La ruptura política (1982-1988): De la “Marcha de las 100 horas por la Democracia” al mito de la razón del Movimiento Regeneración Nacional 

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En los años 80´s, tuvo un importante crecimiento la influencia de la denominada «corriente democrática» del Partido Revolucionario Institucional (por sus siglas: PRI) durante la segunda mitad de 1987 y ello tuvo una razón primordial, el partido se llegó a cuestionar lo que la institución representaba.

A finales de 1986, el PRI era una compleja y sólida organización de Estado, que una de sus funciones particulares dentro del sistema mexicano: servir como soporte a las políticas que decidiese el presidente de la República siendo un manda más mayor, a cualquier política presidencial1. Así, el PRI se presentaba como un símbolo que unía a todas las clases sociales que tenían como objetivo defender el proyecto (posrevolucionario), resultado de una lucha social, en donde se configuró posteriormente la institucionalización de la cual el PRI, sería parte de las grandes reformas del país.

Internamente, el partido político, empezó a tener divisiones por proyectos de nación contrapuestas, pero resulta paradójico, porque aun con esas divisiones, no tenían la posibilidad, de separarse de las disposiciones presidenciales. El partido no hacía más que ofrecer a este un apoyo acrítico e incondicional. He allí una primera cuestión importante, los partidos políticos son grupos que forman una ideología, de lo que conviene al desarrollo de un país2. Sartori, nos advierte que en la política no hay un interés solo general, sino que para llegar al mismo, es a través de intereses particulares de diferentes partidos políticos.

Miguel de la Madrid Hurtado, el titular del poder ejecutivo, y con un dominio absoluto de su partido político (PRI) tenía la facultad, como se tiene hoy en día en el partido Movimiento de Regeneración Nacional, (MORENA) una regla que no es visible, una regla no escrita3 esta regla era y es, la atribución de decidir políticas de su propio partido e imponía estatutos, programas, dirigentes, presidentes de partido y candidatos a la presidencia del próximo sexenio.

¿A qué llamamos democracia?, ¿Por qué en los años 80´s se habla de la corriente democrática del PRI? Son cuestiones pertinentes preguntarse, la voluntad del pueblo, no estuvo presente ni lo está, porque la palabra en sí, no tiene un significado, pero resulta conveniente para los estados democráticos, escuchar la demanda del pueblo, y mantener concentrado al mismo, con los aparatos del propio Estado4.

El debacle del Partido Revolucionario Institucional, es ser considerado a sí mismo como un régimen autoritario, (hasta internamente) sin ningún “proceso democrático”. En otras palabras, carecía de vida de partido y se formó como grupo oligárquico, que hasta el año 2000, no continuaría más en la presidencia de la república y no solo porque ganaría más tarde el Partido de Acción Nacional (PAN)5 sino porque en realidad su derrota no fue más que «la nueva oligarquía entrante» (entendida a partir de los proceso complejos suscitados en los 80´s como el paso de partidos a grupos políticos con la finalidad de quitar el poder. Más tarde la historia de México nos demostrará la alianza del PRI-PAN ante una tercera amenaza: la “renovada” izquierda política.   

En 1987, el PRI, aun con todo lo mencionado, mantenía su estructura histórica, desde lo corporativo, hasta lo territorial, pero no había instancias democráticas, Los dirigentes del PRI habían descuidado, por lo tanto, el cumplir con el principio de la afiliación individual, que era obligatorio estatutariamente desde 1974, con lo que la mayor parte de los miembros eran afiliados colectivamente6.

El conflicto interno del PRI, del que se ha mencionado, derivo en una marcha que se nombró: “Marcha de las 100 horas por la Democracia” (17-21 de septiembre de 1987)7 constituyó la mayor corriente por la democracia, Los manifestantes exigían un cambio de régimen interno que buscaron el apoyo popular. Esta marcha no había sido autorizada por las autoridades en donde exigían al gobierno de De la Madrid, un cambio interno que conllevara a una verdadera consolidación política.

Dicha concentración tuvo una dimensión política en México muy importante que ayudó, en su tiempo, a fortalecer los discernimientos políticos dentro de una institución partidista. Por vez primera, priistas inconformes por las decisiones tomadas del Presidente de la República en el año de 1987.

Curiosamente, Cuauhtémoc Cárdenas (como gobernador de Michoacán) fue uno de los políticos que defendió dicha marcha y que por diversos medios de comunicación la organización tomaría el nombre de “corriente democrática” Pero he allí donde a mi juicio se encuentra una ruptura política. Si del PRI, se desliga una ideología que formará otro partido político como el Partido de la Revolución Democrática, fomentado por diversos movimientos y organizaciones de izquierda, obreros, campesinos, etc. En realidad el PRD, nace a partir de un descontento en el PRI, la cópula del PRD, es la ex cópula del PRI, solo que tomaron distancia porque quería formar un grupo aparte dado que dentro del Partido Revolucionario Institucional fueron relegados y se sirvieron de los movimientos sociales, para fomentar, crear, y propagar el nacimiento del discurso anti–conservador que años después lo conoceremos amplia y demagógicamente por el ejercicio de la propaganda política de MORENA, como: neoliberal-conservador8.     

