Al levantarnos sentimos lo suave de la almohada; miramos el cuarto donde nos encontramos para guiarnos un poco en la ubicación; saludamos a las personas que nos acompañan en la casa o miramos el celular; nos dirigimos a la cocina con el fin de hacernos una taza de café y finalmente lo bebemos. En menos de treinta minutos de iniciar el día ya los cinco sentidos han entrado en acción y nos han permitido comprender lo que nos rodea. Cotidianamente, tomamos a los sentidos como el medio de conexión con la realidad. Sin embargo, filosofemos un poco y tratemos de romper esta idea. Después de todo, qué aburrido sería si aceptamos que la realidad es así por que sí.

Parménides, filósofo griego presocrático, afirmaba que los sentidos nos engañan, ya que hacen creer que las cosas y los seres cambian. Lo cual en realidad no ocurre porque nada cambia y el ser que capta el estimulo es uno diferente a otro. Por lo que si el ser es uno y cada sujeto interactúa de manera distinta con lo diferente a él, entonces lo va a comprender de una manera diferente a otro.

Aún así, todos afirmamos que la manzana es roja y que la fresa es dulce.

¿Por qué lo hacemos? Bueno, por comodidad. No hay necesidad de complicarnos en temas metafísicos desesperándonos comprendiendo lo que existe. Podemos vivir sin buscar las causas primeras. La realidad no resulta útil el estudiarla. Lo real es todo lo que es captado por los sentidos. Suena lógico; pero, no resulta suficiente, pues una lógica que no puede llegar a ser demostrada en la realidad no resulta real.

La lógica es una ciencia formal que permite explicar los acontecimientos de la vida. Se aplica al resto de las áreas del conocimiento porque permite que se planteen nuevos modelos y teorías. Las cuales tienen como meta el ser comprobables en la realidad. Una vez lleguen a serlo, se vuelven reales.

Le damos tanto valor a lo captado por los sentidos porque resulta lo más práctico y nos evita problemas. En la antigua Grecia, quienes tenían a su mando esclavos podían ahorrarse el tiempo en trabajar en actividades tan prácticas como el cuidado del hogar y de las tierras. Tiempo que invertían filosofando.

La duda es ponerle pausa a la vida unos instantes para cuestionar a la misma. En la cama, en una silla, parado, en el carro e incluso en una conversación uno puede dudar. Lo que lleva a desconectarse de la situación en la que se encuentre. Esta actitud no es bien valorada, ya que en este mundo tan acelerado no se puede perder el tiempo en dudar.

Sócrates utilizaba la duda para crear nuevo conocimiento. Su método “la duda socrática” consiste en cuestionar la afirmación, tenía como meta que quien afirmase algo termine dudando de su afirmación. Esto con el fin de parir nuevo conocimiento.  Todos nos encontramos en la capacidad de poder dudar, de cuestionar lo que nos rodea. Esto nos lleva a cuestionar si lo real es lo captado por los sentidos. De todos modos, no lo haremos culpa de que daría como resultado una pérdida de tiempo y no nos llevaría a beneficios. Culpa de que se viene perdiendo la costumbre del pensamiento crítico.

Quien no duda no puede considerarse un humano. Nos volveríamos un robot que solamente actúa según su programación o un animal que vive con base en instintos. Si el hombre no cuestiona lo que hace, significa que o se ha vuelto esclavo de su vida o su capacidad de comprender la vida en sociedad se ha perdido. La filosofía permite que evitemos estas situaciones; gracias al pensamiento crítico que permite la existencia de la actividad filosófica.

El pensamiento crítico es la potencialidad que tenemos todas las personas de filosofar. La capacidad de poder cuestionar lo que sabemos ¿Por qué estoy leyendo este texto? Es una posible pregunta que puede surgir en este momento. Una posible respuesta puede ser: “leo esto porque el título resulto interesante”. Lo cual puede generar otras preguntas: “¿Qué es interesante?”, “¿lo interesante para mí lo será para todos? De esta manera entramos en un proceso de dudas constantes.

El conocimiento nace gracias a ese proceso de dudas. Los nuevos saberes no se desbloquean de la comodidad de lo conocido. El pensar que sabemos todo solamente limita la capacidad de descubrir. Lo cual resulta una característica común en la actual generación hija de la tecnología.

El creernos que nuestra sapiencia es el destino final en la ruta por la verdad es culpa de los ismos guías de nuestra generación. El inmediatismo, fragmentarismo, superficialismo y facilismo. Especialmente del inmediatismo proviene esta situación de comodidad. El guiarnos de nuestros sentidos es la ruta más sencilla para obtener conocimiento; además, la misma sociedad se tapa con el velo de la ignorancia y favorece al que desea vivir en su ignorancia.

Tratemos de cuestionar más. Este pequeño ejercicio de cuestionarnos si los sentidos son la fuente de lo real tiene la intención de introducirlos a dudar sobre más temas que tomamos como conocimientos máximos culpa de lo cotidiano. Cuestionarnos de todo no es malo. Intentémoslo más y rompamos con lo usual. Que al final solo lleva a estancarnos. Dudemos todo lo que podamos; que el conocimiento se expanda.

Imagen | Pixabay

Cita este artículo (APA): Chocano, E. (2022, 29 de diciembre). Dudemos de la realidad. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/12/dudemos-de-la-realidad

Artículo de:

Eduardo Chocano (autor invitado):
Estudiante de derecho y filosofía. Secretario General Distrital del Consejo de Participación de la Juventud del distrito de Lince.

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por autores invitados

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