Imagen del tiempo en un ángel muy sonado

Una de las imágenes más famosas y representativas del filósofo alemán Walter Benjamin es el Ángel de la Historia. En sus Tesis sobre el concepto de Historia, describe de una forma detallada la figura de un ángel que representa la estructura y las condiciones en las que el Historiador narra la Historia. Nada optimista es la Tesis IX, pues, contundentemente, muestra que bajo las condiciones del progreso no hay más que catástrofe y ruinas. En lo que sigue, haré un análisis sobre la crítica de Benjamin inspirada en esta imagen.

Primero que nada, habría que decir, las Tesis se escriben a manera de sentencias o aforismos. En su mayoría lanzan conceptos o ideas contundentes sobre el tratamiento de la historia y su estructura espacio temporal sin explicaciones. Es muy interesante este modo de proceder en el autor porque, conociendo de manera general su pensamiento filosófico, se percibe la práctica del montaje augurada en el Libro de los Pasajes, donde dice:

Método […]: montaje literario. […] Nada que decir. Sólo mostrar.”

(Benjamin, Obra de los pasajes, N 1 a, 8).

El método del montaje es trabajado por Benjamin en varios de sus textos de madurez, dejando ver el pretendido de hacer de la Filosofía una práctica en la que el pensamiento deje de ser tan especulativo y se convierta en una serie de citas, donde el orden de la disertación deje de ser cronológica o, usando una imagen del filósofo, como un rosario cuyas cuentas se suceden una tras otra entre los dedos. El método tendría que llevarnos a la fragmentación, al salto, donde no hay órdenes específicos no absolutos.

De acuerdo con esto, cuando leemos la Tesis IX, damos cuenta de esta forma de proceder. Y vale la pena hacer una pausa más para señalar que la forma de escribir de Benjamin es exquisita, llena de imágenes para el pensamiento. Su narrativa es sencilla y dulce para los ojos, y al mismo tiempo, explota en el pensamiento, invitando a sentir el shock.

Esto es lo que pasa cuando leemos esta Tesis y por lo cual, me parece que causa tanto éxito y popularidad entre los lectores. Se lee como un cuento en el que se narra quién es el ángel y en qué se inspira.

Benjamin anuncia que el ángel que se describe corresponde al Angelus Novus de Paul Klee, una acuarela muy querida para él y que ya tenía “historia” en su vida. La adquiere alrededor de 1921 y fue parte de revistas y universidades ficticias dirigidas con su querido amigo Gershom Scholem. Y a continuación, describe a este ángel con los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas extendidas, en un momento de peligro o de gran exaltación.

Este ángel clava la mirada sobre algo justo en el momento en que se aleja de él. Ese algo es el pasado, que se presenta como una acumulación de ruinas que se amontonan sin cesar. La causa de su alejamiento es un huracán que sopla desde el “paraíso”, el cual se arremolina en sus alas y no le permite detenerse. “Este huracán es lo que nosotros llamamos progreso”. Sin embargo, el ángel quiere regresar a “despertar a los muertos y recomponer lo destruido”. (Benjamin, 2005).

Imágenes del ángel

Curioso es que cuando miramos la imagen del angelus de Klee no vemos estas descripciones, tendríamos que hacer un ejercicio de imaginación que va más allá de ella.

Y justo me parece que Benjamin hace este ejercicio en el que nos deja ver mediante el uso de una figura de pensamiento, la mónada, cómo se ha leído la historia hasta este momento y la posibilidad de leerla de otro modo. 

Antes de comenzar con el análisis, vale la pena citar la referencia que hace Bolivar Echeverría sobre la procedencia de la imagen descrita por Benjamin en su texto El ángel de la historia y el materialismo histórico. El autor dice que muy probablemente se refiera a un viejo grabado del siglo XVIII creador por H.F. Gravelot y Ch. N. Cochin, esto debido a los estudios sobre el Barroco realizados por el filósofo alemán.

Echeverría analiza las similitudes entre ambas imágenes señalando algo que, a mi parecer, vuelve a enfatizar el modo de proceder filosófico de Benjamin (Echeverría, 2020). La imagen del ángel no es una descripción total del grabado, sino que toma elementos de él para señalar que ni el tiempo es un suceder de presente, pasado y futuro claro, ni que el historiador está fuera del tiempo como observador objetivo (representado por el ángel mismo que escribe en su libro los hechos que va presenciando), ni que el progreso solo genera consecuencias positivas para la humanidad. (Recomiendo leer a detalle el texto del Bolívar Echeverría para ver más a detalle este punto que señalo).

