Las sociedades inmersas en la comunicación y las formas de relación a través de herramientas digitales padecen las deficiencias en cuanto a la conformación de vínculos. Actualmente, el sentido democrático de las sociedades está debilitado. Inmersos en un sistema económico neoliberal que modifica las formas de los vínculos sociales y vías de comunicación, la noción de persona y comunidad van desapareciendo (Sartori, 1997): pierde de vista la posición de la persona con respecto a su comunidad. Del ‘sí mismo’ al ‘nosotros’, se dibuja una distancia que se suele erradicarse ahí donde la desconexión digital permite el enlace empatético.

Nueva realidad, nuevos vínculos

Las herramientas tecnológicas avanzan actualmente con mayor celeridad y encuentran cabida en campos de aplicación cada vez más diversificados. La ciencia, la educación, la economía, los vínculos afectivos el entretenimiento y la comunicación, por mencionar algunos, se ven intervenidos por el alcance de herramientas tecnológicas que eficientizan los procesos vitales. Hablamos, pues, de que vivimos dentro de culturas indudablemente dominadas por el uso de implementos tecnológicos, sin los cuales se vuelve impensable llevar actividades cotidianas como transportarse entre sitios, comer, hacer una llamada telefónica o estudiar y trabajar.

Por poner un ejemplo, muy somero, pero interesante, de lo que ha sido la evolución en la digitalización de las experiencias, véase la industria de la música que ha pasado en cuestión de tres décadas por una transformación sustancial: la evolución del casete de cinta magnética al CD-ROM, y luego a la música digital almacenada en dispositivos móviles, plataformas digitales, etc. La experiencia de comprar música se volvió impersonal, la visita a una casa distribuidora de música que incluía el paseo por un pasillo con anaqueles repletos de material discográfico, por ejemplo, cambió a la visita de un sitio en internet, al scroll por el menú de contenidos y el clic de descarga.

La anterior ilustración no es exclusiva ni la única, pero valga para acercarnos al efecto de digitalización de las relaciones en esta época. El cuerpo se relaciona con los entornos cotidianos mediado ahora, además, por el dispositivo digital que compra y vende, fotografía, define, busca, informa, comunica, aumenta y altera la realidad. Vivimos un momento histórico especial en el cual es necesario que las concepciones éticas, jurídicas y filosóficas, entre otras, se replanteen sus formas de aplicación ante la nueva realidad de los contextos.

En un primer momento, la digitalización de la vida y las relaciones, dada dentro de una cultura de consumo, se aparece como la oportunidad de aumentar, por ejemplo, la producción, venta y distribución de los productos de mercado; favorece la creación de plataformas o entornos digitales de enseñanza. Crea, además, espacios de encuentro que desvanecen la necesidad de presencia corporal para producir contacto personal, de lo cual se derivan las visitas constantes a redes sociales, las interacciones a través de reacciones y la mensajería instantánea.

El juego de las redes
sociales en los vínculos

Las distancias originadas y luego permitidas por las experiencias digitales, como decía al inicio de este apartado, han tenido sus efectos en la conformación de vínculos. El efecto cerebral de la “Presencia” es un indispensable para provocar tanto el vínculo como el distanciamiento social y la desvinculación del sentido comunitario de la que habla, por ejemplo, Byung-Chul Han. Dicho efecto, como explica Thong Nguyen, produce en el cerebro la sensación de haber estado en un lugar o haber vivido una experiencia durante el uso de tecnología de realidad virtual.

En el campo de las redes sociales y la comunicación a distancia parece haber un efecto semejante: las interacciones digitales generan en el cerebro la misma sensación de haber interactuado con el otro, de acompañar, de “estar con”, aun cuando las personas involucradas en la interacción no vivan la experiencia de presencia corporal. Dicho de otra manera, lo que podría vivirse como experiencia de interacción comunitaria no es más que la aglomeración de acciones individuales atemporales que convergen con cierta regularidad en una plataforma que virtualiza la presencia y, con ello, la vuelve simbólica.

Para el caso muy particular de los vínculos sociales y con el medioambiente, la cultura del descarte (Bergoglio, 2015) ha producido la ruptura de vínculos en dos vías: por un lado, la vía de la relación con el entorno como lugar que se habita y, por lo tanto, tiene que ser cuidado; por el otro, la relación con otro que también es víctima de las dinámicas de uso y desecho. Ante tal escenario, los mass media fungen como los canales más inmediatos en la promoción de estilos de vida que responden al compromiso con las causas sociales y ecológicas: por un lado, tienden a la conformación de redes de interacción más o menos regular; por otro, es evidente que inducen a la disolución de núcleos de acción comunitaria, propiciada por dinámicas interactivas de individuos dispersos, lo que Byung-Chul Han llama “enjambres”.

Sin embargo, y dadas las características de las experiencias virtuales, es posible que el activismo en redes sociales esté provocando no una respuesta comunitaria a un problema global, sino que dé lugar a una serie de interacciones aisladas, efímeras (López, Rodríguez y Marroquín, 2015), reforzadas por el distanciamiento y la desvinculación. Si la desvinculación y el aislamiento sugieren un problema en nuestras sociedades actuales, cabe preguntarse por qué las personas aspiran cada vez más a establecer contacto a través de herramientas virtuales.

Para abrir el diálogo

A partir de lo anterior, y para explorar la forma en que nos vinculamos a través de los entornos digitales, te invito a que respondas alguna de estas preguntas: ¿qué piensas sobre la digitalización de las relaciones, ¿cómo describes tus vínculos a partir de lo que propongo en el texto?, ¿las relaciones y vínculos virtuales humanizan o deshumanizan? ¿Por qué supones que es así?

De esta manera, ampliemos el horizonte de este espacio digital que nos invita a leer y, sobre todo, a hacer filosofía.

Bibliografía

Bergoglio, JORGE. (2015). Laudato Si’. Roma, Italia: San Pablo.

Han, BYUNG-CHUL. (2014). En el enjambre. Barcelona, España: Herder.

López, GLORIA (2015) CLIC: implicaciones de la virtualidad globalizada en el sujeto.

Gloria María López Arboleda, Alexander Rodríguez Bustamante, Lilian Johanna Marroquín Navarro. Medellín: Fundación Universitaria Luis Amigó.

Sartori, GIOVANNI. (1997). Homo videns. La sociedad teledirigida.. Barcelona, Españae: Taurus

Foto | Creada generada por Craiyon

Artículo de:

Luis Ángel Barrera Morán (autor invitado):
Lic. en Literaturas Hispánicas. Estudios de Filosofía en el Instituto Salesiano de Estudios Superiores. Diplomatura en Prácticas Filosóficas y Consultoría Filosófica por el Centro Educativo para la Creación Autónoma en Prácticas Filosóficas (CECAPFI).

Cite este artículo (APA): Barrera, L. (2023, 03 de febrero). Los vínculos en la sociedad actual: humanxs y humanizantes. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/02/vinculos-sociales-humanos-humanizantes
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por autores invitados

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