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«Este es un personaje literario, un personaje poético […] no era una loca común que me inspiraba miedo: era una loca poética» así la recuerda el poeta Homero Aridjis. Nacida en Veracruz en 1893 María del Carmen Mondragón Valseca —después rebautizada Nahui Olin – venía de familia burguesa del porfiriato mexicano1, fue la quinta hija del matrimonio entre Mercedes Valesca —quien era clasista, dura, estricta y terrible— y el general Manuel Mondragón —refugio, pilar y la figura más importante en la vida de su hija.

Carmen era una niña precoz, de inteligencia extraordinaria, una niña que, en palabras de una monja del colegio francés de San Cosme, todo lo comprende, todo lo adivina, habla francés como si tuviera la nacionalidad. Durante su infancia escribe A dix ans sur mon pupitre:

No tengo más que un destino: morir
Porque siento mi espíritu
Demasiado amplio y grande
Para ser comprendido

Nahui Olin, A dix ans sur mon pupitre

En estos poemas manifiesta un verdadero genio artístico, una sed inmensurable de conocimiento. Reconocía en esto una condena: a siempre querer conocer más, abrazar el mundo entero con sus diminutas manos, a ser una niña ya demasiado vieja. Tenía la sensibilidad de la infancia unida con la artística, por lo cual su escritura sirvió como una herramienta para ser en el mundo, para conocerse a sí misma bajo sus ojos color esmeralda.

Pocos años después, la niña de precocidad intelectual se convierte en una hermosa e inteligente joven, admirada en los círculos sociales. Contrae matrimonio con el artista Manuel Rodríguez Lozano en 1913 de quien se divorcia ocho años más tarde, debido a la homosexualidad de su esposo. Conoce al Dr. Atl y se convierte en Nahui Olin:

Mi nombre es como el de todas las cosas: sin principio ni fin; sin embargo, sin asilarme de la totalidad por mi evolución distinta en ese conjunto infinito, las palabras más cercanas a nombrarme son Nahui Olin. Nombre cosmogónico, la fuerza, el poder de movimientos que irradian luz, vida y fuerza.

Comienzan una relación amorosa y juntos tienen su periodo más fértil, en donde pintan, escriben, bailan y conviven con la comunidad artística mexicana. Además, asisten a las tertulias intelectuales, en donde es reconocida sobre todo por su belleza y sus claros e hipnotizantes ojos verdes. Cae sobre ella la condena de no ser vista más allá de sus atributos físicos, de ser reconocida como musa de Edward Weston, Antonio Garduño, Diego Rivera y el Dr. Atl., y ser olvidada como artista.

Así miran todos los seres que se cruzan
con el rostro de Verdes Agujeros Oblícuos, y solo miran
su belleza, su apariencia, y en su intenso color
verde de enigmática fuerza, no penetra la potencia
de expresión, la vibratoria inquietud, la constante rebeldía
de un espíritu, de un cerebro en acción dotado
de millares de fibras microscópicas, sensibles al contacto
de todo átomo viviente, en toda su materia en toda su ausencia.

Nahui Olin, El verde de oblicuos agujeros

A pesar de ello, asume un rol activo en la vida intelectual, artística y política del México posrevolucionario. En sus poemas, plantea sus deseos de independencia, libertad y poder creador, además reflexiona sobre su ser-mujer, hace evidente el estigma que cae sobre sus hombros por ser una mujer libre y, por tanto, transgresora. En su óptica cerebral, posiciona su yo poético como aquello que se encuentra entre lo espiritual y lo netamente corpóreo, como un ser muerto de sed de crear y conocer. En su escrito da apertura a lo erótico, desde sus condiciones; escribe para construir un puente entre su cuerpo y el mundo que existe fuera de él, pero sobre todo, escribe por necesidad, porque el poder creador quema y consume si no es exteriorizado.

Con su obra artística no busca reconocimiento, tampoco seguir las formas tradicionales, ni lo academicista, sino que busca un lenguaje propio, profundo y saturado.  Se retrata para verse a sí misma, para inmortalizar sus ojos verdes o para recordar el instante en que sus amantes adoraron su cuerpo.

