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El lenguaje como eje de la filosofía en Augusto Salazar Bondy

El siguiente texto forma parte de la segunda edición de la Revista.FilosofíaenlaRed.Com; puedes descargar la revista completamente gratis, dando clic aquí. 

A fines del mandato de Fujimori, la enseñanza de la filosofía quedó retirada de los colegios del estado, creyendo que ella representaba una amenaza al realizar construcciones ideológicas fuera de la democracia. Luego, en el año 2005, dentro del gobierno de Alejandro Toledo, se implementó el diseño curricular nacional, en el cual, ya no existían cursos sino áreas curriculares y una de ellas fue el área de Persona, Familia y Relaciones Humanas, la cual era una conjugación de varios cursos, entre ellas la filosofía, lógica, psicología y educación cívica, mezclando de esta manera a la filosofía con disciplinas afines. Por último, desde el año 2015 se ha venido implementando el currículo nacional, dentro de la cual se ha pasado del área de Persona, Familia y Relaciones Humanas al área de Desarrollo Personal, Ciudadanía y Cívica. Mermando de esta manera una posible reflexión crítica de los problemas que nos circundan como ciudadanos, este lugar de reflexión es la filosofía, porque presenta los elementos suficientes para conllevar a los estudiantes a la reflexión.

La filosofía ha terminado por migrar totalmente de las aulas escolares hasta la universidad, cuando precisamente es en el colegio donde los alumnos necesitan dentro de muchas materias, a la filosofía, sea como curso o como área curricular, pero que sea filosofía y no sea la conjugación de muchas materias. Asimismo, si alguien ha estudiado filosofía, ¿en qué va a trabajar? La respuesta bastante sencilla, docente. Esto lo abordaremos más adelante. Por otro lado, la actividad propiamente del profesor de filosofía, que está continuamente en el aula es que tenga una nutrida producción intelectual, además de llevar adelante una reflexión crítica con sus estudiantes. Dentro de la cual cabe la necesidad de que la filosofía vuelva a las aulas, que se imparta desde los primeros años en la escuela, donde los maestros sean el principal referente, que el docente de filosofía se despoje de la incomprensión que otro pueda tener de él. Que se haga más cercano al estudiante que se inicia en la aventura de pensar, con un criterio libre y también libre de dogmatismos.

Por eso es necesario que el docente de filosofía produzca, que enfoque su esfuerzo intelectual a nuevos horizontes, que proponga nuevas interrogantes ante los cuestionamientos presentados. En fin, que haga uso del lenguaje para poder transmitir a los estudiantes el quehacer filosófico y pedagógico, por eso:

[…] el filósofo estudia el lenguaje, sus variedades, estructura y funciones, buscando establecer sus principios, posibilidades y efectos como instrumento de conocimiento y, en general, de comunicación.

(Salazar, 1969, p.166)

Lo cual no es algo ajeno a su producción intelectual, ya que esa tarea propia del filósofo es inherente con aquello que quiere realizar. Es decir, hacer filosofía. Que no es tarea fácil realizarla desde la escuela, ya que, con el curso de filosofía, también se ha desterrado al filósofo, que ve en los estudiantes de la secundaria como algo irrecuperable. Mientras eso ocurre, queda esperar que lleguen a la universidad para empezar una tarea que debería haber empezado desde el colegio. Por eso nuestro estudio pretende hacerse los siguientes cuestionamientos: ¿Cuál es la importancia del lenguaje dentro de quehacer filosófico? ¿Se debería devolver la actividad filosófica a la escuela? ¿Es la filosofía el lugar privilegiado para el desarrollo del lenguaje dentro de la escuela? Y, por último, ¿De qué manera influiría el profesor de filosofía en el desarrollo del lenguaje de los estudiantes de secundaria?

El lenguaje como
eje de la filosofía

En el aforismo 4.0031, Wittgenstein (2001) afirma que “Toda filosofía es crítica lingüística” (p.51) o también entendido como lenguaje. De esta manera, la filosofía se involucra en los juegos del lenguaje, de igual manera dentro de la práctica pedagógica es importante el desarrollo de esta, pero estos juegos del lenguaje se pueden dar de distintas formas en los diferentes contextos en los que se desarrolla la enseñanza. Es así, que el lenguaje es un factor importante en la enseñanza no solo de la filosofía, sino de todas las áreas curriculares, donde se utiliza el lenguaje como un medio de comunicación, aunque ello implique las dificultades que se pueda presentar, ya que a diario el docente se encuentra con diversas situaciones que pueden limitar el lenguaje y la relación de este con aquellos que la recepcionan. Frente a esto, en el aforismo 4.002, Wittgenstein (2001), afirma que:

El hombre posee la capacidad de construir lenguajes en los que cualquier sentido resulte expresable, sin tener la menor idea de cómo y qué significa cada palabra.