Ahora, bien, la pieza clave para entender cómo se ha leído la Historia es el progreso, ese huracán que arrastra al ángel. Benjamin nos dice que el tiempo de esta historia es el tiempo progresivo, noción que desde la Ilustración se ha concebido como una sucesión de momentos idénticos, de un menos a un más, de una vía hacia la mejora, traducida las más de las veces como felicidad que se encuentra en un punto lejano en su evolución. Esta forma de tiempo viene de una visión compartida por la teología y la mecánica newtoniana. Desde el punto de vista de la teología, el tiempo es visto como una larga progresión temporal que parte de un estado inicial, el nacimiento de Cristo, hacia un estado final, la instauración del Reino de Dios (Móses, 2005).

Desde el punto de vista de la mecánica newtoniana, el tiempo responde a la idea de una causalidad en la que le corresponde una finalidad necesaria. En este sentido, la historia es concebida como el vector de un progreso continuo, destinado a conducir a la humanidad hacia su realización final como consecuencia inevitable de todos sus momentos (Móses, 2005).

En este sentido, el tiempo aparece como depósito, una forma vacía disponible para ser llenada de cualquier acontecimiento. Las acciones de los hombres y los acontecimientos históricos, ya sean catastróficos o de dicha; se toman como lugares que ocupan el tiempo de manera indistinta, pues se conciben como medio para alcanzar el fin último de la felicidad o del Reino de Dios, el cual se dará de cualquier forma.

Esta idea del tiempo como progreso y sus diferentes sentidos es criticada por Benjamin. En la Tesis XIII nos dice la idea de progreso se puede desplegar en tres sentidos que atraviesan la humanidad: primero, como “un progreso de la humanidad misma”. Segundo, como “un progreso sin término” que coincide con “una perfectibilidad infinita de la humanidad”. Y tercero, un progreso “esencialmente indetenible”. (Benjamin, 2005). Esto quiere decir que la humanidad tiende a verse siguiendo una línea de “perfectibilidad infinita” en la historia, cuya continuidad no tiene interrupción. Este progreso no abarca solo las destrezas y conocimientos de la humanidad, sino a “la humanidad misma”, implicando que la importancia del contenido del progreso sea nula. 

A esta noción de tiempo se le opone otra distinta ―inspirada principalmente en la religión judía y su concepto de “mesianismo”, con la cual Benjamin tiene cercanía― en la que se ve el tiempo como instante; el cual borra la idea de un tiempo infinito. El tiempo se concibe como “ahora del instante”, un instante insustituible, irremplazable, como una yuxtaposición de instantes siempre únicos, no totalizables (Móses, 2005).

Un tiempo que deviene como instante da la posibilidad, por un lado, de la “actualización”, esto es, de que el tiempo histórico sea una creación permanente, la posibilidad de que emerja lo absolutamente otro (lo mesiánico), y, por otro, de devolverle al pasado su importancia, esto es, que no se vea como acumulación de acontecimientos sino como un lugar al se puede volver una y otra vez. De este modo se abre la posibilidad de otro modo de tiempo, pues permite en todo momento la irrupción de la novedad y, sobre todo, la reparación del daño humano de quienes figuran como vencidos de la historia.

Esta es la idea de tiempo que presenta Benjamin como “tiempo mesiánico”, el cual irrumpe en el devenir de la historia y rompe con la sucesión homogénea y vacía del progreso. 

Un ángel cabalístico

El instante como noción temporal se puede rastrear en un texto anterior a las Tesis relacionadas con la adquisición del Angelus Novus. En el texto “Ágesilaus Santander” (Scholem, 2003), Benjamin menciona un pasaje de la cábala que dice:

La cábala cuenta que Dios crea a cada instante un infinito número de ángeles nuevos, cuyo único propósito, antes de disolverse en la nada, es cantar por un instante Su gloria delante del Trono.

(Scholem, 2003)

Aquí el ángel sugiere la imagen de un tiempo como creación continua, pues a cada instante se crea y se destruye un nuevo ángel, la oportunidad de que ocurra algo distinto. En las Tesis, me parece que se puede ver esta idea en la concepción del “tiempo del ahora” como el modelo de un tiempo en el que en un instante se puede resumir la historia entera de la humanidad (Benjamin, 2005) pues el pasado y el futuro se encuentran condensados en él y dejan de concebirse como tiempo tripartito de un pasado que ya pasó, un presente como tránsito y un futuro que devendrá forzosamente. La condensación del tiempo permite que la relación con el pasado y el futuro ya no sea la misma y, por tanto, la historia pueda ser leída de otro modo en la que el pasado puede actualizarse en el presente como “ahora del instante” y el futuro puede ser visto como “la pequeña puerta por la que [a cada segundo puede] entrar el Mesías” (Benjamin, 2005), esto es, la posibilidad de la irrupción de la redención, de lo absolutamente otro.

