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Un rápido resumen a la vida y obra de Aristóteles

El presente artículo es una adaptación de Miguel Ángel G. Calderón del texto Aristotle (384-322 BC), de Andreas Matthias, que ha sido traducido con autorización de Daily Philosophy como parte de la alianza de colaboración que tenemos con ellos. 

Aristóteles (384-322 a. C.), nació en Estagira, Grecia. Es uno de los filósofos más influyentes que jamás haya existido. Para comprenderlo, es fundamental tener presente que no era un ciudadano ateniense. Además, sus progenitores eran acaudalados e instruidos, por lo que le brindaron una sólida educación, aunque fallecieron cuando solo contaba con trece años, por lo que tuvo que ser criado por un tío. Cuando cumplió 17 años, dejó su ciudad natal, y la casa de su tío, para mudarse a Atenas: la única ciudad donde un joven intelectualmente curioso podía estudiar.

Trabajó no solo en filosofía, sino que también escribió decenas de libros sobre diversos los temas: desde astronomía y biología hasta teoría literaria. En filosofía, es más conocido por sus contribuciones a la lógica, la metafísica y la ética.

Aristóteles es un hombre de contradicciones. Un filósofo cuyo cuerpo principal de trabajo no es sobre filosofía en absoluto, sino sobre biología, astronomía, teoría literaria y prácticamente todo lo demás que uno podría explorar científicamente en su época. Más que un filósofo, Aristóteles fue un “científico” comprensivo. Sucede que su obra científica no fue tan perdurable como su filosofía, por lo que hoy no lo consideramos un mal biólogo o un astrónomo fracasado; pensamos en él como un buen filósofo.

Pero esto no se debe a ningún rasgo del pensamiento de Aristóteles; más bien, es el resultado de la falta de progreso en la filosofía desde la antigüedad. Todas las ciencias naturales hace tiempo que dejaron atrás las ideas de Aristóteles, descubriendo siempre nuevas formas de explicar el mundo: evolución, selección natural, biología celular, material genético, neuronas, o estrellas, planetas, fusión nuclear, sistema solar, asteroides, otras galaxias, exoplanetas, agujeros negros, materia negra. Solo algunas áreas de la filosofía se han mantenido prácticamente iguales desde la época de Aristóteles, donde sus ideas aún pueden competir con lo mejor que está disponible en la actualidad. Uno podría preguntarse por qué este es el caso. ¿Es la condición humana tan constante e inmutable? ¿Es tan difícil hacer algún progreso en su comprensión? ¿O hay otra razón por la que lo que llamamos filosofía parece haber estado dando vueltas en círculos durante los últimos dos mil años?

Academia de Aristóteles y Platón

Se inscribió en la Academia de Platón y permaneció allí durante 20 años, a menudo criticando las enseñanzas de Platón y desarrollando lentamente su propia forma de pensar. De hecho, aunque fueron maestro y alumno, los dos son tan diferentes que algunos historiadores ven toda la tradición occidental de la filosofía dividida en dos ramas distintas: la tradición platónica, cuasi-mística, que va a lo largo de los siglos con los místicos judíos y cristianos, hasta Kierkegaard, Nietzsche y la tradición continental del presente; y la línea aristotélica, que incluye a Descartes, Hume, Kant que continúa hasta el presente con el Círculo de Viena, Russell y las escuelas analíticas de lógica y filosofía.

Quizás este profundo malestar entre los dos sea la razón por la cual Aristóteles nunca tuvo la opción de suceder a su maestro Platón después de su muerte. También podría tener que ver con el hecho de que Aristóteles no solo era un extranjero, sino que también estaba asociado con Macedonia, un reino en el norte, y los reyes macedonios estaban, justo en ese momento, amenazando con tomar el control de todo el país. O podría haber sido el primer caso bien documentado de corrupción y nepotismo que ha plagado el sistema universitario griego desde entonces. Así, resultó que el sucesor de Platón fue su sobrino, un hombre llamado Speusippos, del que hoy nadie habla.

