El Cantar de los Cantares ha sido considerado como un libro muy peculiar de la Biblia, debido a que es el único que trata el tema del deseo carnal entre un hombre y una mujer de manera explícita. Este Cantar trata sobre el amor entre una esposa y su esposo, en el que se puede observar el gran deseo que tiene la esposa de estar con su querido constantemente. En la historia se da una serie de acercamientos y alejamientos entre los dos protagonistas, siendo el esposo el que instruye a la esposa para que esta pueda estar con él. El amor que se describe en esta obra es muy pasional, a tal punto que la esposa sufre de una gran tristeza cuando no puede estar con su esposo.

Debido a ello, algunos pensadores de la Edad Media han comentado detalladamente este poema, sobre todo los místicos, ya que es un texto en el que se trata el amor pasional, e incluso el deseo carnal de manera evidente.

Uno de los filósofos más destacados de la patrística griega que se interesó por El Cantar de los Cantares fue Orígenes. Este autor nació en el año 185 o 186 y murió en el año 254 o 255. Perteneció a la Escuela de Alejandría, pero tuvo que abandonarla debido a un proceso sinodal. Más tarde fundaría la Escuela de Cesarea de Palestina. Era un gran conocedor de los filósofos griegos, a tal punto que intentó adaptar la filosofía de Platón al cristianismo. Gracias a su comentario sobre en Cantar de los Cantares, el exegeta crea un punto de inicio para la mística cristiana, que va a tener mucha influencia en otros pensadores.

Uno de los pensadores influenciados por Orígenes sería San Bernardo de Claraval, un monje cisterciense titular de la abadía de Claraval. Este gran teólogo nació en el año 1090 y falleció en 1153, y sus escritos más conocidos fueron los sermones, que era un estilo de literatura muy usado en los monasterios de la Edad Media para instruir a los monjes. En su obra, Sermones sobre el Cantar de los Cantares, analiza el libro de la Biblia y le otorga un gran significado para la formación de los monjes, tanto en el aspecto religioso como en el intelectual (o incluso filosófico).

En estos sermones se puede observar claramente la gran influencia que tuvo Orígenes en Claraval, puesto que coinciden en una gran cantidad de aspectos. Ambos autores eran grandes místicos, si Orígenes es tratado como un punto de partida para la mística, Claraval será uno de los primeros pensadores que formularon los principios básicos de la mística, configurándola como cuerpo espiritual de la Iglesia Católica.

¿Qué es el
Cantar de los cantares?

El Cantar de los Cantares es un libro perteneciente al Antiguo Testamento de La Biblia cristiana católica, que se encuentra entre Eclesiastés y Sabiduría (aunque también pertenece a La Biblia protestante y hebrea, pero en una colocación diferente). En la introducción del libro se indica a Salomón como su autor, aunque existen ciertas dudas sobre ello debido al estilo de hebreo usado y al tema tratado. Se dice de Salomón que tuvo 700 esposas, pero el Cantar de los Cantares es un poema de amor romántico entre una única mujer y un único hombre, por lo que no sería muy coherente que Salomón escribiera el poema.

Algunas interpretaciones apuntan a que la indicación de Salomón como el autor de la obra se debe a que, dentro de la tradición religiosa, Salomón es concebido como uno de los personajes más sabios, ya que en La Biblia se señala que recibió su sabiduría directamente de Dios.

Y dio Dios a Salomón prudencia y sabiduría muy grandes y una anchura de corazón como la arena que está en la orilla del mar. Y la sabiduría se multiplicó en él muy por encima de todos los sabios de Egipto.

1R 4, 29-30

Incluso, según Orígenes, Salomón pretendía exponer en sus tres libros de La Biblia (Proverbios, Eclesiastés y El Cantar de los Cantares) las tres ciencias generales con el fin de enseñar su gran sabiduría. Los Proverbios instruirían sobre la moral, el Eclesiastés la ciencia natural y El Cantar de los Cantares la cuestión contemplativa.

