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El delincuente ¿un [ser] distinto? Una mirada desde la criminología y el psicoanálisis

En el siglo XVIII, en Inglaterra, comenzó la revolución industrial, aunque se produjo un gran auge económico y el nacimiento de las sociedades industriales, las desigualdades económicas fueron muy importantes. Los niños eran obligados a trabajar en las fábricas a cambio de recibir trozos de comida y poder alimentar paupérrimamente a sus familias. La naciente industrialización no trajo consigo equidades comunitarias sino marginación en diversos sectores sociales en Gran Bretaña. Así lo describe Charles Dickens en su obra Oliver Twist año 1838; describe una época Victoriana en donde solo los más ricos hacían crecer su fortuna a raudal y, en este contexto surgieron en Birmingham, bandas criminales conocidas por los lugartenientes: Peaky Blinders en donde se presume participaban infantes para cometer actos ilícitos según nos narra el novelista inglés.

El surgimiento del crimen
y la frenología

El siglo XIX, fue crucial para los estudios de la naturaleza del crimen. Es decir, ya no solo era el estudio de la locura como lo creía Foucault y Deleuze1 sino también el comportamiento delictivo. Ya en este siglo la criminalidad tuvo una explicación científica y filosófica donde partían de la presuposición del “poder” del delincuente con relación a la “normalidad” que transfieren las normas y leyes jurídicas a los ciudadanos.

Así pues, Lombroso en 1876 cuando publica El delincuente (un año después de que Marx escribiera toda su crítica al programa de Gotha) basó las teorías criminológicas al estudio del cráneo del delincuente, consideró que ciertas anomalías correspondían con comportamiento de inadaptación social. El criminal, para Lombroso, lo es, por posibles deformidades muy parecidas a ciertas especies animales. De hecho, para el criminólogo los crímenes, no son más que una probable «involución» al estado primitivo—salvaje. La teoría de Lombroso es considerada hoy en día como “pseudociencia” desacreditada por la comunidad científica, pero es importante hacer mención que dicha comunidad [más política que científica] desacreditó no lo estudios de Lombroso, sino que la obra del autor hacía distinciones sociales. Las “anomalías” en el cráneo, según Lombroso, de una persona pueden predecir su comportamiento criminal es incorrecta y no tienen un respaldo científico. Sin embargo, el psicoanálisis tampoco tiene una base científica y claramente en 1978, Foucault superó las pretensiones científicas cuando en La microfísica del poder, la estructura científica no hace más que trabajar con enunciados nomológicos inductivos y deductivos, leyes, que se fundamentan al igual que en Lombroso, en la presuposición. No está por demás pensar en la crítica popperiana al cientificismo.

De acuerdo a Lombroso, si el delincuente en esencia era peligroso para estar en sociedad consideró la urgente necesidad de crear centros (manicomios) para criminales; evitando que el criminal esté en las prisiones y sí en instituciones especiales. Ello implicaba una razón suficiente para el investigador de recluir al delincuente para analizar su comportamiento a fondo

Los estudios del crimen y las obras Lombroso a mediados del siglo XIX, tuvieron un impacto en la constitución de otro discurso: el discurso racista. Este enuncia una realidad que diferencia ciertos individuos de otros. Los estudios de Joseph y Lombroso2 fueron bien recibidos en la sociedad victoriana no así fuera de ella—sobre todo el impacto de la teoría del criminólogo siglos más tarde en Brasil—, que hicieron gala de cierta diferenciación de rasgos frente al «hombre inglés». Cesare Lombroso escribiría Genio y Locura, donde finalmente se daría cuenta de que el genio, hipotéticamente, es en realidad un loco que ocupa su psicopatía no necesariamente al ámbito intelectual sino también a la perversión y los hechos delictivos. De lo que se sigue, un asesino serial es un genio, que busca una admiración en cada delito que comete y en cada escena del crimen, deja una importante “marca” para que se hable de su acto, como los genios, dejan teorías, inventos, fórmulas, bajo su nombre. Laclau3 piensa que las sociedades políticas están constituidas bajo la premisa amigo/ enemigo que podemos pensar esta polaridad entre el individuo adaptado y el delincuente, de modo que aquel juzga a este como ente distinto; y desde el momento en que se coloca como normal y poseedor de la verdad sobre lo que es bueno y malo, lo que es justo e injusto, el hombre adaptado ocupa el lugar ventajoso dentro de esta relación de distanciamiento. No es solo un distanciamiento social y psicológico, sino que fundamentalmente es un distanciamiento ideológico

Lacan, el deseo del otro: Los actos delictivos

Hablar de los actos delictivos en criminología, es hablar de una aporía que distingue entre el criminar y el autor material. Se le podrá mencionar al delincuente lo que él tiene de cierto y errado, por qué hizo lo que hizo e incluso se le podrá predecir su conducta futura, así como los sentimientos que le animan para, en último término, imponerle un cambio en su manera de ser y de pensar, aunado a ello en un sistema penal que promueve el encierro para corregir, (así nos lo ha mostrado Foucault). Ahora bien, hablar del individuo inadaptado es hablar al mismo tiempo del individuo adaptado. La primera condición entre ambos son dos distinciones de mi autoría y que deben ser tratadas como nociones operatorias hipotéticas:

1—. La relación de distanciamiento que otorga al individuo adaptado es el apoderamiento del discurso del inadaptado y su readaptación al mundo funcional frente al que no ha logrado dicha reinserción.