El esclavo que se convirtió en rey

Aristóteles, insatisfecho y defraudado, abandonó la Academia, la escuela de filosofía más prestigiosa de su época, para visitar a Hermias de Atarneo, un amigo que había conocido en dicha escuela. De forma curiosa, Hermias había sido esclavo de un banquero que gobernaba Atarneo, pero era tan inteligente y trabajaba tan bien que el banquero lo liberó y, después de la muerte del banquero, Hermias se convirtió en el gobernante de la ciudad.

Esta historia es interesante si consideramos la ética de Aristóteles sobre el valor de la excelencia humana. Aristóteles sostenía que el hombre bueno, que practica diligentemente sus virtudes y siempre trata de aumentar su sabiduría, será imparable y casi necesariamente terminará siendo exitoso en el mundo, moralmente bueno y feliz. Para alguien que conoció a Hermias, el esclavo que se convirtió en rey solo gracias a sus buenas cualidades, diligencia e inteligencia, las ideas de Aristóteles no sonaban exageradas. Había visto a un hombre así con sus propios ojos, había estudiado con él y luego se fue a buscar la protección de su amigo, un hombre que había tenido éxito en su propio campo. En la tierra de su amigo, fundó su primera escuela de filosofía y se casó con su primera esposa, Pitias.

Enseñando a Alejandro Magno

Después de algunos viajes más, durante los cuales Aristóteles hizo gran parte de su investigación botánica, visitó Lesbos (la que dio nombre al lesbianismo), fue invitado a la corte del rey de Macedonia y fue nombrado jefe de la Real Academia. Para entonces, Atenas estaba disminuida en fuerza militar y el rey Felipe de Macedonia era el nuevo hombre fuerte en la política griega. Así, Aristóteles fue contratado para enseñar a un niño, Alejandro Magno, hijo del rey Felipe, que conquistó la mayor parte de Asia y de casi todo lo que los griegos percibían como el mundo en ese entonces, genio militar y gobernante del imperio más grande que el mundo había visto hasta ese momento. Podría decirse que Aristóteles tuvo un papel fundamental en los hechos futuros de Alejandro.

Después de unos años como maestro de Alejandro, Aristóteles regresó a Atenas y fundó el Liceo, su propia escuela de filosofía. Allí, los filósofos deambulaban discutiendo, lo que les dio el nombre de escuela “peripatética” (de peripatos = andar). Su primera esposa murió y Aristóteles se volvió a casar, teniendo un hijo de su segunda esposa, a quien puso el nombre de su propio padre (como todavía lo hacen los griegos): Nicómaco. El nombre del hijo es hoy casi tan famoso como el del padre, pero no por nada de lo que logró en la vida. Él mismo fue, quizás, un filósofo, podría haber escrito un comentario sobre alguna obra de Aristóteles y murió joven en la batalla. Pero su nombre se ha vuelto inmortal como el título del más famoso de los libros de ética de Aristóteles: la ética a Nicómaco, presumiblemente escrita como notas para su hijo.

El propósito final de las cosas

Una de las ideas recurrentes de Aristóteles es que todas las cosas se esfuerzan por llevar a cabo la mejor versión de sí mismas, su propósito final. Esto se aplica a las plantas, los animales y, por supuesto, al hombre. El fin último del ser humano es, para Aristóteles, realizar al máximo las capacidades que le son propias: utilizar sus virtudes de acuerdo con su razón humana. Pero si la razón es la cualidad más alta del hombre, entonces el mejor tipo de humano debe ser aquel que usa, amplía y profundiza su razón todo el tiempo: el científico y el filósofo. Y esto es lo que el mismo Aristóteles trató de ser toda su vida.