El mismo título de “Cantar de los Cantares” nos muestra la relevancia de este poema, ya que esta es una expresión hebrea que significa “lo mejor de lo mejor”, como se usa también para referirse al “Rey de los Reyes”, por lo que nos encontramos ante el mejor de los Cantares o poemas de La Biblia. San Bernardo de Claraval le da mucha importancia a este hecho, indicando que:

Por último, el titulo no dice solamente «Cantar», sino Cantar de los cantares. No lo tomes como una nimiedad. Porque yo he encontrado muchos cantares en la Escritura y no recuerdo a ninguno de ellos que se denomine así. Cantaron los israelitas un cantar al Señor por su liberación de la espada y del yugo del Faraón cuando por el doble prodigio del mar los rescató y los vengó portentosamente. Pero si no recuerdo mal, su canto no es designado como Cantar de los cantares.

San Bernardo de Claraval, Sermones sobre el Cantar de los Cantares. (Pág. 18).

San Bernardo de Claraval defiende la misma opinión que Orígenes en este aspecto, enfatizando de igual manera en la “edad” del sujeto, entendiéndola como la madurez del alma, no como el transcurso de los años.

Finalmente, es incapaz de cantarlo o escucharlo un alma inmadura y aun neófita, recién convertida del mundo; es para un espíritu avanzado ya en su formación que, con la ayuda de Dios ha crecido en sus progresos hasta llegar a la edad perfecta, y por así decirlo, para poder desposarse.

San Bernardo de Claraval, Sermones sobre el Cantar de los Cantares. (Pág. 19).

Es importante remarcar la ayuda de Dios a la que se refiere Claraval para poder avanzar espiritualmente, ya que tanto Orígenes como Claraval en sus comentarios al Cantar de los Cantares de vez en cuando aluden a la ayuda de Dios para poder interpretar espiritualmente las Sagradas Escrituras. Aunque más adelante se va a tratar con mayor profundidad el proceso de conocimiento, me parece valioso tener en cuenta el hecho de que ambos autores, que conocen muchos aspectos de la filosofía y que son expertos en teología cristiana, ruegan a Dios para poder entender bien el contenido oculto de las Sagradas Escrituras.

La súplica del beso

Empecemos, pues, tal y como hacen los dos autores, a tratar el primer verso del Cantar de los Cantares, primero de manera literal, para poder interpretarlo espiritualmente más adelante. El verso dice así:

¡Que me bese con los besos de su boca!

(Ct, 1,2)

Esta expresión es dicha por la esposa, que desea que su esposo pueda volver a estar con ella, puesto que llevan mucho tiempo estando separados. La esposa, al no poder comunicarse con su querido, le ruega directamente a Dios lo indicado en el primer verso.

Orígenes nos muestra dos interpretaciones espirituales de este verso. La primera de ellas se refiere a la esposa como la Iglesia (entendida como el conjunto de los creyentes), que suplica a Dios la vuelta de su esposo, que sería Cristo. Pero, para que la Iglesia pueda suplicar a Dios la venida de Cristo, es preciso que conozca su ser, o al menos una aproximación. Para ello, Orígenes indica que la Iglesia ha ido conociendo poco a poco el ser de Cristo mediante los ángeles (que preparaban espiritualmente a la Iglesia mediante la ley), y los profetas (que gracias al Espíritu Santo pudieron describir a Cristo y anunciar su llegada).

Al conocer tantos aspectos sobre Cristo, y haberse preparado la Iglesia para su recibimiento, le suplica a Dios su llegada al mundo, diciendo:

Lanzo mi oración a ti, Padre de mi esposo, y te conjuro a que tengas compasión de mi amor y al fin me lo envíes, para que no me hable ya más por medio de sus servidores, los ángeles y los profetas, sino que él mismo venga en persona y me bese con los besos de su boca.

Orígenes (2015), Comentario al cantar de los cantares. Ed. Ciudad Nueva. (Pág. 75).

Los besos son interpretados como la palabra de Cristo, capaz de expresar la verdad sobre Dios y el mundo en primera persona, es por ello que la esposa insiste en que le bese con “besos de su boca”, en vez de indicar directamente que lo bese sin más.

Esta interpretación del Cantar de los Cantares, en la que se relaciona la Iglesia con la esposa y a Cristo con el esposo va a ser usada por Orígenes durante toda su obra, además de la siguiente interpretación.

En ella, la esposa sería el alma que desea el verdadero conocimiento, y el esposo el Verbo de Dios. Según el autor, el alma después de instruirse en la ley natural y en diversas doctrinas anunciadas por los maestros, desea el verdadero conocimiento dado directamente del Verbo de Dios, no de ningún otro maestro. Este beso se daría cuando un sujeto es capaz de contemplar una nueva verdad sin la intermediación de ningún maestro u otra ayuda, solamente la del Verbo de Dios.

