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Acerca del origen del Tarot no se sabe mucho, sin embargo, contamos con diversas teorías. La primera referencia la encontramos en el siglo XV, de la mano de la burguesía italiana. Es una baraja que actualmente se encuentra resguardada en la Universidad de Yale en Nueva York, y se le conoce como la baraja Visconti-Sforza. Recibe este nombre porque perteneció al duque de Milán, Filippo María Visconti. De esta baraja se cuentan 66 cartas o triunfos -como eran llamados en la Edad Media- que de hecho representan a miembros de la familia real. Otra teoría ampliamente difundida hace referencia a un origen egipcio. Muchos ocultistas -especialmente franceses- han señalado su génesis derivada de el Libro de Thoth, escrito por el dios egipcio Thoth, responsable de la escritura y el conocimiento.

Dado este desconocimiento acerca de su origen, es de esperarse que ningún mazo de cartas, por muy antiguo que sea, se refiera al original. Esta es una de las razones por la cual ha generado una inmensa fascinación; ya que lejos de alejarnos de su comprensión y conocimiento, nos permite darnos cuenta de la complejidad de esta herramienta terapéutica.

Aunque no podamos referirnos a un primer mazo de cartas, sí podemos acercarnos a su comprensión a través de su propia historia y las múltiples transformaciones que ha tenido. Es por esta razón, que muchas personas se refieren al Tarot como a una entidad; debido a la cantidad de energía que se ha dirigido hacia ella a lo largo de su historia.

El viaje del héroe

El Tarot está compuesto por 78 cartas en total; 22 pertenecen a los Arcanos Mayores, y 56 a los Arcanos Menores. Los Arcanos Mayores son 22 cartas que van numeradas del I al XXI en números romanos, y una carta que no tiene un lugar ni número específico; es el 0, que se le conoce como El Loco. Estas cartas también se conocen como Triunfos o Arquetipos y “pueden verse como una historia muda de las experiencias que se encuentran en el camino de la autorrealización” (Nichols, 2011, p. 26). Lo que los estudiosos del Tarot explican, es que estas cartas son representaciones simbólicas de la vida de todo ser humano, por lo que, si cualquier persona se detiene a analizar sus pensamientos, su contexto y su actuar de ese momento, siempre encontrará un Arcano que lo represente. Ninguna de estas figuras permanece estática en nosotros, sino que conforme a las experiencias que vamos viviendo y los procesos en los que nos vemos envueltos, nos situamos en lugares distintos de este mapa que es el Tarot.

Una perspectiva fundamental para entender el Tarot, es visualizarlo como el viaje del héroe. Este héroe -que somos nosotros mismos- tiene que hacer un recorrido por un mapa que le llevará a analizar e integrar tres dimensiones de él mismo:

  1. Reino de los Dioses
  2. Reino de la Realidad Terrestre y de la Consciencia del Ego
  3. Reino de la Iluminación Celestial y de la Autorrealización

Estas tres dimensiones están representadas en el Tarot y las podemos visualizar acomodando las cartas de manera que queden 3 filas, de 7 cartas cada una sin contar al Arcano 0 -El Loco-.

Cada una de estas filas representa una dimensión de la vida del ser humano, y a su vez, de la historia del mundo. La primera dimensión llamada el Reino de los Dioses nos señala un fuerte vínculo familiar. Podemos asemejarlo a cuando apenas llegamos al mundo, e indefensos, necesitamos de protección y mucha sabiduría de parte de nuestros padres -La Emperatriz y El Emperador-. Nos relacionamos con el mundo a través de figuras paternas y una familia.

Una vez que ese lazo se ha fortalecido y tenemos más confianza en salir y explorar el mundo, llega el Reino de la Realidad Terrestre y de la Consciencia del Ego. En esta dimensión experimentamos una ruptura con lo conocido, con lo que no es familiar. Empezamos a conocer el mundo tal cual es y, por lo tanto, comprendemos que no somos los únicos seres en el mundo y mucho menos los más importantes. La primera capa del Ego empieza a desvanecerse y empezamos a experimentar esos impulsos humanos que hasta ahora habían permanecidos enterrados en el inconsciente: deseo, injusticia, miedo.

Finalmente, en la última dimensión conocida como el Reino de la Iluminación Celestial y de la Autorrealización, se cae la última capa de nuestro ego. Percibimos el mundo con más pureza, sin divisiones o ataduras. Hay un interés por acercarnos a la naturaleza y experimentarla con todos nuestros sentidos. El último Arcano, llamado El Universo representa esta actitud hacia la vida, en la que somos capaces de entender la realidad desde el Uno y no desde lo dual. Es decir, para el Tarot sí existen estas polaridades como luz-oscuridad, femenino-masculino o positivo-negativo. Sin embargo, estas se integran como la cara de una misma moneda, por lo que resulta imposible percibirlas por separado.

Por otro lado, los Arcanos Menores son 56 cartas conformadas por 4 palos que a su vez, representan 4 elementos:

  1. Bastos – Fuego
  2. Espadas – Aire
  3. Copas – Agua
  4. Oros – Tierra

Estas cartas se dividen en grupos de 14 y van del 0 al 10. Dentro de cada uno de estos palos encontramos cuatro personajes: El Paje, El Caballero, La Reina y El Rey.

