El jardín japonés (日本庭園), es un elemento arquitectónico fundamental a la hora de entender la idiosincrasia de la vivienda privada más tradicional en Japón, así como suponen un elemento fundamental en el planteamiento de las zonas urbanas y están presentes en los santuarios budistas y sintoístas o incluso en castillos.

Tienen su origen en la época Asuka (552-710 d.C), importados en buena medida como otras manifestaciones artísticas de China, concretamente, de los jardines imperiales de la época Tang. Será un poco más tarde, durante el período Nara (710-794), cuando adquieran la apariencia natural que los acabará caracterizando. Durante la época Heian (794 a 1185) vivirán un período de florecimiento. En tiempos de la época Kamakura (1185–1392, se redacta el tratado de jardinería y paisajismo más relevante hasta el momento: el Sakutei-ki, que apuesta por la práctica del ‘equilibrio inconstante’ de las rocas en el jardín, con formaciones menos artificiosas, reflejo del equilibrio del ser humano con el Cielo y la Tierra, y que otorga una especial sensibilidad al lugar, una especie de ‘naturaleza viva’.

Los jardines tendrán un papel especialmente importante durante el período Edo (1603-1868), esencialmente pacífico; e irán sufriendo algunas variaciones a lo largo del tiempo. El estudio de la composición de los mismos está también en boga en la actualidad, puesto que se les sigue considerando todo un desafío y que recoge buena parte del pensamiento japonés.

El jardín japonés esconde una gran variedad de elementos simbólicos. Podemos distinguir diversas categorías de jardines japoneses:

  • Jardín de paseo: están concebidos para ser observados desde un sendero, y generalmente están cerca de castillos o similares. Es habitual que contengan estanques o lagos que simulan las mareas.
  • Jardín de aposento: la idea es poder verlos desde un punto estático como una casa de té o un pabellón.
  • Jardín de té: están pensados para que se deba recorrer un pequeño camino con baldosas hasta el lugar donde se realiza la ceremonia.
  • Jardín de contemplación, o jardín seco: anexos a los templos budistas (zen), están pensados para ser observados desde la plataforma del templo. La idea es que permitan meditar, por ello son campos de arena poco profunda recubiertos de piedras pequeñas que simulan el mar (siendo las piedras de mayor tamaño islas) o bien el vacío del Universo (siendo las piedras de mayor tamaño los cuerpos celestes).

La idiosincrasia nipona:
elementos del jardín

Por otro lado, podemos indicar cómo a la hora de que se conformen los jardines japoneses, es esencial la idea de que sean sencillos, simples en sus formas, aunque elegantes, lo que les hace adquirir ese aire de naturalidad así como de asimetría o imperfección que los caracteriza. Básicamente, se trata de una porción idealizada de la naturaleza que puebla el archipiélago nipón.

La espiritualidad y la serenidad del paisaje, reflejo a veces del propio creador, y que requiere numerosos cuidados y mantenimiento, les hace objeto de la práctica de ciertas maneras de espiritualidad japonesas, y son en sí mismos una metáfora de la cultura e incluso el medio ambiente japonés, y pretenden la unificación del cuerpo y mente de quien los observa. 

Encontramos algunos elementos comunes principales:

  • Rocas, uno de los elementos principales, a las que se presta especial atención a la hora de diseñar el jardín. No se cambia artificialmente la forma, textura o tamaño que tengan, pues son reflejo de la composición montañosa del propio archipiélago japonés (y de algunas montañas particulares sagradas en ocasiones). A veces se las representa rodeadas de agua.
  • Agua, parte central también del jardín, es la contraprestación de la roca, y el elemento que sostiene y da continuidad al resto (puentes, isla central).
  • Arena o grava, representan las playas de Japón y son signo de purificación. Se suelen presentar decoradas por las marcas de deslizar en ellas un rastrillo especial (práctica que favorece la meditación).
  • Puentes y pasarelas, son de madera o piedra, forma arqueada y suelen conducir a la isla real del jardín. Signo del paso a la inmortalidad espiritual.
  • Vallas y cercados, señalan el momento en que nos encontramos dentro del recinto, y en el caso de los santuarios, el paso del mundo profano a un espacio sagrado.
  • Fuentes de piedra, suelen proveer agua potable.
  • Faroles tradicionales, para alumbrar el recinto.
  • Edificios y pequeños pabellones, a parte de su función específica (como museos o viviendas), son un elemento aglutinador del jardín.
  • Caminos y senderos, guían el recorrido por el jardín pero sin perturbar los otros elementos. Pueden ser de tierra o baldosas.
  • Isla real, en el centro del jardín, símbolo de la paz espiritual.
  • Casas de té, donde realizar la ceremonia homónima.
  • Vegetación, entre la que destacamos arces japoneses (símbolo de la juventud), bambú, cerezos, pino negro japonés (símbolo de longevidad), camelias, helechos y azaleas (parte ornamental) y musgo. En las zonas de agua a menudo encontramos la flor sagrada del budismo, el loto. Algunas especies son de hoja perenne y otras caduca (para reflejar el paso de las estaciones).
  • Animales, como tortugas (símbolo de longevidad), grullas o peces como las carpas o koi (símbolo de perseverancia).

Algunos ejemplos
repartidos por el mundo

Como parte importante de la cultura japonesa, los jardines también se han exportado al exterior, reflejo de aquellas cuestiones culturales que hemos podido apreciar. Aquí destacamos algunos ejemplos:

  • Jardín Kinkaku-ji, en Kioto (Japón), o ‘Templo del Pabellón Dorado’ fue construido en el s. XIV para el descanso del shogun. Se incendió varias veces y luego se convirtió en jardín zen. Destaca por su casa del té y su amplio estanque. La vegetación que rodea el templo es muy abundante y de gran belleza.
  • Jardín Isui-en, en Nara (Japón), que rodea un templo budista, es un jardín del s. XVII que destaca por su estanque en forma de tortuga y la utilización de los montes que lo rodean como parte del propio jardín. Tiene una casa del té y algunos puentes en madera y piedra. El agua utilizada proviene del cercano río Yoshikigawa.
  • Jardín japonés de Buenos Aires (Argentina), construido con el aporte de organizaciones civiles japonesas de la zona como conmemoración de la visita de la familia imperial nipona a Argentina a finales del s. XX. Cuenta con un gran estanque, puentes, puertas ceremoniales y también un gran farol muy distintivo. Entre la vegetación, destacan las plantas ornamentales como la azalea.

Imagen | Unsplash

Texto de:

Esther M. Martín Sánchez (autora invitada):
Grado en Estudios de Asia Oriental por la Universidad de Sevilla. Especialista en Fenomenología de las Religiones de Japón y China, y gran amante de todo lo relacionado con cuestiones lingüísticas y culturales.

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por autores invitados

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