Significación y el Principio de No Contradicción: una relación ontológica

El Principio de No Contradicción (PNC) afirma que: “es imposible que lo mismo se dé y no se dé en lo mismo a la vez y en el mismo sentido1”. Este principio es bien conocido por su versión lógica que lo enuncia representando la tautología implícita en la imposibilidad de que una predicación contradictoria sobre una misma cosa sea verdadera: ~(α ˄ ~α). En la filosofía aristotélica el PNC tiene un papel central, pues es el fulcro desde el cual el filósofo debe partir en su investigación de las cosas que son, razón por la cual Aristóteles no se limita a exponerlo, sino que dedica gran parte del libro Γ de la Metafísica a refutar a los detractores del PNC.

Aunque la versión lógica da cuenta de la literalidad de la formulación del PNC, al considerarlo solo desde su formulación lógica la aísla esta del contexto en que es presentada: dentro del marco de investigación que tiene como fin encontrar los principios más universales para la investigación de la ciencia primera. En este contexto, aparece la relación de significación (σημαίνει) como la razón más firme que Aristóteles aduce en defensa del PNC, pues es a partir de esta noción que se defiende su evidencia, universalidad y validez.

Dado este panorama, y con miras a reivindicar el carácter primordialmente ontológico del PNC, el presente artículo busca mostrarlo desde la comprensión del significar como una relación ontológica entre las palabras y los entes. Para ello, reconstruiré el contexto de libro Γ, dentro del cual se exponen las dos formulaciones canónicas del PNC, considerándolas desde su relación con el estudio de la ciencia sobre los primeros principios.

El Principio de No Contradicción
y la Ciencia primera

La exposición del PNC contenida en 1005b11-26 comienza por señalar un conjunto de características que le son propias:

1) es el más firme de todos los principios,
2) es imposible el error acerca de él, pues
3) es, necesariamente, el más conocido y finalmente
4) no es hipotético, sino descriptivo.

Aristóteles expone dónde radica la importancia del PNC, afirmando que “aquello que necesariamente ha de conocer el que conoce cualquier cosa es, a su vez, algo que uno ha de poseer ya necesariamente cuando viene a conocerla2”, es decir que el conocimiento del principio más firme, el PNC, es condición necesaria para emprender toda investigación relativa a los entes.

Para reafirmar la posición central que tiene el PNC en el desarrollo de la ciencia de las cosas que son, en tanto que cosas que son, Aristóteles nos dice que “todos los que llevan a cabo demostraciones se remiten, en último término, a este convencimiento: porque, por naturaleza, él es principio también de todos los demás axiomas.3”. Así, el principio de todo conocimiento posible, y el principio último al cual ha de remitir su validez y veracidad es el PNC, pues este es condición para el conocimiento, pero también el más firme de los principios, aquel que es anterior a todos los demás, y que no se deriva de ninguno de ellos. En ese sentido, el PNC es la condición ontológica de posibilidad de todo conocimiento, y por ello, punto de inicio de cualquier investigación que se pretenda realizar sobre las cosas que son.

La primera formulación del PNC lee “es imposible que lo mismo se dé y no se dé en lo mismo a la vez y en el mismo sentido4” y, líneas más adelante, la segunda afirma que “no es posible que los contrarios se den a la vez en lo mismo5”. La primera formulación nos habla sobre la imposibilidad de que una cualidad determinada, así como su ausencia o la cualidad que le es opuesta, aparezcan en un mismo individuo y en el mismo sentido. La segunda, por su parte, nos habla de los contrarios, afirmando que es imposible que ambos se den en lo mismo y simultáneamente. Así, la primera se centra en el sentido en que aparezcan los contrarios en un mismo sujeto, mientras que la segunda se centra en la imposibilidad de que se den simultáneamente. Inmediatamente después de su formulación, Aristóteles comienza con la argumentación que busca refutar a aquellos que niegan el PNC. Es de notar que antes de comenzar su refutación el estagirita afirma que no va a ofrecer una demostración, pues solo por ignorancia se podría solicitar una demostración del PNC. En tanto que es el primer principio sobre el cual los demás descansan, no puede derivarse de ningún otro principio, es decir, no puede ser demostrado. A su vez, en tanto que no puede derivarse de otros principios, es necesario mostrarlo a partir de la reducción al absurdo, es decir, de presuponer su invalidez para mostrar cómo eso nos lleva a equívocos.

La refutación aristotélica parte de una consideración que, aunque pudiera parecer preeminentemente lógica, posee un fuerte carácter ontológico, en relación con el lenguaje y la comunicación. Afirma que para todas las discusiones en torno a la validez o invalidez del PNC “el punto de partida consiste, no en pedir al otro que diga que algo es o no es (tal proceder se consideraría inmediatamente como petición de principio), sino que diga algo que tenga significado para sí mismo y para el otro (σημαίνειν γέ τι καὶ αὑτῷ καὶ ἄλλῳ)6”. Esta afirmación coloca a la relación de significación (el significar una cosa determinada) como el punto central en la defensa del PNC. Que la relación de significar sea la elegida por Aristóteles para fundamentar la firmeza epistemológica del PNC tiene implicaciones ontológicas que, por motivos de extensión, analizaré en la siguiente entrega. Así, lo siguiente será reconstruir el nexo entre el PNC y el significar como una relación ontológica entre el pensar y el ser.

Notas

[1] Aristóteles, Metafísica, 1005b19-20.

[2] Ibid., 1005b14-16.

[3] Ibid., 1005b32-34.

[4] Ibid., 1005b19-20.

[5] Ibid., 1005b26.

[6] Ibid., 1006a19-21.

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Cita este artículo (APA): Pérez, S. (2023, 15 de marzo). Significación y el Principio de No Contradicción: Una relación ontológica. https://filosofiaenlared.com/2023/03/principio-no-contradiccion
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por Saúl P. Quiroz

Licenciado en Filosofía con formación en Estética e Historia del Arte (UNAM). Ha sido profesor adjunto en las clases de Historia de la Filosofía y Metafísica a cargo del Dr. Ricardo Horneffer. Interesado en la ontología, la fenomenología, el vitalismo, la estética, la lógica y la teoría, crítica y práctica de las artes. Con formación en Crítica de Arte (MUAC), Curaduría (Museo Tamayo) y Museología (CCUT).

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