Artículo publicado originalmente el 11 de noviembre del 2014 en la versión anterior de Filosofía en la Red. Artículo re-editado del original. 

Una de las mayores figuras de la filosofía de la ciencia moderna es sin duda alguna Karl Popper, filósofo y lógico de origen austriaco, a quien se le debe la propuesta del racionalismo crítico como propuesta epistemológica que busca normar la naturaleza de la investigación y el conocimiento científico. Popper fue reconocido por sus argumentos en defensa de la ciencia y la denuncia de pseudociencias, tales como el historicismo, el psicoanálisis y el socialismo [pseudo] científico.

Él aseguraba que la característica principal de toda teoría científica es que esta resulta ser falsable. Es decir, toda teoría científica, para considerarse como tal, debe poder ser refutada por medio de contra-ejemplos o contra-argumentos y de este modo ser corregida, aumentada o reemplazada por una mejor teoría igualmente falsable.

Todo enunciado que se haga pasar por científico que no sea falsable, de acuerdo a esta corriente, no es científico, sino pseudocientífico. Esto es en parte, y de forma ridículamente resumida, la tesis principal del racionalismo crítico. La Lógica de la Investigación Científica (1934), el primer libro publicado de Popper donde expuso su propuesta; casi de inmediato comenzó a ganar adeptos entre los académicos (tanto filósofos como científicos), siendo el racionalismo crítico una alternativa que prometía más que el positivismo lógico, que ya en esas épocas estaba agonizando. Para finales de los años 40 y principios de los 50 del siglo pasado, el racionalismo crítico ya era el paradigma principal de la filosofía de la ciencia anglosajona.

Popper buscó analizar mediante su propuesta todo enunciado científico, tratando esclarecer y demostrando cuáles eran auténticos enunciados científicos y cuáles solo eran o metafísica o pseudociencia. Así, en uno de sus análisis, Popper habla sobre la síntesis neodarwiniana1 (usualmente refiriéndose a esta simplemente como teoría de la selección natural). Popper, además de ser hombre de filosofía era un hombre de ciencia, y, por lo tanto, uno esperaría argumentos en pro de la evolución como teoría científica teniendo sus encontronazos con los antidarwinistas de su época. En vez de eso, Popper afirma lo siguiente2:

No parece haber mucha diferencia -si es que la hay- entre decir ‘los que sobreviven son los más aptos’ y la tautología ‘los que sobreviven son los que sobreviven’. Esto es así porque me temo que no hay más criterio de aptitud que la supervivencia efectiva, de manera que del hecho de que haya sobrevivido un organismo concluimos que era el más apto o el más adaptado a las condiciones vitales.

Es decir, que la teoría de la evolución expuesta en la síntesis neodarwiniana no vendría a ser otra cosa más que metafísica y no una auténtica teoría científica. Eso sí, es metafísica muy útil, ya que ayuda a mantener el interés en los fenómenos de variación y adaptación, según Popper. Tan increíble como puede parecer, según Popper la teoría de la evolución, al ser una tautología, resulta ser infalsable y, por tanto, concluye, no es una teoría científica. Este punto de vista fue expuesto en su libro Conocimiento objetivo: un enfoque evolucionista (1972) y probablemente se trate del mayor error de este filósofo. Sobra decir que los creacionistas aprovecharon de estas afirmaciones utilizándolas como argumentos en contra de la enseñanza de la evolución en las clases de ciencias. Después de todo, la evolución, de estar Popper en lo correcto, no sería ciencia. También sobra decir que no falta el creacionista del diseño inteligente que en tiempos actuales utiliza estas afirmaciones (junto a otras como la de los fósiles de transición, la complejidad irreductible y la supuesta imposibilidad evolutiva a causa de la segunda ley de la termodinámica) como puntos fuertes para sostener que el planteamiento de la biología evolutiva está tan justificado como la del creacionismo.

Algo que los creacionistas suelen ignorar (ya sea por ser auténticos ignorantes o por conveniencia) es que en 1977 en una conferencia pronunciada en el Darwin College de Cambridge, titulada “Natural Selection and the Emergence of Mind3“, Popper corrigió su opinión, pidiendo lo que se podría considerar, una disculpa pública. Sin embargo, en su autobiografía, Búsqueda sin término (1976), recalca que la selección natural le sigue pareciendo un programa metafísico bastante útil (cabe aclarar que su autobiografía fue publicada un año antes de la conferencia en la que pidió “disculpas”, aunque nunca la corrigió a pesar de haber vivido un par de décadas más).

La teoría de la evolución solo puede mirarse como tautológica si y solo si se le reduce a un solo enunciado tan simplista en el que pierde todo sentido: “los más aptos son aquellos que sobreviven”. La tautología es evidente: “los que sobreviven son los más aptos y los más aptos son los que sobreviven.” Si esto fuera lo que ocurre con la teoría de la evolución sin duda alguna tendríamos que admitir que esta no es una teoría científica. Sin embargo, este no es el caso en el mundo real.