Otro aspecto que destacar en la teoría de conocimiento de Orígenes es que, para él, el alma ruega los besos del verbo de manera plural porque cada vez que un sujeto conoce algo nuevo se daría ese beso. Es decir, cada vez que el alma es capaz de desvelar un misterio con la única ayuda del Verbo de Dios, se estaría dando un beso entre el Verbo y el alma.

Por lo tanto, cada vez que en nuestro corazón hallemos sin ayuda de mentores algo que andamos buscando acerca de las doctrinas y pensamientos divinos, creamos que otras tantas veces nos ha besado el esposo, el Verbo de Dios.

Orígenes (2015), Comentario al cantar de los cantares. Ed. Ciudad Nueva. (Pág. 77).

Al igual que Orígenes, San Bernardo de Claraval va a introducir la figura de Cristo para interpretar espiritualmente este verso, pero con la diferencia de que el beso no se da entre Cristo y La Iglesia, sino entre el Verbo y la carne humana. Este beso tendría como resultado a un hombre que contiene el Verbo de Dios en su interior constantemente, que sería Cristo. Quien suplicaría por este beso sería la Iglesia, que espera deseosa el milagro de la encarnación del Verbo. Al igual que Orígenes, Claraval le da importancia al hecho de que los besos suplicados sean plurales, ya que para él esto se debe a la exclusividad que tiene Cristo al contener en su interior el Verbo de Dios constantemente. El resto de los seres humanos solo podrían disfrutar de “besos de su boca” de manera puntual. 

Por esta razón ningún santo se atrevió a decir jamás «que me bese con su boca», sino únicamente con los besos de su boca. Reconocían esa prerrogativa como algo exclusivo de aquel a quien el Verbo besó apretadamente con un beso nunca interrumpido, al estrecharse corporalmente toda la plenitud de la divinidad.

San Bernardo de Claraval, Sermones sobre el Cantar de los Cantares. (Pág. 20).

Así pues, podemos observar que todos los componentes que había usado Orígenes para explicar este verso también forman parte de la explicación de San Bernardo de Claraval. Al fin y al cabo, los dos autores en sus interpretaciones ponen en común el deseo de la llegada de un verdadero conocimiento sobre algo, ya sea de Dios mismo, las cosas creadas o los misterios. Ambas interpretaciones son compatibles entre sí, ya que podríamos entender la encarnación de Cristo como el beso eterno entre el Verbo y el alma de un sujeto, y los besos de Cristo como el conocimiento totalmente verdadero que nos ofrece él al anunciar la palabra de Dios gracias a la posesión que tiene del Verbo.

De igual manera, el verbo puede besar el alma de los sujetos sin la intermediación de Cristo,  de manera inmaterial, haciendo que podamos conocer directamente las verdades sobre el mundo creado. Este beso, sería temporal (puesto que si fuera ininterrumpido el sujeto sería capaz de conocer todas las verdades en su máxima exactitud, al igual que Cristo).

Estas interpretaciones, aunque puedan parecer estrictamente teológicas, realmente nos están ofreciendo una teoría de conocimiento y la explicación de una posibilidad de conocimiento a través de un solo verso del Cantar de los Cantares. Tanto en el comentario de Orígenes como en los sermones de San Bernardo de Claraval, se van a discutir mucho estas cuestiones, apoyadas siempre en el Cantar de los Cantares. A continuación, voy a resaltar los aspectos que me han parecido más importantes filosóficamente, en vez de ir comentando uno a uno los versos de este libro tan particular de La Biblia.

La primacía del conocimiento espiritual
sobre la sabiduría de los filósofos

Ambos pensadores, al interpretar el Cantar de los Cantares como un proceso hacia el conocimiento, van a debatir sobre el papel de la filosofía dentro de la actividad del conocer. Para entender el porqué van a posicionar el conocimiento de lo divino por encima de la filosofía debemos de tener en cuenta la interpretación de la esposa como el alma, que tiene como fin último la unión con el Verbo de Dios, que nos ofrece un conocimiento espiritual más que filosófico para los dos autores. A continuación, se va a detallar la opinión de Orígenes y Claraval en este aspecto. Orígenes, perteneciente a la patrística griega, no se posiciona de una manera radical en contra de la filosofía, ya que la entiende como útil en tanto que instrucción para entender las Sagradas Escrituras de manera sistemática. Sin embargo, apoyándose en el verso del Cantar de los Cantares:

El olor de tus perfumes, superior a todos los aromas.

