En los círculos yóguicos actuales y en las pláticas de pasillo de los practicantes de yoga, ha surgido muchas veces la pregunta ¿de dónde viene el Yoga? Esta pregunta ha dado mucho quehacer tanto a estudiosos académicos de temas versados en Asia como a los largos linajes de estas prácticas tejidos por el Sanatana Dharma y otras escuelas filosóficas.

Es interesante que el nombre que aparece como respuesta principal es el señor Patanjali. No sin razón porque este personaje está ligado a una estructuración del yoga que, de algún modo, sigue teniendo eco en las prácticas actuales. Sin embargo, es interesante mirar otros inicios y puentes.

Este texto trata de mostrar una pequeña ojeada los inicios del Hathayoga, que tiene gran peso en la historia del Yoga, desde un punto de vista mítico-histórico. Pero aún más, se detendrá en una práctica mágica que llamó mucho la atención en Occidente a finales del siglo XIX: los siddhi, esos superpoderes yoguis que llevaron a considerar a estos practicantes como faquires.

Mitos en torno
al nacimiento del Hatha Yoga

Según cuenta la mitología de los Nath-yoguis en torno al Hathayoga, todo empieza con aquel momento en que Shiva comparte las enseñanzas mistéricas del Yoga con Parvati en una isla de arena alejada en medio del océano, lejos también de cualquier ser vivo. Pasa tanto tiempo Shiva dando la instrucción, que la diosa se queda dormida algunos instantes. En ese momento, el Mahadeva le pregunta si ha comprendido lo que le ha enseñado hasta entonces, por lo que se da cuenta que su consorte se ha dormido. El dios se frustra y se dice a sí mismo que las enseñanzas del Yoga han sido infructíferas.

De pronto, una voz le dice que no ha sido en vano su enseñanza, que había escuchado atentamente lo que el dios había dicho. Shiva le pide que se manifieste y surge un pez del agua que expulsa de sí a un muchacho. , este es un momento en que la historia y la mitología se entretejen y fusionan, pues aparece Matsyendranatha el fundador del Hatha yoga en medio de un relato mítico.

Pero, ¿cómo llegó aquel muchacho al estómago del pez? Cuenta Swami Satyananda Saraswati que aquel muchacho era un pescador que en otro tiempo se encontró con un grupo de sadhus1 por casualidad. Éstos, al darse cuenta de su presencia, le pidieron no revelar lo que hacían a nadie. El pescador dio su palabra y fue invitado a quedarse con ellos para iniciarse en la enseñanza de alcanzar la plenitud interior. Con el tiempo, dejó su profesión y se dedicó completamente a la meditación en la enseñanza que le habían compartido los sadhus hasta que alcanzó el estado pleno del yogi

Un día, cuando fue a bañarse en a la orilla del mar, fue tragado por un pez en el que vivió durante un tiempo hasta que llegó a la isla en que se encontraban Shiva y Parvati. Cuando el dios lo ve, se asombra de mirar a un devoto que había realizado sadhanas tan profundas, por lo que le anuncia que está complacido y que gracias al conocimiento adquirido será nombrado el “Señor de los peces” y lo bautiza con el nombre Matsyendranatha (nath: señor, amo, refugio, maestro). A partir de entonces, se convierte en el yogi encargado de difundir la enseñanza por toda India. 

Es así como inicia el Hatha yoga, con un devoto que expande la enseñanza del yoga que procede directamente de la divinidad. 

Gorakh Nath, su primer discípulo, se convertirá en fundador de la orden de los Nath-yogi, emparentados con el Hatha yoga en los siglos IX y X e.c. Este personaje representa un tipo ideal de yogi, y también es considerado como una encarnación de Shiva. Fue el mejor de los discípulos de Matsyendra. Una gran cantidad de textos del Hatha yoga son atribuidos a él. Según la tradición de los Nath-yogi, nace de una forma prodigiosa. Esto fue obra del poder yóguico.

Se cuenta que después de recibir las enseñanzas de Shiva, Matsyendranatha le pidió que le concediera el don de acompañarle en su cometido de difundir el yoga por el mundo. El dios le dijo que algún día encarnaría para cumplir su promesa. 

Matsyendranatha viajó por muchos lugares durante sus peregrinaciones. Entre ellos, llegó a un pueblo donde vivía una mujer que fue a su encuentro para pedirle ayuda, pues no podía tener hijos. Al escucharla, el yogui le recomienda que coma un puñado de cenizas junto con leche para poder quedar encinta. La mujer le agradece y el yogui le advierte que regresará en doce años para ver lo ocurrido con su hijo. La mujer desecha la dádiva al considerarla algo desagradable. 

Después de doce años, Matsyendra vuelve a cruzar por aquel pueblo y se encuentra con la mujer. Le pregunta qué ha sido del niño que tuvo. La mujer miente aduciendo que no había surtido efecto la dádiva. El yogi sospecha pues sabe que los poderes del yoghi (siddhi) son muy potentes y no es posible que no surtan efecto. Al final, ella confiesa diciendo que había tirado las cenizas en una montaña de estiércol. Matsyendranatha se dirige al sitio señalado por la mujer y remueve el estiércol encontrándose con un niño hermoso de doce años de edad. La mujer se avergüenza y se disculpa; pero el yogui le dice que por desconfiar de sus poderes, se quedará con el niño.  Este niño es bautizado con el nombre de  Gorakh y se convierte en su primer y más preciado discípulo.

