Artículo publicado el 21 de enero de 2022 en Στοά, nuestro newsletter. Se comparte debido a que cambiamos de gestor. 

Enero genera la sensación de reinicio. Casi siempre, o para la mayoría, iniciar un nuevo año implica la oportunidad de escribir en una hoja en blanco, o de, tras el parón decembrino, replantear proyectos e iniciar nuevos. No tendría por qué ser así. La reinvención, tal cual Heráclito, debería ser constante y el coger una fecha concreta para decidir “volver a empezar” pudiera parecer todo menos cuerdo porque podríamos postergar muchas cosas por el hecho de que estamos esperando que llegue el día correcto para comenzar y quizá ese día nunca pudiera llegar.  

Pero somos de esta manera: cíclicos, y por ende nacen propósitos e intenciones cada Año Nuevo. Esas metas como bajar de peso, leer más, aprender un idioma nuevo o hacer más o mejores cosas. Comenzar algo es de lo más sencillo, solo falta un poco de inspiración, una pizca de motivación y la ilusión de que comenzamos un proyecto que nos hará felices… pero el gran dilema de toda cosa nueva es la constancia. Mantener el ritmo no siempre es sencillo, por muchísimos factores, entre los que destacan precisamente la pérdida de motivación, o el desinflarse poco a poco tras el gran salto inicial. 

Mucho se dice sobre las metas realistas. Creo que, amén a otros muchos factores, son la clave para lograr mantener el ritmo. Una de las principales cosas que nos hacen dejar aquello que iniciamos tras una ola de motivación es que nos emocionamos demasiado, pensamos que las cosas serán fáciles o no muy complejas, y que los resultados llegarán rápido y que serán impresionantes. Y no, muchas veces el camino al éxito es espinoso, lleno de altibajos, malos tragos, descalabros y de un sinnúmero de cosas que hacen ver que aquello que queremos no será alcanzable, y es entonces que perdemos el sentido y las ganas que tuvimos en un primer momento. 

Es increíble, sin duda, cómo el agua, gota a gota, puede perforar el metal. La naturaleza nos enseña, en ese vago ejemplo, la clave de algo exitoso: la constancia, con paciencia. Ser pacientes es complejo, los resultados forman parte muchas veces de la ecuación de la motivación, pero sin duda es necesario para lograr algo más grande y duradero. 

Ojalá que si eres de aquellos que inicia algo en este comienzo de año puedas, el treinta y uno de diciembre, decirte a ti mismo: ¡lo logré! Y también, si por algo no lo consigues, no te aflijas demasiado, la autoexigencia muchas veces es más un defecto que una virtud. Solo recuerda que una meta real con empeño es algo mucho más fácil de alcanzar que una cima utópica.

La gota abre la piedra no por su fuerza, sino por su constancia.

(Ovidio).

Imagen | Pixabay

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por Miguel Ángel

ceo de filosofía en la red, drando. en Filosofía, mtro. filosofía y valores, lic. en psicología organizacional, PTB en enfermería; catedrático de licenciatura en la Universidad Santander (México)

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