El Partido Revolucionario Institucional
como “la revolución institucionalizada”

En los años 80´s, aun con el movimiento social que encabezó la izquierda, el PRI, estaba por delante en las encuestas. Pues el Estado, destina una partida presupuestal para mantener el partido político donde el Presidente militó.

Aun así, la movilización de la “Corriente Democrática” (más corriente que democrática) llegó a preocupar al gobierno por su movilización populista.  

Esta preocupación partía del gobierno, ya que atraía no solamente a miembros individuales del PRI y a la ciudadanía, sino también a algunos sectores corporativos del Institucional que parecían empezar a solidarizarse con los disidentes, y la primera respuesta oficial no tardó en producirse:

[…]Humberto Lugo Gil (secretario general del PRI), en entrevista concedida a Aurora Berdejo de Excelsior ese mismo día, se refirió ampliamente al proceso interno del PRI y lo puntualizó ciñéndolo al escenario institucional e ignorando las pretensiones del movimiento. Luego Gil afirmó que ninguno de los seis aspirantes presidenciales estaba descartado para la decisión final, se esforzó en poner de relieve que los sectores no brindarían apoyo previo a nadie y, tras subrayar que había una completa tranquilidad, dijo que en acatamiento al artículo 168 de los estatutos los “seis distinguidos priistas” se abstendrían de hacer proselitismo, con lo que aludía de manera muy clara a los miembros de la Corriente.

(Woldenberg, 1995)

Continuando con la “Corriente Democrática” estaban dispuestos a desafiar a la institución partidista con sus movilizaciones sin importar que estas se entendieran como un desafío a las tradiciones del priismo, ya que fundaba su postura en los derechos reconocidos a los miembros del PRI por las reglas estatutarias. Las acciones continuaron en los siguientes días en dichas ciudades del país, y era claro que el movimiento estaba creciendo, plantándose en la propia Plaza de la Constitución, actos, mítines y marchas hacia el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) demandando expedir la convocatoria y ser escuchadas sus demandas.

A lo largo de la historia política, al menos en México, se ha hablado de democracia. Incluso las elecciones de 1994 se catalogaron como “las más limpias de la historia9” en primera instancia, por la independencia del antiguo Instituto Federal Electoral (IFE) y en segunda instancia, por la participación de observadores internacionales que dieron fe y legalidad a la legitimación de un gobierno. En realidad, como hemos observado, el PRI, el partido que tenía una hegemonía, era dominador de la contienda electoral. Foucault nos advierte que la formación discursiva, se da en un orden de construcción de un saber, que instaura una verdad, y a su vez la misma, legitima un proyecto de dominación10.

[…] El Partido Revolucionario Institucional más allá del priismo, tenía preocupación de que se le solicitara el registro de la precandidatura de Cárdenas para que esta pudiese ser discutida en la Convención Nacional.  La Corriente publicó un desplegado en la prensa un día después de iniciada la Marcha convocando a los priistas a respaldar sus acciones, a fin de obtener el registro de la candidatura del ex gobernador y alcanzar “una nación independiente”, justa, libre y productiva.

(Woldenberg, 1995)

La transición democrática del PRI

Ahora bien, esta transición democrática que vivió el PRI, podemos pensar en la siguiente pregunta: ¿Es una defensa a la democracia? Una transición-entendida como lo que está siendo, el proceso histórico de una generación ideológica a otra— va culminando cuando un gobierno asume un poder mediante elecciones democráticas, implicando un alto grado de continuidad en la cumbre del Estado. En vez de que el voto saque del poder a los antiguos gobernantes (en persona o como partido), estos ven realizado el viejo sueño de los autoritarios: recibir el apoyo popular en las urnas y ser libremente confirmados en sus puestos por los ciudadanos (el PRI es un ejemplo de ello) En consecuencia una transición supone un cambio de régimen o la legitimación y continuación de un partido político. En estos casos de continuidad; nos vemos obligados a repensar las transiciones democráticas de acuerdo con el destino electoral de los anteriores gobernantes autoritarios.

