Las tendencias artísticas que surgieron a lo largo del siglo XX tomaron una gran inspiración del pensamiento filosófico de la época, ya que el carácter de las mismas era uno que buscaba la renovación constante, un movimiento en pos del porvenir. Es por esto mismo que son denominadas como vanguardias. Y al sufrir una ruptura de la unidad teórica, dichas vanguardias se apresuraron a intentar crear otra forma de atacar la realidad y sus diversas expresiones.

Una de las más llamativas es la del expresionismo, movimiento que vería la luz entre los intelectuales alemanes y franceses a principios del siglo. Esta vanguardia no tuvo realmente una escuela, pues sus mismos fundamentos lo impedían. Los artistas e intelectuales expresionistas renunciaban con fuerza a todo aquello que intentaba ser cercano a la Academia, no queriendo ser institucionalizados ellos se negaban a la transmisión escolar del estilo y la teoría. Se buscaba más bien un arte que revolucionara tanto la misma Academia como al mundo mismo, renovando tanto el arte como la sociedad. Querían que se reconociera que el arte expresionista se encuentra en todas las épocas y culturas.

El expresionismo y sus tiempos

En el expresionismo no basta con la capacidad de percibir o sentir, se oponen a la impresión, yéndose más bien a la vida interior, ellos buscan la intimidad y lo importante es más bien el expresarla. Como Benjamín Valdivia en su obra Ontología y vanguardias: Orígenes de la Estética de la fragmentación ya nos lo advierte:

Expresar no es un refugio de la vida interior, sino su puesta en el orbe de la materia: el sujeto siente y percibe, más no será eso lo que lo transforme en artista; lo será, como es de esperarse, la expresión que haga de aquellas inquietudes recónditas1

Y para esta expresión será vital para esta vanguardia la deformación, se desplazan los signos normales de las cosas reales para poder jugar con el tiempo mismo.

Es así que el expresionismo se debate entre ser un espiritualismo trascendental o un movimiento revolucionario. Esto se puede ver relacionado con su ideal revolucionario que pasaría a ser uno de redención en las etapas posteriores a su nacimiento. Una de sus bases filosóficas es esta revolución, prácticamente socialista y con matices materialistas. También se piensa en Nietzsche para la concepción ontológica del tiempo en dicha vanguardia, pues vemos que existen los tres tiempos y ninguno a la vez. Esto sucede gracias al pathos, que está orientado a destruir el cuerpo actual y sus manifestaciones.

Al imponer este pathos a la expresión somos capaces de observar que es incapaz de contenerlo porque pertenecen a tiempos distintos, conllevando así a la destrucción de dos cosas: a la forma de las figuras que lo representan y al quebrantamiento de la potencia expresiva del artista mismo. Por esto mismo es que el pathos irrumpe los tiempos, ya que es una vivencia interior de un futuro posible que sólo en él se expresa, y no está en un presente de impresiones, a pesar de que ve su concepción ahí. Y el pasado está presente en tanto hacemos sentido de nuestra interioridad, dejándonos así tres tiempos y ninguno a la vez.

Uno de los ejemplos que Valdivia da para poder entender esto es con Franz Marc y sus apuntes de la Primera Guerra Mundial, sus obras no pertenecen al instante de sus impresiones durante la guerra, no veremos la muerte y la destrucción catastrófica, sino que tendremos la aspiración expresiva respecto de un mundo mejor, ausente del tiempo, por el cual en su arte lucha para poder dar vida.

Un expresionismo Benjaminiano

Es durante su desarrollo que algo cambiará en los expresionistas, pues la redención comienza a tomar una importancia a la par o mayor a la que la revolución tuvo, mostrando así un puente importante con el filósofo alemán Walter Benjamin. Aunque se sabe que tuvo una fuerte relación con el surrealismo, me parece vital subrayar el cómo es que sus ideas sobre la revolución, incluso del tiempo, presentes en sus tesis sobre la historia tienen una fuerte relación con los ideales expresionistas.

Es sumamente sugerente el cómo la revolución es vista en el movimiento y con este autor, me atrevo a pensar que es incluso paralelo al “salto de tigre” que Walter Benjamin nos pide respecto a la historia, lo podríamos encontrar análogo con el “tiempo del ahora” que es mencionado en la tesis XIV. Citando al mismo texto:

El mismo salto, bajo el cielo libre de la historia, es ese salto dialéctico que es la revolución como la comprendía Marx2

Incluso la forma en que hemos de ver el pasado, donde hemos de atrapar una imagen perteneciente a éste para poder articular un presente. Pero es quizás en la tesis número III, donde nos habla sobre la redención, que se deja entrever una riqueza vital, donde este pasado le concierne a la humanidad redimida.

He aquí uno de los puntos más importantes que me parecen entre ambos: la revolución lo es todo. No podemos, ni debemos, mantenernos inertes frente al tiempo, mucho menos frente a esta máquina llamada progreso. Es mediante el arte, creo firmemente, que no sólo rompemos los estadios ontológicos del tiempo y la vida misma, sino que también somos capaces de articular y dar aliento a revoluciones que nos pertenecen a nosotros y a la humanidad entera. Con el arte encontraremos momentos para denunciar al vencedor y darle voz a los vencidos. Porque, en un mundo tan capitalizado y automatizado, la intimidad es revolucionaria. El expresionismo y su artista se deben tanto para la revolución como para los tiempos, pues si no se enciende esta chispa de la esperanza en el pasado “tampoco los muertos estarán a salvo del enemigo si éste vence. Y este enemigo no ha cesado de vencer.”3

Notas

[1] Valdivia, B. (2013). Expresionismo: la deformación desde lo interno. En Ontología y vanguardias: Orígenes de la Estética de la fragmentación (pp. 240). Calygramma.

[2] Benjamin, W., & (Trad.) Echevarría Bolívar. (2008). Tesis sobre la historia y otros fragmentos. (p.52) Itaca.

[3] Benjamin, W., & (Trad.) Echevarría Bolívar. (2008). Tesis sobre la historia y otros fragmentos. (p.40) Itaca.

Bibliografía

Benjamin, W., & (Trad.) Echevarría Bolívar. (2008). Tesis sobre la historia y otros fragmentos. Itaca.

Valdivia, B. (2013). Expresionismo: la deformación desde lo interno. En Ontología y vanguardias: Orígenes de la Estética de la fragmentación (pp. 239–252). Calygramma.

Imagen | Wikimedia

#arte, #estética, #expresionismo, #historia del arte, #Walter Benjamin

por Mayra Ortiz Franco

Estudiante de sexto semestre en la licenciatura de Filosofía en la Universidad de Guanajuato. Entusiasta de la estética, la música y la filosofía medieval. Integrante de la Red Mexicana de Mujeres Filósofas (ReMMuF).

error: Content is protected !!