Conmemorar el Día Internacional de la Mujer homenajeando a una escritora que empleó un nombre masculino como pseudónimo puede resultar chocante solo si ignoramos que George Sand (Amantine Aurore Lucile Dupin de Dudevant) fue una incansable luchadora por los derechos de las mujeres a lo largo del siglo XIX. Se dedicó a la novela y también al periodismo, convirtiéndose en una de las escritoras más populares de la Europa de este periodo, como representante del Romanticismo francés y como icono de la rebelión frente a los cánones impuestos sobre las féminas de su época.

Amantine nació en París en 1804, hija de Sophie-Victorie Delaborde y del oficial Maurice Dupin, y murió en Nohant en 1876, a los 71 años, a causa de un cáncer de estómago. En Nohant vivió durante gran parte de su vida, en la finca de su abuela paterna, la aristócrata Marie-Aurore de Saxe, hasta heredarla —junto con el resto de la fortuna familiar— tras el fallecimiento de su padre y, posteriormente, de Marie-Aurore. Al año siguiente de este desafortunado suceso, Sand se casó con Casimir Dudevant, con quien tuvo dos hijos y un matrimonio nefasto.

El tiempo que estuvo con Dudevant, hasta que se separó de aquel, primero marchándose con sus hijos a París —donde se formó en el arte de la pintura y de la escritura— y luego divorciándose legalmente, inspiró algunos de los temas más recurrentes de su novela: la infelicidad matrimonial para las mujeres y la lucha contra el ideal del amor romántico al que frecuentemente se las sometía. Tras la ruptura oficial del casamiento, tuvo comienzo su prolija andanza como novelista.

En 1831 escribió, junto con el novelista Jules Sandeau —de quien tomó el pseudónimo de Sand—, su primera novela, Rosa y Blanca. Al año siguiente, publicó, ya bajo el nombre de George Sand, la novela en solitario con la que se haría realmente famosa, Indiana. A esta le sucedieron otras como Léila, El compañero de Francia, Consuelo, El molinero de Angibault, El pantano del diablo, François le Champi, La Petite Fadette o Los maestros soñadores, por mencionar algunas. Las que más éxito alcanzaron fueron las escritas en la década de los años treinta, siendo incluso compiladas algunas de ellas por la propia Sand en sus Obras completas.

Sand también escribió algunas obras de teatro, varios textos de crítica literaria y política —a lo largo de su vida, tomó partida en las luchas de la clase obrera, llegando a convertirse en una gran defensora republicana durante la Revolución de 1828, postulándose contraria a la violencia que se ejerció frente a los comuneros de París y negociando indultos para sus amigos durante el golpe de estado de Napoleón— y nos legó autobiográficos como Elle et Lui, Journal Intime o Historia de mi vida, además de su Correspondencia.

Entre sus amistades más cercanas —aquellas que ejercieron una mayor influencia sobre su novela— podían encontrarse nombres de reconocidos líderes políticos como Napoleón, compositores como Chopin —quien jugó un papel esencial en obras como Un invierno en Mallorca o Lucrezia Floriani— o Franz List, pintores como Delacroix o escritores de la talla de Heinrich Heine, Victor Hugo, Julio Verne, Balzac o Gustave Flaubert. También fue una figura destacable la del dramaturgo Alfred de Musset, autor del título Confesión de un hijo del siglo, con quien entabló una breve relación tras separarse de Dudevant. 

Amantine despertó siempre una gran polémica entre los altos círculos franceses desde los que se la consideraba una renegada de los códigos sociales. Durante toda su vida, vistió con ropa para hombres sin pedir permiso a las autoridades competentes, como había de hacerse entonces. De hecho, desde pequeña, Sand usaba vestimentas masculinas que su madre confeccionaba para ella por su perdurabilidad. Sin embargo, en la adultez lo hacía alegando razones económicas —a pesar de ostentar una posición privilegiada—, pero también como forma de protesta contra los estereotipos dominantes que sacudían a sus congéneres. Otras de las conductas por las cuales llamaba la atención —además del mencionado atuendo masculino— fueron el hábito de fumar en público, asociado a los hombres, o el frecuentar lugares reservados para estos.

