Os diré un secreto a voces: el mundo no existe para ti, ni para mí, solo existe la información con la que tras unos buenos recortes confeccionamos nuestro collage y lo llamamos “El mundo”. Si encendemos la tele y están emitiendo la noticia de que un chico ha llegado a un colegio y ha matado a una docena de compañeros, como es lógico diremos “el mundo está fatal”. Ese recorte quedará en nuestra conciencia dando un tono particularmente oscuro al conjunto, y continuaremos añadiendo otros con suerte más coloridos.

Esta forma en la que el ser humano construye su realidad, es así desde el inicio de los tiempos, con la diferencia de que en aquel entonces las vías de entrada de la información eran muy reducidas, ciñéndose estas al sabio del clan, el boca a boca, y los acontecimientos vivenciados por la propia tribu. En función de sus arcaicos collages las distintas sociedades vivían, sentían y se relacionaban. Es decir, había tantas realidades como pueblos, y como individuos en cada uno.

Recordemos que miles y millones de personas antes que nosotros vivieron en un mundo en el que la tierra era plana, y el sol giraba a su alrededor. Así de ficticia es la realidad en la que cada uno se representa, y la única a la que como individuos podemos acceder. ¿Y qué pasa con la realidad objetiva? Esta solo podría palparla una conciencia universal que tuviese toda la información del universo, y de momento a semejante ser no he tenido el gusto de conocerlo.

Recordemos que miles y millones de personas antes que nosotros vivieron en un mundo en el que la tierra era plana, y el sol giraba a su alrededor.

En psicoanálisis hubo un señor llamado Lacan, que nombró este fenómeno de “construcción de la realidad” como lo simbólico-imaginario que compone parte de la estructura de los sujetos. Es decir, muy simplificadamente y pidiendo disculpas a mis colegas por el peligroso reduccionismo, todos estamos formados por narrativas e imágenes que se han ido entrelazando (algunas de forma consciente, y otras de forma inconsciente) forjando un aglomerado que dictamina la idea consciente que tenemos de nosotros y del mundo. Y digo idea consciente porque lo que ha quedado de forma inconsciente no considero que sea adecuado llamarlo idea, aunque por supuesto opera, y con mucha más fuerza, en nuestra manera de posicionarnos en el mundo y ver la vida. En palabras de Lacan «La verdad tiene estructura de ficción»1.

Después de este recorrido un poco obvio y simplón sobre de dónde viene nuestra visión de la realidad, creo que estamos listos para meternos en harina y compartiros mi preocupación. Mucho antes que Lacan, ya los sofistas se percataron de es algo que los filósofos venían estudiando desde hace siglos, la construcción de “la verdad”, y no tardaron en verle el lado práctico al asunto: fueron los primeros que hablaron de subjetivismo y lo utilizaron para la manipulación de masas.

[…] Afirman que no hay una única realidad y que el conocimiento de esta depende de cada sujeto, de sus experiencias, valores, creencias y emociones. Dicho de otro modo, opinaban que la realidad no existe sin el sujeto, sin la intervención de su mente. 2

Ellos vendían sus conocimientos a los políticos para que estos aprendieran la forma en que debían presentar la información a sus oyentes, de modo que estos quedasen influidos por su discurso y les votaran, por supuesto. Este modus operandi no nos quedan tan lejos ¿verdad? Siglos más tarde, los departamentos de marketing decidieron que si querían tener más impacto en los consumidores, tenían que meter mano en el simbólico-imaginario de la sociedad para que en lugar de consumir por necesidad, cosa que se acaba rápido, consumiésemos por deseo, el cual es infinito.

Os contaré un ejemplo muy curioso de una campaña publicitaria cuya repercusión se extiende hasta día de hoy. A principios del siglo XX las mujeres no fumaban porque no estaba bien visto que una dama tuviese semejante comportamiento tan propio solo de los hombres, por lo que eran un gran nicho de mercado que las tabacaleras perdían. El director de la American Tobacco Company, pensó que incluirlas como consumidoras sería “como abrir una mina de oro justo en nuestro patio delantero”. Asesorados por los conocimientos psicoanalíticos del sobrino de Freud, Edward L. Bernays, realizaron una campaña durante el desfile de Pascua de Nueva York en 1929, en la cual contrataron a mujeres atractivas, pero sin apariencia de modelos, para que las mujeres comunes pudieran identificarse con ellas. Fueron distribuidas por distintas zonas del desfile, y se pasearon a la vista de todos fumando con elegancia mientras eran fotografiadas para su posterior difusión.

