Iron Man y la tecnología: ¿bendición o maldición?

Artículo publicado originalmente el 24 de octubre de 2014 en la versión anterior de Filosofía en la Red.

Tony Stark es un personaje cuanto menos complicado. De todas las facetas que presenta su personalidad aquí nos vamos a quedar con la de genio. Stark se nos presenta como un ingeniero fuera de lo común, con una habilidad sorprendente tanto para el pensamiento ingenieril como para la realización práctica de sus teorías. Stark se dedicaba al desarrollo de armamento, el mejor armamento que se pudiera diseñar. Stark veía su labor como un aporte para mejorar el mundo y combatir el mal. Según creía, su armamento lo desarrollaba para que se usara contra los “chicos malos”.

Durante la realización de unas pruebas de su último ingenio, Stark es raptado. En la versión del cómic esto sucede en Vietnam mientras que en la película Iron Man (2008/ Marvel – Disney) el escenario cambia en un intento de hacer la historia más contemporánea; en este caso la prueba de armamento y consecuente rapto de nuestro protagonista sucede en Irak. Durante el rapto, Stark desarrolla su primera armadura para así poder escapar de sus captores, mientras escapa puede comprobar como las armas que ha desarrollado también son usadas por “los chicos malos”. Desde entonces, Stark decide dejar de fabricar armas, concentra sus esfuerzos en ir mejorando la armadura que le ayudo a escapar. La intención no es otra que usar su genio y talento para fabricar una armadura cada vez mejor que le permita combatir la injusticia.

Esta historia de los inicios de Iron Man nos pone sobre la mesa unos cuantos asuntos filosóficos relacionados con la tecnología. Hoy en día el término tecnología se asocia casi automáticamente con ordenadores, teléfonos móviles, software etc. pero lo cierto es que la tecnología no es solo eso. Por ejemplo, la rueda, la polea o un bifaz son tecnología. Aunque el término tecnología es más o menos reciente, se acuñó a principios del siglo XIX, y la realidad es que la tecnología ha acompañado a la humanidad prácticamente desde sus inicios así como las reflexiones filosóficas sobre la misma.

Entre los griegos ya se podían encontrar esos pensamientos, claro está, aunque ellos no usaban el término tecnología, sino que hablaban de las artes aplicadas en todas las esferas de la actividad humana, que es a fin de cuentas lo que viene a significar la palabra tecnología. Por ejemplo, para Platón y Demócrito, la tecnología aprende e imita a la naturaleza. Aristóteles compartía ese punto de vista, pero además añadía que la tecnología también podía complementar a la naturaleza llevando a cabo aquello que la naturaleza no ha podido realizar.

Uno de los primeros temas que suelen surgir cuando se reflexiona sobre la tecnología es si la tecnología es una bendición o una maldición para nosotros mismos y nuestra existencia. En el cine suele ser una temática recurrente el ver un mundo en el que las máquinas y los humanos están en pie de guerra. Frente a esta visión tecnofóbica se encuentra la opuesta, aquella que defiende que la tecnología es lo mejor que nos ha podido pasar. Y esta dicotomía tampoco es algo de nuevo cuño. El filósofo A.C. Grayling resume esta situación así:

Algunos albergan lo que otros consideran una confianza exageradamente optimista en la capacidad de la tecnología para hacer del mundo un lugar mejor, para hacer mejores a los humanos y, correlativamente, para resolver todos los problemas, incluyendo los que ella misma crea. A los creyentes acérrimos en la tecnología se les denomina a veces tecnistas, y a su confianza en ella, tecnismo. En el ala opuesta están quienes se muestran pesimistas con respecto a la tecnología -como los luditas ingleses, y otros-, a la que ven como una amenaza a los puestos de trabajo, o a la libertad, o al medio ambiente, o a la inteligencia, o incluso a la propia naturaleza humana. Blake se lamentaba de las <<sombrías fábricas satánicas>> de la Revolución industrial, que expoliaban el campo; los luditas, también en la Inglaterra de la Revolución industrial, destrozaban la maquinaria de las fábricas que les despojaban de sus industrias artesanales.1

