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¿La ética es subjetiva? Una aproximación a la filosofía de Watsuji

Uno de los grandes conceptos y problemas fundamentales de la ética contemporánea es el sujeto. El sujeto entendido como agente ético y como origen de las decisiones morales es, al mismo tiempo, un elemento clave de los sistemas éticos actuales y, a la vez, un concepto problemático, que invita a la discusión entre lo objetivo y lo subjetivo, lo razonable y lo emotivo, lo común y lo personal. Incluso la metaética ha asumido este problema como uno de los fundamentos para determinar qué es la moral.

En este artículo vamos a tratar brevemente cómo se desarrolla la subjetividad a través de la filosofía moderna y cómo se ha intentado resolver la problemática que plantea la separación del sujeto moral con respecto al mundo que habita.

La subjetividad en la ética

La noción de “sujeto moral” y lo que le es característico (la subjetividad) nació a raíz de las transformaciones de la filosofía a lo largo de la modernidad, y especialmente gracias a una noción clave de esta época: el yo incomunicado con el mundo externo. La incomunicabilidad de la subjetividad fue un tópico tanto para la tradición racionalista como para la empirista. Para los racionalistas, esta incomunicabilidad se debía a la incertidumbre con respecto a los sentidos y su posible engaño. Para los empiristas, la subjetividad incomunicable se debía a las emociones, como apunta Hume, quien separó lo moral de lo racional. La ética, de este modo, queda en ambas corrientes dividida del mundo que habitamos y centrada en el sujeto, al contrario de lo que observamos en las éticas de influencia aristotélica, en las que la reflexión centra su atención directamente en las condiciones externas de la vida de los individuos y comunes a la sociedad.

El papel de la subjetividad en la ética termina de consolidarse gracias a Kant y su influencia posterior. La ética kantiana implementa el yo cartesiano a la vez que intenta buscar una salida a su solipsismo, eludiendo también los componentes más subjetivos del propio sujeto moral. Para ello, Kant propone el concepto de deber y la búsqueda de una máxima moral de validez universal: el Imperativo Categórico. No es una salida del sujeto, sino una búsqueda de lo universal dentro del mismo. La estrategia de Kant consiste en buscar aquello que, más allá del interés particular, de los fines personales y de las emociones, resulta beneficioso para todos. Por ello, la primera formulación del Imperativo Categórico es puramente formal: “obra según una máxima que pueda valer a la vez como ley universal.”1 La implementación de esta máxima implica buscar un valor lo más universal posible (la dignidad humana).

La influencia kantiana ha llevado a formulaciones más mundanas de este imperativo, como la máxima “trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”, la cual imita al Imperativo Categórico sin ser tan restrictiva, aludiendo al interés que Kant rechazaba. También ha conducido a otras interpretaciones en el terreno filosófico, como la Ética Mínima de Adela Cortina, según la cual debemos buscar valores compartidos por toda la sociedad, universales e innegables más allá de las condiciones históricas y culturales.

No obstante, podemos observar que estas respuestas a la subjetividad no eliminan al sujeto como problema, sino que lo asumen e intentan eludirlo buscando otro fundamento para la moral. Es decir, ignoran al sujeto como elemento de la ecuación y aluden a una verdad moral superior a él. Podemos pensar que esta es la mejor solución, ya que se ha defendido ampliamente y, de hecho, propone unos valores que no se ven enturbiados por la subjetividad, sino que buscan una objetividad y universalidad comunes a todos, lo cual es el objetivo de la ética. Pero ésta no es la única solución que se ha propuesto al problema de la subjetividad.

Repensar el sujeto
desde sus relaciones

En 1937, Watsuji Tetsurō publicaba el primero de los tres volúmenes de su Ética. Uno de sus propósitos iniciales era trazar una respuesta a Ser y Tiempo (1927) de Martin Heidegger, en la que el espacio sería crucial para comprender la existencia humana. Watsuji advirtió que Heidegger centraba su atención en el tiempo, en la historia, pero casi nunca en los lugares. Con este punto de inicio, el filósofo japonés propone uno de los fundamentos más renovadores de la ética: comprender el ethos desde el punto de vista de las relaciones con el entorno, y la formación de la subjetividad como el resultado de nuestra circunstancia en el mundo2.

Uno de los puntos de discusión que aborda Watsuji es la ética kantiana y su énfasis en el sujeto moral. “Kant enfatizó con una claridad inusual que aquello sobre lo cual se pregunta la ética es el sujeto” (Watsuji, 1996, p. 32). Esto sitúa como problema central al sujeto moral y a su capacidad para alcanzar el bien más allá de sí mismo. Pero Watsuji es tajante en su respuesta a este problema: nuestra tarea no consiste en evitar la subjetividad, sino en investigar cómo se relaciona el sujeto con el mundo:

La ética no es sólo el estudio de del sujeto; es también el estudio del sujeto como la interconexión práctica de las acciones3.

