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Reflexionar acerca de la idea del tiempo en San Agustín es una cuestión fundamental debido a que hace referencia al cambio de concepción del tiempo de la época antigua a la medieval, del cambio de paradigma que hubo. Esto se debe a que la creación es una idea totalmente nueva y ajena al mundo griego, una idea que da un nuevo sentido a la existencia del mundo y del ser humano. La Edad Media se trata de una etapa de transición y gestación de una nueva época con radicales implicaciones en todos los ámbitos de la vida humana.

Para poder explicar la concepción agustiniana del tiempo es necesario determinar la concepción del tiempo que se tenía en el mundo clásico, dado que el filósofo fundamenta su idea rebatiendo la postura griega: mientras que para los griegos la cuestión metafísica importante era el movimiento, puesto que partían de la preexistencia del mundo – lo que buscaban explicar era por qué el mundo cambiaba, su mutabilidad –, lo importante para el cristiano es justificar una nada que pretender ser, es la propia existencia del mundo lo que requiere justificación.

Tiempo y creación:
la palabra de Dios

Según San Agustín, el mundo demuestra la marca de la creación. La mutabilidad, que en la teoría clásica es la esencia del tiempo, es lo que indica que el mundo ha sido creado, porque lo mudable no es eterno.

Dios hizo el cielo y la tierra, y fueron hechos porque mudan y cambian, pero, ¿cómo fueron hechos? ¿Qué se usó para producir tal obra? Dios lo hizo como artesano que modela un cuerpo de otro según su libre albedrío. Lo hizo cuando habló. Con su palabra generó el cielo y la tierra. Pero, ¿cómo habló? Su voz sonó y pasó. Comenzó y terminó. Se trata de un acto temporal que sirve a su voluntad eterna; son palabras pronunciadas en el tiempo con su palabra eterna pronunciada en silencio.

En la palabra de Dios quedan dichas todas las cosas eternamente. Todo se dice de una vez y eternamente. De lo contrario, su palabra estaría sometida al tiempo y al cambio, y ya no sería verdaderamente eterna ni inmortal.

De este repaso de la creación, San Agustín nos deja en claro que la materia es ante todo temporalidad. El tiempo se da por el cambio de las cosas, y este cambio es un cambio de las formas en la materia. Ningún tiempo es coeterno a Dios, pues Dios no cambia nunca, y si el tiempo no cambiase, ya no sería tiempo, sino eternidad.

¿Existe el tiempo?:
Pasado, presente y futuro

Meditar sobre la creación lleva a San Agustín a plantearse cómo dejó pasar Dios innumerables siglos antes de decidirse a crear todo. No obstante, ¿cómo podían transcurrir innumerables siglos si todavía no habían sido hechos por el autor y creador de los siglos? ¿Podía existir tiempo que no estuviese creado por Dios? Dios es, sin lugar a dudas, el creador del tiempo, pero, ¿cómo se puede decir que dejó de obrar? Él hizo el tiempo, por lo que el tiempo no pudo pasar antes de que Él lo hiciese, pero si antes del cielo y la tierra no había tiempo, ¿por qué preguntamos qué hacía entonces? No puede haber un entonces donde no existe el tiempo.

Asimismo, aunque Dios era antes del tiempo, tampoco le precede al tiempo, dado que precede a todos los tiempos pasados con su eternidad siempre presente. Sus años están todos juntos porque permanecen, son un día, y su día no es otra cosa que un hoy, porque su hoy no cede al mañana ni sucede al ayer. El hoy de Dios es la eternidad. Sin embargo, nuestros días no habrán sido hasta que todos dejen de haber sido. Pero, ¿qué consideramos el ayer, el hoy y el mañana? ¿Cómo medimos el pasado, el presente y el futuro? ¿Cómo medimos, en definitiva, el tiempo? Y, ¿qué es el tiempo?

San Agustín en el capítulo catorce del libro XI de las Confesiones reconoce lo que probablemente todos sus lectores pensemos cuando se nos plantea la pregunta de qué es el tiempo: entendemos muy bien lo que significa la palabra «tiempo» cuando la utilizamos y cuando la oímos pronunciar a otros, pero únicamente sabemos bien lo que es si no se nos pregunta sobre ello. Es decir, sabemos lo que es el tiempo, pero no sabemos cómo explicarlo, cómo definirlo. No obstante, nos atrevemos a decir que si no pasara nada no habría tiempo pasado, y si nada existiese, no habría tiempo presente. Este es el punto de partida de reflexión de San Agustín para responder a la cuestión de si realmente existe el tiempo y acercarse a definirlo.