El ángel de la historia
como imagen del tiempo histórico

Volvamos a la imagen del ángel descrita por Benjamin.

La historia aparece de manera condensada en ella, pues concentra la idea del tiempo como progreso y, a la vez, de manera negativa el tiempo mesiánico.  Esto quiere decir que el tiempo mesiánico tiene lugar cuando surge la necesidad de “despertar a los muertos y recomponer lo destruido”. En la narración de Benjamin, el ángel no puede cumplir esto último porque el huracán del progreso lo lleva hacia delante; sin embargo, se convierte en testigo de la “catástrofe única” que contiene la idea de progreso en el momento en que tiene la posibilidad de mirar hacia atrás. La catástrofe señala que la historia produce “ruinas”, las cuales se acumulan a los pies del ángel.

La tarea que él no puede realizar, debe ser realizada por el Mesías—imagen que remite de manera secularizada a la tarea que debe realizar la revolución. Esa tarea consiste justamente en “despertar a los muertos”, es decir, sacarlos de la cadena catastrófica del progreso de “lo siempre igual”, de la acumulación de ruinas, mediante la interrupción de ese proceso. Y mediante esta detención poder reparar lo destruido. El Mesías tiene por deber recomponer, reparar (tikkun) y esta reparación debe poder contener el pasado de toda la humanidad en la que cada uno de los acontecimientos pueda ser citado (Benjamin, 2005). 

Este Mesías se encuentra al margen de la tradición occidental, impregnada de la religión cristiana. El Mesías no es una figura personificada en un solo hombre, tampoco la idea de una felicidad que se alcanza al final. Por un lado, es una forma de acción política, pues exige realización y, por otro, es una figura de pensamiento, es decir, una forma que interrumpe el modo en que se ha configurado la historia.

El Mesías, como forma de acción política, debe ser asumido por nosotros los agentes de la historia y está en nuestras manos su realización, lo que significa que tenemos por misión la redención, pues a nosotros nos “ha sido conferida [como a toda otra generación] una débil fuerza mesiánica, a la cual el pasado tiene el derecho de dirigir sus reclamos.” (Benjamin, 2005).

Imagen de la redención

La redención remite a la reparación, la interrupción y la acción política que esta reclama. La reparación alude a la “actualización” de un pasado no redimido que abre la posibilidad de su redención en el “ahora del instante”. En otros términos, no hay redención sin reparación. Además, la reparación estaría estrechamente ligada a la “rememoración” pues la redención es de toda la humanidad en su totalidad, donde se vuelven “citables” cada uno de sus momentos. El reparar estaría ligado con recordar la historia de los vencidos, no solo por el hecho de recordarlos, sino porque en el acto de recordar, surge la exigencia de la reparación de su sufrimiento. La acción política de la redención sería aquella en la que en el ahora se establezca una relación dialéctica con lo que ha sido, donde se traiga hacia el ahora sufrimiento humano para redimirlo, transformándose lo que ha sido y el ahora al mismo tiempo.  

La rememoración es la categoría por la que se mantiene el compromiso entre las generaciones y es por ella que el pasado de las generaciones vencidas y oprimidas lanzan hacia el ahora un reclamo que exige ser no solo escuchado sino realizado, como ya se ha mencionado, en el que se redime tanto el sufrimiento como su condición de clase oprimida.

Imagen del historiador mesiánico

El Mesías como figura de pensamiento remite al historiador materialista, quien tiene por tarea intentar otra forma de leer la historia. Para ello se ha de servir del “tiempo mesiánico” pues se concentrará en la experiencia singular. En lugar de un método aditivo en el que los acontecimientos se suceden uno a otro homogéneamente, este tendrá por método la detención, esto es, la interrupción mesiánica, que como señala Benjamin, se da un “manotazo hacia el freno de emergencia” del tren del progreso. (Benjamin, 2005).

La interrupción mesiánica remite, a su vez, a la mónada, figura de pensamiento de la que el historiador materialista debe echar mano. Benjamin entiende la mónada como un pararse de golpe en medio de una constelación saturada de tensiones, y en la imagen del tren se puede ver su funcionamiento. Este pararse de golpe remite a la detención e interrupción del curso lineal del tren, lo cual implica que de algún modo todo lo que viene con él colapse catastróficamente. Imaginemos el curso de ese tren. A una velocidad constante, se dirige indetenible e inevitablemente hacia delante.

