Desintermediación: relación entre la agonía del sujeto moderno, diferencia y poder

Una de las características del pensamiento y de la reflexión es que tiene la facultad de hacernos viajar, en idas y vueltas, en forma permanente sobre la línea de tiempo histórica. Pienso en Marx y su planteamiento respecto del fetichismo de la mercancía, en donde el Capital fuerza fantasiosamente las relaciones de intercambio, posicionando a la mercancía y a los medios de intercambio en el lugar de privilegio, y como esto transcurrido más de un siglo, sigue estando tan vigente que se relaciona de múltiples formas y sentidos con pensadores tan contemporáneos como Michel Foucault y Gilles Deleuze. 

Desde este punto de partida se puede decir que la crisis del sujeto moderno ya había sido anunciada por Marx, cuando sitúa al sujeto expuesto a condiciones de dominación tan poderosas, que hace posible que el escenario de la realidad gire completamente invisible al individuo y a la sociedad en general, logrando instalar esta fachada como La Realidad. Lo interesante es cómo mediante la exposición de estos dispositivos, como diría Foucault, esta herida se hará visible y cada vez más profunda, hasta llegar a nuestros días, en que el advenimiento de las supercomputadoras, un enorme flujo de datos y el desarrollo de la inteligencia artificial han abierto caminos, que por ahora presentan múltiples oportunidades y, no menores condicionantes.

Desintermediación como posibilidad

En este contexto inicial quisiera utilizar el concepto de “desintermediación” como hilo conductor de la siguiente reflexión. Concepto que tomaré desde la ciencia económica, y que se define en términos generales como la eliminación de intermediarios en la cadena de suministros. Es en este primer sentido que podemos extrapolar esta eliminación de intermediarios a muchos ámbitos de la vida social, política y económica de las sociedades actuales. Quizás, lo que Deleuze describe como una crisis en las instituciones disciplinarias clásicas, se concreta en la caída importante, tanto simbólica como también en la práctica, de instituciones contemporáneas que han marcado el modo en que nos relacionamos. 

Por ejemplo, en el ámbito de la política. Los partidos políticos, esas grandes maquinarias que, mediante sus propias definiciones institucionales, ideológicas y burocráticas, agrupaban a miles o millones de individuos en un colectivo homogeneizado, hoy están en franco descenso y viviendo quizás los peores momentos de desangramiento de partidarios y, por ende, una pérdida de poder muy importante, de influir en la forma que nos relacionamos. Por el contrario, en los últimos años se ha podido constatar un naciente florecimiento de grupos sociales movilizados por distintas causas que abrazan, a saber, el ambientalismo, movimientos por la diversidad sexual y de género, Pueblos Originarios, etc. 

Las Instituciones clásicas de la educación también se han visto afectadas por este fenómeno, hoy existen plataformas de educación virtual que rompen con la institucionalidad. Hoy se pueden encontrar clases, cursos completos guiados por algún especialista, es decir, el encuentro entre profesor alumno era intermediado por la Universidad, hoy ese encuentro es desintermediado, se produce una relación directa. Algo similar, ocurre con la Televisión, ese medio de comunicación que ha construido realidades y que en sí mismo se constituye como una institución de la modernidad, durante mucho tiempo lo que se anunciaba, pauteaba desde ese lugar, era la realidad aceptaba por la sociedad, hoy eso está fuertemente desplazado hacia otro lugar, plataformas de streaming, canales de Youtube, Twitch, etc., son algunos de los productores de contenidos más prolíficos y vistos hoy en día. La televisión como industria-institución ha perdido la supremacía en la formación de realidades. 

Finalmente, otro caso emblemático es la desintermediación en los mercados, hoy es posible que muchas personas puedan invertir en acciones, comprar directamente a proveedores ubicados al otro lado del mundo o vender directamente sus productos a otro, todo mediante aplicaciones remotas y uso de divisas virtuales. 

Puntos de fuga

Lo interesante de todos estos ejemplos, es que, en este nuevo tipo de ordenamiento, o como diría Deleuze, este “desprenderse para devenir, es decir, para crear algo nuevo”1, podemos evidenciar la extinción del poder de estas instituciones creadas por el sujeto de la modernidad, y que por tantos años han marcado el desarrollo socio – cultural de las sociedades. Todas instituciones que han sido creadoras y caja de resonancia de las condiciones de homogeneización y el establecimiento de estándares de normalidad constitutivas de la subjetividad moderna y del modo de funcionar moderno de la sociedad.  No es algo realmente nuevo, contemporáneamente desde los mismos eventos de mayo del 68, que se comienza a tensionar la relación sociedad – instituciones. Sin embargo, la acelerada irrupción de la informática, la posibilidad de conectar a muchos individuos de forma virtual, el acceso masivo a equipos de comunicación, etc. han venido a convertir un potencial cambio en una nueva realidad y forma de interpretar el mundo de las relaciones de poder, todo mediante la acción creadora de las personas, conectando de forma desintermediada.

