Una vez más, volvemos al tema de la fascinación y los fantasmas que genera la evolución tecnológica: la Inteligencia Artificial.

La sociedad escéptica, celosamente humanista y firme defensora de nuestra unicidad, asiste a un nuevo reto a la identidad humana: la Inteligencia Artificial ha conquistado un terreno que parecía absolutamente inexpugnable: el arte y la creatividad. Nuestra identidad, nuestro poder, nuestro papel central en la creación, ¿dónde queda?

En realidad, y pese a los vertiginosos cambios de esquemas que nos genera, cuanto más se conoce de la Inteligencia Artificial más atractiva y menos fantasmagórica se presenta. Pero parece crecer demasiado más deprisa que nuestros temores… ¿En cuántas cosas nos está reemplazando?

Identidad humana

El ser humano tiende buscar su identidad propia, una naturaleza que lo distinga de cualquier otra criatura del universo; más aún, que lo privilegie sobre todas. Razón, sentimientos, creatividad, son facultades que creíamos poseer en grado exclusivo, lo que nos confería una dignidad por encima de cualquier otra criatura.

La razón
y la capacidad de conocer

La razón (en realidad, la mera razón lógica) parece haber sido superada exponencialmente por las máquinas. Ya antes de la Inteligencia Artificial, los algoritmos usados en la tecnología resolvían cálculos y estadísticas con una precisión y velocidad impensables hace apenas un siglo. Pero ciertos desarrollos empezaron a crear suspicacias sobre nuestra identidad, sobre lo que considerábamos una naturaleza única y en cierto modo cerrada. Cuando llegamos al aprendizaje autónomo de las máquinas, más conocido como machine learning, nuestra identidad se vio seriamente tambaleada. ¿Pueden las máquinas desarrollarse por sí mismas, aprender como nosotros, adquirir autonomía? La respuesta sigue en debate, pero lo que ahora me interesa destacar aquí es esa parte emocional: el miedo que nos da pensar que la respuesta pudiera ser que sí, que pueden desarrollarse hasta alcanzar una naturaleza como la nuestra, pero con capacidades superiores. En realidad, lo que tememos jugarnos no es meramente la identidad, sino la dignidad que le habíamos asociado.

El arte de las máquinas

El conocimiento y la capacidad de aprender parecen escaparse de nuestra parcela de exclusividad —el debate sigue abierto, pero, como digo, no es la respuesta racional, sino la emocional la que ahora planteo—. Pero, de alguna manera, seguíamos teniendo dignidad. Los sentimientos, el arte… Una máquina no podrá crear como un ser humano.

Pues bien, no solo ya existen, sino que se han popularizado, aplicaciones de IA que son capaces de crear imágenes inexistentes siguiendo unas órdenes escritas. También están las aplicaciones que son capaces de continuar obras literarias y realizar redacciones con pleno sentido, algo que ya están aprendiendo los estudiantes, un dato muy a tener en cuenta para revisar nuestro sistema educativo…

¿Qué dignidad nos queda? ¿Qué podemos decir de nosotros, seres humanos, que nos proporcione la esperanza de merecer algo más, de ser fines y no medios en este mundo?

¿Cómo genera arte
la Inteligencia Artificial?

Vamos a relajar las emociones y plantear un poco cómo funciona esto. Es cierto que, con aplicaciones de IA (algunas ya popularizadas y gratuitas) se puede, literalmente, crear obras de arte. No reconstruir a partir de montajes (como Photoshop o similares) ni collages, sino realmente generar algo nuevo, inédito, recreando un estilo. Puede ser un estilo pictórico y producir obras estilo Velázquez, Van Gogh, Chagall o quién queramos. Pueden ser obras literarias…

Esta tecnología funciona con patrones. La IA es capaz de detectar patrones en algo que previamente hemos etiquetado, es decir, algo que previamente hemos agrupado significativamente como común. A través de esos patrones puede recrear imágenes; por ejemplo, se crea la etiqueta “gato”, se analiza el mayor número posible de fotos de gatos, y la IA extrae patrones de forma que, no es que componga a partir de fragmentos de fotos anteriores, sino que genera imágenes nuevas, es decir, crea por su cuenta nuevas imágenes de gatos (un tema interesante, si se me permite, para contrastar con la formación de las ideas complejas de Hume).