Esa actitud de los luditas sigue existiendo hoy en día. Sus herederos en este aspecto son parte del movimiento ecologista. En su caso no cargan contra la maquinaria sino contra la biotecnología, realizando actos violentos como la quema de cultivos transgénicos. No obstante, como ya he mencionado, esta doble visión sobre la tecnología no es nueva. Ya en 1627 Francis Bacon en su obra de ficción New Atlantis presentaba una opinión muy optimista del avance de la tecnología; en cambio, dos siglos más tarde, Samuel Butler en Erewhon, presentaba una completamente pesimista. En esta ficción el fabricar máquinas está prohibido porque de hacerlo daría lugar a una raza de máquinas que acabarían por dominar y reemplazar a la humanidad. Como vemos, las temáticas de películas como Terminator o Matrix no son ciertamente originales.

La historia de nuestro protagonista ilustra a las mil maravillas esta dicotomía sobre la influencia de la tecnología sobre nosotros y el mundo en el que vivimos. Al principio, la tecnología desarrollada por Stark, a pesar de lo que él cree, no ayuda ni mejora al mundo y a las personas, después, tras la catarsis del personaje, esta situación cambia, Stark desarrolla su armadura, se convierte en Iron Man y consigue combatir eficazmente la injusticia en el mundo.

Una de las visiones más extendidas a la hora de abordar las implicaciones éticas de la tecnología consiste en defender que la tecnología es amoral, es decir, que depende de nosotros si se usa para bien o para mal2. Por ende, la tecnología no tendría consecuencias éticas, ya que eso dependería del uso que hagamos de ella. Este punto de vista es cierto a medias. Por un lado, la tecnología sí que tiene consecuencias éticas, es decir, no es amoral, pero al mismo tiempo como vamos a ver, eso depende de los que hacen tecnología, en nuestro caso, de Tony Stark.

Pensemos primero en la ciencia

La ciencia si es ciertamente amoral, ya que lo que hace es generar conocimiento; en que empleemos ese conocimiento es decisión nuestra. Haciendo ciencia se ha descubierto, por ejemplo, la ley de la gravitación universal, pero de ello no se deriva ninguna implicación ética. En cambio, la tecnología presenta una diferencia sustancialmente importante. La diferencia radica en la intención con la que se hace. La intención con la que se hace ciencia es adquirir conocimiento, pero con la que hacemos tecnología depende de aquello que queramos hacer. Si queremos curar enfermedades desarrollamos la tecnología necesaria para así hacerlo, pero si queremos matar gente también podemos desarrollar la tecnología para hacerlo. Este propósito implícito en la tecnología la saca de la esfera amoral en la que se encuentra la ciencia. Dicho de otro modo, la tecnología se hace con base en unos fines y esos fines pueden tener consecuencias éticas. Por lo tanto, la tecnología no parece ser aséptica en cuestión de ética sino que desde el momento en el que empezamos a desarrollarla ya podemos reflexionar sobre las implicaciones éticas que tendrá dicha tecnología.

Una vez que hemos reflexionado un poco nos damos cuenta de la diferencia sustancial que hay entre ciencia y tecnología en lo que a las cuestiones éticas se refiere. Vemos que la tecnología desde el momento de su concepción ya tiene implicaciones éticas, lo cual pone el foco en aquellos que se dedican a desarrollar tecnología.

La conversión de Stark en Iron Man nos recuerda que la tecnología no es aséptica en cuestiones morales, lo cual es algo que Tony Stark descubre de forma amarga. Ahora el foco de la cuestión ética se centra en Stark, ¿era ingenuo o simplemente pasaba del tema? O, por otro lado, ¿falló en su juicio ético sobre las implicaciones de su tecnología?

Notas

[1] Ideas That matter de A.C. Grayling

[2] Thinking about technology: foundations of the philosophy of technology

Imagen | Flickr

Artículo de:

Ismael Pérez Fernández (autor invitado):
Experto universitario en Comunicación de la Ciencia y Periodismo Científico por la UNED. Miembro de la Asociación Española de Comunicación Científica y de la American Association for the Advancement of Science.

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Artículos publicados en la versión anterior de Filosofía en la Red (previo al 11 de septiembre del 2020). Se publican como parte del proceso de rescate de textos.

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