En el gobierno mexicano, el estado de derecho no es una meta que se logre en un plazo. Es más bien el imaginario colectivo del que padecen las formas de gobierno que aspiran a una abstracción como lo es el «bien común» El entramado político es complejo, supone desenmarañar por partes para entender un todo, en los escenarios políticos, muchas veces es entender cómo se configuran los gobiernos autoritarios en una región. Rousseau, en su discurso origen y fundamento de la desigualdad entre los hombres del año 1755, expresa la esencia de la política no solo del siglo XVIII, sino también la política europea contemporánea que se mueve de Rosseau a Kant, El autor analiza que la desigualdad tiene dos categorías importantes a saber:

1) La desigualdad natural es evidente que cada individuo es un cuerpo diferente frente a otros, en tamaños, medidas, color, volumen, apariencia, etc., y

2) La desigualdad ética y política derivada de las sociedades civiles. Una “trampa” perpetuada por los poderosos sobre los más débiles para que sigan preservando su riqueza, fundando uno de los mitos perpetuados en la política contemporánea: La desigualdad social es consecuencia de la desigualdad natural. Los más ricos son más poderosos porque son más trabajadores, inteligentes, etc. La explicación anterior será uno de los puntos que analizarían las izquierdas y el anarquismo posteriormente, hasta inicios de la primera internacional de 1864 en donde se establecía que no hay una relación causal entre la desigualdad natural y social.

En cambio, construir un Estado de derecho se refiere a otra categoría analítica distinta, es decir, al Estado. Quizá, como se ha observado en el análisis anterior, no deberíamos utilizar la misma palabra —transición— para procesos tan diferentes y niveles analíticos tan distintos que es una generalidad que no termina de ser. Una cuestión transitoria deja de serlo cuando conviene llegar a la meta establecida. La transición es cíclica, pero si se le pone un punto, se termina. 

“El mito de la razón” y el
Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA)

La herencia del PRI, ha posibilitado hacer política facciosa en México-es decir, de divisiones, en grupos de interés—. Se ha instaurado en los últimos 80 años una forma de crear política desde la oratoria, desde el discurso. Hay una separación, una brecha importante, entre el estado y la ciudadanía. La libertad que tienen los ciudadanos para elegir a sus representantes, conlleva a un poder colectivo, y este poder se contrapone con el poder de un gobierno. Estas exigencias del poder del pueblo, luchan por determinar el carácter y forma de ser de los ciudadanos en relación con sus demandas, por ejemplo, el Partido Revolucionario Institucional, que gobernó por más de 30 años, dejó la gubernatura porque se ajustó a la demanda de un poder colectivo.

Continuando con el análisis de la política moderna, un instrumento de dominación, es el discurso, ya los autores franceses del siglo XIX y XX, nos advirtieron de la peligrosidad, de la “formación discursiva” como la legitimación de un proyecto político de dominación, hoy en día escuchamos y leemos discursos de presidentes que están en contra del “neoliberalismo”, “mafias de poder”, etc., ¿Por qué? El discurso forma sus objetos de los cuales se hablan, y legitiman lo expresado a través de medios de comunicación. Es conveniente que el discurso se masifique, amplifique para legitimar lo que allí se expresa como verdadero y, solo una mirada única sobre la realidad, la realidad del discurso y también que sin el mismo, no habría política por ello lo mencioné como un instrumento. Pero cuando se mira una realidad diferente a la del discurso; posibilita un acto de justicia, que trata de impedir el fanatismo sin la renuncia a la realidad contra los discursos que forman una única verdad: la que se considere como tal.

Entendemos por mito no una fábula o explicación ficticia que no alcanza a comprender la naturaleza del mismo. La misión del mito no es de ninguna manera inventar historias, solo por el gusto de crear. Un mito solo es mito por cuanto logra dar significado a la vida humana, esto es, a la vida de la comunidad11.

¿Cómo el mito da vida a una comunidad?  La manifestación de un significado, un colectivo imaginario va generando una ideología a tal o cual concepto del que se habla.

Así, el poder (fuerza) sostiene un discurso que promueve un tipo de vida, si el poder es bien utilizado es justo. La política mexicana cae en un problema importante. El Presidente, cuando menciona un discurso, tiene la razón, no hay más que su razón, para creer en lo que expresa porque tiene la misma. Hay un endiosamiento de esta razón, y ello posibilita un imaginario colectivo que he llamado: “el mito de la razón12” como este mito colectivo que se funda en la razón de quien gobierna, y la misma razón se vuelve ideológica. Daré algunas características del mito en relación con  la razón (política) y que son solo nociones operatorias para su desarrollo en una futura investigación:

1) Estructura humana vital, imaginario, resguarda la vida: Están del lado de la ideología de la razón, resguarda la vida

2) Explica el porqué de la vida humana. En este caso: el porqué, de las “culpas” a los antiguos regímenes políticos.