La principal diferencia con los Arcanos Mayores es el hecho de que éstos no representan arquetipos o personajes simbólicos, sino situaciones, creencias y actitudes. Básicamente aquello que ocurre en el exterior y no tanto en el mundo en el mundo interno o psique, característico de los Arcanos Mayores.

La feminidad en el Tarot

La presencia de lo femenino en el Tarot siempre ha resultado enigmática. Esto quizás, a raíz de la percepción de la mujer y lo femenino desde tiempos remotos, que, desde el principio de la historia, han permanecido fuertemente ligadas a la sensibilidad, la curación y la videncia. Jules Michelet comenta (2004): “Es su propio genio, su temperamento femenino. La mujer nace ya hada. En los periodos de exaltación, que se suceden regularmente, se convierte en Sibila. Por amor en Maga. Por su agudeza, su astucia, es una Bruja hechicera que atrae la buena suerte, o por lo menos, alivia las desgracias” (Michelet, p. 29). Esta devoción a lo femenino, y al mismo tiempo, su repudio, se ha trasladado a las diferentes figuras que ha representado la mujer a lo largo de la historia: La Papisa -Arcano Mayor inspirado en la Papisa Juana- La Emperatriz, la bruja, la curandera, la sibila y la madre, por mencionar algunas.

Durante la Edad Media, se relacionaba frecuentemente a la mujer con prácticas de profetización y ritos asociados al esoterismo; lo que en aquel tiempo era asociado con la brujería. Ante aquel desconocimiento, y debido a que muchas de estas mujeres fueron perseguidas, apedreadas y quemadas en la hoguera, se ocultaban en cuevas y espacios oscuros en donde sólo la masa del pueblo sabía dónde encontrarlas. Frente a esta breve contextualización surge la pregunta, ¿cuál es la percepción de lo femenino dentro de esta herramienta, usada durante siglos por estas mujeres?

No es casualidad que la primera figura femenina dentro del Tarot sea la Sacerdotisa. Tomando en cuenta que el Tarot es un mapa simbólico que representa la historia del mundo, es posible hablar de la Sacerdotisa como un momento histórico representado por energía femenina: un Matriarcado. “Todos los pueblos primitivos empiezan de la misma manera, como lo vemos por los viajes. El hombre caza y combate. La mujer piensa e imagina, engendra a los sueños y a los dioses; ciertos días se vuelve vidente, rosa el infinito del deseo y del sueño” (Michelet, 2004, p. 29).

Sin embargo, la figura de la Sacerdotisa no es la única con energía femenina dentro del Tarot. De hecho, esta energía aparece en cada Arcano, y, por lo tanto, es posible visualizar cada situación de nuestra vida como aquella que también alberga esta manifestación. Aunque en algunas cartas aparece de manera clara -es decir, representada como una mujer- en todos los arcanos se encuentra esta energía. En el universo de los Arquetipos, lo femenino y lo masculino aparecen como dos energías complementarias, y a su vez, opuestas. La una no se puede concebir sin la otra, y de hecho un exceso o defecto en alguna implicaría una catástrofe. Es cierto que lo femenino ha sido relacionado con la mujer, pero esto no porque el hombre no posea esto en sí mismo, sino por una serie de circunstancias que ha llevado a la mujer a experimentar con más cercanía e interés la sensibilidad y emocionalidad humana.

Con esto en mente, pasaremos a analizar cada uno de los Arcanos Mayores o Arquetipos, en los cuales es más visible esta energía femenina contenida en el Tarot. Analizaremos sólo algunos de los Arcanos y no todos en su totalidad, esto con la intención de no perdernos en detalles que quizá puedan desviarnos de nuestro objetivo original, y, por otro lado, centrarnos en aquellas cartas en las que aparece una mujer.

La Sacerdotisa

Simboliza el dominio sobre el mundo espiritual, la feminidad y la inspiración. Se nos muestra una mujer sabia con un libro en la mano, y al mismo tiempo su postura nos indica su disposición a escuchar a su pueblo. Representa a la madre -la maternidad- y la intuición. De igual manera, el color azul hace referencia a lo inconsciente, en una invitación a prestarle más atención. En otro tiempo se le asociaba con las Sibilas, “mujeres que anunciaban verdades sobre los misterios e historias del salvador…” (Herrera, 2009, p. 47) Este Arcano es considerado como uno de los más complejos a interpretar, debido al fuerte lazo que mantiene con lo inconsciente y la intuición. Recordemos que esta última no posee una lógica y estructura que podamos conocer con la razón, y tratar de aprehenderla de esta forma sólo generará una verdad parcial.

Es una carta opuesta al Arcano anterior, que es El Mago. Este representa la razón, la voluntad, los pensamientos y lo mental. Podremos darnos cuenta de que es una carta más mental.

