El siguiente texto fue galardonado en los Premios Filosofía en la Red 2022 como el artículo más leído del mes de agosto del 2022.

En la filosofía la pregunta juega un papel vital, pues es realmente la encargada de darle vida y ponerla en marcha. Todo gran sistema filosófico tiene en su eje central una o varias preguntas que se intentan ser respondidas. En mi punto de vista, la filosofía no es definida muchas veces por las propuestas, sino por sus preguntas, sobre todo las “segundas” que van después de aquella respuesta. Me es más fructífero, siglos atormentados de preguntas que llenos de respuestas que se tornan dogmas. Las preguntas nos enseñan sobre el mundo y el Ser mismo. Están intrínsecamente relacionadas con la curiosidad, la creatividad, la innovación.

Pero, ¿qué es una pregunta? Jerzy Pele en su artículo para la Universidad de Varsovia la define como un enunciado o una sentencia interrogativa (2007, p.5). Hay varios tipos de preguntas, y aunque no todas son filosóficas, sí que todas representan ladrillos sobre los cuales el conocimiento se construye. Vale la pena cuestionarnos, ¿es posible una filosofía sin preguntas? No, no lo sería, ¿qué han de ser los filósofos sino los defensores del estandarte de los cuestionamientos? A lo largo de estos años como estudiante de filosofía mi mejor compañero no han sido ni los libros, ni muchas veces los mismos filósofos, sino que ha sido la pregunta del ¿por qué?

La pregunta como génesis

Históricamente, uno de los filósofos por excelencia usó la pregunta para poder filosofar: nuestro querido Sócrates. En la Apología él mismo nos lo advierte, una vida sin examen no merece ser vivida. Este personaje, nos dice Walter Kohan, además de filósofo, era un maestro y ayudaba a pensar mucho el sentido de enseñar, por qué hacerlo (2009, p. 42). Para Sócrates el aprendizaje se da si se parte de la ignorancia previamente reconocida con una pregunta. Invita a la otra persona dejar atrás saberes anteriores y traer de vuelta la curiosidad y asombro donde la búsqueda compartida de la verdad puede ser posible, incluso aunque puedan no llegar a ninguna respuesta definitiva.

Su método mayéutico es uno que hasta la fecha se utiliza para varias de las prácticas filosóficas actuales, sus enseñanzas y cuestionamientos son sumamente vigentes a pesar de los siglos que nos separan. El diálogo y el cuestionamiento tienen dentro de sí una riqueza filosófica indudable. Porque ahora podemos reconocer que en la enseñanza no se basará en aprender y memorizar las respuestas correctas, sino en el arte de aprender a preguntar.

El filósofo perfecto

Sin duda alguna, me parece que el candidato perfecto de la filosofía son los niños, precisamente por su curiosidad insaciable. Los niños se reconocen sin saberlo como socráticos, pues saben que no saben, el mundo es una fuente de constante curiosidad y asombro. Al comenzar a entrar más y más en contacto con este terreno desconocido, la forma en que aprenden es mediante estos cuestionamientos. Sus preguntas están inundadas de riqueza y complejidad, se preguntan por cosas que muchas veces ni uno mismo nos podemos llegar a imaginar o damos por sentado en el subconsciente popular. Yo les puedo asegurar que saldrán con más preguntas si se encierran en un cuarto con niños que en un cuarto con estudiantes de filosofía. Puede que no cuenten con el grado de complejidad que un estudiante tiene, pero eso no hace de sus preguntas menos válidas.

No me parece una coincidencia que Matthew Lipman en su programa de filosofía para niños, uno que puede comenzar a partir de los tres años, nos propone en las actividades que para poder comenzar una comunidad de indagación primero hemos de apuntar las preguntas que a los niños les sugiere la lectura, junto con el nombre del “niño-filósofo” que la propuso. Esto es sumamente llamativo, la comunidad no existe si primero no se cuentan con estos cuestionamientos.

Es vital que por esto mismo no se asfixie la curiosidad y asombro natural de los niños, y lo más importante, que no “asesinemos” a las preguntas. Evitar el “demasiado ocupado”, o las respuestas fáciles que únicamente son formuladas para callar al niño, demostrando que no los estamos tomando en serio. También debemos dejarles ser autónomos, impulsarlos y estimularlos para que este niño confíe en sus propias capacidades para pensar y juzgar por sus propios medios.

Bibliografía

Abramowski, A., & Kohan, W. (2009). Es imposible hacer filosofía con niños si uno no hace filosofía con uno mismo. Monitor.

Brenifier, Ó. (2007). Las preguntas de los niños. En Filosofar como Sócrates (pp. 90–102). Recuperado 19/03/2022. 

García Moriyón, F. (n.d.). EL DIÁLOGO FILOSÓFICO. Recuperado 23/03/2022.

Pele, J. (2017). La Formulación De Preguntas En Filosofía. Revista De Filosofía. Universidad de Varsovia.

Imagen | Pixabay

Cite este artículo: Ortiz, M. (2022, 01 de agosto). La semilla del filosofar y el perfecto filósofo. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/08/la-semilla-del-filosofar-y-el-perfecto-filosofo/
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por Mayra Ortiz Franco

Estudiante de sexto semestre en la licenciatura de Filosofía en la Universidad de Guanajuato. Entusiasta de la estética, la música y la filosofía medieval. Integrante de la Red Mexicana de Mujeres Filósofas (ReMMuF).

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