Se dicen muchas historias en torno a la vida Gorakh nath. Se cuenta que podía vivir solo de aire y que alguna vez al orinal, convirtió una roca en oro; que alguna vez a través de su fuego interior, ardió, se convirtió en ceniza y recuperó su forma original. Este yogui tiene un lugar muy especial en el centro y norte de India, y por lo dicho, su vida está íntimamente relacionada con el desarrollo de superpoderes, siddhi

Según el texto Las bases del Yoga (2021), Gorakh nath podía dejar su cuerpo y aparecer en distintos lugares, incluso, podía dar sus enseñanzas en sueños y apariciones a sus discípulos. Asimismo, fue autor de muchos tratados en torno al Hatha yoga y se dice que el Hatha yoga Pradipika, el Gheranda Samhita y el Shiva Samhita están inspirados en su enseñanza. Estos textos tienen de una forma más acabada, lo que se considera las “tecnologías sutiles del Hatha yoga2“. 

Todo lo dicho, es muestra de una fuerte relación, casi indistinguible, entre el mito y la historia, en la que aparece ese elemento mágico que distingue al Nathyogi, la capacidad de conseguir poderes a través de la práctica del yoga. 

Los siddhi

¿Qué son los siddhi?

Dicho de un modo  sencillo, serían los superpoderes que adquiere un yogi. Por eso es que he incluido en el título de este texto la palabra Superyogui, porque las referencias en manuscritos de la India refieren que estos personajes adquieren poderes de clarividencia, de levitación, poder de leer mentes, etc. 

Tanto los dioses como los yogi expertos tienen la capacidad de adquirir estos poderes y usarlos a su conveniencia. Por ejemplo, se refiere que el dios Brahma, puede desplegar su cabeza en cuatro partes, apuntando a las cuatro direcciones, a través de capacidad de transformación que dan el yoga y los siddhi

Más allá de los yogasutras de Patanjali, donde encontramos referencia a estos poderes y su relación con la mente, es en el Hatha yoga donde hallamos indicaciones interesantes en torno a este tema.  

La adquisición de siddhi permite al yogi trabajar con sustancias materiales o simbólicas para generar productos puros e incorruptibles. Muchos hathayogi de la época medieval se les relacionó con el arte de la alquimia por esta razón, y fueron llamados rasa-siddha. 

El yoga visualiza un cuerpo sutil que coexiste con el cuerpo material. Este cuerpo sutil está compuesto por distintos puntos de energía llamados chakras dispuestos de manera vertical en el centro, haciendo un paralelo con la columna vertebral del cuerpo burdo o material. También, hay distintos ríos de energía sutil, llamados nadis, y nudos, llamados grantis, que se encuentran diseminados por todo el cuerpo sutil. En el centro, también confluyen tres nadis principales llamados Ida, Pingala y Susumna.  Todo ello compone la “anatomía” de este cuerpo, que es preciso trabajar en conjunto con el cuerpo material para adquirir un cuerpo fuerte e incorruptible.

Pero ¿cómo se relaciona finalmente el Hathayoga con los siddhi?  A partir del trabajo con el cuerpo material-físico, es que el yogi intentará acceder a los poderes que residen en el cuerpo sutil. Y ojo, es importante señalar esto pues el cuerpo es vehículo de la trascendencia para el hathayogi

El yogi, mediante la práctica de sadhana, es que va a poder hacer este proceso alquímico (unidad de cuerpo sutil y cuerpo físico) con el fin de lograr un producto “adamantino”, es decir, imperecedero y perfecto (siddha).

De esta manera, el Hathayoga busca la transformación interna y trascendental del individuo. El cuerpo se convierte en una especie de laboratorio que permite lograr, a través del conocimiento de estas herramientas, la liberación y, por ahí también, la adquisición de poderes.

Así que ya lo sabemos. Podemos ser como los super héroes por medio de este camino yogi.

Notas

[1] Sadhu, el hombre de la India, el yogui vagabundo con poderes misteriosos. Existen en el país muchos miles de estos individuos, unos completamente solos, otros afiliados a diversas organizaciones o grupos de sadhus. Unos que viajan constantemente, otros que permanece en el mismo lugar: Preciado, Benjamín, “Ascetismo y renunciación”, https://www.scribd.com/document/275925740/Benjamin-Preciado-Ascetismo-y-renunciacion-pdf

[2] A esta tecnología sutil pertenece el conocimientos de los asana, ´pranayama, bandhas, mudras.

Bibliografía

Martino, G., Muñoz, A. (2019). Historia mínima del yoga. México: Colegio de México.

Edición Kindle. Swami Satyananda Saraswati (2021). Las bases del yoga. El origen del hatha-yoga, los nathas y su expansión por Occidente. Kairós

Edición Kindle. Swami Satyananda Saraswati (2021). Las bases del yoga. El origen del hatha-yoga, los nathas y su expansión por Occidente. Kairós

Imagen | Cortesía de @agustoyoga

Cite este artículo: Tellez, E. (2022, 08 de octubre). El "superyogui", el Hathayoga y los siddhi. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/10/superyogui-hathayoga-siddhi/
#Hathayoga, #reflexiones, #Yoga

por Erika Tellez

Lic. en Filosofía (UCSJ) y egresada de la Maestría con especialidad en Estética (UNAM). Actualmente, docente en el Centro Universitario de Integración Humanística y en el Diplomado de Historia del Arte de la Universidad Anahuac. También, colabora en la Editorial Progreso como autora, revisora en el área de libros de texto de Bachillerato.

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