El presente artículo retoma algunos elementos del estudio crítico hecho por Julián Marías (1914- 2005) en 1971 titulado Al margen de «La casa encendida» en el que reflexiona sobre la obra La casa encendida (1949) de Luis Rosales (1910- 1992). El mencionado se utilizará como pretexto para responder a las preguntas ¿el camino recorrido por el ser culmina? y ¿qué conlleva ese recorrido? A su vez apoyándome en la obra Arte y Poesía (1958) de Martin Heidegger (1889- 1976) y del artículo El alma encendida de la memoria. Una lectura sobre La casa encendida de Luis Rosales de Clara María España.

La casa encendida es una obra que lejos de ser un cúmulo de poemas, se le considera más bien un poema unitario. El género literario del poema de Rosales dice Marías, se replantea en cada época según sus condiciones de posibilidad, de ahí que, pese a que Rosales escribiera La casa encendida en tan solo una semana, no obstante, lo fue reescribiendo en diversos momentos, “terminando” por reeditarlo en 1967 al añadir 200 versos nuevos y 150 modificaciones. Sin embargo, se cree que la siguió corrigiendo por toda su vida, cuestión por la que se entrecomilló la palabra de arriba.

De lo anterior se puede decir que en La casa encendida hay un problema de finalización, porque al contrario de ser una unidad cerrada, es más bien una constante compilación; un acontecer que no pasa, que se queda haciendo. Es importante señalar que Rosales es, ante todo, fiel a sí mismo, leal a su ideología de la constante transformación espiritual y personal a partir de las vivencias cotidianas que experimenta. Por lo que el autor tiene que echar mano de diversos recursos lingüísticos reiterativos para que sea posible ese quedarse haciendo, cuestiones que aquí no se precisarán, pero que denotan en el lenguaje poético que utiliza Rosales como espejo de su mundo interior en la obra.

La palabra es el alma de la memoria, esta es una sentencia sumamente conocida en el argot de Rosales y es también, una representación puntual de lo que él es en su idea del ser, quiero decir que, de acuerdo a lo defendido por Rosales los recuerdos configuran lo que el ser es. Y, aunque esta frase es normalmente situada en una base poética, yo considero que es, antes bien, una referencia a aquello que perdura en el tiempo al recordar al yo, como un tipo de sentido de extrañeza ante el pasado, pasado que se está haciendo momento a momento al palpar apenas un destello del presente mediante el cual Rosales y en general, el ser se transforma constantemente, en el que tú y yo nos estamos haciendo y estamos siendo.

Ahora bien, centrándonos en el tema de La casa encendida es, aparentemente, la casa y su culmen, que esté encendida, iluminada cual lugar familiar al que se puede llegar porque está habitada. En la obra se presentan cuatro casas, pero todas ellas son una sola donde se habita ¿cuándo? Pregunta Marías, por ahora siempre, responde Rosales. En los años 40’s Rosales vivía en la casa de su hermana en Madrid, luego se trasladó a la icónica Altamirano #34 porque su biblioteca necesitaba un mayor espacio. No obstante, vivía en ambas, además recordando la de Granada, en suma, considerando la de su familia, una vez estando casado y con hijos. De esto que literalmente haya habido cuatro casas, pero un Rosales, no obstante, con diversas etapas de su vida, en interminable cambio, en el eterno permanecer siendo, modificándose, aprendiendo y desaprendiendo ¿te suena? Sí, es el siendo del ser, lo que pasamos tú y yo. Siguiendo esta línea de pensamiento en el ser no habría un fue, sino un haber sido en pro del por ser haciéndose a cada segundo y en cada matiz de realidad narrada en primera persona.

Regresemos, en este momento, se puede conjeturar que la casa no es, propiamente, el tema central de La casa encendida, sino el tiempo del ser. Tiempo que transcurre, tiempo que ha de recorrer el ser humano para ser, tiempo en el que ya es. El tiempo no es lineal, sino un racimo de anticipaciones y retroviciones, dice Marías, yo le diría un sistema claroscuro que abre posibilidad a contrastes personales. La vida, pues se nos presenta como un estar siendo, un sentido constante de extrañeza al dejar de ser para convertirse en otro, pero permaneciendo en cada momento en sí mismos. Cuestión que Rosales refleja en los primeros versos de su obra:

Porque todo es igual y tú lo sabes,
has llegado a tu casa y has cerrado la puerta
con aquel mismo gesto con que se tira un día,
conque se quita la hoja atrasada al calendario
cuando todo es igual y tú lo sabes.

Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y encendiste la luz, para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas,
como estarán dentro de un año,
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
humanamente solo,
definitivamente, solo porque todo es igual y tú lo sabes.

Aquí nos encontramos con una senda de experimentación de la vida que atraviesa el ser humano desde lo superficial hacia su interior, mediante la vivencia con la oscuridad, la soledad, la melancolía, el dolor y la tristeza. En la primera parte, Rosales se cuestiona la nula mutabilidad del ser, con ello se abre la posibilidad de una grieta hacia la otredad, en la que se ha de dejar de ser para entrar en lo que será, pero recordemos siempre siendo. O bien como un sentido de pertenencia con la historia y vida siendo, que pasa ante los ojos y que se experimenta, pero también lo que permite la comprensión de uno mismo, para posteriormente, diría Rosales, cambiar; ser otro.

