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Slavoj Žižek: el gran “shock jock” de la filosofía

Artículo publicado originalmente el 06 de enero de 2016 en la versión anterior de Filosofía en la Red. El presente texto es una reedición. 

Slavoj Žižek dice dos o tres cosas más o menos comprensibles, pero hasta ahí. Repite las críticas habituales en contra del capitalismo: este sistema genera grandes desigualdades, contamina el planeta, aliena a través del consumismo, y adormece a las masas. Nada que Marx no hubiera dicho ya hace siglo y medio. Pero, Zizek trata de adornar su retórica con algunos intentos de chistecitos que, solo a veces, se entienden o son realmente cómicos.

Su aura de gurú tiene que construirse con comentarios sobre temas de la más diversa índole. En espacios comprimidos, Žižek puede hablar, no siempre en una integración coherente, de cuestiones tan variados como la película Kung Fu Panda, Stalin, la eyaculación en la boca a las mujeres, o el suicidio. Y, como no puede faltar en cualquier posmoderno, pronuncia disparates como el “suicidio metafísico”, “el amor es violencia”, “la masturbación es obscena1”, “no todos somos humanos”. Su maestro, Lacan, quien alguna vez dijo, “cuanto menos me entiendan, mejor”, estaría muy complacido.

¿Cuál es, entonces,
el encanto que genera Žižek?

Obviamente, no es su talento filosófico (pretender integrar a Ayn Rand y Lenin, dos antípodas ideológicas, en un solo pensamiento filosófico, no es muy filosóficamente consistente). El éxito de Žižek es, sencillamente, su capacidad histriónica, su indiscutible aptitud para hacer una mise-en-scene con su propia vida.

En Grecia, los actores se colocaban las máscaras. Se sabía muy bien que, al final del espectáculo, el actor iba a su casa y vivía como el resto de la gente. Eventualmente, en la historia del teatro los actores se despojaron de sus máscaras, pero se seguía sabiendo que, al final de la obra, el personaje y el actor quedaban separados. El siglo XX cambió eso. Surgieron personajes cuyos actores asumían ese papel en todo momento. Su propia vida era la mis-en-scene. Salvador Dalí fue un pionero de esta técnica, con todas sus excentricidades y aura de misterio y reverencia con la cual cubrió su vida. Ya en el siglo XXI, las masas pedían más: querían ver a los actores asumir su personaje, no solamente en el estudio o el teatro, sino en sus vidas diarias. Surgieron así los reality shows.

Žižek ha perfeccionado la técnica histriónica de Dalí. No es tan excéntrico (ni tan talentoso) como el gran pintor, pero ha sabido usar los mass media mucho mejor, y sabe asumir ante las cámaras un personaje que le rinde dividendos. Sus libros son tremendamente aburridos y disparatados. Pero, es capaz de asumir gestos jocosos (se toca la nariz continuamente), contar un chiste en el momento adecuado, y burlarse de sí mismo (frecuentemente se considera a sí mismo un tipo con problemas psicológicos, y en alguna ocasión ha dicho que él es un monstruo). Los libros de Žižek generarán bostezos de hipopótamo. Pero, por ejemplo, la película Žižek! (dirigida por Astra Taylor), es entretenida, no por la relevancia de lo que dice Žižek (no hace más que repetir los mismos disparates y trivialidades de sus libros), sino por lo gracioso de un personaje que raya en lo caricaturesco.

Žižek es, pues, el Cantinflas2 de la filosofía. Nos reiremos con él, y desearemos tomar una cerveza con él. Dudo mucho de que queramos brindar un trago a tipos aburridos y sin el menor sentido del humor, como Noam Chomsky. Pero, mientras que Chomsky ha destacado por decir cosas muy interesantes (sus posturas políticas pueden ser cuestionables, pero al menos es un hombre que invita a reflexionar), lo de Žižek es charlatanería pura y dura.

Está muy bien que Cantinflas pronuncie disparates en la escena final de Ahí está el detalle (y que, insólitamente, en esa clásica película, los personajes más serios terminen hablando como él). Los bigotes de Dalí, así como las tonterías que decía en entrevistas, pueden contar con nuestra aprobación. Todos sabemos que Cantinflas (el personaje; el actor siempre fue muy sobrio) y Dalí eran charlatanes, y nunca pretendieron que se les tomara en serio.