En sus pinturas hace evidente su interés por el cuerpo y sus expresiones, sus poses son dramáticas y los desnudos una forma emplear la sensualidad como herramienta para enfrentarse al molde de la mujer santa y sumisa. Nahui Olin le otorga poder a su cuerpo y a su belleza, no lo ve objeto de vergüenza o consumo, sino como herramienta para alcanzar la libertad e independencia.

Este ejercicio de empoderamiento se encuentra en las fotografías que le hicieron Weston y Antonio Garduño. Se convirtió en la imagen de la nueva mujer, nunca se retrató desnuda desde la frivolidad o perversión, si no desde la gentiliza, su cuerpo era un regalo para aquel que pusiera sus ojos sobre él.

La sociedad de los años veinte no compartió su punto de vista, por lo que sufrió críticas. Le llamaron loca, la señalaron porque sus ideas y actos rompían con el ideal de la feminidad de la sociedad mexicana, ya que vivía su sexualidad con libertad y se mostraba como una mujer segura de sí, inteligente y creadora. Se dice que fue una de las primeras feministas, sin pancarta, con puros actos, lo cuales la llevaron a la soledad, estigmatización y el olvido.  

Sus amigos y contemporáneos mueren antes que ella, ya no es recordada. Deja de ser deseada cuando se viste de tristeza, ya no admiran su libertad, su sexualidad ya no agrada sino que es repulsiva y terrorífica. Reconoce que esto no le pasaría si no cargara con el estigma de mujer.

El cáncer de nuestra carne que oprime nuestro
espíritu sin restarle fuerza, es el cáncer famoso con
que nacemos—estigma de mujer—ese microbio que
nos roba vida proviene de leyes prostituidas de poderes
legislativos, de poderes religiosos, de poderes paternos

Nahui Olin, El cáncer que nos roba la vida

En los setenta Nahui era conocida como “la loca” “el fantasma del correo” o “la dama de los gatos”. También se dice que era ninfómana en la vejez, y que acosaba a los jóvenes del autobús o el tranvía. La musa del Dr. Atl., la niña prodigio, la imagen de la mujer nueva y liberada.

Murió sola, gorda, rodeada de gatos bajo una cobija hecha con las pieles maltrechas de los felinos que habían muerto antes que ella, disecados y conservados con todo y cabeza para poder reconocerlos y hablarles de amores.

Pasaron 40 años desde su muerte para que fuera recordada como artista, musa, intelectual y pilar para la formación de la nueva mujer mexicana. Sin embargo, no se libra de la mirada del otro, de los mitos que la circundad como filicida, agresora, loca y ninfómana, seguimos intentando comprender que se esconde detrás de los tristísimos ojos verdes, buscamos reconstruir sus pasos, comprender el error, la locura y el mito.

Independiente fui, para no
permitir pudrirme sin renovarme; hoy,
independiente, pudriéndome me
renuevo para vivir.

Nahui Olin, Sobre mi lápida

Notas

[1] Secretaría de la Defensa Nacional. (s.f.). El Porfiriato. Recuperado el 29 de noviembre de 2021, de https://www.gob.mx/sedena/documentos/el-porfiriato.

Referencias

Instituto Nacional de Bellas Artes. (1993). Nahui Olin una mujer de los tiempos modernos. México.

Luque, R. (2015). Nahui Olin: Una mirada lúcida.

Olin, N., & Nahui-Olin. (1996). Óptica cerebral:(Poemas dinámicos). Eds. México Moderno.

Poniatowska, E. (2001). Las siete cabritas. Txalaparta.

Imagen | Wikimedia

Cite este artículo: Roldán, S. (2023, 08 de marzo). Nahui Olin: entre la mujer y el mito. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/03/quien-fue-nahui-olin
#8m, #8m2023, #artista, #día de la mujer, #mujeres, #nahui olin, #poeta

por Selene Roldán

Estudiante de la licenciatura en Filosofía en la Universidad Autónoma del Estado de México, con línea de investigación en: filosofía de la cultura, filosofía y género, filosofía política, feminismo y género, y filosofía y cine.

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