Estimado lector, tu realidad fue escrita por un vencedor. Sin importar la razón o la forma en que pasó, el presente es el resultado de un triunfo y somos felices con ello, ¿o no? Comencé este artículo citando al famoso Tucídides, padre de la historia política y contemporánea, objetivo historiador que estableció las bases para una historia verdadera donde se contara lo que sucedió de forma tan confiable que nadie la pudiera cuestionar, su mención no es fortuita, él eligió escribir sobre un suceso que apenas lo conoció supo que sería el más grande, que marcaría al devenir humano y que pasaría a la historia por su importancia; en la actualidad la Guerra del Peloponeso es considerado un suceso muy antiguo que tuvo su importancia y que hoy le ha superado en este aspecto la propia obra de Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso, no es que el historiador se haya equivocado sino que él no fue quien dictó que permanecería en la memoria colectiva.

Muchas veces hemos escuchado la frase “la historia la escriben los vencedores” ¿quién nos condenó a tal desgracia?, ¿acaso fue Walter Benjamin, George Orwell o aquellos que han gobernado como viles señores feudales explotando el trabajo de la mayoría para llevarse el crédito de la memoria en la línea temporal de la historia? No pretendo hacer una crítica al poder político, económico o religioso, solo es que sin hacer referencia a ello no es posible hablar sobre cómo se ha eliminado al individuo de la historia para hacerle parte de la masa. La frase antes mencionada es perversamente sincera, los “vencedores”, estos héroes que mandaron a dar la vida a otros para terminar con una batalla que ellos mismos comenzaron, son los encargados de dictar qué y cómo se escribe, me pregunto ahora dónde quedamos los historiadores y cuál es nuestro papel en la sociedad.

No creamos que los historiadores somos ángeles imparciales que pueden hablar de lo que sucedió realmente sin tomar posturas, todo es subjetivo y así mismo será nuestro discurso, al aceptar esto seremos libres; sin embargo, vivir en la mentira suena más digno. Tampoco es que los historiadores fomentemos los discursos de odio o que con toda intención creemos información falsa (al menos en la mayoría de los casos no es así), como seres humanos que somos, nos dejamos llevar más por la pasión que por el intelecto; ya pasó la época en la que se creía posible alcanzar una razón absoluta y dejar los asuntos del corazón a un lado, ahora aceptamos la posibilidad de la libre elección y con ella, el poder hablar de aquello que más nos atrae.

Ahora afrontemos la relación entre el discurso y el libre albedrío. Todo recae en la ideología ¿acaso los belgas del siglo XIX creyeron que colonizar el área del Congo y explotar sus recursos era erróneo? La respuesta es no, ellos tenían una visión paternalista, llevarían el desarrollo, escuelas y hospitales para que sus hijos ilegalmente adoptados pudieran ser mejores, ser como ellos; además, a cambio obtendrían recursos para mantener su imperio, ello permitiría el esplendor belga al que ninguna otra potencia pudiera igualar. Tampoco podemos olvidar que los belgas se distinguían por ser personas blancas, por lo tanto, mejores; por razones naturales y hasta divinas (según ellos), estaban destinados a gobernar sobre aquellos que tuvieran piel obscura, pues estos tenían la tendencia a ser menores de edad toda la vida. El racismo y el paternalismo son parte de una ideología qué necesita de alimento, le encantan las artes y las letras acompañadas de un poco de política y en ocasiones de explotación, sus ciervos son todos los intelectuales y grandes pensadores que se encargarán de tenerle todo listo para cuando guste.

No todas las ideologías son negativas, estoy tratando de llegar a un punto que es más fácil de ilustrar con este tipo de ejemplos. Al tener una ideología, guiamos nuestros proyectos y actividades hacia ella, creemos que podemos aportar al bien común y, por lo tanto, queremos seguir las normas de esta para alcanzar nuestro objetivo, las ideologías son colectivas y nos apoyamos del grupo, lo vemos con el socialismo, con el feminismo y con otros -ismos. Los historiadores también tenemos ideologías a las que queremos dar un sustento académico, validarlas en nuestra área y es muy fácil hacerlo con el pasado.

Si no se hubiera admirado tanto a Alejandro Magno, si posterior a su muerte, sus predecesores hubieran decidido que no fue el más grande conquistador, si en su momento hubiera imperado otra ideología o se hubiera admirado a otra figura, Plutarco no hubiera escrito su biografía ni le hubieran alagado tanto, quizá Alejandro hubiera sido eliminado u omitido de los anales y el Imperio Macedonio no sería recordado, su triunfo en la guerra no habría sido significativo ¿quién escribe la historia entonces? Winston Churchill dijo alguna vez que “La historia será generosa conmigo, puesto que tengo la intención de escribirla” y claramente escribió parte de la historia y formó parte de importantes sucesos, digamos que trascendió, pero, ¿qué si en un futuro se quisiera olvidar todo lo relacionado con Reino Unido y Churchill es el primero en ser eliminado?

Pienso que he llegado al punto. Los triunfadores no escriben la historia, en cambio, marcan los sucesos históricos; los historiadores somos quienes decidimos qué tema es el que trabajaremos, a quienes rescataremos del olvido y cómo lo haremos, esto dependerá (en parte) de nuestra subjetividad, nuestros intereses e ideologías. Hay cosas que se escapan de nuestras manos como la política o la religión, que tienen el poder de controlar los acervos históricos y en ocasiones, dependiendo cómo sea el sistema, de decidir lo que se puede investigar o el enfoque que se le dará.

La investigación y escritura de la historia siempre está en disputa, los sistemas son quienes la tomarán como premio al “triunfar” sobre otros y así reescribirla. La victoria más grande es el control de la información, teniendo esto se puede mover a las masas o confrontarlas con la opinión pública y los discursos legitimadores. Como historiadores y ciudadanos, es nuestro deber defender nuestra historia para que no sea manipulada para el bien de unos y el mal de muchos.

Imagen | Collage realizado por la autora con imágenes del banco de Canva.

Artículo de:

Beatriz Alvarado (Fundadora y directora de la revista cultural La Memoria Errante):
Estudiante de Historia y Arte en el Instituto Cultural Helénico (ICH) y de Comunicación y medios en la Universidad Tecnológica de México (UNITEC). Se ha interesado por la difusión de la historia, el periodismo cultural y el estudio de la opinión pública.

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Cita este artículo (APA): Alvarado, B. (2022, 29 de julio). La historia como victoria. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/07/la-historia-como-victoria

por La Memoria Errante

La Memoria Errante (LME) es una revista cultural y digital que surgió en 2020 ante la necesidad de crear un espacio donde artistas y humanistas pudieran compartir sus creaciones fuera del mundo académico. Actualmente, cuenta con escritoras y escritores de distintas partes de la República Mexicana y América Latina. Tiene convocatorias abiertas a todo público y busca hacer promoción de la lectura y la escritura haciendo uso de las diferentes redes sociales.

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