En vez de considerar que el mostrar los libros a acudir llega a ser un acto forzado por una heterónoma, es decir, un entramado burocrático y administrativo, es de pensar de diferente forma el presentar dicha lista.

Parece paradójico que escribiendo estas breves notas se presente una “lista de referencias” o “bibliografía”, en la que se expongan “las fuentes” que se adquiere la “información”. Pero más adelante se va a reflexionar y justificar en torno a presentar dicho apartado.

Primero, es de presentar la idea del escritor Jorge Luis Borges en cuanto pensar en una lectura hedónica, sin este placer el acto de leer contra implicaciones como la de repetir fuentes de información y presentar citas de diversos autores, una práctica que se ha pensado que es lo vital para una práctica filosófica y científica profesional, pero que para Borges en realidad es un acto “triste”:  

Elegimos buscando una felicidad personal, un goce personal, es el único modo de leer, si no caemos en la tristeza de las bibliografías, de las citas, de fulano, luego un paréntesis […] y luego, por ejemplo, una lista de libros que han escrito […] sobre ese autor y todo eso es una desdicha.1

Varias utilidades que a priori se le asigna a presentar una lista de libros es para acceder al conocimiento, recuperar una serie de autores y adquirir un corpus de citas para fundamentar la información. Sin embargo, ¿en verdad se logran algunos de estos objetivos?

Durante un aula universitaria, precisamente Borges comienza refiriéndose como docente de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires, no solo revela su experiencia como docente universitario, sino que advierte de una práctica recurrente dentro de las universidades, que se propone una lista de libros, pero no se sabe con certeza si se adquieren dichos libros, si se leen y más aún si es una lectura gustosa por parte de los alumnos.

Parece que asume que presentar los libros en algún documento particular, llega a alentar para que el alumno y alumna busquen adquirirlo, pero no es de negar el otro escenario, que en realidad dichos nombres impresos en una tinta negra de títulos y autores son distantes a los alumnos y las alumnas.

Es de observar que más bien presentar una lista de autores y su obra es para cumplir con el “requisito” de establecer un programa de estudios, quizá se asuma que con dicho acto se está alentando a que los alumnos opten por una lectura en particular, lo cierto es que, en vez, puede ser el de buscar haber cumplido con la exigencia institucional y burocrática.

En dado caso las apreciaciones de Borges son similares a algunas líneas de Adorno, en cuanto que refiere a un ámbito de cientificidad a la filosofía que lo torne en una práctica especializada y monótona:

El argumento especializado degenera en la técnica de especialistas irracionales en medio del concepto; no otra cosa es lo que hoy se propaga académicamente bajo el nombre de una filosofía analítica, que puede ser aprendida e imitada por robots.

(Adorno, 1966, p. 37).

Parece que hay una preocupación entre Borges y Adorno, hablar de una práctica docente que recurre a presentar fuentes a adquirir, en ocasiones se utilizan y en otras no se revisan, pero el presentarlas y apuntarlas ya es cumplir con una tarea asignada. Al igual, para enseñar filosofía analítica (actualmente connotada), en realidad solo requiere tanto presentar tal lista, a citar, a lo que “fulano” dijo de tal o cual autor o problemática social, etc.

La actividad docente especializada, de tal modo que hay un día en específico para presentar los libros, artículos, ensayos, etc., en un currículo oficial, los mismos son de utilidad para investigaciones específicas, una fragmentación de actividades que con frecuencia se ejecutan para cumplir requisitos ya sea presentarle a la clase los textos a comprobar pensando que se está presentando conocimiento a recurrir y cumplir con el requisito de contar con una investigación empleando las fuentes adquiridas, de una manera monótona e inconsciente se transfiere y se produce una filosofía analítica o una supuesta ciencia especializada.

De hecho, conviene tener presente que una teoría organizacional en América Latina se produce relativamente menor que en países como Estados Unidos o Europa (Montaño, 2020). Ante dicho panorama, el autor propone una hipótesis en la que los Estudios Organizacionales (EO).

Han tenido con la administración ha provocado, en cierta medida, una falta de reflexión teórica e investigación de campo más autónoma.

(Motaño, 2020, p. 28).