(p. 49)

En lo anteriormente afirmado por Wittgenstein, se puede visualizar que el hombre al ser capaz de construir a través de los juegos del lenguaje distintas formas de comunicación, eso no garantiza que pueda entender las construcciones realizadas, incluyendo el significado de las palabras. Pero esto a la vez implicaría la incomprensión de las palabras que se está afirmando, por eso la filosofía tiene un lugar privilegiado dentro de la educación de la persona, ya que a través de ella el profesor de filosofía conduce estos juegos del lenguaje, de lo más básico hasta lo más complejo. Aunque todas las personas, como dice el texto, tenemos la capacidad para la construcción de las palabras, pero eso no garantiza que se conozca las diferentes formas de las construcciones gramaticales ni que las personas se detengan en medio de una conversación sólo para analizar la sintaxis de las oraciones dentro de la conversación. Por ejemplo, ninguna persona se detiene frente a la pista para analizar todos los peligros que puede conllevar al intentar cruzar la pista, por el contrario, simplemente cruza al otro lado y sigue su camino. De similar manera sucede en la relación que existe entre el educador y los estudiantes en la mutua construcción del lenguaje. De esta manera, en su Didáctica de la filosofía, Salazar (1967), dice que:

El análisis del lenguaje se ha considerado una vía principal de penetración en los problemas del conocimiento, la acción y el mundo, es decir, en los asuntos centrales de la filosofía, lo cual exige en el profesor una familiaridad básica con el fenómeno y con la ciencia del lenguaje.

(Pp. 49-50)

Está claro que el docente de filosofía tiene la misión de dilucidar en sus estudiantes los problemas o límites que trae consigo los juegos del lenguaje, ya que, al tener una vía abierta para la utilización del lenguaje como signo de comunicación, entonces se apertura una forma en la que el docente transmite a sus estudiantes mediante los juegos del lenguaje y los límites que ella implica. Por eso, dentro de la cotidianidad las personas utilizan determinados juegos del lenguaje, es así como:

[…] El lenguaje debe servir a la comunicación de un albañil A con su ayudante Β…A este fin se sirven de un lenguaje […]

(Wittgenstein, 2002, p.19)

Esta forma de comunicación adopta un lenguaje cotidiano y es aprendido de una manera coloquial, donde el lenguaje puede obedecer a una forma lógica, como todo lo contrario. Pueden utilizar ciertas expresiones lingüísticas, que no se detienen a analizar, si las oraciones o los imperativos utilizados son correctos, simplemente se utilizan, por eso dentro del castellano existen diversas formas de juegos del lenguaje, lo que permite que nuestra lengua sea una de las más ricas de todo el mundo, no por las puras es considerar la segunda lengua más hablada de todo el mundo. De igual manera dentro de la filosofía, el profesor que la enseña debe tener claro aquello que está impartiendo, que no confunda la enseñanza señanza filosófica con sus propias convicciones personales, dejando de lado sus propios intereses políticos o ideológicos, al enseñar a reflexionar con criterios neutrales, aunque esto implique un sacrificio personal.

Esto no quiere decir, por cierto, que el profesor deba ocultar o reprimir sus convicciones personales, sino que dentro de su cometido propio no está el defenderlas y el tratar de imponerlas. Si las expone, ha de ser como un elemento más del cuadro total temático y problemático que está llamado a ofrecer a sus alumnos (Salazar, 1967, p.42).

Por eso la tarea del profesor de filosofía en un ámbito escolar es un arriesgar frente a las ideas preconcebidas de los docentes, pero a la vez es necesaria su presencia, ya que ellos desarrollan lo que otras materias podrían desarrollar en menor medida, el desarrollo del pensamiento crítico a través de una reflexión propiamente filosófica, lo que no tienen otras materias.

Por eso el profesor de filosofía en la escuela es un re-formulador de la pedagogía. Por eso Salazar (1965) en libro, en torno a la educación (ensayos y discursos), afirma que:

La enseñanza anterior de la filosofía fue entre nosotros más un nombre que una realidad.

En este caso Salazar manifiesta un disgusto por la enseñanza de la filosofía en la escuela, ya que, en vez de ayudar al educando, era una fuente de propagación de ideologías políticas, por eso Salazar señala que cabe la necesidad de elaborar nuevos programas, incorporando de esta manera nuevos tópicos de enseñanza reflexiva, a través de una introducción a la Filosofía, insertando un nuevo rumbo al quehacer filosófico, sin dejar de lado la propia exigencia del quehacer intelectual (Salazar, 1965).