(Ct,1, 3)

Defiende que el saber de lo divino es mucho más fructífero que la filosofía (entendida para el autor como el saber de este mundo.

Dentro de la interpretación literal de este verso, se puede entender cómo un alago que le hace la esposa al esposo, indicando que posee el mejor perfume de entre todos los que existen. Según la interpretación alegórica que realiza Orígenes, en la que el alma individual es la esposa, y el esposo el Verbo de Dios, se entendería como el reconocimiento del alma de que el saber que desprende el Verbo de Dios es superior a todos los saberes que existen o que ha conocido. Todos esos saberes estarían representados en el verso como los perfumes, siendo el que desprende el Verbo superior al resto.

La razón es que Orígenes, no niega que la sabiduría que desprende la filosofía no sea un conocimiento cierto, pero le resta valor porque, para él, la filosofía solamente nos ofrece conocimientos acerca de los objetos del mundo mutable, por lo que son conocimientos caducos. Sin embargo, los conocimientos que obtenemos gracias al estudio de lo divino son eternos, debido al carácter eterno que tiene Dios. Así pues, el verdadero conocimiento, el mejor de los perfumes, sería la teología, mientras que el resto de las doctrinas (en las que se incluye la filosofía), serían simples aromas que pueden aproximarse, como mucho, a la verdadera sabiduría, la de Dios.

El conocimiento espiritual y místico —es superior a todos los aromas, es decir—, a la filosofía moral y a la de la naturaleza.

Orígenes (2015), Comentario al cantar de los cantares. Ed. Ciudad Nueva. (Pág. 90).

Incluso, Orígenes distingue el conocimiento del mundo de la sabiduría, indicando que todo conocimiento del mundo se corresponde con “la prudencia”. Haciendo esta distinción explica el porqué en un pasaje de La Biblia, una reina admiró la prudencia de Salomón y no su sabiduría, ya que se dice de Salomón que conoce todos los saberes del mundo sensible, pero no del divino (puesto que si los conociera tendría el mismo conocimiento que Dios). Así pues, para Orígenes, la sabiduría es el conocimiento de lo divino, mientras que la prudencia sería el tipo de conocimiento que estudian los filósofos, el del mundo sensible.

Por eso quizá también la Iglesia admira la prudencia de Cristo ahora, en este intermedio, mientras está en la tierra y convive entre los hombres; pero, cuando llegue lo perfecto y sea trasladada de la tierra al cielo, entonces verá toda su sabiduría, cuando contemple cada cosa, no ya en imagen o por enigma, sino cara a cara.

Orígenes (2015), Comentario al cantar de los cantares. Ed. Ciudad Nueva. (Pág. 118).

En este texto podemos observar la gran influencia que tiene Platón sobre Orígenes. Para él, la sabiduría se refiere al conocimiento de los objetos que se encuentran en el mundo inteligible (en el cielo), mientras que el conocimiento que obtenemos dentro del mundo sensible se corresponde con imágenes de lo verdadero, por lo que no es verdadera sabiduría, sino solamente prudencia.

San Bernardo de Claraval también va a defender que el conocimiento que obtienen los filósofos no es verdadero conocimiento, e incluye la necesidad de amar lo que se conoce para poder entenderlo realmente.

Así pues, comentando el verso del Cantar de los Cantares en el que la esposa le pide un beso a su esposo (que ya se ha explicado detalladamente), Claraval indica que ese beso también se puede interpretar como el deseo de la llegada del Espíritu Santo, que inflama el alma de amor, no de curiosidad. El autor afirma que los filósofos no han sido agraciados por el Espíritu Santo, y que por ello conocen las cosas, pero realmente no las entienden del todo, ya que les falta el amor por estas.

Solo se nos dice que descubrieron a Dios, más no se añade: «por el Espíritu Santo», para que esos impíos no usurpen el beso de la esposa. Satisfechos con el saber que engríe, ignoraron que lo constructivo es el amor.

