El año 2022 quedará marcado en los calendarios por el nombre de James Webb, el telescopio espacial más revolucionario hasta la fecha. Su enorme importancia para la astronomía y la exploración espacial lo convierten en todo un hito. En una histórica oportunidad para continuar comprendiendo la formación del universo y el origen mismo de nuestras propias vidas. Pero la búsqueda de respuestas a preguntas cruciales para el ser humano hace que este no solo sea un hito científico o tecnológico. También humanístico y, por qué no, filosófico. Si la filosofía indaga sobre el sentido de la vida, parece obligatorio que deba interesarse sobre el origen de esta.

James Webb es una colaboración entre las agencias espaciales de Estados Unidos, Europa y Canadá. Cien veces más poderoso que su predecesor, el telescopio espacial Hubble, los expertos aseguran que se trata de una especie de máquina del tiempo. Con él, podemos observar lo que estaba ocurriendo justo después del Big Bang, más de trece mil millones de años atrás. Nos enseña, digamos, nuestro «pasado primitivo1». Permite atestiguar la vida de una estrella, su nacimiento, cómo envejece y sus momentos finales. Y permite, además, observar el comportamiento de otras galaxias a lo largo del tiempo. Comprender lo que puede que ocurra con nuestra propia galaxia en el futuro.

Gracias al desarrollo científico vivimos un nuevo asombro, como aquel que diera origen a la filosofía en la Grecia clásica.

Algunas de las preguntas fundamentales para las personas podrían llegar a obtener sus ansiadas respuestas. Cómo surgió el mundo, hacia dónde se dirige la vida humana. Gracias al desarrollo científico vivimos un nuevo asombro, como aquel que diera origen a la filosofía en la Grecia clásica. Estamos mirando a trillones de estrellas y trillones de planetas, y las posibilidades de que exista vida ahí fuera, sea en la forma que sea, se multiplican. Nuestras películas de ciencia ficción favoritas dejan de ser utopías para convertirse en posibilidades creativas. Ese sería, sin duda, un descubrimiento crucial para la humanidad y uno que abriría un buen número de cuestiones a debatir.

La ética espacial es un campo que algunos pensadores ya han comenzado a explorar. Por ejemplo, por B. P. Green, director de Ética Tecnológica en el Markkula Center de California. Él se plantea, por ejemplo, si la exploración espacial podría llegar a abrir un nuevo horizonte militar. Desde luego, el espacio exterior tiene la capacidad de convertirse en una zona óptima para lanzamientos de armas de destrucción masiva2.

Por otro lado, antes incluso de que el telescopio James Webb sirviese de empujón para la carrera espacial, ya existían empresas privadas en busca de actividades comerciales allí arriba y también de turismo en el espacio, como SpaceX. Su posible uso del universo puede ser causante de basura espacial, y también iniciar otros fenómenos. Como defiende el investigador Jorge Hernández Bernal, podríamos hablar aquí incluso de una minería espacial, dados los recursos potencialmente rentables que se podrían explotar en algunos asteroides3. ¿Tenemos derecho los humanos a ocupar el universo? ¿Los espacios extraterrestres habitables ensancharían aún más la brecha entre pobres y ricos, pues para estos sería más fácil aprovecharlos? ¿Puede estirarse el derecho a la propiedad a propiedades fuera de la tierra? ¿Tienen nuestras leyes, de hecho, aplicación allí? ¿Necesitamos consolidar una nueva Filosofía Espacial?

Los avances científicos necesitan de la investigación filosófica para encontrar su sentido práctico en la vida humana.

En líneas generales, las actividades espaciales deben actuar dentro del marco de la Ley Internacional según lo establecido por el COPOUS (Comisión sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos). Este fue establecido en 1959 como órgano subsidiario de la ONU4. Pero ¿quién, en concreto, debe decidir sobre la posible existencia de vida no humana en otros lugares?

A pesar de nuestro asombro, la astrobiología no es algo nuevo: el Astrobiology Institute comenzó a operar en la NASA en 1998 y de él deriva, por ejemplo, el Centro de Astrobiología español5. En líneas generales, ellos estudian la vida en el universo a partir de tres cuestiones: cómo comienza y se desarrolla la vida, si existe vida en otras partes del universo y cuál es su futuro6.

A la filosofía, tras esto, le surgen seguro ciertas cuestiones, como si de veras podemos hablar de vida si esta no es terrestre. ¿No hemos creado todo un mundo conceptual en torno a lo vital únicamente vinculado a los seres vivos descubiertos de manera empírica en este planeta? En él (quizá ya no) remoto caso de que encontremos seres en otro planeta, respetemos su valor moral a pesar de su forma no humana y consigamos algún tipo de comunicación con ellos, ¿lograría el estudio de su origen y desarrollo dar respuesta al vacío que supone no encontrarle sentido a la vida humana? Al tiempo que la filosofía se enriquece con las respuestas científicas, la ciencia necesita apoyarse en la investigación filosófica para encontrar su sentido práctico en el devenir de nuestra existencia aquí abajo.

La ciencia responde antiguos interrogantes, la filosofía plantea nuevas cuestiones.

Cuando la ciencia abre una puerta tan grande, la filosofía empieza a su vez a asomarse por ventanas más pequeñas, a crear los problemas fundamentales que mantendrán ocupadas, esperanzadas o preocupadas a las personas del mañana. Si, gracias a los astrónomos, llegamos a confirmar cómo se originó el mundo, corresponderá a la investigación filosófica encontrar las grandes preguntas que las siguientes generaciones trabajarán para contestar. Según la UNESCO, debemos alentar el análisis, la investigación y los estudios filosóficos sobre los grandes problemas contemporáneos para responder mejor a los desafíos con que se enfrenta la humanidad. La ciencia de hoy se apoya en los conceptos, ideas y análisis que sentaron las bases del pensamiento crítico de manera filosófica.

Bibliografía

[1] ROJAS R., Mónica – La Tercera https://www.latercera.com/laboratoriodecontenidos/noticia/telescopio-james-webb-que-podemos-aprender-de-la-fotografia-mas-profunda-del-universo/TKV33QZ7K5DK3DSS43WWUVEPEY/

[2] GREEN, Brian Patrick – Space Ethics, Rowman & Littlefield International, 2021

[3] HERNÁNDEZ BERNAL, Jorge – The Conversation para más información en este tema https://theconversation.com/el-cohete-chino-que-iba-a-estrellarse-en-madrid-160499  y https://theconversation.com/cual-es-la-huella-ecologica-del-turismo-espacial-164824

[4] BARRADO NAVASCUÉS, David – OpenMind BBVA para más información sobre la aplicación legal en territorios ultraterrestres https://www.bbvaopenmind.com/ciencia/fisica/la-ley-del-espacio-y-la-exploracion-espacial/

[5] Centro de Astrobiología CAB www.cab.inta-csic.es

[6] Página oficial de la NASA https://www.nasa.gov/centers/ames/spanish/research/exploringtheuniverse/exploringtheuniverse-astrob.html

Imagen | Flickr

Cite este artículo: López, L. (2022, 05 de noviembre). La importancia filosófica del telescopio James Webb. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/11/la-etica-es-subjetiva/
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por Luis López Galán

Colaborador de medios como El vuelo de la lechuza, Espacio 17 Musas o El placer de la lectura, ofrece servicios editoriales y es, en la actualidad, estudiante de Grado de Filosofía. Español residente en Inglaterra, y con las letras como principal pasión, la combinación cultural y literaria de ambos países lo mantiene ocupado cada día, siempre con una principal motivación: continuar aprendiendo.

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