Tanto el transhumanismo como el posthumanismo entienden la corporeidad del ser humano como un aspecto esencial que nos limita e incluso define, pero también como algo mutable, capaz de modificarse. Por ello, ambas corrientes defienden el uso de la tecnología para poder cambiar nuestros cuerpos, hecho que puede influir incluso en nuestras capacidades intelectuales. 

La finalidad de estas mejoras y la comprensión del concepto humano es lo que diferencian a las dos corrientes. El transhumanismo entiende al ser humano actual como un animal que únicamente puede evolucionar haciendo uso de la razón, a diferencia del resto de los animales que evolucionan según el darwinismo. Esto, debido a que gracias a nuestros avances médicos y tecnológicos, la selección natural se da muy poco en nuestra especie.  Ante nuestra detenida evolución corporal, los transhumanistas apuestan por la tecnología para poder pasar a otro nivel dentro de la evolución y así dejar atrás nuestra condición de humano limitado corporalmente, pasando al transhumanismo. 

El transhumanismo es principalmente un movimiento filosófico y científico, cada vez de mayor calado a nivel sociocultural, que defiende la aplicación de los avances tecnocientíficos para la mejora de la humanidad.

Etxeberria, J. 2020

En cambio, el posthumanismo no tiene como meta la evolución del ser humano, sino que defiende el cambio de nuestra propia concepción, actualmente antropocéntrica e incluso androcéntrica. Propone a la tecnología y los cambios que puede producir esta como ayuda a la comprensión de nuestra subjetividad, abriendo así la oportunidad de una nueva definición de lo humano, mucho menos excluyente que la anterior. Este movimiento afirma que ya somos posthumanistas, puesto que el cambio de paradigma de nuestra propia comprensión ha cambiado. 

Lo que el posthumanismo trata entonces al desmantelar el sujeto unitario construido por el humanismo es abrir las puertas a la reformulación de lo humano para dar cabida, por un lado, a las exigencias teóricas crecientes del feminismo, animalismo y ecologismo y, por otro lado, a la relación que guardamos con artefactos y contextos cada vez más tecnologizados como una clave constitutiva de nuestras subjetividades cotidianas.

Etxeberria,J. 2020

La libertad morfológica

La concepción moldeable del ser humano y los cambios en este que proponen ambas corrientes derivan en la necesidad de lo que es llamada, la libertad morfológica. Esta libertad es defendida sobre todo por el transhumanismo, puesto que defiende la libertad total de la modificación de nuestros cuerpos, y por ende nuestra evolución. La libertad morfológica es una libertad negativa, ya que sugiere la ausencia de impedimentos sobre las modificaciones corporales que desee realizar el ser humano sobre su propio cuerpo y defiende el derecho de no realizar ninguna modificación. Pero si nos atrevemos a dar un pronóstico sobre el futuro, es inevitable caer en la conclusión de que algunos de estos dispositivos serán necesarios para poder integrarse en la sociedad, como lo es el teléfono móvil en nuestros días. Así pues, además de ser una libertad negativa, también podríamos indicar que es una libertad condicionada a nuestras necesidades. Un ejemplo de ello pueden ser los microchips capaces de identificar a las personas, que se insertan dentro de la piel. Estos dispositivos pueden ser usados para identificarse a la entrada del trabajo o en un aeropuerto, el sujeto es libre de insertarse el microchip, pero si no lo hace muchas puertas llenas de oportunidades las tendrá cerradas. 

Un aspecto a destacar es la defensa de la accesibilidad a las nuevas tecnologías dentro de la libertad morfológica, propuesta por algunos transhumanistas. Dicha defensa va más allá de la libertad morfológica sobre nuestro propio cuerpo, puesto que también propone la libertad de mejorar genéticamente a nuestros descendientes. Esta propuesta me parece más difícil de justificar, puesto que trata sobre la modificación de sujetos que no son uno mismo y además no pueden dar su consentimiento. Aunque nos apoyemos en el hecho de que dichas modificaciones son positivas para nuestros descendientes y no hacen daño a terceros, sigue siendo una modificación impuesta. También pueden acarrear problemas de desigualdad mucho mayores. Por ejemplo, en países donde nacer mujer sale muy caro a las familias, los progenitores podrían decidir tener únicamente descendientes varones gracias a esta nueva tecnología y ello agravaría aún más la desigualdad. 