San Bernardo de Claraval, Sermones sobre el Cantar de los Cantares. (Pág. 37).

Es por ello por lo que según Claraval, los filósofos han podido conocer la existencia de Dios a partir del estudio de lo creado; sin embargo, solo han llegado a intuir el gran poder de Dios, no su humildad ni misericordia, ya que su proceso de conocimiento ha partido siempre desde la curiosidad, no desde el amor. Incluso, llega a indicar que los filósofos no han llegado al conocimiento de la humildad de Dios porque ellos mismos no son humildes, sino que siempre intentan conocer por encima de sus posibilidades.

Este componente del amor, muy presente en la mística, tiene una gran presencia a lo largo del Cantar de los Cantares, siendo el tema principal de este poema el amor entre un esposo y su esposa.

Además, Claraval critica profundamente a los filósofos porque dice de ellos que necesitan formulaciones de sus teorías muy enrevesadas a través de la silogística para que no se detecte que realmente no conocen nada. Al contrario, el conocimiento de Dios sería simple, sin la necesidad de incluir adornos para poder defenderlo o explicarlo a otros individuos.

El entendimiento de los filósofos o herejes no tiene esa belleza propia de la pureza y de la verdad. Por eso se preocupan tanto de coloreado y teñirlo con los collares de la elocuencia y los silogismos sutiles; si lo presentan al natural, aparecería la deformidad de su falsedad

San Bernardo de Claraval, Sermones sobre el Cantar de los Cantares. (Pág. 119).

Conocerse a uno mismo

La importancia que concede Orígenes al conocimiento de uno mismo (o más bien de su propia alma) me ha parecido muy interesante, ya que se suele asociar a San Agustín con su teoría de la introspección con este conocimiento de uno mismo, pero ya Orígenes en la patrística griega estaba indagando sobre este aspecto. Más adelante, en el siglo XII, Claraval también tratará este tema, pero desde un punto de vista diferente, aunque llega a algunas conclusiones parecidas a las de Orígenes.

El verso del Cantar de los Cantares en el que se apoyan ambos autores dice así:

Si no te conoces, tú, buena (o bella) entre las mujeres, sigue las huellas de los rebaños, y apacienta tus cabritos entre las tiendas de los pastores.

Schokel, L. A. (2022). La biblia de nuestro pueblo. Estuche de piel azul con cierre. Ediciones Mensajero. (Ct 1, 8)

Estas palabras se las estaría diciendo el esposo a la esposa (quien ya ha podido disfrutar de sus besos, que en la interpretación espiritual serían del Verbo de Dios).

Orígenes entiende el consejo del esposo como algo que deberían de hacer todas las personas, sobre todo las que han obtenido de Dios el don de la sabiduría. Toda alma ha de conocerse a sí misma para poder captar en su propia belleza el hecho de que ha sido creada por Dios, así pues, nuestro autoconocimiento, según el autor, sería esencial para conocer nuestro origen divino.

Si no reconoces que las causas de tu belleza están en el hecho de haber sido creada a imagen de Dios […]

Orígenes (2015), Comentario al cantar de los cantares. Ed. Ciudad Nueva. (Pág. 149).

Para que el alma pueda realizar tan difícil actividad, Orígenes propone una serie de ejercicios de introspección para que el alma pueda conocerse. Estos ejercicios se pueden llevar a cabo por dos vías diferentes, el conocimiento de los sentimientos que tiene el alma y la sustancialidad del alma (qué es el alma en sí). Para poder conocer los sentimientos del alma, Orígenes propone que los sujetos se cuestionen la bondad de sus acciones y los sentimientos que tienen al realizarlas, ya que distingue la bondad de una acción de la finalidad con la que esta se realiza. Por ejemplo, si una persona comparte un bien, saber diferenciar si lo está haciendo con agrado o por obligación y tristeza. Realizando estos ejercicios en la vida cotidiana, el autor opina que uno mismo podrá conocer los sentimientos de su alma, y lo que sería más importante, a cuánta distancia se encuentra con respecto a su perfección.

Y también si está en situación de progresar de modo que vaya creciendo por la comprensión de las cosas y por el aumento de las virtudes, o bien se ha parado y asentado en el punto al que pueda llegar.

Orígenes (2015), Comentario al cantar de los cantares. Ed. Ciudad Nueva. (Pág. 150).