Los periódicos publicaron “Tabaco: las antorchas de la libertad”.3 Aprovecharon el auge del feminismo de primera ola de Estados Unidos, para asociar un producto a una lucha social, siendo desde entonces fumar un símbolo de independencia, y ruptura de los roles de género; fumar pasó de estar denostado en la mujer a ser admirado como gesto de rebeldía. ¿Nos sirvió a las mujeres para liberarnos? Sí, ahora podemos tener las mismas tasas de cáncer de pulmón que los hombres, no obstante, el motivo ulterior en ningún momento fue ni el cáncer ni la liberación, sino el aumento de ganancias de tío Gilito. ¿Veis por dónde van los tiros?

[…] Fumar pasó de estar denostado en la mujer a ser admirado como gesto de rebeldía.

Volvamos al motivo de mi preocupación y motor de este artículo. Os traía el ejemplo anterior, para concienciaros del impacto social del que sabe por donde entrar en la conciencia colectiva. No obstante, con el tiempo, nos fuimos haciendo más incrédulos y comenzamos a mirar con recelo los anuncios, que pasaron a ser percibidos como “publicidad engañosa” en su mayoría. Llegaba la hora de los anuncios en la tele, quitábamos el sonido y aprovechábamos para ir al baño ¿cierto?

Esto supuso que los sofistas de la actualidad (asesores políticos, publicistas, copywriters, etc.) tuvieran que esforzarse más para sortear resistencias publicitarias y tomaron un sendero más soterrado; inoculación de mensajes más sutiles y por goteo. En realidad, la dosis de información que recibimos a lo largo del día es un millón de veces mayor que cuando nos tragábamos cuatro anuncios de la tele; sin embargo, es tan sutil que apenas queda un poso consciente de ello. ¿A qué ya no tenéis en la cabeza los eslóganes cantando como en la época de “Cuando haces pop ya no hay stop”?

Actualmente, estamos tan imbuidos en la publicidad, como lo está el pez en el agua, y cuanto más inmersos estamos en algo, menos conscientes de ello somos. Por eso eres el único que no sabes a qué huele tu casa, y solo lo percibes cuando vuelves de vacaciones. Entonces, como diría Byung-Chul Han “El turista o el consumidor ya no es más un sujeto inmunológico”.4 ¿Qué quiere decir? Como ya no percibimos los mensajes como extraños, ni siquiera como externos, no nos defendemos de ellos, nuestro sistema inmunitario mental está indefenso, porque no considera que ese goteo interminable supongan ninguna amenaza, por lo que ya no hay reacción, solo absorción.

En realidad, la dosis de información que recibimos a lo largo del día es un millón de veces mayor que cuando nos tragábamos cuatro anuncios de la tele; sin embargo, es tan sutil que apenas queda un poso consciente de ello.

Esos mensajes con más puntería que un francotirador llamadas cookies se combinarán a lo largo del día con un cúmulo de información de fácil digestión para que nuestros cerebros no se agoten en la ingesta. Así en el día a día de un Homo sapiens versión 13.0, este se levanta y antes de acabarse el desayuno ya ha consumido toda la publicidad que habría ingerido su padre a lo largo de un día entero a su edad. Esta publicidad siempre tiene un contenido tácito más allá del producto que te quieren vender; el mensaje que crea el mundo en el que necesitas ese objeto. Por ejemplo, esa voz preocupada por tu bienestar que aparece entre canciones de Spotify recomendándote que pongas una alarma anti-okupas te deja bien claro cuál debe ser tu preocupación cuando te alejes estas vacaciones.

En Facebook encontrarás otra fila de publicaciones, con nuevos mensajes no tan subliminales que te asocian no viajar a tener una mente estrecha, votar a Y o pensar Z con ser hijo del fascismo al que solo le importa el dinero y el patriarcado, y votar a X o pensar Q con ser un progre al que solo le importan los pobres y las mujeres. Así que el proceso es que primero elijas a qué grupo quieres que te asocien y luego ya te dicen ellos qué debes votar y opinar, no al revés.

En resumen, cada campaña publicitaria o política para que funcione, primero necesita que veas el mundo de una determinada manera. Ellos te dan una solución, a un mundo que te pre-dibujan. ¿Cómo te vendo una solución si no tienes un problema?

Así que el proceso es que primero elijas a qué grupo quieres que te asocien y luego ya te dicen ellos qué debes votar y suponer, no al revés.

