El cuerpo, como efecto de una construcción social y cultural, se convierte – junto con el rostro – en parte del fundamento de la individualización del ser humano. Por ello, el cuerpo ahora representa la potencia para materializar los ideales de una cultura, en nuestro milenio esto implica el culto a la belleza, juventud y productividad. De esta manera, tanto el cuerpo como el rostro se han convertido en objetos de la economía del consumo, exhibición y visibilización. Esto quiere decir que, el cuerpo y el rostro son, únicamente en cuanto son vistos y admirados.

Los cuerpos que no participan de este culto a la belleza, juventud y productividad son castigados y segregados sistémicamente, entre ellos encontramos los cuerpos envejecidos. El cuerpo envejecido se convierte en el cuerpo indeseable, aquello que existe fuera de los parámetros del siglo XXI. La persona mayor no porta su cuerpo con orgullo, sino que:

El anciano lleva su cuerpo como un estigma cuya repercusión es mucho mayor de acuerdo con la clase social a la que pertenece y según la calidad de aceptación del entorno familiar.

David Le Breton Antropología del cuerpo y modernidad.

El cuerpo envejecido es un estigma, que le excluye de toda sociabilidad. La persona envejecida es excluida de manera gradual, hasta que es expulsada del campo simbólico, deja de existir, porque nada puede residir fuera de los tres grandes pilares de la modernidad: la juventud, la belleza y la productividad.

La persona anciana

Quien porta el cuerpo envejecido permanece en la otredad, es la intolerable imagen del envejecimiento, la muerte y la pérdida de todos los ideales de nuestro milenio. Cuando se observa a una persona anciana, se observa también la repudiable idea de la muerte y la vejez. Como consecuencia, el cuerpo envejecido deja de ser-para-ser-visto. El cuerpo envejecido debe de ser mantenido fuera del ojo público, la vejez ha de ser escondida o corregida si es que existe la posibilidad.

Cuando no se puede esconder, y por consecuencia el otro pone sus ojos sobre la persona anciana, nace con su mirada el abstracto sentimiento del envejecimiento, un sentimiento que proviene siempre de lo ajeno, de aquello que se interioriza de la mirada del otro.

Esto ocurre cuando la mujer anciana mira una vieja fotografía y se encuentra con una hermosa joven que le devuelve la mirada y con un joven rostro que ya no es el suyo. Sucede cuando un hombre mayor se encuentra con un viejo amigo que le dice “ya te ves viejito”. En otras, la vejez se materializa por completo cuando las machas que de niñas solían ver en las manos de la abuela o la madre aparecen en las propias, y les recuerdan que no son más que una confrontación con el tiempo.

La vejez y el género

La vejez marca de forma desigual a la mujer y al hombre en el juicio social, en este:

La mujer anciana pierde, socialmente, una seducción que se debía, esencialmente, a la frescura, la vitalidad, la juventud.

David Le Breton, Antropología del cuerpo y modernidad

Cuando toda la identidad de la mujer está construida en su juventud y belleza, ella no tiene permiso de envejecer. El cuerpo envejecido de la mujer mayor y de la mujer anciana es repudiado, por consiguiente, ella como persona lo es también.

Ejemplo de ello lo encontramos en el evidente edadismo en Hollywood, en donde los personajes femeninos – que van de los 20s a los 30s – son más jóvenes que los masculinos, quienes se encuentran en los 30s y 40s, en donde tres de cada cuatro personajes de más de 50 años son hombres, y sólo una de cada cuatro es mujer. Lo que quiere decir que cuando vemos representaciones de personas mayores en las pantallas, en su mayoría son representaciones masculinas.

Además, cuando una mujer mayor es representada se recurren a estereotipos que hacen aún más severa la discriminación, aquí la mujer mayor es: senil, mentalmente inestable, no puede cuidarse sola, enferma, poco atractiva, débil, y perezosa.

Anti-envejecimiento y modernidad

Las consecuencias de esto no permanecen en la esfera del entretenimiento, sino que se manifiestan en las mujeres de 40+ años que buscan aplazar el paso del tiempo con cremas y demás remedios, cuando mujeres jóvenes de 15 a 25 años comienzan a practicar tratamientos preventivos en contra de la terrible enfermedad de la vejez.