Como podemos observar, Orígenes indica que el alma tiene un punto a partir del cual no puede progresar, ese punto no se correspondería con la perfección del alma (que sería alma capaz de conocer totalmente su sustancia y ser perfecta en sus virtudes), sino que, para el autor, cada sujeto puede llegar a un grado distinto de perfección, que es concedido por Dios.

Con respecto al conocimiento de la sustancialidad del alma, las cuestiones que va a proponer Orígenes para que se plantee cada sujeto van a ser de índole filosófica, aunque en su Comentario al Cantar de los Cantares no va a dar respuesta a ninguna, ya que su propósito es que el lector pueda reflexionar acerca de ello. De entre ellas, podemos encontrarnos preguntas acerca de la corporeidad del alma, su simplicidad, su origen, la reencarnación del alma o más bien resurrección del cuerpo (si una vez que el alma deja el cuerpo, puede buscarlo y animarlo otra vez), si existe un orden para los espíritus, etcétera.

Todo este conocimiento que obtendría el sujeto, o en este caso la esposa, sería condición necesaria para que no se deje llevar por otras corrientes dirigidas no por el Espíritu Santo, sino por falsos maestros. A esto se refiere el verso del Cantar de los Cantares cuando indica indica “sigue las huellas de los rebaños, y apacienta tus cabritos entre las tiendas de los pastores”, ya que, en la simbología católica, los cabritos son animales mal vistos, porque son entendidos como los contrarios a las ovejas. Así pues, también podríamos indicar que el conocimiento del alma nos aleja de ir divagando entre varias doctrinas, sin poder afirmar ningún conocimiento realmente, es decir, es capaz de evitar que caigamos en el relativismo.

Efectivamente, si no te conoces a ti misma y vives ignorándote y sin aplicarte con ardor al conocimiento, es bien seguro que no tendrás tienda propia, sino que andarás merodeando por las tiendas de los pastores, y entonces, entre las tiendas de este o aquel pastor, apacentarás los cabritos, animal inquieto y errátil, carne de pecado.

Orígenes (2015), Comentario al cantar de los cantares. Ed. Ciudad Nueva. (Pág. 149).

Orígenes remarca su concepción negativa sobre la filosofía, que hemos comentado anteriormente, indicando que las tiendas de los pastores que enseñan conocimientos falsos se corresponden con las doctrinas filosóficas.

Quien sigue a estos, ciertamente parecerá que apacienta a los cabritos rondando alrededor de las tiendas de los pastores, es decir, de las diversas sectas de los filósofos.

Orígenes (2015), Comentario al cantar de los cantares. Ed. Ciudad Nueva. (Pág. 157).

Aunque Claraval entiende, al igual que Orígenes, que el conocimiento de uno mismo nos concede certeza sobre la verdad, y que a partir de este conocimiento podemos llegar a otros saberes, va a proponer una vía diferente para poder hacer este proceso de introspección, en el que el elemento principal es la humillación del alma.

Según San Bernardo de Claraval, los sujetos al conocerse a sí mismos correctamente (sin ocultarse ningún aspecto de la naturaleza de su alma), tienen que sentir una gran humillación por lo inferiores que son, debido a su naturaleza pecaminosa. Esta humillación, que es preferible que se de en exceso, librará a todo sujeto de la soberbia, por lo que es capaz de limitar la capacidad de conocimiento de los sujetos con respecto a otras ciencias.

La sensación de humildad derivará necesariamente en un temor hacia Dios, ya que los sujetos se sentirán muy inferiores con respecto a él, y más tarde, gracias al Espíritu Santo, los sujetos además de temer a Dios también le amarán. Este acto de amor hacia Dios hace posible que cualquier alma pueda conocer a Dios, ya que gracias al amor se puede conocer lo otro según la mística de Claraval. Por consiguiente, el conocimiento de uno mismo a través de la humillación sería el camino para poder conocer a Dios según este autor.

También, gracias al conocimiento de Dios y su temor, Claraval indica que los sujetos pueden obtener la salvación divina. En su teoría, las personas no están predestinadas a la salvación, sino que deben de hacer un ejercicio de introspección para que a través de la humillación puedan llegar a su propia salvación. Una vez que el sujeto ha llegado a estos saberes con los que obtiene la salvación de Dios, podrá aplicarse a otras ciencias, ya que tiene asegurado lo más importante para Claraval, la salvación divina.

