Buscando evitar una crisis en medio de un interregno derivado de la muerte de un monarca, también de fungir como una última ocasión de vitorear al rey muerto –y una primera vez, al nuevo-, así como expresar la fidelidad a la monarquía, el lema The King is dead, long live the King se volvió, desde 1272, parte del ritual de sucesión de muchas monarquías1. Pero más allá de ello, la expresión ha pasado a ser coloquial, empleándose como parte de la cultura pop, en muchísimos contextos.

Muchos, probablemente, no estamos acostumbrados a esas cosas de reyes y reinas. Si bien sabemos que están principalmente en Europa, para muchas partes del mundo, las monarquías son algo que no entendemos del todo: ni por qué siguen existiendo en pleno siglo XXI, ni cómo está eso de que reinan, pero no gobiernan2. Pero pese a ello, y a todo lo bueno o malo que se pueda decir de ellas3, tanto quiénes son súbditos de un rey o reina, como quiénes no lo somos, conocemos y entendemos -de cierta manera– que estos personajes tienen un peso histórico, cultural y político innegable.

Aunque eso no los vuelve indispensables.

Tras la muerte de Isabel II, y solo minutos después de hacerse oficial, Liz Truss, primer ministro de Reino Unido, nombró al Rey Carlos III como el sucesor de su madre4. Es decir, y por más crudo que pueda leerse, tras el fallecimiento de tan icónico personaje, y aunque se lamenta su partida5, la vida sigue como si nada.

Nadie, ni un Rey o una Reina, son indispensables. El saberlo, el verlo, el vivirlo, es algo que a muchos les duele, porque de cierta manera, es “natural” sentirnos el centro de nuestro mundo.

Y no me malentiendas. No estoy minimizado ni la muerte de la Reina Isabel II, ni de nadie en un futuro, o del pasado. Es claro que, cuando alguien muere deja un hueco, ya sea en la historia universal, en la historia particular, en la familia, trabajo, amigos… pero son espacios que más temprano que tarde, se llenan. Claro que queda un recuerdo que hará que siempre se extrañen, pero, por más horrendo que sea, la vida tiene que continuar.

Muchas veces queremos creer que si morimos, al menos nuestro mundo, se va a detener. Nos sentimos tan necesarios e indispensables que nos casamos con nuestro trabajo, creemos que somos el adhesivo que mantiene las relaciones familiares, o de amigos; o, incluso queremos pensar, que nuestra pareja no podrá vivir sin nosotros… nada tan lejos de la realidad.

Lamentable, o afortunadamente, dependiendo del cristal con lo que lo miremos, solo somos una pieza más en un enorme puzzle llamado humanidad. Y, por más conocidos o desconocidos que lleguemos a ser, somos, parafraseando a Carl Sagan6 con su punto azul pálido, solo un ridículo y pequeño punto en el planeta.

¿Qué nos queda?

Entender, pero principalmente aceptar, que únicamente somos el sueño de una sombra7. No en un sentido de precariedad, o de pesimismo, pero sí sabernos efímeros. Y, aunque la reflexión platónica nos dice que ser efímero es desconocer que la vida del ser humano se funde con sus generaciones8, tenemos que virar y no ignorarlo, sino aceptarlo abiertamente. Los 30, 50 o 90 años que vivamos son solo un ápice humano, pero no más, aunque no menos.

Sería fácil, al aceptar que somos nada en la historia, no hacer nada. Pero esto nos llevaría a una humanidad decolorada. Como citaba antes, el ser humano se funde con sus generaciones, y eso nos hace extraordinarios. Si bien, la muerte de alguien significa que “ese espacio” ya no está, al mismo tiempo, proyecta la continuidad de lo que vendrá. No somos irremplazables, pero sí podemos cimentar y trazar una línea que hace que, aún siendo reemplazados, tengamos un legado.

Pero el legado está mal entendido. Muchos se afanan por hacer cosas que quedarán para después de muertos, como alguna hazaña o construir monumentos9, pero el legātum aunque si bien lo entendemos como algo material, la RAE también nos dice10 que es aquello que se deja o transmite, sea material o inmaterial. Pero esta definición se queda corta, porque no tendríamos que obsesionarnos por dejar un legado que se enseña, que ve o que se toca… que se puede transmitir, sino por algo que se vive.