En este momento de la presentación permítaseme responder a las preguntas ¿el camino recorrido por el ser culmina? y ¿qué conlleva ese recorrido? a partir de la obra Arte y Poesía de Martin Heidegger en la que se pregunta sobre el origen de la obra de arte y su relación con el artista. Heidegger expresa que “El artista es el origen de la obra. La obra es el origen del artista. Ninguno es sin el otro.” (Heidegger, 1958, p, 17) Es decir, tanto el artista como la obra se hacen recíprocamente, pero son al mismo tiempo cada uno en sí; no hay uno sin el otro, son un continuo hacerse, por lo que no hay completud, sino que se están haciendo el uno con el otro. De la misma forma, el ser, el sujeto individual, tú y yo, el poeta para Rosales es esto mismo, un hacerse; el paso por las cuatro casas, pero siendo una, el yo; un recorrido experimental por un sinfín de etapas que viviremos a lo largo de nuestra vida. Entonces ¿el camino recorrido por el ser culmina? No. Y, ¿qué conlleva ese recorrido? La transformación continua del yo.

No olvidemos que tanto Rosales como Heidegger eran creyentes, hombres de fe. Esto se refleja en la metáfora que Rosales hace con la casa, casa que son cuatro, pero a la vez solo una. Y, pese a que haya una diversidad de estadios que transcurren a lo largo de las vivencias personales, Rosales dice que el hombre se pasa la vida buscándola, tratando de restablecerla y restaurarla. Lo anterior demuestra la capacidad que todos tenemos para buscarnos a sí mismos, de interiorizarnos, en suma, modificándonos, sumando y retrocediendo, lo cual lejos de ser una meta es una condición permanente. Rosales nos invita a no dejar nunca el ser, a no ver al ser como una cosa ya acabada, ya hecha, ya dada, sino que en el asombro y en las vicisitudes del día a día se siga haciendo el ser; se siga siendo

Clara María España en el artículo El alma encendida de la memoria. Una lectura sobre La casa encendida de Luis Rosales dice que “el poeta es un viajero que transita sus propias huellas en busca de su ser interior. Esta morada definitiva requiere un fragmentarse para reagruparse en torno a un nuevo centro: la memoria, la palabra del alma, la figura siempre persistente del calidoscopio.” (España, 2010) Palabras que precisan concretamente lo explicado en las preguntas centrales del proyecto haciendo uso del pensamiento de Heidegger, y aunque los horizontes de pensamiento son distintos entre sí (Rosales siendo poeta en medio de la guerra civil española y Heidegger siendo filósofo escribiendo de poesía en la Alemania nazi), no obstante, convergen y se vinculan en relación con el ser; habiendo, pues una fusión de horizontes hecho por el puente del poeta y el del filósofo.

Palabras finales

La casa encendida, obra cúspide de Luis Rosales es una de las mayores demostraciones poéticas del ser inacabado que jamás se concluye, que termina en puntos suspensivos porque no hay que perder el asombro a aprenderse de uno mismo y del mundo que nos rodea. El todo y las partes, que están en nuestra propia configuración de vida, un giro hermenéutico viviente en el ser. Hay que dejar que el ser sea, que sea uno y otro a la vez, que no se encapsule en las categorías, sino que, siguiendo el ejemplo de vida de Rosales, hay que ser aprendices del ser como él lo fue de la poesía.

La perplejidad, la ruptura con lo estipulado, los sentimientos, la fragmentación, la intempestividad, son substancias del ser que muta, que se hace haciéndose, que se aleja de sí y se acerca cada vez más a él. El camino por la senda del ser no culmina y conlleva la constante aventura y reflexión capaz de asombrarnos por lo más efímero del mundo exterior y de lo común del yo interior.

El ser es un concepto con una larga tradición filosófica, pero que, como Heidegger precisa, se ha tomado por superado, entonces habría que lanzarse a la añoranza del ser, a preguntarse de nuevo por lo que somos. Dime ¿qué eres? Un acercamiento a la respuesta lo tiene la obra realizada por Rosales; en la impronta por el cambio de perspectiva del ser. Y sinceramente eso me suena mi a un giro ontológico mismo en donde el ser surgiendo de la tradición reclama un retorno reflexivo a la esencia del yo.

Bibliografía

Marías, J. (1971). Al margen de «La casa encendida». Edición digital a partir de Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 257-258, pp.423-432.

Heidegger, M. (1958). Arte y Poesía. Fondo de Cultura Económica.

España, C. (2010). El alma encendida de la memoria. Una lectura sobre La casa encendida de Luis Rosales. Universidad Católica Argentina.

Imagen | Pixabay

Cite este artículo (APA): Gómez, C. (2023, 21 de marzo). ¿El recorrido por el ser culmina? Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/03/el-recorrido-por-el-ser-culmina
#Elser, #heidegger, #Ontología, #poesía, #reflexión

por Claudia Gómez

Estudiante de Filosofía en la Universidad de Guadalajara (México).

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