Lee: primera parte, segunda parte, tercera parte.

Veo posible el rechazo de la subtesis sobre la imposibilidad de la conexión interexistencial absoluta por dos razones:

En primer lugar, consideremos un existente arbitrario de una ontología arbitraria. Aparte de tal existente, ¿hay otros existentes en tal ontología? Si no hay otros existentes, en tanto un existente siempre está relacionado consigo mismo, obtenemos que todos los existentes están conectados. Es decir, la conexión interexistencial absoluta. Si hay otros existentes a,b,…,z dispuestos de una determinada manera a-b-…-z preguntamos del existente arbitrario tomado, ¿es compañero existencial de otros existentes a,b,…,z dispuestos de forma a-b…-z? Si la respuesta es no, estamos contradiciendo la hipótesis según la cual considerábamos una ontología con más de un existente. Si la respuesta es sí, entonces existe una relación de compañía existencial que conecta todos los existentes, y mediante la cual sería lógica y filosóficamente posible acceder de un existente a otro. Y esto es para cada existente de la ontología. Por tanto, respecto a tal ontología, la conexión interexistencial es absoluta, pues todo existente participa de esta.

En segundo lugar, si tal ontología concreta es, entonces todos sus existentes deben ser, pues si no carecería de ciertos existentes y ya no sería tal ontología concreta, sino otra que resulta de restar tales existentes a tal ontología. Entonces, todos sus existentes participan del ser, y están conectados mediante la relación “también ser”.

Como cada aplicación de un sistema forma a su vez un sistema —pues está compuesto por los elementos a aplicar y por la operación de aplicar—, hablamos, respecto de un sistema, al menos, de perisistemas especiales y perisistemas generales. Damos ahora sus definiciones.

Llamamos perisistema especial al sistema resultado de substraer un número mayor a 0 de elementos y/o operaciones a otro sistema.

Llamamos perisistema general al sistema resultado de añadir un número mayor o igual a 0 de elementos y/o operaciones a otro sistema.

Debido a que la operación “también ser” es una relación que incluye cualesquiera dos existentes, también incluye sus elementos y operaciones, y por ello es fácil ver que es un perisistema respecto a cualquier sistema, es decir, un perisistema general. Es el perisistema máximamente general. Respecto a este sistema todo otro sistema es un perisistema especial. Y en tales perisistemas especiales, no todo estará necesariamente conectado con todo —considérese, por ejemplo, el perisistema respectivo a la relación “también ser un ensayo de filosofía”—. Así revelamos la validez especial del principio de symploké. Entonces, precisando lo dicho, mediante estos argumentos sería posible, en principio, decir:

Rechazamos la tesis “el principio de symploké habla de la existencia en su conjunto” y aceptamos la tesis “el principio de symploké habla de parcelas restringidas de la existencia”.

O, más rigurosamente:

Rechazamos la tesis “el principio de symploké conforma un perisistema máximamente general” y aceptamos la tesis “el principio de symploké conforma un perisistema especial”.

Por otra parte, puede argumentarse a favor de tal principio: el principio de symploké es correcto puesto que conocemos existentes y (a) si nada estuviese conectado con nada no podríamos conocer nada, pues los existentes no estarían conectados con el sujeto bajo la relación respectiva al conocer, y (b) si todo estuviese conectado con todo tampoco podríamos conocer nada puesto que el proceso de conocer algo iría hasta el infinito. 

Por las razones ya expuestas, creo que es posible aceptar (a). 

Respecto a (b), analizamos el supuesto de un sistema continuista. Como ontología, debido a que al menos las verdades matemáticas son infinitas, tal sistema es infinito. Interpretando cada elemento como un punto y cada relación como una línea, obtenemos un plano de infinitos puntos e infinitas líneas. Al considerar un punto del plano, ¿consideramos, trazamos activamente, cada una de las líneas?, ¿o tales líneas ya vienen dadas? ¿Construimos nosotros el punto al obtenerlo como el lugar donde al menos un extremo de todas las líneas, respectivas a tal punto, que activamente trazaríamos se encuentran? Si esto fuese así, entonces no sería posible considerar siquiera un plano, pues siempre habría que trazar las líneas respecto a cada punto, y esto sería un proceso infinito. Pero podemos considerar planos. Entonces, podemos considerar cada punto sin necesidad de construirlo mediante el trazo de las líneas pertinentes. Así pues, tales líneas vienen ya dadas al ser el punto, en nuestra consideración y según su definición, la conjunción de al menos uno de los extremos de las líneas. Decimos que las líneas son asumidas. Tal proceso no es tanto epistémico como lógico. No hace falta considerar todas las relaciones de un elemento para que tal elemento implique tales relaciones, puesto que si no implicase tales relaciones no sería tal elemento —lógicamente hablando, pues el plano epistémico es distinguible del plano lógico, y es concebible que dos elementos se diferencien lógicamente, pero no epistémicamente para un sujeto epistémico dado—, y no estaríamos considerando el mismo elemento que de hecho consideramos.

