Siendo estrictamente empírico con base en las extensiones de pensamiento racional a las que mi mente humana llega, puedo entender que el amor es una dimensión más. Al igual que el tiempo, que nos marca, nos potencia; al igual que el espacio, que nos sitúa, nos delimita y nos define en acto. El amor nos da valor cuantitativo, nos interconecta con base en esa cuantificación.

El amor trasciende el espacio y el tiempo de manera inmutable: “amamos a personas que han muerto” describió Amelia Brand en la película Interestelar (2014/Paramount). Nuestros sentidos perciben el reflejo de un mundo físico, un mundo que está en potencia, evolucionando constantemente. Sin caridad ni persuasión, los cuerpos cambian, se adaptan hacia una evolución que tiene como premisa clave la supervivencia. El tiempo aquí, en esta acción, nada tiene que ver con nosotros, con nuestra concepción del tiempo.

¿O sí?

Diría que no porque es tal el plan evolutivo que nuestra capacidad de concebirlo a través de nuestros sentidos se queda completamente obsoleto. Diría que sí porque poseo una capacidad de percibir algo que no acierto a definir, pero que sé que trasciende imperturbable a través del espacio y del tiempo.

Percibo la belleza como si perteneciera a una realidad metafísica, quizá a ese mundo de las ideas de Platón, allí donde todo lo perfecto y puro está hecho para ser traído como un reflejo o una copia a este mundo que sentimos nuestro. Valoro esos gestos corporales en comunión con lo que la persona está verbalizando, transmitiendo pura sinceridad, que no es más que la transparencia de nuestro ser. Admiro textos de escritores que murieron hace siglos. Contemplo formas y colores de plantas y árboles que me transmiten, que no están ahí, así, de repente, sino que son pureza evolutiva, perfeccionamiento constante. Valoro todo eso y mucho más, pero no es ese el caso, sino que recuerdo también, todo ello me deja huella. No tengo orden sobre mí para olvidar detalles de este tipo, porque se han adherido a mi ser, me han enamorado.

Sin lugar a duda


Y es que el amor abarca a cada detalle que seamos capaces de percibir con cada sentido de nuestro cuerpo. Está ahí, latente, conectándonos a todo cuanto existe.

Vivimos conectados a personas con las que hace años que no hablamos; sin embargo, ese denso tiempo se tornará un suspiro el día que volvamos a hablar con ella. Hay lugares en los que suceden situaciones que nos marcan tanto, que al volver a ellos décadas después, con una capacidad innata de obviar el tiempo transcurrido y la modificación consecuente del espacio, volvemos a sentir todo aquello que algún día sentimos.

Permanecemos enamorados durante toda nuestra vida de todo cuanto hayamos sido capaces de enamorarnos en el pasado. Y pasada nuestra existencia, aquello a lo que nuestro ser enamoró, seguirá conservando nuestra huella.

Imagen | Pixabay

Cite este artículo: Almansa, F. (2022, 16 de diciembre). Breve tesis sobre el amor. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/12/breve-tesis-sobre-el-amor/

Artículo de:

Francisco Almansa (autor invitado)
En el corazón de Castilla la Mancha. Emprendedor y amante de la naturaleza, lleva su propio negocio de venta de frutas y verduras, mientras cursa un grado en Filosofía.

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por autores invitados

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