Más adelante, refiere que las escuelas de administración no han articulado una reflexión teórica, en parte, por estar cuestionando postulados reflexivos de Estados Unidos y Europa.

Empero, indicando que Borges y en su momento Adorno señalan tanto en forma de proceder protocolaria y dedicarse a tareas específicas y a cumplir, en realidad es que hay una forma de proceder administrativa cuya especialización permea en formas de investigar interadministrativas, de ahí que probablemente la filosofía analítica (en vez de filosofía de la administración) en realidad usa pensamiento filosófico de una manera administrativa. 

Sin necesariamente buscar extrapolar está reflexión, volviendo a la cuestión de presentar en el temario los libros a los que acudir. ¿Qué sucede cuando no se presenta esta serie de autores tanto para la clase como para una investigación como tal? Borges responde:

Yo nunca les di bibliografía a mis alumnos […] no lean nada de lo que se ha escrito de fulano dental, Shakespeare no ha leído ni una línea escrita sobre él y escribió la obra de Shakespeare2.

A diferencia de la visión de Borges, hay una formación educativa ¿administrativa?, en la que se prepara un “cronograma”, se establecen las horas y fechas en la que hay que leer y “comentar” a un autor, finalmente ya se asume, a priori, que se “deben leer” ya no al autor, sino lo que se ha escrito de él. Lo cierto es que la lectura gustosa ya queda descartada salvo que, durante el transcurso del curso, se tenga ese placer por un autor como tal, dicha sensación que desaparece al cambiar la lectura a otro autor que ciertamente puede llegar a ser “tedioso”.

Al contrario, en vez de pensar que un currículo o programa en la que se muestra las lecturas a seguir, en de señalar si el alumno o alumna pueda elegir qué lectura buscar cual autor intentar descifrar, qué libro ya no solo le llega a beneficiar como “profesional” sino en una búsqueda personal. En vez de buscar completar los requisitos administrativos, ¿no se debe buscar el conocimiento?

Finalmente, si se presenta una lista de referencia al final de este ensayo, es para reiterar que efectivamente el uso de dicha “lista de referencia” resulta arbitrario en cuanto se asuma, ipso facto, lo que debe leerse y hacerlo de manera robotizada.

¿Pero si el alumno tras una lectura hedónica presenta una lista de referencia para aproximarse a los libros que más le apasiona? Se ha creído que mostrar al final de un curso (e inclusive de un artículo) una lista de referencia significa una investigación sólida, cuando en realidad bien puede significar un ejercicio mecánico en que forzosamente se exponen perspectivas y contar con aproximaciones que justifiquen algunos argumentos. Pero difícilmente se supone que la lista de referencias es para aproximarse a aquellas perspectivas que fueron o son significativas durante una travesía el cual puede tener como fin el conocer más.

Para terminar, si al final se presenta algunas fuentes como el testimonio de Jorge Luis Borges, no es porque se busca “cumplir” con los requisitos protocolarios, tampoco para mostrar que se cuenta con la información necesaria y legitime una investigación, en vez es para mostrar las perspectivas que fueron o son necesarias para formar lo que hoy en día se es y lo que se busca. 

Notas

[1] Antonio García Ortiz (2018, 13 de abril). Borges. Sobre el placer de la lectura [Archivo de video]. Youtube https://youtu.be/5vZOOSgjTno?t=61

[2] Ibídem.

Bibliografía

Adorno W. Theodor. (1966). “Introducción”. La dialéctica negativa. Taurus Ediciones: 11-65.

Montaño Hirose, L. (2020). Encrucijadas y desafíos de los estudios organizacionales. Una reflexión desde las perspectivas institucionales. Innovar, 30 (78), 19-34.

Imagen | Flickr

Cita este artículo (APA): Garnelo, I. (2023, 20 de enero). El placer de mostrar una lista de referencias. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/01/el-placer-de-mostrar-una-lista-de-referencias

Artículo de:

Irving Garnelo Pérez (autor invitado):
Lic. en sociología de la UAM-I. Actualmente cursa la maestría en UAM-C. Autor del recopilado de cuentos “Girasol y otras semillas del 68… otros cuentos”.

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por autores invitados

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