En Aristóteles vemos cómo se entrelazan la vida y la filosofía: fue extranjero en casi todos los lugares donde vivió. Siempre estuvo tratando de encajar y tener éxito en sitios que no eran su hogar. De esta manera, poder ver la forma en que habla sobre el éxito, el esfuerzo y la excelencia, pero también en su insistencia en la phronesis, en saber la forma correcta de hacer las cosas. Esto es, sin duda, reflejo de alguien que es muy consciente de la necesidad de comprender nuevas reglas a lo largo de su vida, para adaptarse siempre a nuevos sitios y avanzar socialmente en ellos.

Su filosofía no solo reconoce el valor de los bienes materiales para la felicidad; también es fundamentalmente antidemocrático y antiigualitario. Para Aristóteles, no todos somos iguales. Los seres humanos cubren todo un espectro de realización y bondad, desde el criminal hasta el sabio, y es responsabilidad personal de cada uno sacar lo mejor de sí mismo y de su vida. Se trata en gran medida del tipo de actitud del “sueño americano”, la visión del mundo que permitiría que el ayudante de cocina se convirtiera eventualmente en millonario, o que el esclavo se convirtiera en rey, como en realidad lo hizo el amigo de Aristóteles, Hermias.

Aristóteles fue, en esencia, un hombre infeliz, alguien que nunca perteneció. Dejó su casa, se fue a estudiar con Platón, aunque no fue aceptado como el nuevo líder de la escuela. Más tarde tuvo que huir a Macedonia, de allí nuevamente a Atenas, y luego salir de Atenas. El único elemento constante en su vida fue su investigación. La prodigiosa producción de Aristóteles de docenas de libros sobre todas las ciencias, sobre filosofía y sobre teoría literaria es la obra de un hombre obsesionado, un hombre que intenta encontrar la paz que le falta a su vida en un trabajo maníaco.

Podemos ver así, en resumen, cómo Aristóteles fue un hombre que se hizo amigo y trabajó con dos de los más grandes triunfadores de la historia humana: tuvo a su más grande filósofo como maestro y a uno de sus más grandes generales como alumno. Esto nuevamente enfatiza y hace más comprensible el valor que le da a la excelencia. Para él, la excelencia no era algo de lo que solo estaba hablando. Él mismo había presenciado, dos veces, la verdadera excelencia del tipo que muchas personas nunca llegan a experimentar. 

Platón y Aristóteles, los dos gigantes del pensamiento griego antiguo, llegan a la filosofía desde extremos opuestos de un espectro. Platón es el filósofo de lo eterno, el pensador cuyo sueño es trascender, dejar atrás todo lo mundano e imperfecto y vivir para siempre en un mundo de ideas perfectas. Aristóteles, por otro lado, es el filósofo del esfuerzo humano, de la lucha para domar las propias debilidades, para aprender, crecer y volverse feliz y perfecto en este mundo, no en el próximoNo es la eternidad lo que persigue Aristóteles, sino una buena vida, mientras dure.

Para Platón, la contemplación del Bien absoluto es la forma más elevada de existencia. Para Aristóteles, el paradójico filósofo elitista-refugiado, atormentado maestro de reyes, es arremangarse y ponerse a trabajar: por un mundo mejor aquí y ahora. Dos maneras extraordinarias, y vigentes, de vivir la filosofía.

Imagen | Wikipedia

Artículo original de:

Andreas Matthias (Daily Philosophy´s Editor):
Doctor en Filosofía. Actualmente, enseña filosofía en la Universidad de Lingnan (Hong Kong). Antes de convertirse en filósofo, trabajó durante más de 20 años como desarrollador profesional de software, webmaster, administrador de sistemas y profesor de lenguajes de programación en Alemania.

Traducido por:

Miguel Ángel (CEO de Filosofía en la Red):
Mtroe. en filosofía y valores, licenciado en psicología organizacional; actualmente cursa también la carrera de filosofía; antes estudió enfermería, ciencias religiosas y derecho.

El presente artículo es una adaptación de Miguel Ángel G. Calderón del texto Aristotle (384-322 BC), de Andreas Matthias, que ha sido traducido con autorización de Daily Philosophy como parte de la alianza de colaboración que tenemos con ellos. 
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por Daily Philosophy

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