La primavera que dejaste atrás, Alfonsina Storni

En tiempos de incertidumbre y rabia solo el arte puede salvarnos. O la naturaleza. O esa gente prodigiosa capaz de combinar ambas cosas a la vez. Los poetas, por ejemplo. Solo pueden salvarnos versos como los de aquella mujer llamada Alfonsina Storni, envuelta en el mito y también en las flores.

Dicen que su madre se enojaba cuando de niña escribía sobre la muerte, y que tenía serias dificultades para enseñar a la niña Alfonsina a decir la verdad. Claro, los poetas «mienten demasiado»1, que diría Nietzsche, aunque quizá sea únicamente en los versos donde no lo hagan. Alfonsina, a aquella madre abrumada por sus mentiras, le dedicó:

A veces en mi madre apuntaron antojos / De liberarse, pero se le subió a los ojos / Una honda amargura y en la sombra lloró. / Y todo esto que se hallaba en su alma encerrado, / Pienso que sin quererlo lo he libertado yo2.

Y de aquellas mentiras piadosas, estos mitos. La vida de Alfonsina está envuelta en el halo místico de las grandes leyendas. Por ello, uno espera enfrentarse al rugido de las olas cuando abre una antología con sus poemas, a la leyenda de su muerte convertida en agua y sal. Y esto ocurre, pero no tan rápido; puede que los poetas mientan, sí, pero no sin la serenidad propia de los espíritus sensibles.

La naturaleza como
fundamento de la rima

A partir de su regreso a Argentina desde Suiza, donde nació, y hasta la segunda década del siglo XX, Alfonsina recibe al visitante de sus poemas con un ramo de flores: rosas, lirios, amapolas, azucenas, jazmines, nomeolvides. La naturaleza fundamenta su rima, todo es al principio primavera: brillos, sol, mirtos, palomas, patios. Se podría decir que, en la primera etapa de su poesía, la estación de las flores habita en ese hueco de su alma que, después, en la etapa final, colmará por completo el mar. Es el hilo conductor del frenesí de sus manos creadoras:

Selvas / Tengo en el corazón; / Árboles gruesos / Prietos de ramas; / Brotes, retamas, / Flores de malvón, / Pájaros en las ramas, / Todo eso tengo en el corazón3.

Ahí está la primavera. Nos envuelve. Pero hay algo más, porque siempre lo hay. La métrica de sus versos se acorta con el paso del tiempo, las rosas dejan paso a los cipreses y a los pinos y, en ese salto al vacío que es ya de por sí un poema, se deja ver la búsqueda de lo absoluto. Parece que ella pudo sentir una ley, una que quería cumplir, pero que no es la que conocemos ni la que nos rige en este mundo que vemos, que tocamos. Es un estadio distinto el que ella persigue. Es al trascendente, al metafísico, al que va más allá de las mentes humanas, al que ella quiso rendir pleitesía:

Y dije al que pasaba, sin malicia, / Y quizá con fervor. / —Obedezco a la ley que nos gobierna: / He dado el corazón4.

Las tres Alfonsinas

Se nos funden en su obra dos plumas, dos Alfonsinas: una suave, como una rosa de once pétalos o un verso de once sílabas; otra honda, de calado profundo. Esa nos conduce sutilmente al último antisoneto, a ese Voy a dormir con el que cerró la puerta de su historia y abrió la ventana al mito. Pero, además de estas dos y a medio camino entre la una y la otra, aparece una tercera Alfonsina que las condensa a todas: la feminista. Del movimiento, de hecho, aprovechó hasta el color morado:

Decidme, amigos míos: ¿la gente qué diría / Si un día fortuito, por ultrafantasía, / Me tiñera el cabello de plateado y violeta? / (…) ¿Irían a mirarme cubriendo las aceras? / ¿Me quemarían como quemaron hechiceras? / ¿Campanas tocarían para llamar a misa?5

La lucha de Alfonsina Storni por la igualdad entre hombres y mujeres encontró plataforma en la prensa de la época, para la que escribió artículos y columnas, pero no se encubrió en su poesía. En ella también alcanzó plenitud:

Hombre pequeñito que jaula me das. / Digo pequeñito porque no me entiendes, / Ni me entenderás. / Tampoco te entiendo, pero mientras tanto / Ábreme la jaula que quiero escapar; / Hombre pequeñito, te amé un cuarto de ala; / No me pidas más6.