No sé si Žižek pretende que se le tome en serio. Pero, lamentablemente, los jóvenes sí lo hacen. Y, ahí está lo lamentable de todo esto. Cantinflas puede ser una necesaria distracción para el estudiante de filosofía; sin embargo, nunca en la facultad de filosofía se admitiría una tesis sobre la brillantez de la retórica cantinflesca. En cambio, es muy preocupante que un estudiante de filosofía no conozca sobre lógica, ética o epistemología, pero sea un “experto” en la rimbombancia impenetrable de Žižek, y que los profesores no vean mayor problema en esto.

Más aún, en medio de sus disparates y chistes, Žižek dice cosas verdaderamente escandalosas. En el mundo del espectáculo, hay gente que hace carrera asumiendo el papel de shock jock: locutores que ganan fama diciendo barbaridades en los micrófonos, solo para captar atención (el norteamericano Howard Stern es quizás el más infame de todos). Pues bien, cuando no es el Cantinflas de la filosofía, Žižek a veces quiere ser el Howard Stern de la filosofía. Ha dicho, por ejemplo, que Hitler debió haber sido más violento3, y que Gandhi no logró gran cosa en la India. Pero, quizás el instrumento de shock mediático que más dividendos le ofrece, es su uso de la imagen de Stalin4. Žižek trivializa continuamente las atrocidades cometidas por el brutal dictador, presentando su vida y sus ideas en un aura de sublimación estética. El joven que queda encantado ante la personalidad de Žižek, empieza a pensar que quizás Stalin no fue tan malo.

Žižek, que tanto critica la sociedad de consumo, ha hecho renombre convirtiéndose él mismo en una franquicia. Ya hay productos de consumo con su estampa. Guy Debord ya advertía en la década de 1960 sobre la llamada “sociedad del espectáculo”. En cierto sentido, sus advertencias han sido proféticas. Pues, incluso la filosofía, aquella actividad que esperaríamos que fuera de las más inmunes a las trivialidades del entretenimiento masivo, ha sucumbido a esta tendencia. Y, Žižek, en su continua mis-en-scene, es una de sus estrellas principales.

Tristemente, hay una enorme ironía en todo esto. Los shock jocks como Žižek salen ganando, aun cuando se les someta a duras críticas, pues como cínicamente siempre han dicho, “la publicidad mala no existe; toda publicidad es buena”. Quizás lo más sano sea ignorar a los charlatanes (tal como Chomsky ha recomendado hacer con Žižek), pero precisamente, esta gente ya gana con el mero hecho de que nosotros recomendemos ignorarlos.

Notas

[1] Martín, I. (2014, Noviembre 17). Slavoj Žižek: «El amor o el sexo sin el encuentro sorprendente es como la masturbación». Abc. https://www.abc.es/cultura/cultural/20141117/abci-entrevista-slavoj-zizek-201411171214.html

[2] Mario Moreno Reyes, conocido artísticamente como Cantinflas, fue un actor y comediante mexicano. Fue uno de los más populares y queridos humoristas en México y en toda América Latina durante el siglo XX.

[3] O., Jimena (2017, Agosto 14). Zizek contesta a la pregunta: “¿Está bien golpear a un nazi?”. Pijamasurf. https://pijamasurf.com/2017/08/zizek_contesta_a_la_pregunta_quotesta_bien_golpear_a_un_naziquot/

[4] Maldonado, L. (2017, June 29). El filósofo Slavoj Žižek: “Estoy harto de la irresponsabilidad narcisista de Podemos”. El Español. https://www.elespanol.com/cultura/20170629/227478152_0.html

Artículo de:

Gabriel Andrade (colaboración):
Venezolano. Sociólogo. Autor del libro “El Darwinismo y la religión” (Universidad de Cantabria, 2009).

Imagen | Wikipedia

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Artículos publicados en la versión anterior de Filosofía en la Red (previo al 11 de septiembre del 2020). Se publican como parte del proceso de rescate de textos.

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