Así que tras ese scrolling inofensivo donde miras cómo está el patio solo te sientes peor, impotente o muy pobre, porque este año tampoco te ha tocado la lotería y no puedes comprar todo lo que te hace falta para ser feliz. Y lo peor de todo, es que cuando SI tienes acceso a las soluciones, nada se soluciona y además el partido arreglalotodo ha salido y aparte de llevarse dinero, y regalar excusas por el incumplimiento de sus promesas nada en nuestra vida ha cambiado. Bueno sí, la factura siempre cambia y en la misma dirección.

¡Ojo! No digo que estos enunciados sean mentira, pero tampoco son LA VERDAD, si no recortes de esta, elegidos minuciosamente. Es una parte de la verdad, que les interesa que tengas muy presente, cuanto más presente su visión, más interesado en sus propuestas. Hay millones de personas muy interesadas en influirte con acceso directo a tu conciencia 24/7. Es decir, tu collage ya no es azaroso, ya no eres, como diría Ortega y Gasset, tú y tus circunstancias,5 ahora eres tú, tus cookies y tus circunstancias.

Y dirás, “pero yo pienso por mí mismo, no me dejo llevar por la corriente”. Pero mucho pensamiento crítico que tengamos, este se sigue basando en la información que nos llega para echar las cuentas. Es como los pasteles que se venden para cocinar, con cinco bolsas de polvos diferentes. Así que a todos nos dan los polvos, y nos dicen “Lo que salga de ahí será fruto de tu pensamiento, no te hemos dado la idea hecha, lo has elaborado tu solito”, pero en realidad, todo venía previamente articulado para que llegases al resultado estipulado.

La información se mueve, y abunda hacia un lado u otro en función de quién pueda pagar la propagación de mayor cantidad de noticias. Por eso, como diría Antonio Escotado “solo las mentiras necesitan subvención del gobierno6”. La mayoría de la gente dice que piensa, y sí, lo hacemos; sin embargo, como las tartas prefabricadas la mayoría de los discursos acaban sabiendo al mismo, ¿no te parece que aunque te juntes con distintos amigos la deriva de “los temas actuales” es un eterno déjà vu? Lo difícil hoy en día no es tener una opinión, sino plantear algo nuevo, diferente.

Lo difícil hoy en día no es tener una opinión, sino plantear algo nuevo, diferente.

Y lo siento, porque no hay marcha atrás. Podemos bajarnos de las redes sociales y del móvil, a riesgo de vivir en otro mundo, quizás más distinto, pero los mensajes ya han poseído también a tu entorno, con el que te relacionas.

Tampoco nos podemos fiar del instinto, porque está hecho de los mismos materiales, solo que su coagulación ha sido inconsciente. Así que quizás lo único que nos queda es tener una buena dosis de escepticismo, y tratar de asegurarnos de que nos dejamos golpear por informaciones muy divergentes de modo que ahí sí tenga que ser nuestra cabecita la que ate hilos que no se nos han dado atados. Desconfía del si A, entonces B, porque recuerda, en aquella campaña tabacalera no era “fumar matar”, sino “fumar es ser libre”.

Notas

[1] Reseñas de enseñanza (1988). Buenos Aires: Hacia el Tercer Encuentro del Campo Freudiano. pp. 13.

[2] Sánchez, E. & Sánchez, E. (2022, marzo 17). Las 9 características de los sofistas en la Filosofía (explicadas). https://psicologiaymente.com/cultura/caracteristicas-sofistas

[3] Times, T. N. Y. (1929, 1 abril). Easter sun finds the past in shadow at modern parade. The New York Times. https://www.nytimes.com/1929/04/01/archives/easter-sun-finds-the-past-in-shadow-at-modern-parade-lone-prancing.html

[4] Han, B. (2022). La sociedad del cansancio (1.a ed.). Herder Editorial.

[5] Jose, G. O. Y. (2022). Meditaciones del Quijote. Ed. Revista de Occidente.

[6] Academia Play. (2019, 4 junio). Antonio Escohotado entrevistado por Academia Play [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=WW44tfbACUo

Imagen | Unsplash

Cita este artículo (APA): Silveira, J. (2023, 21 de enero). El mundo no existe, son las redes. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/01/el-mundo-no-existe-son-las-redes
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por Julia Lorena Silveira Borondo

Psicóloga psicoanalista. Trabaja en la clínica con adultos, adolescentes y niños. Se interesa en el ser humano y los entresijos que lo mueven, individual y socialmente. Le divierte intentar averiguar el final de la película antes de que ocurra.

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