fbpx

La soledad y la filosofía han estado siempre unidas1, y aunque como personas enfocadas a las humanidades lo sabemos, y reconocemos que es algo necesario, el tema es algo complicado, principalmente porque no siempre es deseable del todo. Aún más, en pleno siglo XXI, realmente aislarse de los demás2 es casi imposible, por más que nos lo propongamos.

Existen muchas maneras de apartarnos del mundo, y aunque la soledad puede ser objetiva (real) o subjetiva (algo que solo nosotros sentimos, pese a estar rodeados de las personas), estas formas cada vez son menos, al menos las tangibles. Están desde los casos extremos, como irnos a una cabaña “apartada de la civilización”, o los más simples, como el apagar el móvil; más un pequeño etcétera. Entre este abanico encontramos (o encontrábamos) los viajes transoceánicos, esos que te implican saltar de un continente a otro, que tienen una media de diez horas de viaje en los que estás rodeado normalmente de personas desconocidas. Al llegar a tierra, sueles enfrentarte a muchísimas cosas, como un huso horario diferente, o la sensación de que “perdiste” ciertas horas de tu vida por haber volado.

Pero esto ya no es del todo cierto.

Es verdad que hablar de la no desconexión es bueno, y significa que estamos avanzando, pero “el remanso de paz […] que era el avión, ya no parece que vaya a seguir siendo así3”; la frase anterior es de Javier Panalva, que en 2010 reportaba que para 2012 las compañías aéreas ofrecerían Internet vía satelital durante los vuelos. Si bien es cierto que aún no llegamos a la democratización de esto, y que sigue siendo un servicio elitista, al menos en 2022 enviar mensajes de texto por WhatsApp es posible (de forma gratuita, aunque limitado a pocos megas). Y, pese a todo lo bueno que puede ser esto, tiene su aquel.

Heme aquí, pues, solo en la tierra, sin más hermano, prójimo, amigo ni compañía que yo mismo.  

Jean-Jacques Rousseau4

Esa compañía contigo mismo es un sentimiento que, bien catapultado, nos puede brindar una oportunidad única para afrontar y asumir la verdad que reside en nuestro interior5. Ante tantos estímulos e información, el hecho de vivir conectados 24/7 puede llegar a ser asfixiante e, irónicamente, solitario a la vez. Hace algunos meses reflexionaba sobre cómo tener muchos amigos no siempre es sinónimo de compañía, y el cómo, incluso los famosos pueden llegar, aún rodeados de gente, a sentirte solos y tristes.

Lograr tener esos espacios de introspección social son necesarios, ya que, retomando la idea anterior, al vernos envueltos de personas, aunque nos pudiéramos sentir solos, hay algo que choca y nos impide experimentar de verdad la soledad. Pero cuando el único eco, ya sea el objetivo o subjetivo, eres tú mismo, tu mundo da un giro copernicano.

Valoras tu intimidad, tus ideas, tu reflexión, y claro, a esos otros que das por sentado. La soledad te permite realmente ser tú, porque seas consiente o no de ello, siempre estamos con máscaras o apariencias que nos impiden ser nosotros, por más delgadas que estas sean.

Pongamos un ejemplo: ver arte. Sí, ir a un museo acompañado de alguien que disfrute con la misma intensidad es extraordinario, pero aún en esos casos, habrá obras que a ella le llamen más, o a ti menos. Y eso está bien, el balance de las diferencias es lo que le da diversión a las relaciones. Pero el ir tú solo al museo cambia totalmente la ecuación: tomar tu tiempo para admirar lo que quieras y permitirte quedar petrificado ante una obra, como un niño en una juguetería que se deja conducir por la emoción, eso es algo que nada lo iguala. Y ello se obtiene en soledad, en esa relación única que solo puedes conseguir contigo mismo. Esa sinergia que te da el hecho de estar con aquella persona que se conoce mejor: tú misma. Ya lo decían en Delfos: nosce te ipsum6.

Pero no todo es tan bello.

La soledad es una oportunidad, la oportunidad diría yo, para profundizar en nosotros mismos, pero cada vez es más complicada de alcanzar. Principalmente, por como he dicho, porque cada vez el mundo nos conduce a escenarios en donde la desconexión es una utopía; y la otra, más compleja aún, es que al estar tan normalizada la hiperconexión, ante el primer esbozo de ausencia, lejos de verlo como una oportunidad para intimar, la sensación que experimentamos es angustia y desesperación porque no estamos conectados.

El hecho de tener que tener Internet en los aviones es un claro ejemplo. Las empresas responden a sus clientes, y brindan un servicio ante una necesidad que detectan en sus clientes: por más que se critica7, ¿necesitamos? (claro, me incluyo) estar on line. Y, cada vez, esa sensación que experimentamos cuando no lo tenemos, es algo que más nos desagrada y que buscamos eludir. Se dice que evitamos la soledad porque nos da miedo toparnos con nosotros mismos8, pero creo que más que miedo a nuestra voz interna y a lo que esta nos pueda decir, la soledad no nos gusta porque estamos acostumbrados al ruido externo, porque estar conectado forma parte ya de nuestra normalidad.

Sería absurdo cerrar con el discurso de “hay que desconectarnos”, pero sin duda el justo medio9 Aristotélico podría ser lo más adecuado: evitando el exceso y el defecto10. No podemos ponernos fatalistas y decir que la hiperconexión nos está destruyendo, pero tampoco irnos al otro extremo argumentando que olvidarnos de Internet es la respuesta. Debemos educarnos en valorar los momentos y las oportunidades de estar con nosotros mismos, y el preguntarnos qué tan necesario es, en momentos concretos, estar o no on line.

¿De verdad necesitamos enviar mensajes y ver Instagram mientras volamos?

Notas

[1] González, C. (2020). Filosofía para acompañar la soledad. Filosofía & Co. https://www.filco.es/filosofia-para-acompanar-soledad/

[2] Dominguez, J. (2018). La soledad humana. Ensayos de Filosofía, 2 (8).

[3] Penalva, J. (2010). Volar ya no es sinónimo de desconexión. Xataxa. https://www.xataka.com/otros/volar-ya-no-es-sinonimo-de-desconexion#comments

[4] Jacques, J (1782) Las ensoñaciones del paseante solitario.

[5] García, N. (S/F) La soledad ¿Hay que vivirla o evitarla?. Spcsalut. https://www.spcsalut.org/capsula/la-soledad.html

[6] Expresión latina para el famoso aforismo griego “γνωθι σεαυτόν” (conócete a ti mismo).

[7] Adsuara, B. (2018, marzo 13). ¿Es internet un lujo o una necesidad básica? El País. https://elpais.com/retina/2018/03/13/tendencias/1520944818_480789.html

[8] Yagüe, A. (2018, marzo 11). ¿Por qué a veces no soportamos la soledad?. La mente es maravillosa. https://lamenteesmaravillosa.com/por-que-a-veces-no-soportamos-la-soledad/

[9] Ética a Nicómaco, 1106b-35-1107a-5

[10] Cf. Marcos, “Aprender haciendo”, 209

Imagen | Madrid desde el cielo, tomada por el autor.

Cita este artículo (APA): Garcia, M. (2022, 22 de octubre). Sobrevolando la soledad. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/10/sobrevolando-la-soledad
#ausencia, #aviones, #crítica, #internet, #introspección, #soledad, #volar

por Miguel Ángel

ceo de filosofía en la red, drando. en Filosofía, mtro. filosofía y valores, lic. en psicología organizacional, PTB en enfermería; catedrático de licenciatura en la Universidad Santander (México)

error: Content is protected !!