3) Prejuicio y Fe, son verdaderos para mantener la vida. Aún mejor: mantener la ideología como fanatismo

Con ello, es claro que la razón fue el gran cause de las corrientes políticas del siglo VXII y XVIII, y ya en el siglo XX, la razón es el criterio que distingue la creencia de lo que se piensa con argumentos sólidos que apoyen un pensamiento, pero a la vez, quien la tiene (la razón) es el dominante, desde un político hasta en la vida diaria. Así, el Movimiento de Regeneración Nacional, cumple su acometido en la figura del Presidente: “Tener la razón de todo cuanto dice”.

Apuntes finales

Mantengo la tesis —que además es la idea principal del artículo— que la transición democrática, es una legitimación ya no de un partido político, no la derecha, ni la izquierda, no el populismo ni el autoritarismo, sino perpetuar un sistema político que se estableció con mayor claridad en los años 80´s y que se ha mantenido vigente. El PRI y MORENA, como los demás partidos políticos son ejemplos de este sistema que he mencionado. Un sistema que es auto-referencial, la peligrosidad de estos sistemas, como refiere Luhman, son las imposibilidades de vernos y reconocernos en los ojos funcionales del otro, la demagogia política es una enfermedad al menos en México de la cual no hay cura en tanto se asegure la riqueza de unos cuantos y el adoctrinamiento de la población. Además, quien elija utilizar el concepto de «transición» para describir los retos de la democracia mexicana, ha de tener en cuenta que probablemente represente una metáfora imprecisa para captar el prolongado proceso de establecer el imperio de la ley. Los gobiernos de antes eran dictaduras, hoy no hay dictaduras, ¿Cuáles son los criterios para distinguir qué es dictadura de lo que no lo es?, ¿Cuándo conviene hablar de dictadura?, “Quien no conoce la historia está condenado a repetirla” hasta ahora no se hace historia, sino historia de las ideas, por lo tanto, no conocemos la historia y no podemos repetir algo de lo cual no tenemos conocimiento y, si conocemos la historia, entonces no hemos aprendido de la misma, o bien la repetimos porque es la zona más confortable.

Notas

[1] José Woldenberg, Violencia y política,1995, 45. 

[2] Giovanni Sartori, Parties and Party Systems: a Framework for Analysis, 1976.

[3] Cf. José Woldenberg, Violencia y política, 73.   

[4] Robert Malthus, Primer ensayo sobre la población, 2000, 25

[5] Ricardo de la Madrid, Los fantasmas de la transición, 1998, 21

[6] Andreas Schedler, “What is Democratic Consolidation?” 1998, 125.

[7] “Marcha de las 100 horas por la Democracia. Por una Nación independiente, justa, libre y productiva. Asiste. Participa. Corriente Democrática”, Excelsior, 18 de septiembre de 1987

[8] El subrayado es una idea de mi autoría derivada de cómo se configura un discurso. Foucault nos advierte que el poder político es un campo del saber que hace aparecer su propio objeto de estudio, en este caso, la democracia.

[9] Sergio Quezada, “A Mexican Milestone”, 1995, 52.

[10] Michel Foucault, La arqueología del saber, 1969, 34

[11] Eliza de la Peña Ponce de León, Racionalización de la violencia en República y Leyes., Instituto de Investigaciones Filosóficas, Universidad La Salle, sf.

[12] Refiero a un concepto de mi autoría que apenas está en el nivel de las generalidades y enunciación que se tratará en futuras investigaciones. Sin embargo, la idea está expuesta en el texto para hacer visible a qué se refiere dicho concepto.

Bibliografía

Andreas S. (1998). “What is Democratic Consolidation?” Cambridge: Cambridge Univesrsity Press.

De la Madrid R. (1998).  Los fantasmas de la transición, México: Editorial FCE.

Foucault M. (1964). La arqueología del saber. México: Editorial Siglo XXI.

Malthus R. (2000). Primer ensayo sobre la población, México: Editorial De Bolsillo.

Ponce de León E. (2022).  Racionalización de la violencia en  República y Leyes, México: Editorial Cátedra.

Sartori G. (1976). Parties and Party Systems: a Framework for Analysis, Cambridge: Cambridge Univesrsity Press.

Woldenberg J. (1995). Violencia y política. México: Editorial Cal y Arena.   

Artículo de:

Eric Rodríguez Ochoa (autor invitado):
Docente, escritor e investigador de la Lic. en Psicología Crítica.

Imagen | Unsplash

CITA APA: Rodríguez Ochoa, E. (2022). De la “Marcha de las 100 horas por la Democracia" al mito de la razón del Movimiento Regeneración Nación. Revista Filosofía En La Red, (3), 18–25. Recuperado a partir de https://revista.filosofiaenlared.com/index.php/espanol/article/view/4
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