Aunque esta no es la única modificación genética, también se pueden detectar enfermedades hereditarias y eliminarlas, aumentando así la esperanza de vida e incluso disminuyendo el gasto en sanidad. Otra de las ventajas puede ser la mejora de la apariencia del individuo, aspecto muy importante en nuestros días, que influye incluso a la hora de encontrar trabajo. Pero me temo que estas mejoras genéticas muy positivas para los individuos solo las podrán gozar los hijos de padres con suficiente dinero para pagarlas. Por lo que yo incluiría en las propuestas de la accesibilidad a la tecnología de Bostrom la capacidad de que todas las clases sociales puedan disfrutar de la tecnología, aumentando incluso la libertad que proponen, ya que no estaría sujeta a una restricción presupuestaria. Esta ampliación de la accesibilidad se podría llevar a cabo derivando dinero público a esta labor, teniendo en cuenta que el gasto público destinado a la sanidad seguramente será menor porque habrá menos enfermedades. 

Los ciborgs

Teniendo en cuenta los ejemplos de las anteriores modificaciones genéticas, podemos llegar a pensar que este tema está más cerca de una película de ficción que de la realidad, pero lo cierto es que todos en cierta medida hemos sufrido alguna modificación corporal, ya sea teniendo pendientes o implantes dentales. La diferencia podríamos decir que recae en que las modificaciones a las que estamos acostumbrados no nos proporcionan funciones sobrehumanas, únicamente son capaces de mejorar algunos aspectos para que podamos llegar a tener las mismas capacidades que la mayoría de los seres humanos, como puede ser el uso de gafas para una persona con miopía.   

En cambio, los ciborgs consiguen ir más allá de los límites de nuestra naturaleza humana, como por ejemplo tener una radio integrada en el brazo o poder captar los colores a través de una antena de una manera mucho más precisa que usando solo nuestra visión. Al observar estos ejemplos podemos deducir que los avances de estas tecnologías también pueden ser empleados para el ámbito bélico, y seguramente así sea, pero existiendo ya armas de destrucción masivas capaces de eliminar la existencia humana de manera muy rápida, no tenemos por qué preocuparnos por eso. En cambio, el hecho de que vamos a gozar de una larga esperanza de vida si nos debería de preocupar más, puesto que actualmente ya estamos sufriendo problemas de sobrepoblación y esto se agravaría aún más con una tasa de mortalidad menor.   

Pero, ¿en qué influye tener una radio integrada en el brazo para el posthumanismo? Para esta corriente, el cuerpo es algo que nos identifica y, por ende, si modificamos nuestro cuerpo, también estamos modificando nuestra identidad. Entonces, si nos insertamos una radio en nuestro brazo, o cualquier otro dispositivo, nuestra identidad ante la sociedad cambia, pasaríamos de ser simples humanos a ser ciborgs. Es inevitable que al cambiar nuestro cuerpo cambie también nuestra identidad, puesto que la superficialidad corporal es lo primer que observan las personas que se encuentran a nuestro alrededor, y con base en eso son capaces de categorizarnos, sin ni siquiera haber hablado con nosotros.   

No obstante, de lo que aquí se trata es de señalar cómo el cuerpo que somos, algo sumamente privado, es paradójicamente también una de las condiciones más determinantes de nuestra presencia pública. El cuerpo es, así, un factor determinante en la percepción de nuestras identidades sociales

Bourdieu, 1986

Aunque puede parecer que en el posthumanismo el cuerpo cobra mucha importancia, es la razón la que moldea el cuerpo. El cuerpo entendido como identidad se encuentra como un papel en blanco que debe ser dibujado por los deseos de la razón. Aunque existe una relación aún mayor entre el cuerpo y la mente, esta dicotomía todavía sigue existiendo, siendo el cuerpo un reflejo de lo que desea la razón. Al fin y al cabo, cuando veamos a un ciborg asimilaremos sus gadgets a su razón más que a su cuerpo.   