Los intereses que son parte de estas nuevas subjetividades colectivas son múltiples, variables, y heterogéneas que van desde el ecologismo, el veganismo, pueblos originarios, movimientos por la diversidad sexual y de género, etc. Muchas de ellas a veces interconectadas por cuestiones tácticas o de similitudes en las demandas, lo relevante es que se constituyen en acciones concretas, creadoras de espacios nuevos y múltiples. En esta caracterización, se puede apreciar, desde mi perspectiva, la idea de rizoma de Deleuze, definida como una multiplicidad heterogénea que permite una interconexión sin jerarquía. 

Deleuze también nos ayuda a comprender que “una sociedad no se define tanto por sus contradicciones, como por sus puntos de fuga.2

Los ejemplos presentados como parte del hilo conductor de esta reflexión, representan estos puntos de fuga, sin duda que no es posible afirmar aún que este momento representa el derrumbe general de la totalidad de las instituciones homogenizadoras. Incluso las mismas que se han nombrado, aún no terminan por desaparecer como institucionalidad, pero si lo relevante es que el poder y la influencia que ejercían en el modo de relacionarse de los individuos y de la sociedad en su conjunto, ha disminuido significativamente y la apuesta es que seguirá profundizando esa herida de forma cada vez más mortal. 

¿Por qué asumir una apuesta de estas características? 

Básicamente por suscribir una postura en la que cual el impulso de lo humano puede jugar un rol clave respecto de empujar las barreras, Zygmunt Bauman dice que, “los hombres y las mujeres necesitan rebelarse contra esas restricciones -impuestas por la sociedad- para avanzar en pos de la felicidad”3. Sin duda que mi reflexión también contiene estos elementos propios del psicoanálisis, ya que es imposible desde la condición de psicólogo no apostar en favor de la realización del potencial de lo humano.

No todo lo que brilla es oro

Ahora, no todo es lo que parece. Muchas de las tecnologías que han facilitado la realización de proyectos colectivos y desintemediados, que han servido como herramientas en el proceso de creación de nuevas subjetividades, y por ende sostén material de las nuevas relaciones sociopolíticas y psicológicas, a su vez representan quizás, la forma más exacerbada de las sociedades de control, incluso a niveles impensados en los años que Deleuze plantea su teoría. La capacidad de almacenaje y procesamientos de datos, la comunicación permanente e instantánea, la casi imposibilidad de dejar una huella digital hace que la propuesta de una sociedad de control esté más presente y vigente que nunca en las sociedades actuales. Y de la misma manera, estas nuevas formas de relación y creación tampoco suponen el fin del neoliberalismo si no, por el contrario, tal como se desprenden de las ideas de Boltanski & Chiapello en su texto “El nuevo espíritu del capitalismo”, el mercado se encarga de crear, absorber y mutar junto a estas nuevas formas de relación, por supuesto para continuar su mutación permanente en el que surgen nuevos fetiches mercantiles.

La posibilidad de hacer Rizoma, conectando con múltiples personas en distintas partes del mundo y en forma instantánea, para levantar, por ejemplo, la demanda social por el cuidado del medio ambiente es una posibilidad real, lo hemos visto en los últimos años. La pregunta es, ¿por qué no fue posible articular a estos grupos globales antes, con este impacto y alcance global? Hemos visto que desde los años 60 el ser humano instala este tipo de demandas, pero la gran diferencia es la masificación de la tecnología de las comunicaciones. Redes sociales, comunicación instantánea, un relativo bajo costo de los equipos hace posible el que buena parte de los individuos puedan adquirir estos dispositivos tecnológicos. Si lo anterior representa la cara de la moneda, la cruz sería que precisamente con estos dispositivos y su uso, la sociedad de control que plantea Delauze, se hace cada vez más omnipresente en la forma que articula las condiciones en que se crean estas nuevas subjetividades. 

Las redes sociales, el Big Data, la robotización y la inteligencia artificial, entre otras tecnologías, hacen posible que la sociedad de control ejerza su influencia poderosa sobre la sociedad. Con cada una de nuestras interacciones con la tecnología, dejamos nuestro rastro digital, lo que consumimos, la frecuencia, nuestros intereses, desde dónde lo hacemos, a qué hora lo hacemos, etc. todo esto es procesado en fracciones de segundo por supercomputadoras, creando perfiles de cada uno de nosotros. Esta sociedad de control tiene sus propias formas de recompensa para el sujeto, hoy son los Likes y seguidores, el reconocimiento y la imagen del individuo, de lo contrario el castigo es la exclusión en sentido de invisibilidad. En este escenario, ¿cuál es la mercancía actual? La propia imagen. Se ha movido el eje desde la mercancía y los medios de intercambio – citados al inicio – hacia el propio ser humano como fetiche mercantil. Entonces, vemos nuevamente al mercado operar, proporciona una imagen y forma adecuada, la que se instala como modelo, volvemos a ser árbol y no rizoma. Un ejemplo, ficcionado, de este tipo de sociedad se puede ver en la serie “Black Mirror, episodio «Nosedive»” en la que el estatus social se establece mediante calificaciones que van desde 1 a 5 estrellas dependiendo del comportamiento e interacciones con el resto. Otro ejemplo, ahora no ficcionado, es el tipo de control tecnológico que utilizan en muchas de las grandes ciudades de China, una versión actual de la novela “1984” de George Orwell.