Lo mismo pasa con los números, por ejemplo: todo número natural está relacionado mediante, al menos, la adición con todos los demás infinitos números naturales (pues es accesible a estos mediante aquella) y, sin embargo, no necesitamos considerar este proceso de adición ni los demás infinitos números para considerar tal número, sino que esta noción lo es necesaria al objeto de nuestra consideración, pues en él está encerrado, y mediante esta necesidad de “ser lo que se es”, mediante el principio de identidad que relaciona a cada existente con su descripción leibniziana (es decir, con la agrupación de sus infinitas relaciones y propiedades) asumimos todas las infinitas relaciones del existente sin necesidad de computarlas o de conocerlas paso a paso. 

Similar a apreciar un paisaje desde lo alto, así es nuestro proceso de asunción sobre los existentes infinitamente densos: solo vemos ciertas generalidades del paisaje (su forma general, las grandes montañas o lagos que le son características, la luz y las sombras, sus colores esparcidos, las ciudades, los campos de cultivo…), pero no apreciamos directamente cada piedra que forma la montaña, ni cada ola del lago, ni cada fotón, ni cada objeto que proyecta la sombra, ni cada hoja verde o amarilla que da tales colores, ni cada edificio ni sus ladrillos, ni cada campesino que ara la tierra… aunque todo ello sea necesario para que el paisaje que apreciamos sea ese y no otro.

Por esta razón veo, en principio, posible rechazar (b): no parece necesario conocer o computar las infinitas relaciones, bastaría con asumirlas, es decir, tener evidencia implícita de estas mediante el principio de identidad propio de cada existente considerado que lo relaciona con su descripción leibniziana.

Por último, pueden ofrecerse, al menos, dos argumentos a favor del continuismo general sobre los existentes:

Argumento por grafos: Representamos los existentes con nodos. Representamos sus relaciones binarias con vértices. Si un nodo n’ está a m vértices de otro nodo n, entonces mantienen la relación Rn’n: “estar a m vértices de n” y, por tanto, están conectados mediante un vértice. Si dos nodos no están conectados, entonces no hay vértices entre ellos y, en consecuencia, no están relacionados de manera alguna. Pero “compartir existencia” es una relación. Tal “existencia” puede tanto entenderse como “también pertenecer a una ontología” y/o como “también ser representado en el plano”. Entonces, no compartirán existencia. Pero hemos asumido que ambos son existentes. Por tanto, todo nodo debe estar conectado con todo otro nodo.

Argumento por aproximación mediante variación: Consideramos un plano con infinitos puntos. Los puntos en el plano son existentes. La cantidad de existentes es, al menos, la cantidad de puntos. Esto quiere decir, como es fácil de ver, que cualquier existente puede ser representado como un punto en el plano junto a cualquier otra agrupación arbitraria de existentes. Podemos representar los existentes, al menos, en un plano. Representamos una relación entre existentes mediante una línea que conecta sus respectivos puntos en el plano. A esto lo llamamos “suceso”. Consideremos dos sucesos arbitrarios. Uno se puede aproximar continuamente al otro mediante el cambio continuo pertinente en su forma, extensión, posición, etc. Es decir, mediante el cambio continuo en los existentes que mantienen las relaciones y el cambio en sus relaciones podemos aproximar un suceso a otro. Entonces, un suceso es identificado como la línea hacia la cual todos los demás sucesos se aproximan dadas las transformaciones pertinentes. Es decir, podemos determinar un suceso mediante la aproximación continua desde cualquier otro suceso. Por tanto, obtenemos la identidad de los sucesos mediante otros sucesos. Todos los sucesos pueden comprenderse como interconectados, en tanto cada suceso es definible mediante los demás sucesos. Y en tanto que todo existente es un suceso, pues está relacionado consigo mismo, vemos que, al menos, todos los existentes están interconectados.

Por último, es posible aceptar el pluralismo, por lo siguiente. Si buscamos superar el humanismo, entonces buscamos el cambio respecto a su paradigma filosófico. Pero aceptar que existe el cambio es aceptar que existen al menos dos cosas diferentes: la cosa a cambiar y la cosa cambiada. Por tanto, siguiendo esta senda, podríamos aceptar el pluralismo existencial.

En resumen:

Si aceptamos que existe el cambio aceptaríamos que existen dos cosas diferentes: la cosa a cambiar y la cosa cambiada. Como resultado, es posible aceptar el pluralismo existencial. Por otra parte, hemos visto que es posible rechazar el pluralismo platónico al aceptar que existen contrarios y al rechazar un modelo discontinuista general. He intentado argumentar que es posible, sin embargo, aceptar un modelo discontinuista especial y continuista general. También se ha incluido una operación de asunción para el sujeto epistémico. Estas reflexiones parecen llevarnos hasta un pluralismo existencial asuntivo anticontrarios continuista general/discontinuista especial (PEA-con. CG/DE). Esta podría ser una forma que tomase una posible ontología posthumanista.

Tal es una posible propuesta para el establecimiento de una ontología que de base al posthumanismo mediante la superación del dualismo humanista.

Artículo de:

Jaime Calaforra Arranz (autor invitado):
Estudiante de Filosofía en la Universidad de Valencia. Con intereses generales en la filosofía, la poesía y narrativa y las ciencias formales. En cuanto a la filosofía, le interesa mucho la lógica, la metafísica, la epistemología, la ética y la filosofía política.

Imagen | Pixabay

Cita este artículo (APA): Calaforra, J. (2023, 16 de marzo). Bases formales para una ontología posthumanista. Parte 4 de 4. https://filosofiaenlared.com/2023/03/ontologia-posthumanista
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por autores invitados

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