El poder cambiar de identidad usando los avances tecnológicos también puede llegar a romper ciertos prejuicios y discriminaciones que sufren los humanos por tener un cuerpo u otro. Ya sea por el sexo, raza u otras cuestiones, el cuerpo es una marca que nos puede oprimir u ofrecer privilegios. El posthumanismo defiende que el cambio de nuestra propia subjetividad y comprensión derivado de una percepción moldeable del cuerpo haría que estas distinciones desaparecieran. Pero esto creo que solo se conseguiría si gran parte de la población decide o puede tener una modificación morfológica, ya que, si no es así, la distinción entre diferentes grupos sociales se podría dar entre los ciborgs (que no sufrirían problemas de discriminación según esta teoría) y el resto de seres humanos aún naturales (que seguirían sufriendo los mismos problemas, además de tener a los ciborgs por encima de ellos).   

El posthumanismo está particularmente interesado en restar importancia a las identidades tradicionales vinculadas a concepciones dicotómicas (natural/artificial, hombre/mujer, humano/animal, orgánico/tecnológico)

Braidotti, 2013

Conclusión

Personalmente, creo que es más fácil educar a las personas en unos valores igualitarios para que no se creen desigualdades, que insertar antenas de WIFI o cámaras sensoriales dentro de nuestros cuerpos. De todas maneras, para buscar una solución a la desigualdad debemos de tener en cuenta la desigualdad económica, porque si esta no se soluciona, ¿cómo una persona que no puede pagar la hipoteca va a ser capaz de llevar a cabo modificaciones corporales? Al fin y al cabo, solo las personas pudientes van a poder moldear su cuerpo y como consecuencia dejar de sufrir discriminaciones, pero las personas sin recursos no notarán ninguna mejora, o incluso pueden sufrir más discriminación por parte de los ciborgs (que serían superiores en sus capacidades y más aptos para cierto tipo de trabajo). 

Aunque también puede darse el caso de que haya un cambio de mentalidades que provoque que las identidades tradicionales se queden atrás, incluso cuando no toda la población sea un ciborg. Únicamente observando a unos pocos híbridos entre personas, animales y tecnología, puede que lleguemos a concebir el cuerpo como algo moldeable y, por tanto, desarrollar nuevas subjetividades. Pero este hecho, más que una finalidad, debería de ser una consecuencia de las modificaciones corporales, porque como he indicado antes, puede darse otro tipo de desigualdad. 

Otro punto adicional que me gustaría comentar es la relación que se está dando entre el transhumanismo y otros seres vivos que se encuentran a nuestro alrededor. Muchos de los avances en este aspecto también están siendo usados con los animales para beneficio de los humanos. Por ejemplo, la mayoría de perros y gatos domésticos tienen insertados un microchip para poder ser identificados y saber quiénes son los dueños. La libertad morfológica que he tratado anteriormente en este caso no tendría cabida, los cuerpos de los animales son modificados en nuestro propio beneficio sin obviamente su consentimiento y esto también es algo que se debería debatir a medida que estas tecnologías se vayan desarrollando. 

Bibliografía

Rueda Etxeberria, J. (2020). De la libertad morfológica transhumanista a la corporalidad posthumana: convergencias y divergencias. Isegoría, (63), 311–328. https://doi.org/10.3989/isegoria.2020.063.02

Bourdieu, P. (1986). “Notas provisionales sobre la percepción social del cuerpo”. En Ál-varez-Uría, F. y Varela, J. (Eds.). Materiales de sociología crítica. Madrid: La Piqueta, 183-194.

Braidotti, R. (2013). Lo posthumano. Barcelona: Gedisa, 2015.

Imagen | Pixabay

Cita este artículo (APA): Fernández, R. (2022, 17 de octubre). Una crítica al transhumanismo y posthumanismo. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/10/critica-al-transhumanismo-y-posthumanismo/

Artículo de:

Raquel Fernández Romero (autora invitada):
Estudiante de un doble grado en Filosofía y Economía en la URJC de Fuenlabrada, en Madrid.

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por autores invitados

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