2—. Interesante el análisis de lo distinto en relación con lo anormal, ya la psicopatología nos ha demostrado que si bien existen factores de riesgo en las acciones que vuelven a un sujeto delincuente, la diferenciación primaria seguirá siendo la distinción respecto a lo anormal.

El delincuente (dejar de cumplir una obra por abandono)4 haciendo esta reconstrucción teórica desde estas dos nociones sin conceder, podemos pensar teóricamente que el sujeto que comente un asesinato, un robo, secuestro, etc. está en un abandono, es decir, deja en poder al alguien que es él mismo, pero desde sus deseos y pasiones que se encuentran exteriorizadas encontrando en el otro, desde Lacan, un deseo satisfactorio, una metonimia al cambiar de objetos placenteros desde donde se instaura la fantasía. Se castiga al delincuente, pero en realidad se castiga su propia falta de abandono, dejando de cumplir su obrar “bien” por el abandono hacia el acto que satisface su narcisismo. Podríamos pensar en una pulsión agresiva que da cuenta en una materialización en el acto mismo criminal. La base misma con la que opera la psicosis en las afecciones de un individuo.

A manera de conclusión

Observando desde una retrospectiva, las teorías biológicas respecto al criminal en el siglo XVII, no había separación sobre cómo y quién cometía un delito. No es hasta el siglo XVIII, en Inglaterra las leyes de encierro de 1640 protegen la separación de elementos comunales distinguiendo (en un primer momento) entre los campesinos (residentes legales) y los campesinos de facto, que son expulsados de las tierras. Es en este suceso cuando el campo deja de incorporar a sus elementos pobres tal como lo había estado haciendo, aceptando como costumbre el derecho a utilizar la madera, las albercas, la leña, la paja, las hierbas, etc. y utilizando a los labriegos para trabajos menores en las recolecciones y otros menesteres estacionales. De modo que la satisfacción de las necesidades de los pobres se inscribe dentro del marco económico de auto subsistencia de la comunidad o de la comarca. Hay, pues, un cambio sustancial que se formaliza en la promulgación de las primeras leyes represivas que castigan justamente aquellos actos que implicaban el ejercicio de los derechos consuetudinarios5.

A partir de aquí se forma y fundamenta la noción valorativa—negativa—de un comportamiento «distinto» propio de la categoría de individuos no integrados, que se legitima justamente a través de la promulgación de las leyes represivas desde el campesinado. El delincuente pasa a ser asimilado a distintos tipos, como el vagabundo, el ocioso, el pobre, el loco, la prostituta; como categoría social más o menos singular debido al rechazo social del que son objeto y que además dichas categorías siguen vigentes, pues ¿De qué otro modo concebimos a un delincuente si no es por las descripciones de las notas periodísticas hacen de ellos y pensar que una condición necesaria, pero no suficiente es “no agraciado” como un a priori del delincuente? No hay duda: las leyes castigan no al criminal, la psicología no se encarga del síntoma del delincuente, la sociedad no señala, al que ha incumplido, sino que todo ello obedece a un patrón que no se sigue en la normalidad de la vida: lo distinto, que se persigue porque no entra dentro de la norma comunitaria. Por eso se castiga el asesinato y su acción, ello hace la diferencia. No se está diciendo si robar o asesinar es bueno o malo, ello se ocupará la teoría moral, sino lo que se revisó fue la diferencia que hace el ser delincuente y bajo qué contexto se renueva de significado la palabra delinquir y algunos pronunciamientos del psicoanálisis.

Notas

[1] Deleuze, G. Dos regímenes de locos, Valencia, Pre- Textos, 2008

[2] Lombroso, C. Los criminales, Buenos Aires: Tor, 1943

[3] Laclau, E. Los fundamentos retóricos de la sociedad, Buenos Aires, FCE, 2014

[4] verbo latino, delinquere, dejar de cumplir una obra por abandono, que si bien la raíz etimológica no es clara porque tiene raíces del francés antiguo; lo que me interesa es lo que significa: dejar de cumplir una obra por abandono. No es común que las teorías sobre la criminología se detengan en la etiología del crimen, pues dan por hecho que es su objeto de estudio. Sin embargo, tomo distancia de ello y regreso a lo que he llamado: una genealogía del concepto.

[5] Ditton. Fear of Crime and the media: Assessing the lack or relationship. Crime Media Culture, Vol 1 (3): 322-332.

Bibliografía

Deleuze, M. (2008) Dos regímenes de locos. Valencia: Pre- Textos.

Laclau, E. (2014) Los fundamentos retóricos de la sociedad. Buenos Aires: FCE.

Lombroso, C. (1943) Los criminales, Buenos Aires: Tor.

Ditton. Fear of Crime and the media: Assessing the lack or relationship. Crime Media Culture, Vol 1 (3): 322-332.

Artículo de:

Eric Rodríguez Ochoa (autor invitado):
Docente, escritor e investigador de la Lic. en Psicología Crítica.

Imagen | Unsplash

Cita este artículo (APA): Rodríguez, E. (2023, 22 de febrero). El delincuente ¿un [ser] distinto? Una mirada desde la criminología y el psicoanálisis. https://filosofiaenlared.com/2023/02/el-delincuente-una-mirada-desde-la-criminologia
#Cesare Lombroso, #criminología, #delincuente, #filosofía, #psicopatologías

por autores invitados

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