En el momento en que se mete el freno de emergencia de manera abrupta, todos los vagones que lleva por detrás se colapsan e incluso se rompen. Al ocurrir esto, lo que estaba detrás se confunde y se mezcla con lo que iba por delante. En este sentido, se puede decir que ya no hay un delante y un detrás, ni un antes y un después. Todo queda confundido. Así pasa también cuando se le pone el freno al tren del progreso. En la detención dada de golpe, el ahora queda astillado por el tiempo mesiánico, donde se pone en constelación lo que ha sido en el pasado con el ahora, y aparece el signo de una detención mesiánica, es decir, una “oportunidad revolucionaria” para redimir el pasado oprimido (Benjamin, 2005).

La mónada será precisamente este signo, el índice de un instante que relampaguea en la detención y que de, no ser visto, se apaga para siempre con toda posibilidad de ser redimido. Se presentará también como una “constelación saturada de tensiones” que da lugar a su cristalización, pues la constelación da la idea de permanencia de la singularidad, así como las estrellas que la conforman son independientes unas de otras y, sin embargo, pueden unirse mediante líneas que permiten ver formas y figuras. La cristalización en una mónada da la sensación de esta unidad, de un lugar que se condensa singularidades y que incluso puede concentrar en sí a toda la historia.

En la imagen del tren todos los pedazos pueden conformar una unidad nueva, otras formas de construcción. Por ello es que la mónada puede, según dice Benjamin:

[…] Hacer saltar a una determinada época del curso homogéneo de la historia, de igual modo que hace saltar de su época una determinada vida o del conjunto de la obra, una obra determinada.

(Benjamin, 2005)

Imagen de una matrioshka

Esto se puede presentar también con una imagen. El efecto que produce la mónada es como una matrioshka, pues al igual que esta figura, la cual contiene dentro de sí otra más pequeña y esta otra más pequeña, la mónada puede hacer saltar una época determinada del curso de la historia, una vida determinada de su época o una obra determinada del conjunto de una obra con el fin de que en esa obra se concentre el conjunto de la obra y en esta, la época y en la época el conjunto total de la historia. En este caso dejamos de lado el tamaño de las matrioshkas, puesto que la experiencia más pequeña correspondería a la más grande de ellas. En la mónada se concentran las tensiones que conforman una constelación que aparece como un concentrado de la totalidad de la historia, como ya se ha mencionado, donde lo que importa es que lo que ha sido y el ahora converjan en una correspondencia dialéctica que exige redención. 

Es por esto que me parece que Benjamin asume la tarea que tiene el historiador materialista al hacer uso de la mónada y transfigurar la pintura de Klee, ofreciéndola como un concentrado de tensiones entre el progreso y lo mesiánico, entre la catástrofe y la reparación, entre modos de leer la historia. Si no vemos en la pintura de Klee las descripciones de Benjamin es porque su narración no corresponde con lo que vemos, sino que esta le sirve de pretexto para condensar estas tensiones y abrir la posibilidad de que el ángel se ofrezca como oportunidad de interrumpir la idea de tiempo como progreso (detención mesiánica) mediante la asunción de la tarea que denuncia y de este modo, ser posibilidad de dar lugar a la redención, esto es, de que irrumpa lo absolutamente otro: la historia de la humanidad redimida y una sociedad sin clases. 

Bibliografía

Benjamin, W., “Ágesilaus Santander”. En Scholem, G (2003) Walter Benjamin y su ángel. Catorce ensayos y artículos.  México: FCE.

Benjamin, W. , (2005) Tesis sobre el concepto de historia y otros fragmentos. México: Contrahistorias.

Echeverría, B. (2020) El ángel de la historia y el materialismo histórico. Estudios Artísticos, vol. 6, núm. 8. Recuperado de https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/estart/article/download/15692/17229?inline=1 (23 de febrero de 2023)

Löwy, M (2003) Walter Benjamin: aviso de incendio. Una lectura de las tesis “Sobre el concepto de historia”. Buenos Aires: FCE.

Mosés, S (1997) El ángel de la historia. Rosenzweig, Benjamin, Scholem. Madrid: Cátedra.

Rosenzweig, F (1997) La estrella de la redención. Salamanca: Ediciones Sígueme.

Witte, Bern (2002) Walter Benjamin. Una biografía. Barcelona: Gedisa.

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Cite este artículo (APA): Téllez, E. (2023, 20 de marzo). Imagen del tiempo en un Ángel muy sonado. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/03/angelus-novus-walter-benjamin
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por Erika Tellez

Lic. en Filosofía (UCSJ) y egresada de la Maestría con especialidad en Estética (UNAM). Actualmente, docente en el Centro Universitario de Integración Humanística y en el Diplomado de Historia del Arte de la Universidad Anahuac. También, colabora en la Editorial Progreso como autora, revisora en el área de libros de texto de Bachillerato.

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