiración estúpida de aquello que se quisiera poder hacer, sino en el sentido más humano, el sentirse Hannibal o Maximilliam Cohen por ver rasgos nuestros, la obra de arte no debe de ser ajena al espectador sino mostrarle algo propio de él mismo, su develamiento consiste entonces en el entramado emotivo que solo puede obtenerse por la mirada atenta del espectador.

A pesar de que el argumento se debe desarrollar y mantener durante toda la manifestación de la obra artística, la catarsis puede solo manifestarse en determinados momentos, no habrá una semejanza para con el personaje de manera directa ni todos los espectadores podrán encontrar semejanza en las mismas cosas, no se trata de sentirse un ser sumamente poderoso o un dios, sino de sentirse más humano, en ese sentido hay algo que delimita la creación cinematográfica, sino es que toda forma artística, y es que está no puede.

Dejar de lado el discurso antropomorfizado, no como si esto fuera un cadena que impidiera su desarrollo sino que en tanto mimesis de la realidad, no puede el hombre más que buscar en la obra una suerte de espejo, cierto es que no busca el terror ni la compasión y que mucho menos todos los “artistas” imitan de la misma forma:

Por otra parte, puesto que quienes imitan representan a personas en acción, y es forzoso que éstas sean nobles o viles (pues los caracteres casi siempre se reducen a estos tipos, ya que, en lo que hace al carácter, todos los hombres se distinguen por el vicio o por la virtud), imitan a personas mejores que nosotros, o peores o semejantes6.

Pero a pesar de que tanto los componentes constitutivos y cualitativos (mimesis y catarsis) que se han otorgado a la cinematografía, no pueden acoplarse a toda obra cinematográfica, frente a estas categorías van a escapar la comedia, debido a que simplemente retoma y exagera las formas propias humanas por lo cual no puede generarse una identificación con la obra y no se postula conforme a lo necesario o verosímil. Se ha plasmado el ingrediente esencial del sigue que será entonces el tomársele enserio y con rigurosidad, no se está alejando del todo la mofa y la burla pero no es propósito de la cinematografía (o de arte alguno) el reflejar caracteres peores a los espectadores; peores en el sentido en que, la burla se genera a partir de un tercero y no una identificación.

La mirada imparcial que en un momento proporciona Aristóteles para la apreciación y construcción del arte trágico, sobrevive y subsiste en varias formas de arte, pero como se ha dicho es en la cinematografía donde retoma su sentido autentico; un arte trágico nuevamente se presenta ante los hombres. Es imparcial el método aristotélico en tanto que no le interesan los gustos personales de aquel que observa la tragedias y toma en cuenta las categorías constitutivas tanto como aisladas como en su relación entre sí, por lo que proporciona al espectador una mirada más cercana a la apreciación autentica, y no la búsqueda del mero refugio temporal de la realidad.

Así mismo tendrá que decirse que en las líneas anteriores se entendió por cinematografía tanto el cine comercial como el que pretende ser arte de manera inmediata, si bien es algo casi imposible escapar del fenómeno mercantil no por ello habrá de decirse que pierde sus rasgos propiamente artísticos; el único problema de esto es que como todo producto de consumo, el espectador (ya sea el que se recrea o aquel de mirada estética) tendrá que consumir productos elaborados en masa, elaborados en una cadena industrial (se habla de una industria cinematográfica) y que por ende, como se realiza con los alimentos, deberá cuidarse bien que se ha de consumir.

Para finalizar, tendrá que decirse que, como consumidores de un producto artístico debería educarse tanto el ojo como el oído para saber apreciar y también exigir mejores “productos”. Si se han otorgado categorías para apreciar el arte, han de utilizarse con rigurosidad, el arte debe ser tomado en serio porque su comprensión total exige un ejercicio riguroso, y claro que con esto no se está deslindando los gustos personales por determinados géneros cinematográficos, tan solo se desea ejercer una crítica auténtica del cine.

Notas

[1] RAMOS, Samuel, Arte y Poesía, prologo, pp. 14 – 15, fondo de cultura económica, México, D.F. 2006

[2] Cfr. ARISTÓTELES, Poética, trad. de Teresa M. Manzano y Leonardo R. Duplá, editorial gredos, Madrid, España, 2011

[3] Ob. Cit.

[4] NIETZSCHE Friedrich, Obras completas, Homero y la filología clásica, p. 221, trad. de Manuel Barrios, editorial Tecnos, Madrid, España

[5] Cfr. ARISTÓTELES, Poética, trad. de Teresa M. Manzano y Leonardo R. Duplá, editorial gredos, Madrid, España, 2011

[6] Ob. Cit. §1448a 2, pág. 37

Bibliografía

ARISTÓTELES, Poética, trad. de Teresa M. Manzano y Leonardo R. Duplá, editorial gredos, Madrid, España, 2011

NIETZSCHE Friedrich, Obras completas, Homero y la filología clásica, trad. de Manuel Barrios, editorial Tecnos, Madrid, España

RAMOS, Samuel, Arte y Poesía, prologo, fondo de cultura económica, México, D.F. 2006

Artículo de:

Alex Rivera (autor invitado):
Lic. en filosofía por la UAE, cofundador del podcast ahí les va la res extensa. Actualmente, imparte clases de lógica en preparatoria, miembro del Colegio Profesional de la COMEFI.

Imagen | Pixabay

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