Plessner es considerado, junto a Max Scheler, uno de los padres de la antropología filosófica. Esta rama de la filosofía comenzó a desarrollarse como un estudio independiente en el panorama alemán del siglo XX, teniendo como objeto de estudio, parafraseando la obra de Scheler, al hombre y su lugar en el cosmos.

La antropología filosófica de Helmuth Plessner posee una doble dimensión. Por un lado, una biofilosofía, que constituye la base sobre la que se asienta otro aspecto, el socio-cultural. En esta entrada veremos cómo un equipamiento biológico específico hace del ser humano una criatura que es esencialmente posibilidad.

Plessner y su obra

Ciertamente, Plessner es un autor que ha pasado muy desapercibido en los programas de estudios filosóficos. Esto se debe, en parte, a que la publicación de Ser y tiempo (1927), de Martin Heidegger, eclipsó la obra de Plessner, Die Stufen des Organischen und der Mensch. Einleitung in die philosophische Anthropologie (1928), que sin traducción al español llamaremos Los grados de lo orgánico. Alemania contaba, pues, con cierta “heideggerización”. Además, Helmuth Plessner debió hacer frente a una acusación de plagio por parte de su maestro Max Scheller. Estos hechos, en conjunto, no dejaron crecer a Plessner entre los grandes que hoy día conocemos.

Dos obras fundamentales constituyen el planteamiento biofilosófico e histórico-cultural plessneriano. En primer lugar, el ya nombrado Los grados de lo orgánico, donde aborda el concepto de posicionalidad respecto del entorno. La diferencia entre el humano y el animal sería la relación que establece cada uno respecto de su Umwelt, es decir, respecto de su mundo circundante. En segundo lugar, el concepto clave en Poder y naturaleza humana no es ya la posición, sino la posibilidad que hace del ser humano una criatura insondable. Estas dos tesis no se pueden estudiar por separado, ya que una es base de la otra.

Posicionalidad excéntrica

En Los grados de lo orgánico, Plessner diferencia al ser humano de los animales por su posición respecto al mundo y su relación consigo mismos. En el caso de los animales esta posición es céntrica, pues su equipamiento biológico es naturalmente instintivo. Su centralidad es insconsciente e irreflexiva, y por ello mismo es estable y no problemática. Esta posicionalidad del animal respecto de su Umwelt proporciona un horizonte de familiaridad fijo, configurado en torno al centro, que es el propio animal. Sin embargo, como el ojo que no puede verse a sí mismo, el animal no puede ser consciente de su propia posición ni reconocerse en él. Esta capacidad de salir de su centro y observarse es solo característica del ser humano. Es por ello que su posicionalidad es excéntrica.

El ser humano cuenta con la posibilidad de detener su vivencia de sí mismo como centro, tomar distancia de sí mismo y relativizar su posición. Es capaz de verse desde fuera de sí. Como consecuencia de este movimiento de reflexividad, de céntrico a excéntrico y vuelta, el ser humano no posee un centro estable. Su horizonte de familiaridad se mueve, y le pone en perpetuo contacto con lo desconocido, lo extraño. En definitiva, la posicionalidad excéntrica es esencialmente problemática.

Leib y Körper son los términos en alemán con los que Plessner se refiere a dos formas de entender el cuerpo. El primero se entiende como el cuerpo que se existe, mientras que el segundo consolida el centro en torno al cual se ejerce la reflexión. Debido a la particularidad excéntrica del ser humano, el Leib no coincide con su Körper y problematiza, una vez más, la relación del individuo con el medio y consigo mismo. Los sujetos quedan, pues, desdoblados en una suerte de “habitante del mundo interior”, constituido por el yo individual que se dirige hacia su propia interioridad, y un “habitante del mundo exterior”, el yo genérico. Plessner entiende que la relación con los otros yoes genéricos se encarna en yoes individuales, por lo que, en última instancia, la relación de cuerpos con otros cuerpos son relaciones entre personas. El mundo que compartimos emerge de este entrecruzamiento de los entornos circundantes que componen los sujetos excéntricos. Esto hace que nuestra particular posicionalidad sea relativa a la de los otros, cuyas posiciones son, a su vez, relativas a la mía, lo que no nos deja otra opción que interpretar a los otros, interpretarnos a nosotros mismos y estar expuestos a interpretación.

Poder, posibilidad e insondabilidad

La tesis de la insondabilidad del ser humano parte directamente de la tesis de la excentricidad, como lo biológico está, en Plessner, enlazado con lo socio-cultural. Este mundo compartido, forjado por la formación de un nosotros, no es otro que el mundo Histórico-Cultural, el mundo espiritual que lo llamará Plessner, el Mintwelt. Entramos así en el aspecto socio-cultural de la antropología filosófica plessneriana, de manifiesto en Poder y Naturaleza humana.

Esta característica puramente humana de ser desconocido hasta para uno mismo viene dado necesariamente por comprender al ser humano como sujeto histórico de imputación de su propio mundo. Esto implica que solo el hombre es responsable de su mundo y su cultura, por lo que el sentido de todos aquellos sistemas que creemos supratemporales vienen dados de nuestra propia mano. Los productos del espíritu y la cultura (el Mintwelt) tienen esta pretensión de supratemporalidad y, sin embargo, dice Plessner, son históricos, temporales y contingentes. Están hechos a imagen y semejanza de sus creadores, que somos nosotros. 

Plessner, como muchos filósofos antes que él, trata de definir al ser humano y buscar qué es esencialmente. Nos cuenta que si hay algo que nos define es que nuestra naturaleza es esencialmente inescrutable. Los seres humanos son insondables porque insondables son sus posibilidades. Tienen el poder de indeterminar su existencia al ser capaces de hacer cualquier cosa. Las únicas preguntas posibles, tanto para el hombre como para las ciencias del espíritu, como productos suyos, son las Offene Fragen, o preguntas abiertas, para las que no hay una respuesta definitiva. Las respuestas estarán, pues, subordinadas a la decisión del hombre, que le otorga significado a los objetos del espíritu por medio de su interpretación. Entender el ser humano en esta perspectiva universal implica la necesidad de relativizar precisamente el valor de todas las culturas, incluida la nuestra. 

Ya decía Kant que el cielo estrellado sobre su cabeza le causaba tanta admiración y respeto como la ley moral que hay en cada hombre, pero lo cierto es que mucho antes de que Kant pronunciase esas palabras, los humanos ya contemplaban la insondabilidad de las estrellas y la infinitud del mar. En este acto contemplativo nace el filósofo, que ante la inmensidad de estas preguntas sin respuesta clara, él mismo se redescubre como una cuestión abierta: excéntrico, problemático e insondable.

Bibliografía

Plessner, H., Die Stufen des Organischen und der Mensch. Einleitung in die philosophische Anthropologie, 1928.

Plessner, H. (2022). Poder y naturaleza humana: Ensayo para una antropología de la comprensión histórica del mundo. Guillermo Escolar Editor.

Imagen | Pexels

Artículo de:

Laura Jiménez Gordillo (autora invitada):
Graduada en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Amante de los libros, la poesía y la literatura. Actualmente, se prepara para ser profesora de filosofía y planea ampliar sus horizontes académicos hacia las Ciencias de las Religiones.

Cite este artículo (APA): Jiménez, L. (2022, 01 de noviembre). El ser humano, criatura insondable. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2022/11/el-ser-humano-criatura-insondable/
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por autores invitados

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