Ahora, el botox, los hilos tensores, el retoque en las fotos, y las cremas antiarrugas se convierten en parte fundamental de la vida de muchas mujeres que tienen como únicamente meta permanecer como un objeto atemporal.

Esta constante mutilación del cuerpo, la modificación del rostro, y demás “autocuidados” con carácter punitivo, son el resultado de la interiorización que el sujeto hace del juicio social respecto de los atributos físicos que los caracterizan. No se puede culpar a las mujeres que como agentes activos deciden modificar su apariencia, porque a pesar de todos estos años y estudios realizados en torno a la belleza y el cuerpo, se sigue aceptando que la fealdad y la vejez siguen incluyendo maldad, se siguen excluyendo a aquellas que no representan estos cánones de belleza. 

Envejecimiento y el juicio social

Cuando una mujer mayor se opone a este ocultamiento y decide seguir mostrándose como alguien seductora, deseable y sobre todo como alguien que no se siente avergonzada de su cuerpo, rostro, y la edad que estos representan, es señalada como algo que reside en la alteridad. Cuando no se presenta como algo deseable, se percibe como alguien desalineada, que no se controla y que no se preocupa por su presentación física, porque el cuidado del físico ahora se trata de mantener la juventud intacta. Por el contrario, cuando un hombre mayor se presenta de forma “desalineada” se percibe como alguien sabio, como alguien aún deseable si es que cuida de su apariencia física, pero sobre todo como alguien que ha vivido y no se avergüenza de ello.

Aceptación de la vejez

Existen movimientos que se oponen a estos ideales de la juventud, la belleza y la productividad, como los modelos que aparecen en las pasarelas de Yohji Yamamoto, en donde el diseñador juega y modifica estos ideales a través de una constante yuxtaposición de la vejez y la juventud. En donde sus modelos jóvenes tienen canas pintadas, junto con atuendos desalineados; y sus modelos mayores caminan con orgullo portando atuendos que parecen no ir con el cuerpo viejo que los porta. Es un reclamo, una demostración de aquello que les han arrebatado en la esfera pública hegemónica.

Durero en 1514 retrató el rostro envejecido de su madre, haciendo énfasis en las arrugas de su frente y cuello, en sus ojos enfermos, con sus hermosos trazos logra captar con atención todos los pequeños detalles que hacían que el rostro de esa anciana reflejara de forma fidedigna el paso del tiempo, pero sobre todo logro trasmitir la belleza de su vieja madre.

En nuestros tiempos existen fotógrafos y editores de moda que siguen encontrando belleza en el rostro envejecido de las mujeres, y junto con ellos existen mujeres mayores que se rehúsan a ser escondidas y se muestran con elegancia, orgullo y dignidad.

Las personas que abrazan su vejez, como Daphne Selfe o Benedetta Barzini, se han percatado que:

Borrar la edad del rostro es borrar la identidad, el poder y la historia.

Santiso, El cuerpo del delito: torturas culturales en torno al cuerpo

Demuestran que envejecer no es algo que hay que hacer con gracia, sino que envejecer es simplemente algo que hay que aceptar como un proceso natural, que la vejez no es una enfermedad que nos arrebata la vida que teníamos antes, sino que es una nueva forma de vida que es digna de ser explorada y que ha de ser vivida con alegría y orgullo.

Referencias

Breton, D. L. (2002). Antropología del cuerpo y modernidad. Buenos Aires: Nueva Visión.

Breton, D. L. (2010). Rostros. Buenos Aires: Letra Viva.

Esteban, M. L. (2013). Antropología del cuerpo: género, itinerarios corporales, identidad y cambio. Barcelona: Bellaterra.

Sanz, R. S. (2011). El cuerpo del delito: torturas culturales en torno al cuerpo. En M. B. M. Azpeitia (coord.), Piel que habla: viaje a través de los cuerpos femeninos (págs. 223-244). Madrid: Icaria.

Imagen | Wikimedia

Cita este artículo (APA): Roldán, S. (2022, 25 de agosto). Reflexiones en torno al cuerpo envejecido. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/08/reflexiones-en-torno-al-cuerpo-envejecido/
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por Selene Roldán

Estudiante de la licenciatura en Filosofía en la Universidad Autónoma del Estado de México, con línea de investigación en: filosofía de la cultura, filosofía y género, filosofía política, feminismo y género, y filosofía y cine.

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