Para Watsuji, el problema de la ética kantiana reside en que Kant no renunció al yo cartesiano, de modo que su Imperativo Categórico es incapaz de abordar los problemas éticos del propio sujeto en su comunidad. Al contrario, anhela una universalidad que represente una comunidad ideal, carente de las relaciones e intereses concretos que configuran la cohabitación auténtica de los individuos humanos en su entorno.

La posición en que [Kant] se asienta está basada en el cogito de Descartes y el individualismo predominante en el siglo XVIII. Por lo tanto, el sujeto fue siempre el ego4.

Watsuji propone, por el contrario, que el sujeto no se identifique con el ego, con lo interno al yo, sino con las relaciones que determinan su existencia en el mundo, en una comunidad. Comprender las condiciones comunitarias en las que se desarrolla el sujeto moral es fundamental para comprender de dónde proceden sus valores y las actividades que comparte con sus semejantes. Ya que la pregunta ética se refiere a la vida humana en común, éste es el aspecto del sujeto moral que debe preocuparnos: su faceta relacional.

Por este motivo, la ética relacional, lejos de intentar afirmar unos valores universales para los sujetos, intenta comprender por qué surgen ciertos valores subjetivos en las comunidades, qué problemas éticos compartimos como sujetos morales y qué soluciones les damos, para así tener herramientas concretas que nos ayuden a desarrollar una argumentación ética útil en nuestra vida cotidiana, que evite los dogmatismos morales y el desprecio de lo subjetivo como incierto o egocéntrico. La subjetividad se entiende, así, como una construcción relacional en un ambiente compuesto por el clima, las normas sociales, la historia, etc., que componen los hechos cotidianos de nuestra existencia y nuestra moral.

Dicho sencillamente, existimos en nuestra vida cotidiana estando en interrelación5.

Conclusiones

El problema de la subjetividad moral no parece estar aún resuelto por completo. La propia idea de “subjetividad” connota incerteza, falsedad y falta de rigor científico, en contra de la “objetividad”. Es decir, ocupa el lugar de un criterio metodológico (la imparcialidad científica, evitar sesgos), dando por hecho que todo lo subjetivo carece de rigor. Watsuji da un paso sólido y bien argumentado para restar al menos una parte de estos prejuicios vertidos sobre lo subjetivo, tendiendo puentes entre el sujeto y el objeto, que merece ser abordado con mucha más calma y detalle. Pero la idea moderna del sujeto moral continúa estando vigente y se ha reforzado por medio de la creencia en la posverdad y el relativismo moral. Luchar contra el relativismo no debería consistir sólo en afirmar valores universales, sino también, como intenta Watsuji, proponer herramientas con las que comprender esas relaciones que determinan la variabilidad de los valores y de la verdad, a través de nuestra circunstancia en el mundo.

Notas

[1] Kant, I. (2008). La metafísica de las costumbres. Madrid: Tecnos, p. 33

[2] La famosa afirmación de Ortega y Gasset en sus Meditaciones del Quijote (“Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”) ha sido a menudo interpretada en un sentido semejante a esta noción. Sin embargo, Ortega se refería explícitamente a una separación entre el yo y el mundo, una escisión en que el yo busca una explicación sobre el mundo que habita, y no específicamente un giro con respeto al origen del sujeto mismo a partir de su circunstancia.

[3] Watsuji, T. (1996). Watsuji Tetsurō’s Rinrigaku: Ethics in Japan. Albany: State University of New York Press. p. 33.

[4] Ibídem, pág. 32

[5] Ibídem, pág. 32 57.

Bibliografía

Kant, I. (2008). La metafísica de las costumbres. Madrid: Tecnos.

Ortega y Gasset, J. (2004). Meditaciones del Quijote. Madrid: Biblioteca Nueva.

Watsuji, T. (1996). Watsuji Tetsurō’s Rinrigaku: Ethics in Japan. Albany: State University of New York Press.

Imagen | Pixabay

Cite este artículo: Clares, D. (2022, 07 de septiembre). ¿La ética es subjetiva? Una aproximación a la filosofía de Watsuji. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/09/la-etica-es-subjetiva/

Artículo de:

Diego Clares Costa (autor invitado):
Dr. en Filosofía (España). Cursó el Grado de Filosofía y el Máster de Investigación. Creador de la web “Thoreau en Castellano“. También emite en directo en Twitch, charlando sobre filosofía, literatura y cine.

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