fbpx

Poco o nada es lo que se sabe a ciencia cierta sobre ella, hasta tal punto que no hay acuerdo entre los que han considerado desde antiguo que fuera una persona real, como el neoplatónico Proclo, o un personaje ficticio creado por Platón. Donde sí hay coincidencia es en reconocer que, auténtica o no, la enseñanza “en las cosas del amor” que este pone en boca de Diotima en El banquete es, sin lugar a dudas, platónica.

¿Qué se sabe de Diotima? Solo lo que Platón dice sobre ella en El banquete, pues es la primera y única fuente cercana en el tiempo que la menciona. Así pues, según Platón, fue una sacerdotisa, o quizá una adivina, de la ciudad arcadia de Mantinea, que instruyó a Sócrates sobre la verdadera naturaleza de Eros. Según Pausanias en aquella ciudad existió un templo doble dedicado a Asclepio, por un lado, y, a Leto, Apolo y Artemisa por otro. Platón afirma1 que fue Diotima la que “consiguió para los atenienses, por haber hecho un sacrificio antaño, antes de la peste, un aplazamiento de la enfermedad por diez años”, en referencia a la epidemia de peste que, según Tucídides2, asoló Atenas en el 430 a.C. Y eso es todo.

No deja de ser osado por parte de Platón, en una sociedad, la ateniense, en la que la mujer no tenía ningún derecho político ni jurídico, siendo siempre dependiente de su padre, su tutor o su esposo, que defendiera en La república la igual capacidad de las mujeres no solo para ser guardianas, igual que los hombres, sino también para gobernar. Igualmente, en El banquete, vemos un hecho singular, que ocurre después de que Pausanias afirme que la sublime Afrodita Urania, al contrario que la vulgar Afrodita Pandemo, de donde procede el amor de hombre y mujer, hace que los inspirados por su elevado amor “se vuelvan hacia lo masculino, ya que sienten predilección por lo que es más fuerte por naturaleza y tiene más entendimiento”. Lo habitual en los diálogos platónicos es que Sócrates, afirmando que no sabe nada sobre aquello por lo que le interrogan, ejerza su oficio de “partera de almas” haciendo que sean sus interlocutores los que avancen “solos” hacia la luz, guiados por las certeras preguntas del filósofo. En El banquete, Sócrates deja a un lado su ironía acostumbrada y no solo confiesa, una vez más, que no sabe nada del amor, sino que además presenta ante todos a una mujer extranjera. Humildemente, es él quien, ahora, se deja “alumbrar” por ella. ¿Está señalado que fue Diotima su maestra en el arte de la mayéutica acaso?

En este singular parto hacia el conocimiento del amor, Diotima muestra a Sócrates cómo Eros no es ni bello ni feo, ni divino ni humano, ni eterno ni mortal. Eros, por su naturaleza, es la poderosa fuerza que nos incita a buscar lo que no tenemos, y que nos conduce de la temporalidad del amor sensual, a la inmortal conquista del amor celeste. Eros es un medio, no un fin. El fin es la contemplación de los divinos arquetipos, la conquista duradera del conocimiento de las cosas verdaderas, bellas, justas y buenas. Eros es al mismo tiempo el camino del alma, el camino del héroe y el camino del filósofo, pues todos ellos están a medio camino entre lo que tienen y lo que les falta.

Diotima dice3: “Estas son, pues, las cuestiones relativas al amor, en cuyos misterios, Sócrates, también tú podrías iniciarte. Pero en los ritos de iniciación perfecta y en las supremas revelaciones, que constituyen la finalidad de aquellos se se procede correctamente, no sé si serías capaz de iniciarte”, y acto seguido asume ella el papel de guía, y muestra al filósofo cómo es el proceso de ascenso a través de los distintos escalones que conducen desde el amor a la belleza de las formas, hasta el inagotable amor a sabiduría y, de ahí, a la ciencia única que le permitirá “vuelto hacia el extenso mar de la belleza y contemplándolo, procree muchos, bellos y magníficos discursos y pensamientos”.

Real o no, Diotima se ha convertido, como Eros, en el medio que conduce a las almas hacia el fin supremo de la contemplación de la belleza. Que haya tenido una fecha y un lugar de nacimiento en nuestro espacio y tiempo carece de importancia. No es en su existencia en la que necesitamos buscar la verdad, sino en sus palabras que han trascendido por encima de todo tiempo, ¿o acaso no es cierto que “el amor consiste en el deseo de poseer el bien para siempre”?

Notas

[1] Obras completas de Platón, por Patricio de Azcárate, tomo quinto, Madrid 1871, páginas 297-366.

[2] Universidad de La Sabana. (2021, 23 de marzo). La peste de Atenas: lecciones de Tucídides en tiempos del COVID-19. Portal de Noticias. Recuperado de https://www.unisabana.edu.co/portaldenoticias/al-dia/la-peste-de-atenas-lecciones-de-tucidides-en-tiempos-del-covid-19

[3] Obras completas de Platón, por Patricio de Azcárate, tomo quinto, Madrid 1871, páginas 297-366.

Imagen | EcuRed

Artículo de:

Fátima Gordillo (Cord. Revista Esfinge):
Periodista, consultora y profesora de oratoria y teatro. Ha trabajado como redactora en el diario Granada Digital y en las revistas Computer Hoy y Tek’n’Life, entre otras. Actualmente, coordina el magazine digital Revista Esfinge.

Cita este artículo (APA): Gordillo, F. (2023, 08 de marzo). ¿Quién fue Diotima de Mantinea? https://filosofiaenlared.com/2023/03/diotima-de-mantinea
#8m, #8m2023, #amor, #día de la mujer, #Diotima, #filósofas, #mujeres, #platón, #sacerdotisa

por Revista Esfinge

La Revista Esfinge promueve el conocimiento, la reflexión y el diálogo, como medios que proporcionen, en estos tiempos convulsos, herramientas válidas para el respeto y la convivencia de los seres humanos entre sí y con su entorno, porque lo que nos une es mucho más poderoso e importante que lo que aparentemente nos separa.

error: Content is protected !!