El profesor y el
desarrollo del lenguaje

Todos los seres humanos estamos en potencia de aprender, desde nuestro nacimiento todos estamos sujetos a un lenguaje que nos determina. Estas formas de adquisición del lenguaje que va realizando en la persona a través de la educación dentro de la escuela. Siendo la filosofía un pretexto para introducir el debate sobre los temas sociales de nuestro medio, realizando de esta manera una reflexión, que pueda empujar al estudiante a realizar una crítica social y proponer alternativas de solución. Son ejemplo de ello, un consejo estudiantil, que guiados por el profesor de filosofía y monitoreados por el director de la escuela, exploten al máximo las capacidades que todos los estudiantes tienen. Esto se logra utilizando a favor de la reflexión, el ímpetu de la adolescencia o si se prefiere, la rebeldía propia de cada persona, la cual es canalizada para obtener los resultados deseados. Es la escuela de lugar idóneo para empezar desde ya con la reflexión, la cual no tiene por qué ser dogmática, por el contrario, que se plantee la libertad de la filosofía con relación a su enseñanza en sí y no del monitoreo de los métodos y técnicas utilizados. Por eso, el profesor de filosofía tiene la misión de despertar en sus alumnos el hambre por aprender y preguntar. Ante ello, Salazar (1969) en su iniciación filosófica dice:

Este pensar y decir por cuenta propia las ideas de los otros, esta reflexión y formulación imitativa es, sin embargo, un primer lenguaje personal, una primera forma de autoafirmación intelectual que se alimenta de una rebeldía escondida.

(P. 16)

Precisamente es esta rebeldía la que el profesor de filosofía debería aprovechar para extraer de los estudiantes la reflexión filosófica. Porque los estudiantes, al pensar las teorías ajenas a ellos y a su contexto, es allí cuando el profesor debería invitarlos a criticar la teoría de un filósofo o reformularla, teniendo en cuenta el contexto en que lo plantea. Existe una diversidad de formas que el docente podría utilizar para llegar al estudiante y este plantee una serie de categorías propias, aunque esto implique que sea de una forma muy básica.

Ahora bien, Salazar plantea que los profesores de filosofía no lo sean solamente de nombre, por el contrario, que haya una buena preparación no solo filosófica, sino pedagógica, pero si este último no se da en el corto plazo, entonces cabe el planteamiento de los cursos de perfeccionamiento, que conlleve a los profesores de filosofía contar con todas las herramientas para desarrollarse en el ámbito escolar. Pero no sólo devolver la filosofía a la escuela, sino que, como parte de ella, el profesor sea una persona comprometida con la vocación y el desarrollo del lenguaje, al margen de los límites que se pueda presentar en el desarrollo de las actividades escolares.

Cada problema del lenguaje es respondido por una disciplina o ciencia, de esta manera la filosofía también desde su ámbito de estudio da respuesta ante esta problemática. Donde nos preguntamos sobre el pensamiento y su relación con lo cotidiano, la influencia del pensamiento posmoderno en las formulaciones de poder, y otros. Ahora bien, una de las principales responsabilidades del profesor de filosofía, es desarrollar el lenguaje de una manera correcta, entablando una relación entre el desarrollo del lenguaje y la ense ñanza que imparte del docente frente a sus estudiantes (Salazar. 1967). Por eso es tener en cuenta algunas razones que nos expone Salazar (1967):

Por el cultivo del pensamiento crítico, que es su responsabilidad, no puede lograrse sin un paralelo cultivo y dominio del lenguaje. La concisión, la propiedad, la flexibilidad de la expresión son indispensables para el tratamiento adecuado de los temas filosóficos.

(P. 49)

El profesor de filosofía no tiene una mínima responsabilidad por el contrario, tiene en sus manos la formación de nuevos estudiantes frente al lenguaje, claro que no sólo se debería dar en la universidad, sino desde la escuela, con un programa que pueda complementar al área de la comunicación y esta sería la filosofía. Porque con ella, llevará a los estudiantes a la reflexión crítica y filosófica, de la mano no de cualquier persona que dice que enseña filosofía, sino de un verdadero profesor de filosofía, preparado para llevar a los estudiantes fuera de la caverna.

Ya Salazar hace una reflexión crítica con los problemas que la filosofía enfrenta en relación con el lenguaje, pidiendo que el filósofo debe ser más claro en sus afirmaciones, no pretendiendo que su pensamiento sea confuso, por el contrario, entendible. Ahora bien, los filósofos pueden usar los juegos del lenguaje, pero eso implica que los estudiantes quizá no puedan entender lo que el profesor quiera transmitir a través de sus clases, cuando eso ocurre es necesario que el profesor se despoje de su pedestal incomprensible y baje al llano, donde el estudiante se encuentra y lo lleve a la comprensión del lenguaje.