¿Cómo puede existir el pasado si ya no es y el futuro si todavía no existe? Por lo que respecta al presente, ¿cómo puede existir si su razón de ser estriba en el dejar de ser? Tal vez, al único tiempo que se le puede llamar presente es a un instante, si por instante entendemos lo que no se puede dividir en fracciones de tiempo. La duración del instante tiene que ser apenas imperceptible porque si no, podría dividirse en pasado y futuro. El instante no tiene duración ni extensión, pero, ¿acaso no es eso la eternidad?

“Todo lo expuesto hasta el momento demuestra que San Agustín ve el tiempo como una gran paradoja pues es un ahora que no es; el ahora no se puede detener porque al haber inmovilidad ya no sería tiempo” (Rojas Gómez, 1995, p.8). Por consiguiente, el tiempo se nos presenta como un pretérito o como un será que todavía no es.

San Agustín concluye la problemática de la existencia del tiempo pasado, presente y futuro acudiendo al alma humana. El filósofo introduce lo que es la distensión invisible de la mente humana: el tiempo encuentra su realidad en la vida interior del hombre, donde conserva dentro de sí el pasado y tiende hacia el futuro.

Tiempo y alma:
el tiempo como extensión del alma

A pesar de la complejidad de definir y de medir el tiempo, nos damos cuenta de él y de sus intervalos; comparamos uno con otro y decimos si unos son más largos y otros más cortos, pero, ¿cómo lo hacemos? San Agustín considera que al alma humana le ha sido dado el poder de experimentar y medir la duración del tiempo.

Medimos los tiempos a medida que pasan y los medimos sintiéndolos. Solo cuando está pasando, el tiempo puede sentirse y medirse, y una vez pasado ya no se puede sentir, porque ya no existe. ¿Quién sino nosotros podría medir los pasados que ya no existen y los futuros que aún no existen? ¿Se puede medir algo que no existe? No. Por ende, el pasado y el futuro han de existir y según San Agustín existen en cuanto que presentes.

Muchas veces programamos nuestras futuras acciones. Y sé también que esta programación es presente, a pesar de que la acción programada no exista todavía porque es futura. Comenzará a existir cuando la acometamos y pongamos por obra, porque entonces ya no será futura, sino presente.

(Agustín, 1990, p.330)

Reconocemos entonces que existen tres tiempos: un presente de las cosas pasadas, un presente de las cosas presentes y un presente de las cosas futuras. Estos tres tiempos existen en el alma de tres formas distintas: la atención del alma por las cosas presentes, la memoria o recuerdo de las cosas pasadas que asegura el vínculo entre los tiempos, y la expectación que reconoce el futuro o lo que se espera. En cuanto al futuro y las cosas futuras, éstas aún no son, pero su espera está en nuestra alma.

El futuro que espera, pasa por el presente – al que está atento – hacia el pasado que recuerda.

(Agustín, 1990, p.342)

En definitiva, el alma es la medida del tiempo, y el tiempo no es otra cosa que la extensión del alma misma. Lo que medimos por nuestra alma es aquella misma sensación impresa por las cosas que pasan y que queda impresa en nosotros después de que hayan pasado. Al medir el tiempo, medimos esa impresión o sensación que tuvimos en el presente que pasó o en función del que pasará. No puede, por tanto, haber tiempo sin criatura, sin alma.

Bibliografía

Agustín, San. 1990. Confesiones, Alianza editorial.

Rojas Gómez, M. (2015). Idea del Tiempo en San Agustín. Tiempo Y Espacio, (5), 123–132. Recuperado a partir de http://revistas.ubiobio.cl/index.php/TYE/article/view/1583

Artículo de:

Inés de Vicente (autora invitada):
Estudiante de Economía y Filosofía en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Interesada también en política e historia.

Imagen | Wikipedia

Cite este artículo: De Vicente, I. (2022, 19 de agosto). El tiempo como extensión del alma. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/07/el-tiempo-como-extension-del-alma/
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por autores invitados

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