Así pues, podemos crear gatos, árboles, incluso personas inexistentes a partir de generar etiquetas con esos conceptos. Pero, ¿cómo crea arte? Del mismo modo. Si queremos reproducir, por ejemplo, el arte de un pintor —pongamos Velázquez, Goya, Kandinsk, etc.— etiquetaremos muestras de las pinturas de estos artistas. La IA extraerá el patrón común de los elementos que responden a esa etiqueta (a ese “concepto”) y, a partir de estos, será capaz de componer una obra del estilo del pintor elegido.

¿Inquietante?

Hay algo en ello que produce desazón, una desazón cuyas causas resulta difícil definir. Siempre hay resistencia a lo nuevo; en este caso, ¿dónde queda la genialidad del artista? Podríamos decir que ahora más que nunca puede separarse el artista de su obra…

¿Identidad o dignidad?

Pero en nuestro imaginario, la máquina es siempre un “otro”, un enemigo, una amenaza. La ficción sobre el futuro tecnológico tiende a mostrar constantes distopías sobre esa posibilidad de ser destruidos o esclavizados por seres más inteligentes que nosotros, y sin embargo creados por nosotros. También es constante ese reflejo del miedo a perder la identidad, retratando las constantes ambigüedades entre seres replicantes y humanos (valga mencionar el soberbio clásico Blade Runner, o la inquietante y cercana Ex Machina).

Distinguiría dos temas:

1) ¿Pueden las máquinas crear arte? La respuesta parece un rotundo sí. Ahora bien, eso dependerá de como queramos definir —o redefinir, en nuestro afán de seguir preservando nuestra unicidad— el arte.

2) ¿Pueden las máquinas disfrutar el arte? Relacionada con lo anterior, el arte, tal y como lo entendemos actualmente, es una forma de comunicación más allá de la lógica. Kant sitúa la percepción de la belleza entre la mera sensación (aisthesis) y el conocimiento. Lo que hace valioso al arte no es lo que aporta al ego del artista, sino a quien lo contempla. Vemos no solo lo objetivo, sino una forma de mirarlo que mueve al sentimiento, a la emoción, a la comprensión de otras formas de mirar.

En cualquier caso, que la IA cree arte, ¿merma nuestra propia creatividad? Sin la IA tenemos las mismas capacidades que con ella. ¿Valen menos las Meninas porque una IA pueda imitar el estilo de Velázquez?  Como herramienta más, la IA genera más belleza aún, más posibilidades.

Arte y naturaleza

Aristóteles dijo que el arte imita la naturaleza. Algo que muchas veces se ha entendido mal, pues no se trata tanto de que copie lo que hay, de forma estática, como que imita su poder creador. La naturaleza es dynamis, es fuerza, es movimiento. El artista intenta imitar esa fuerza creadora de la naturaleza para profundizar en sus elementos compositivos y generar nuevas formas con ella. El arte imita la naturaleza, la IA imita el arte.

El percibir y lo percibido

La naturaleza está ahí. Inconsciente de su propia belleza, o al menos ajena al impacto que nos causa. La rosa no sabe que es bella, ni siente su aroma. La IA está ahí también. Generando desde nuestros propios patrones; creando a partir de estilos, no sabemos si incluso pudiendo superarlos o crear más. Al igual que la naturaleza, nos ofrece nuevos objetos y nuevas herramientas de disfrute.

El miedo a que nos iguale tiene un lado emocional en gran medida irracional y soberbio. De momento, y pese a lo que vemos que puede llegar a hacer, aún sigue habiendo un hiato entre nuestra identidad y la suya. Realmente nos igualará no cuando, como ya hace, cree arte, sino cuando pueda percibirlo y disfrutarlo. Cuando, en definitiva, desarrollara el deseo de expresar y la embriaguez al contemplar el poder de la belleza.

Si algo así llegara, en esa igualdad, lejos de suponernos una amenaza, a mí me generaría un sentimiento de hermandad.

Imagen | Collage realizado por la autora

Cite este artículo: García, E. (2022, 09 de diciembre). Arte, Naturaleza e Inteligencia Artificial. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/12/arte-naturaleza-e-inteligencia-artificial
#arte, #creatividad, #humanismo, #Inteligencia Artificial

por Esther C. García-Tejedor

Doctora en Filosofía (UNED) y Licenciada por la U. Complutense de Madrid. Profesora de Filosofía en Secundaria y en Bachillerato. Coordinadora de la Olimpiada Filosófica de Madrid.

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