“Símbolo de pureza total, La Papisa revela en nosotros la parte intacta que nunca ha sido herida ni tocada, ese testigo virginal que llevamos dentro, a veces sin saberlo, y que representa, para cada uno de nosotros, un pozo de purificación y de confianza, un bosque virgen, por explotar, fuente de potencialidades” (Jodorowsky y Costa, 2004, p. 312)

La Emperatriz

Su significado en general es positivo, ya que se relaciona con la abundancia y el afecto. Refiere a la belleza, la fertilidad, la maternidad y la naturaleza. En su polaridad negativa encontramos sobreprotección y malentendidos. Así mismo, nos señala una oportunidad para estar en contacto con nuestro lado femenino y nuestra intuición. De igual manera que la Sacerdotisa, la Emperatriz permanece en contacto con sus emociones, lo que lleva a que otras personas sientan mucha confianza y la busquen como consejera. Es una figura de personalidad fuerte y magnética.

Resulta curioso que, en algunas barajas como el Tarot de Marsella, el Arcano de El Emperador -la carta siguiente a La Emperatriz- aparezca con una postura como si estuviese mirando a la carta anterior, que es La Emperatriz.

La Fuerza

Esta carta muestra que tenemos las capacidades y habilidades para superar y gestionar lo adverso, lo instintivo y lo cambiante. En la mayoría de las barajas se representa como una mujer domando a un león. Esto nos señala una naturaleza firme, pero al mismo tiempo compasiva y delicada. Simboliza la fuerza física y moral, el autocontrol que se requiere para dominar nuestras pasiones y deseos representadas en el león. Se observa con claridad una ambivalencia entre lo emocional -la mujer que aparece- y lo instintivo -el león. De igual forma indica el dominio de la mente sobre la materia.

La Templanza

Representada por un ángel, simboliza en primera instancia la armonía. Después de la Muerte -Arcano anterior- llega la claridad y la luz, reflejadas en los tonos tenues y claros.

La mujer que aparece en la carta está asociada con la sanación, que se alcanza a través del equilibrio de ciertas situaciones, emociones, elementos, etc. Observamos como el ángel toca con un pie el agua cristalina, y con el otro la tierra, lo que representa la importancia de sumergirnos en lo profundo -inconsciente- sin por ello perder de vista lo que pasa afuera.

La Estrella

Cuando aparece esta carta en alguna tirada, normalmente tiene una connotación positiva. Representa a la belleza en todas sus formas, la comunicación, la suerte, la creatividad, la esperanza y la serenidad. Podemos ver una hermosa mujer desnuda, lo que nos remite a un contacto íntimo con la naturaleza. Parece segura de sí misma y de su contacto con el entorno, transmite mucha calma y jovialidad. Aunque este Arcano también muestra un contacto con lo emocional, observamos cierta claridad que quizás pueda provenir desde un razonamiento mucho más estructurado.

El Universo

Indica éxito, logros y culminación. Es una carta positiva que nos invita a cierre de procesos e integración. Es la última carta de los Arcanos Mayores y por esta razón representa el final del camino del héroe, en donde nos encontramos como la mejor versión de nosotros mismos, sin ataduras por parte de nuestro ego y literalmente, con el universo a nuestros pies. Representa la unión de todas las polaridades que nos hemos encontrado a lo largo del Tarot.

“Aunque el personaje es innegablemente femenino, lo que sugiere esta figura es la unión de los principios, el andrógino realizado” (Jodorowsky y Costa, 2004, p. 572)

Conclusiones

Dentro del Tarot, la noción de lo femenino se concibe como una energía necesaria, y que necesita estar en contacto con otras polaridades para poder manifestarse y desenvolverse a sí misma. Normalmente está asociada a la mujer, sin embargo, el Tarot explica que esta energía está presente en cada ser vivo, adquiriendo diversas manifestaciones conforme a la situación.

Lo femenino está fuertemente ligado a lo emocional, a lo intuitivo y al inconsciente; en contraste con figuras masculinas que representan sistemas un poco más lógicos y rígidos. Lo femenino también presenta una polaridad negativa, que está asociada con la falta de claridad, una personalidad evitativa y la falta de contacto con la intuición.

Referencias

Herrera Romero, M. A. & Asociación Mexicana de Alternativas en Psicología. (2019). Las sibilas y las profetas en la Capilla Sixtina. Revista Alternativas en Psicología. https://alternativas.me/31-numero-42-especial-2019/203-las-sibilas-y-las-profetas-en-la-capilla-sixtina

Jodorowsky, A., & Costa, M. (2004). La Via Del Tarot/the Life Of Tarot (1.a ed.). Siruela.

Michelet, J. (2004). La bruja. Ediciones Akal.

Milán, M. (s. f.). Curso de Tarot Newsletter. Punto Intuitivo. http://www.puntointuitivo.com.mx/newsletter.php?id=46

Nichols, S., Eskenazi, E., & van der Post, L. (2011). Jung y el tarot (1a Edición). Alianza Editorial.

Imagen | Unsplash

Artículo de:

Aranza Sánchez Romero (autora invitada):
Lic. en Filosofía (Universidad La Salle), maestrante en Psicoanálisis. Le gusta escribir y enseñar, imparte clases de Filosofía y participa activamente en distintos medios digitales para la difusión de la filosofía.

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por autores invitados

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