En primer lugar, hay que notar que Popper buscaba referirse únicamente a la teoría de la selección natural, la cual no es la única teoría evolucionista presente en la biología evolutiva (si bien, es cierto que se trata de la teoría paradigmática por excelencia), por lo que acusar de metafísica a la evolución solo por decir que la selección natural es metafísica no tendría sentido. El segundo punto es que la selección natural no es metafísica, es un mecanismo corroborado por la evidencia, y que, por cierto, es una teoría falsable. Bastaría con encontrar algún organismo u órgano el cual fuera imposible de evolucionar; es decir, encontrar un caso válido de complejidad irreductible tiraría abajo la teoría de la evolución, tal como ya lo afirmaba el propio Darwin.

Popper fue acertado un punto respecto a la selección natural: esta no puede explicar todos los fenómenos evolutivos conocidos. De hecho es algo que los biólogos reconocen. Frente a esto, se han postulado otras teorías que no contradicen en sí a la selección natural, que van desde la teoría de simbiogénesis hasta el equilibrio puntuado.

Por último, el enunciado que usó Popper para resumir la teoría de la evolución no se adecua a las teorías darwinianas. El enunciado que diría así: “Los organismos mejor dotados se reproducen más que los peor dotados, sustituyéndolos en la población”, sería sin duda una tautología imposible de negar. Pero este enunciado no es el más adecuado para sintetizar la síntesis moderna (vaya juego de palabras, ¿verdad?). Un enunciado correcto sería: “En una población surgen al azar características hereditarias que pueden hacer que los organismos que las posean presenten una mayor probabilidad de reproducirse y transmitirlas a la siguiente generación, por lo que estas características acabarán por extenderse en la población”. A diferencia del ejemplo tautológico de Popper, este enunciado presenta tres hipótesis contrastables como premisas, tal como explica el biólogo Hernández4:

1 – En una población aparecen caracteres de novo al azar.

2 – Algunos de estos caracteres son heredados por la descendencia de forma no diluida.

3 – Al menos algunas de estas características hereditarias producen una mayor ventaja reproductiva.                                                                                                               

Tautología: Los portadores de estas características se reproducen más que los que no las poseen.

Consecuencia: Estas características acaban por extenderse al conjunto de la población.

La biología evolutiva además nos dice que la selección natural puede hacer divergir tanto dos poblaciones separadas que llegan a convertirse en dos especies diferentes. Con esto, Hernández nos explica5 que podríamos agregar una cuarta hipótesis: 

4 – La acumulación de características nuevas fijadas en la población lleva con el tiempo a una divergencia tal que se produce una especiación.


Las premisas son contrastables, y de hecho están actualmente comprobadas, por lo que aquí, hasta el popperiano más conservador tendría que admitir se está analizando claramente un enunciado científico, no metafísico. Un punto importante a destacar es que los enunciados de las teorías evolutivas no concluyen aquí para ser entendidas, pero me detendré con este tema porque considero que queda claro que afirmar desde una perspectiva epistemológica que la teoría de la evolución es una idea metafísica. Aun cuando la selección natural se demostrase como una teoría falsa (en algún universo paralelo), no podría asegurarse que esta no fuese una teoría científica.

Notas

El texto fue un fragmento (corregido y aumentado) del artículo: Galarza, D. (2013, 24 junio). Mis tonterías favoritas de las humanidades. El Escéptico de Jalisco. Recuperado 1 de octubre de 2022, de http://elescepticodejalisco.blogspot.com/2013/06/mis-tonterias-favoritas-de-las.html

[1] Hernández, J. (2010, 25 mayo). Entendiendo la Evolución II. Selección Natural y Teoría Sintética. La ciencia y sus demonios. Recuperado 1 de octubre de 2022, de https://lacienciaysusdemonios.com/2010/05/25/entendiendo-la-evolucion-ii-seleccion-natural-y-teoria-sintetica/

[2] K.R. Popper, Conocimiento objetivo: un enfoque evolucionista, Tecnos, Madrid 1982, p. 233

[3] Source: Popper, K. (1978). Natural selection and the emergence of mind. Dialectica, 32(3‐4), 339-355.

[4] Hernández, J. (2010, 10 agosto). Redibujando a Darwin II. ¿La selección natural es una tautología? La ciencia y sus demonios. Recuperado 1 de octubre de 2022, de https://lacienciaysusdemonios.com/2010/08/10/redibujando-a-darwin-ii-%C2%BFla-seleccion-natural-es-una-tautologia/

[5] Ibídem.

Imagen | Unsplash

Artículo de:

Daniel Galarza Santiago (colaboración):
Lic. en Filosofía (Universidad de Guadalajara), con especialidad en filosofía de la ciencia. Creador de los blogs “El escéptico de Jalisco” y “La pipa de Russell”.

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Artículos publicados en la versión anterior de Filosofía en la Red (previo al 11 de septiembre del 2020). Se publican como parte del proceso de rescate de textos.

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