 Con esta base me entregaré a la ciencia, si antes he asegurado mi vida por el don de la esperanza. Has sembrado para ti la justicia, si mediante el verdadero conocimiento de ti mismo cultivas el temor de Dios, te humillas a ti mismo, te deshaces en llanto, prodigas las limosnas, […]

San Bernardo de Claraval, Sermones sobre el Cantar de los Cantares. (Pág. 149).

Podemos observar que hay una gran diferencia de la concepción de los seres humanos entre San Bernardo de Claraval y Orígenes. Mientras que para Claraval, los sujetos se tienen que humillar al contemplar su alma, debido a su naturaleza pecaminosa e inferioridad con respecto a Dios, Orígenes indica que el conocimiento de nuestra propia alma produce en nosotros la captación de nuestra belleza, que compartimos con Dios y a través de la cual podemos conocerle.

Conclusión

Aunque en Cantar de los Cantares sigue siendo un gran enigma, incluso en datos tan esenciales como su autor, gracias a las interpretaciones realizadas por Orígenes y San Bernardo de Claraval podemos vislumbrar el gran significado que contiene este texto tan peculiar de la Biblia.

Pese a que los dos autores medievales comentan el texto desde dos concepciones de la realidad muy distintas (no debemos de olvidar que les separan más de seis siglos de diferencia), hemos podido observar que en muchos aspectos comparten conclusiones similares, aunque sus argumentos son diferentes en algunos aspectos.

Por ejemplo, ambos autores opinan que el saber de la filosofía es mucho menor que el que nos otorga la teología, pero se justifican de manera muy diferentes. Por un lado, podríamos decir que Orígenes se apoya en una concepción de la filosofía totalmente diferente, al indicar que es la ciencia que se ocupa del mundo terrenal, o por decirlo en términos platónicos, del mundo sensible. En este aspecto podemos comprobar que el autor separa de una manera radical la filosofía de la teología par realizar su crítica.

Por otro lado, Claraval indicaría que la inferioridad de la filosofía se debe a una falta del amor por el objeto que se conoce, porque la propia palabra filosofía significa “amor por la sabiduría”, es decir, amor por el mero hecho de conocer, no por lo que se está conociendo. Otro aspecto que me ha llamado mucho la atención sobre Claraval es su crítica hacia los textos filosóficos, que según él son muy enrevesados para ocultar que realmente los filósofos no conocen nada. Claraval indica que la teología es un conocimiento simple, pero a la par escribe unos sermones sobre un texto de La Biblia que duplican, como mínimo, la extensión del texto al que se refieren.

Pero esta extensión de los comentarios que han hecho ambos autores sobre el Cantar de los Cantares me parece admirable, ya que han podido extraer de cada verso, e incluso de cada palabra del poema, una o varias interpretaciones espirituales debidamente justificadas a través de otros textos de La Biblia. Su conocimiento sobre las Sagradas Escrituras debía de ser excelente para llevar a cabo esta gran labor.

En conclusión, me ha parecido muy interesante poder observar cómo se interpretaban las Sagradas Escrituras en la Edad Media, y aunque no tengo una posición clara dentro del debate sobre interpretar alegóricamente La Biblia o literalmente, he de reconocer que las interpretaciones que realizan ambos autores son muy ricas en su contenido, tanto teológico como filosófico.

Bibliografía

San Bernardo de Claraval, Sermones sobre el Cantar de los Cantares.

Orígenes (2015), Comentario al cantar de los cantares. Ed. Ciudad Nueva.

Schokel, L. A. (2022). La biblia de nuestro pueblo. Estuche de piel azul con cierre. Ediciones Mensajero.

Imagen | Wikipedia

Cita este artículo (APA): Fernández, R. (2023, 29 de marzo). El Cantar de los Cantares a través de San Bernardo de Claraval y Orígenes. https://filosofiaenlared.com/2023/03/el-cantar-de-los-cantares-a-traves-de-san-bernardo-de-claraval-y-origenes

Artículo de:

Raquel Fernández Romero (autora invitada):
Estudiante de un doble grado en Filosofía y Economía en la URJC de Fuenlabrada, en Madrid.

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por autores invitados

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