Filosofía y escuela

Es importante señalar que hay una clara necesidad de que la filosofía vuelva a las aulas escolares, donde los estudiantes puedan alimentarse con los pensamientos de los filósofos de la antigüedad hasta nuestro tiempo, de esta manera llevarlos a través de una introducción a la filosofía, al ingreso a ella misma. Además, son evidentes las objeciones que se pueden plantear en la enseñanza de la filosofía en la escuela, pero ante esas discusiones, Petrova (2015), sostiene que:

La educación puede actuar como legítimo agente de transformación y cimiento para construir una sociedad distinta a la que hasta el momento se ha caracterizado por aniquilar despiadadamente a los individuos […]

(P. 14)

Es evidente que la filosofía ha estado ligada a la educación desde sus orígenes, es así como Sócrates se valió de la pedagogía para poder hacer filosofía con sus estudiantes, aunque esto lo llevarían inevitablemente a la muerte. Por eso, el profesor de filosofía es el indicado para impartir este filosofar, conducir al estudiante hasta la reflexión, donde el profesor se convierte en aquella persona que se desata de las cadenas de la caverna platónica y regresa para contar y a la vez conducir a los demás fuera de la caverna, y de esta manera puedan contemplar la realidad, es la filosofía la que quita el velo a los estudiantes, que enceguecidos por las sombras han creído que todo es verdad, hasta salir de la caverna.

Dentro de la filosofía no todo está concluido, todo está en constante reelaboración. Buscando de esta manera que la filosofía sea constante y no se dé por acabada, porque no se busca la respuesta, por el contrario, se busca la pregunta y cuando se cree haber encontrado la respuesta, se vuelve a preguntar.

Es necesario empezar a trabajar propuestas educativas, que involucren directamente a la filosofía en el quehacer educativo nacional, donde se lleve a los estudiantes a la permanente reflexión dentro de la escuela. El profesor de filosofía es un factor importante para que esta propuesta se lleve a cabo. Con planes de estudios adecuados, a la realidad del estudiante, no centralizándolo, por el contrario, la filosofía debe preguntar sobre el contexto en el que se desarrolla el estudiante, y a su vez el estudiante se cuestione sobre los problemas sociales que lo aqueja. Así como los problemas económicos y políticos. Donde el profe sor de filosofía vincule al estudiante en el habla popular, para que sea capaz de realizar una reflexión filosófica y una crítica a la realidad, proponiendo formas de convivencia ética.

Conclusiones

Se evidencia que el profesor de filosofía utiliza los juegos del lenguaje para la enseñanza filosófica, pero esta enseñanza de la filosofía, utilizando el lenguaje se da por medio de una transmisión reflexiva dentro de la escuela. Lugar privilegiado para el desarrollo de la filosofía. A pesar de las muchas objeciones encontradas en relación con la enseñanza de la filosofía, está claro que ella aporta enormemente en la formación humanística y el desarrollo de los estudiantes a través de una reflexión propia, sin dejar en desmedro a las demás ciencias particulares.

El lenguaje y la filosofía en la escuela se va desarrollando de forma progresiva a medida que los estudiantes van tomando conciencia de su propia formación, pero esta tarea también es para el profesor de filosofía, el cual utiliza todos los medios para poder enseñar a través de una pedagogía innovadora y didáctica para su comprensión.

Bibliografía

Petrova, G. (2015). La contienda de la educación. Ensayo para una teoría crítica de la educación. México: Universidad de Guanajuato.

Salazar Bondy, A. (1965). En torno a la educacion: ensayos y discursos. Lima: Fondo. Editorial de la UNMSM.

Salazar Bondy, A. (1967). Didactica de la fijilosofia. Peru: Arica.

Wittgenstein, L. (2001). Tratactus logico-philosophicus. Madrid: Alianza editorial.

Wittgenstein, L. (2002). Investigaciones fijilosofijicas. Barcelona: Crítica.

Imagen | Gaceta de Educación y Pedagogía
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Cite este artículo: Sosa, V. (2022, 24 de septiembre). El lenguaje como eje de la filosofía en Augusto Salazar Bondy. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/09/el-lenguaje-como-eje-de-la-filosofia-en-augusto-salazar-bondy/
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por Vladimir Sosa Sanchez

Licenciado y profesor de Filosofía, Ciencias Sociales y Religión. Estudió Maestría en Filosofía. Miembro del grupo de investigación, Filosofía y Liberación - UNMSM (Perú). Miembro de Filosofía en la red (México). Miembro del colegio profesional de la COMEFI (México) y del Instituto Peruano de Investigaciones Filosóficas.

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