El neoliberalismo es otro dispositivo, con el carácter que le asigna Foucault, que actúa con todos sus elementos de poder para estar siempre presente. Como he expuesto anteriormente, el desvanecimiento de instituciones clásicas, creadoras y propagadoras del poder, no representa necesariamente que el neoliberalismo corra la misma suerte, pues este tiene la capacidad de adaptación, adopción e incluso de absorber los elementos disruptivos que emergen, para así permanecer en el tiempo. No muere, se transforma. 

Es así como la desintermediación hace temblar a una institución como la televisión y periódicos tradicionales, con toda su lógica comercial y formadora de opinión, con la aparición de plataformas como Netflix, YouTube y Twitch, entre otros. Sobre todo, estas últimas generan la posibilidad de conectar en forma directa al creador de contenido con el receptor, incluso interactuar en tiempo real. Sin duda que este acontecimiento provoca cambios en las subjetividades, el individuo observa que en la práctica puede relacionarse de una forma totalmente horizontal, sin la tradicional jerarquización: institución arriba / individuo abajo (árbol nuevamente). 

El mercado emerge, siempre emerge. Mediante estrategias de monetización de los contenidos, la industria de la tecnología y el entretenimiento hace posible qué mediante sus distintas plataformas sea posible llevar a cabo estas actividades, pero eso tiene un costo en el ámbito del mercado y las megas corporaciones. Amazon (Twitch), Alphabet (YouTube), Meta (Facebook) entre las más relevantes son los actores económicos principales. El mercado nuevamente se ha acomodado, permite la desintermediación, la aparición de múltiples actores, pero de forma monetizada. Y no menos relevante es el lugar que estas mismas corporaciones tienen en la sociedad de control, recogiendo millones de datos mediante clic, transacciones, búsquedas y likes. Eventualmente, el Sujeto puede estar más sujeto que nunca.

A modo de cierre

Esta reflexión, en la que he tratado de guiar mediante el concepto de desintermediación, he expuesto el cara y cruz de este acontecimiento. La posibilidad hoy práctica, operativa, de poder crear y generar diferencia mediante la creación activa de comunidades, sean de la magnitud que sean, hoy el alcance puede ser efectivamente global. También, este alcance global permite la interacción de múltiples individuos conectados de forma horizontal, sin inicios claros y sin final definido, básicamente haciendo el rizoma que plantea Deleuze.

El poder sigue actuando en toda relación con el otro, quizás han cambiado de representantes, desde instituciones más tradicionales, a nuevos actores globales, la sociedad de control sigue más presente que nunca, ha aumentado los puntos de contacto con los individuos, no dejando espacios sin cobertura. El mercado neoliberal, como ha sido su costumbre, adopta las formas necesarias para maximizar el flujo comercial, el nuevo fetiche de la mercancía es la venta de la imagen propia como producto. 

De todas maneras, quiero terminar, pensando que la desintermediación puede que no signifique el cambio total, pero en línea con Delauze, “una sociedad no se define tanto por sus contradicciones, como por sus puntos de fuga”, este fenómeno de desintermediación puede ser el punto de fuga de la sociedad actual.

Notas

[1] Deleuze, Gilles. 1995. “Conversaciones”. Pre-Textos, pág. 267.

[2] Deleuze, Gilles. 1995. “Conversaciones”. Pre-Textos, pág. 269.

[3] Bauman, Z., & Dessal, G. 2014. “El retorno del péndulo. Sobre psicoanálisis y el futuro del mundo líquido”. Madrid: FCE, pág. 18.

Bibliografía

Bauman, Z., & Dessal, G. 2014. “El retorno del péndulo. Sobre psicoanálisis y el futuro del mundo líquido”. Madrid: FCE.

Deleuze, Gilles. 1995. “Conversaciones”. Pre-Textos.

Imagen | Pexels

Artículo de:

Igor Suazo Aroca (autor invitado):
Psicólogo. Diplomado en Neuropsicología y Neuropsiquiatría. Estudiante del Máster en Filosofia (Universitat Oberta de Catalunya).

Cite este artículo: I, Suazo. (2022, 21 de noviembre). Desintermediación: relación entre la agonía del sujeto moderno, diferencia y poder. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/11/desintermediacion-relacion-sujeto-moderno/
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por autores invitados

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