Coco (Disney/Pixar 2017) tenía en su esencia el mostrarnos la importancia de que los otros (los vivos) nos sigan recordando para mantenernos vivos en el reino de los muertos. Cuando alguien deja de pensar en ti, cuando dejan de recordarte, es cuando de verdad mueres. La muerte, y lo banal de nuestra existencia así como lo fácil que es que otro u otra ocupe el lugar que teníamos (un rey es nombrado tras la muerte del monarca, un CEO nuevo llega si el anterior fallece, incluso alguien asume el rol de un padre de familia, como proveedor, si este falta) debería llevarnos a reflexionar en las jerarquías que le damos a nuestra vida.

Lo más valioso que dejarás al partir no será un Ferrari estacionado, sino esos momentos que viviste con quiénes considerabas importantes para ti. Lo que tú te llevas al morir no es el último iPhone en tu bolsillo, sino aquellos viajes que hiciste para cambiar de aires y descubrir algo nuevo.

La reina ha muerto, viva el rey… viva la monarca que es la vida, que nos enseña, día a día, atesorar no oro ni plata, sino segundos y minutos con quiénes amamos.

Notas

[1] S/A. El rey ha muerto, viva el rey. (s. f.). Wikipedia. Recuperado 9 de septiembre de 2022, de https://es.wikipedia.org/wiki/El_rey_ha_muerto,_viva_el_rey

[2] Cebrían, J. (2014, 23 junio). El rey no gobierna, pero reina. El País. Recuperado 9 de septiembre de 2022, de https://elpais.com/elpais/2014/06/22/opinion/1403444492_752170.html

[3] Fortuño, M. (2021, 4 enero). Monarquía vs República, ventajas y desventajas de cada sistema. El Blog Salmón. Recuperado 9 de septiembre de 2022, de https://www.elblogsalmon.com/entorno/monarquia-vs-republica-ventajas-desventajas-cada-sistema

[4] S/A. Primera ministra nombra a hijo de Isabel como Rey Carlos III. (2022, 8 septiembre). Forbes México. Recuperado 9 de septiembre de 2022, de https://www.forbes.com.mx/primera-ministra-nombra-a-hijo-de-isabel-como-rey-carlos-iii/

[5] S/A. (2022, 8 septiembre). Así reacciona el mundo a la muerte de Isabel II. DW.COM. Recuperado 9 de septiembre de 2022, de https://www.dw.com/es/as%C3%AD-reacciona-el-mundo-a-la-muerte-de-isabel-ii/a-63063440

[6] S/A. Un punto azul pálido. Wikipedia. (s. f.). Recuperado 9 de septiembre de 2022, de https://es.wikipedia.org/wiki/Un_punto_azul_p%C3%A1lido

[7] Flórez, A. (2017). Efímeros. La dicha del ser humano en Píndaro y Platón. Pensamiento. Revista De Investigación E Información Filosófica73 (277), P. 863. https://doi.org/10.14422/pen.v73.i277.y2017.003

[8] Íbidem. P. 871

[9] Bravo, E. (2017, 26 abril). ¿Por qué a los dictadores les encantan las estatuas? Yorokobu. Recuperado 9 de septiembre de 2022, de https://www.yorokobu.es/estatuas-de-dictadores/#:%7E:text=Uno%20de%20los%20objetivos%20de,constructores%20se%20toman%20algunas%20licencias.

[10] Legado | Definición. (s. f.). RAE. Recuperado 9 de septiembre de 2022, de https://dle.rae.es/legado

Imagen | Unsplash

Cita este artículo (APA): García, M. (2022, 11 de septiembre). La reina ha muerto, viva el rey. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/09/la-reina-ha-muerto-viva-el-rey/
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por Miguel Ángel

ceo de filosofía en la red, drando. en Filosofía, mtro. filosofía y valores, lic. en psicología organizacional, PTB en enfermería; catedrático de licenciatura en la Universidad Santander (México)

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