Su comportamiento excéntrico, arraigado en los valores que su abuela le había inculcado durante su infancia —principalmente, la importancia de la libertad de pensamiento, pero también el amor por la cultura y por los libros—, junto con la repugnancia que le causaban las injusticias sociales y la opresión del sexo femenino, le costó la crítica de muchos políticos e intelectuales, llegando a perder parte de los privilegios logrados al convertirse en baronesa como resultado de su casorio con Dudevant. No obstante, su extravagancia jamás preocupó a quienes —como nosotros en el presente— admiraban su obra literaria y social.

Desde una perspectiva puramente personal, lo que me parece más fascinante de los textos de Sand son sus constantes referencias al ennui. La escritora padeció un aburrimiento insondable que achacaba, en su juventud, a su relación con Dudevant, un hombre que no la comprendía, que dormía mucho, que se pasaba el día cazando y que, además, bebía en demasía. Dudevant, por su parte, atribuía el aburrimiento de aquella a diversas causas de origen ajeno a su persona. Más adelante, la autora reconocería que su padecimiento estaba relacionado con una enfermedad orgánica.

El aburrimiento aparece en Rosa y Blanca (1843a) como causa de las insoportables fiebres de la primera. También está presente en Indiana, en la que la protagonista vive una vida de insoslayable aburrimiento por culpa de un matrimonio por conveniencia hasta que conoce a su amante, “un enfermo poseído del tedio” (1837, p. 177). En Lélia (1843b), el profond ennui entra en escena de la mano de Anunciada, un personaje que encarna a la propia Sand y al que el aburrimiento de haberlo experimentado todo está destruyendo en vida. El hastío femenino se recoge en La marquesa (2016), obra que trata sobre una mujer a la que solo le está permido acicalarse y mostrarse y que acaba escapando del tedio a través del adulterio—al igual que sucede con las mujeres de otras novelas como Jacobo (1838) o Pauline (2009).

A mi juicio, es en la autobiográfica Historia de mi vida (1995) —y en la Correspondencia con Gustave Flaubert (2010)— donde mejor se observa lo mucho que Sand sufrió por aburrimiento, un estado que le provocaba tristeza y dolor hasta el punto de haberse llegado a plantear el suicidio (Ros Velasco, 2022). Se autodiagnosticó como enferma del mal de los ingleses debido al mal funcionamiento del hígado:

Yo llevaba en mí el germen o la predisposición para esa enfermedad sin saberlo”, afirma, “mi madre murió a consecuencia de lo mismo, y yo seguramente moriré como ella.

(1995, pp. 405-406).

Si bien George Sand no llegó a morir de hastío, este le acompañó durante toda su vida adulta como consecuencia del paradigma de la sociedad enferma que le tocó vivir. Lejos de rendirse ante las absurdas convenciones que la condenaban a ser una más entre muchas, Amantine decidió usar la escritura para cortar las raíces más profundas del aburrimiento patriarcal. Su trabajo merece todo mi reconocimiento, especialmente en una fecha como la que nos ocupa celebrar.

Referencias

Ros, J. (2022). La enfermedad del aburrimiento. Alianza Editorial.

Sand, G. (1837). Indiana, vol. 2. Juan Francisco Piferrer.

Sand, G. (1838). Jacobo. Barcelona: Imprenta de Oliva.

Sand, G. (1843a). Rosa y Blanca. Moreti.

Sand, G. (1843b). Lélia, vol. 1. Imprenta de Juan Olivares.

Sand, G. (1995). Historia de mi vida. Porrúa.

Sand, G. (2016). La marquesa. CreateSpace Independent Publishing Platform.

Sand, G. (2009). Pauline. Erasmus.

Sand, G. y Flaubert, G. (2010). Correspondencia. Marbot.

Imagen | Wikipedia

Artículo de:

Josefa Ros Velasco (autora invitada):
Investigadora postdoctoral en la UCM.  Especialista en Estudios de Aburrimiento desde una perspectiva multidisciplinar. Fundadora y presidenta de la ISBS. Ganadora del Premio Nacional de Investigación para Jóvenes María Moliner, en el área de humanidades (2022).

Cita este artículo (APA): Ros, J. (2023, 08 de marzo). George Sand, contra el aburrimiento patriarcal. https://filosofiaenlared.com/2023/03/george-sand-contra-el-aburrimiento-patriarcal
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