Habla del hombre con sutileza, con afecto casi siempre, porque el feminismo no va en contra de nadie, sino todo lo contrario. Habla del hombre así, pero se dirige a él con rotundidad:

Tú me quieres blanca, / Tú me quieres nívea, / Tú me quieres casta7.

Un rastro de mar en la orilla

Si hasta 1920 la poesía de Alfonsina se había lanzado en busca de lo absoluto revestida de flores, a partir de aquí la primavera cede al otoño («Está naciendo octubre / Con sus claras mañanas»8). Las olas del mar dejan ya su rastro en la orilla, un mar que es azul, pero también verde: «Mi cuerpo quería echar raíces, / raíces verdes en la carne del mar»9. A partir de estos años se asoman a sus versos otros colores, una tierra amarilla, Rubén Darío, las acacias, Lorca y hasta doña Inés, pero las olas braman de fondo, ensordecedoras, como un presagio de lo que vendrá. En 1934, un año antes de saber de la enfermedad que crecía en su cuerpo, el mar pareció teñírsele de verde por completo.

Es entonces cuando el agua comienza a acapararlo todo:

Perder la mirada, distraídamente, / Perderla y que nunca la vuelva a encontrar; / Y, figura erguida entre cielo y playa, / Sentirme el olvido perenne del mar10.

Hasta aquí habíamos asistido a un abanico de múltiples contrastes, pero, a partir de ahora, la marea sube y llega al cuello. Ni la deja ni nos deja respirar, lo llena todo, incluidos los títulos de muchos poemas: Sapo y mar, Perro y mar, Cabeza y mar, Pescadores. Tras ellos, tras caminar por la orilla, se aprecia la Partida

Me aligero: / la carne cae de mis huesos. / Ahora. / El mar sube por el canal / de mis vértebras. / Ahora. / El cielo rueda por el lecho / de mis venas. / Ahora. / ¡El sol! ¡El sol! / Sus últimos hilos / me envuelven, / me impulsan: / Soy un huso: / ¡Giro, giro, giro, giro! …

Y así se fue Alfonsina, hace ahora 85 años. Se fue con el mar, pero nos dejó en la orilla una inolvidable primavera.

Notas

[1] Así habló Zaratustra – Friedrich Nietzsche (Austral, Humanidades, trad. Juan Carlos García Borrón, 2020), pág. 89

*El resto de notas pertenecen a poemas de Alfonsina Storni recogidos en la obra Alfonsina Storni, antología poética, de Espasa Libros, 2020:

[2] Pudiera ser, pág. 66`

[3] Primavera, pág. 40

[4] El clamor, pág. 86

[5] ¿Qué diría?, pág. 51

[6] Hombre pequeñito, pág. 62

[7] Tú me quieres blanca, pág. 48

[8] Languidez, pág. 77

[9] Círculos sin centro, pág. 166

[10] Dolor, pág. 128

Imagen | Wikipedia

Cita este artículo (APA): López, L. (2023, 08 de marzo). La primavera que dejaste atrás, Alfonsina Storni. https://filosofiaenlared.com/2023/03/la-primavera-que-dejaste-atras-alfonsina-storni
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por Luis López Galán

Colaborador de medios como El vuelo de la lechuza, Espacio 17 Musas o El placer de la lectura, ofrece servicios editoriales y es, en la actualidad, estudiante de Grado de Filosofía. Español residente en Inglaterra, y con las letras como principal pasión, la combinación cultural y literaria de ambos países lo mantiene ocupado cada día, siempre con una principal motivación: continuar aprendiendo.

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