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Encontramos en escritos con más de 2000 años de antigüedad el acierto de que mediante la phronēsis (Φρόνησις), que es el uso del conocimiento adquirido en una actitud de inteligencia práctica, podremos calcular las tensiones y posibilidades de nuestra existencia presente, y aprender así a desprendernos de los deseos superfluos.

Encontrar la templanza y la moderación reducen los deseos a un mínimo esencial sobre el que cabe un perfecto control, que nos permite enfocarnos en el momento presente que vivimos. Esto nos trasmiten los que, como el profesor Emilio Lledó, han trabajado por trasladar a nuestros días la doctrina de Epicuro de Samos:

Recordar y esperar nos difuminan en un horizonte de nostalgias y ansias, nos distraen de centrarnos puramente en el momento presente que vivimos. 1

Obligatoriamente hay que releer un par de veces el texto que se cita en el párrafo anterior. Con detenimiento encontraremos una certeza que ya se halla en nuestro interior. Sin embargo, la ignoramos, nos dejamos influir y, cohibidos por complejos o frustraciones, esperamos a que sucedan tiempos mejores. De igual modo, tendemos a añorar algún tiempo pasado que creemos que fue mejor. Aunque lo cierto es que la mente humana siempre tiende a olvidar el sufrimiento, y aquel dicho de “todo tiempo pasado fue mejor”, queda en una mera síntesis de la idealización que la mente nos muestra del pasado, obviando aquello que nos perturbaba.

Pongámonos en contexto

Nos situamos alrededor de 350 años antes de Cristo, en un contexto político y social que estaba cambiando por completo. Las polis griegas [pequeños estados], conquistadas por Alejandro Magno, habían sido disueltas políticamente, ya no ostentaban su soberanía, si bien sí que se seguía viviendo con normalidad dentro de ellas. Acostumbrados a unas fronteras bien definidas, ahora el hombre debía de adaptarse a la idea de ser ciudadano de un mundo abierto. Ciudadanos que ya no tendrán alcance a la política, como antes tenían normalizado. Surge el miedo a lo desconocido. Es aquí donde se crea la primera gran diferencia que nos muestra el cambio del pensamiento filosófico respecto a la antigua Grecia. Los filósofos de estos nuevos tiempos orientarán sus propuestas a la búsqueda de la felicidad del individuo.

Es en esta nueva filosofía, la llamada filosofía helenística, donde surgen grandes escuelas de pensamiento con enfoques diferentes que albergan, sin embargo, grandes puntos en común. La ética es la preocupación que predominará en estas nuevas corrientes de pensamiento.

Una de las escuelas más importantes la crea el filósofo Epicuro. En su doctrina ética encontramos una dirección clara hacia la búsqueda del disfrute del momento presente. El sabio de la ciudad de Samos nos indica la dirección hacia lo que ellos denominaban “ἀταραξία” (Ataraxia), que no es más que lograr la imperturbabilidad del alma, permanecer impasible ante lo que nos acontecerá en el futuro, o ante lo que creemos por un pasado vívido que fue mejor.

Creer es crear

En este mundo nuevo que se abre ante ellos: de políticas rotas, desaparición de fronteras, de hombres embargados a la adquisición de poder y de conquistas, que aun teniéndolo todo sufren en su más profunda intimidad por celos y deseos de codicia, los epicúreos se alejaron y abrieron los ojos. Entendieron que ante la desestabilidad de la situación social, la posibilidad de encontrar la felicidad estará en el enfoque de buscar el placer del momento presente. Conseguir que nuestro cuerpo y nuestra mente se entreguen al instante que viven. Ningún otro momento habrá de perturbarnos, ni futuro, ni pasado, ni por un instante.

Muchos podrían considerar esta concepción de la vida como errónea o poco responsable. Postura respetable. Pensar en el futuro se ve claramente como algo necesario para ir amenizando el camino que nos acontecerá. Tener en cuenta el pasado también es valioso para tomar mejores decisiones.

Si extirpamos la huella intelectual de este mensaje que nos manda Epicuro, encontramos que quizá lo que nos quiere decir es que paremos nuestro tiempo, nuestra vida. Que por un momento nos miremos las manos, el espacio que ocupamos, nuestras capacidades. Que advirtamos el hecho de que pensamos, que sentimos, que percibimos el espacio que nos rodea. Así hasta llegar a la conclusión de que estamos vivos, y de que esta simpleza de conclusión se nos olvida con demasiada frecuencia. Que somos dueños del momento presente, que es todo lo que tenemos, todo lo que nos hace sentirnos vivos. Y que a partir de aquí, todo es crear.

Notas

[1] Lledó. E., 1984

Imagen | Fotografía tomada por el autor

Cite este artículo: Almansa, F. (2022, 04 de noviembre). Carpe Diem. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/11/carpe-diem

Artículo de:

Francisco Almansa (autor invitado)
En el corazón de Castilla la Mancha. Emprendedor y amante de la naturaleza, lleva su propio negocio de venta de frutas y verduras, mientras cursa un grado en Filosofía.

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por autores invitados

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