En el imaginario mexicano, lleno de hombres y héroes de guerra, son pocas las mujeres que alcanzan un lugar en el panteón y una de ellas es, sin duda alguna, Juana Inés de Asbaje Ramírez de Santillana, mejor conocida como Sor Juana Inés de la Cruz.

Probablemente, nació el 12 de noviembre de 1648, aunque hay toda una polémica alrededor de ese dato. Lo que sí sabemos es que su padre fue Pedro Manuel de Asbaje y su madre Isabel Ramírez. La bautizaron como Inés y desde pequeña se fue a vivir con su abuelo materno, quien más tarde le dejaría todos sus libros.

Después se fue a la ciudad de México a vivir con una tía y a los diecisiete años vivía en la corte del virrey Marqués de Mancera. La virreina apoyó la idea que tuvo Juana de hacerse monja, por lo que se unió a las Carmelitas Descalzas, pero no soportó el rigor de su estilo de vida. Después entró al convento de San Jerónimo, donde vivió hasta su muerte.

En el convento siguió escribiendo y estudiando, además de que formó parte activa de su comunidad, donde fue archivista y contadora. En sus últimos años dejó la escritura, se deshizo de sus libros y donó el dinero obtenido a la caridad. Finalmente murió durante una epidemia el 17 de abril de 1695.

Literatura y filosofía

El lugar que tiene la obra de Sor Juana es irreprochable: su obra poética ha sido reconocida en distintos niveles por sus contemporáneos y los nuestros. Estudiamos sus sonetos desde la secundaria y, quienes recuerden sus clases de ese entonces, tendrán el dato de que también escribió obras de teatro y villancicos.

Pero decir que Sor Juana es la poetisa mexicana más importante en la historia no es suficiente. Su obra no se limitaba a expresar distintos sentimientos y observaciones mordaces; en ella podemos encontrar una profunda inquietud por temas que, por donde se le vean, son de carácter filosófico. Me uno a Luis Armando González cuando la reconoce como filósofa:

[F]ue la primera mujer latinoamericana que hizo una elaboración filosófica con creatividad y con plena conciencia de lo que hacía, aunque para ello se valiera del instrumento que mejor dominaba, esto es, el discurso poético. 

Sor Juana fue una poeta, pero también fue una filósofa, esto último no por haberse graduado o haber sido una profesional de la filosofía, sino por haber filosofado con rigor y dominio de los temas y problemas filosóficos que acuciaban a los hombres y mujeres de su época.

Luis Armando González1

La omisión es comprensible. Venimos de una tradición donde reconocemos filósofos a quienes escribieron desde su posición como tales y, reduciéndolo quizá al ridículo, quienes escribían tratados y creaban sistemas. Con los filósofos contemporáneos hay un poco más de laxitud, pues ya no es necesario generar un sistema entero ni escribir como si de un paper de ciencias duras se tratara.

Un romance filosófico

Sor Juana la filósofa no es la más popular, pero tampoco es la noción más oscura y novedosa. La Carta Atenagórica y Respuesta a Sor Filotea de la Cruz son obras reconocidas por su complejidad y expresión de ideas profundas en múltiples niveles. En la edición de Obras Completas de Editorial Porrúa, publicada en 1969, se distinguen sus sonetos, redondillas y romances filosóficos. Reproduzco a continuación un fragmento de estos últimos:

Sírvame el entendimiento
alguna vez de descanso
a no siempre esté el ingenio
con el provecho encontrado.

Todo el mundo es opiniones
de pareceres tan varios
que lo que el uno que es negro,
el otro prueba que es blanco.

Sor Juana Inés de la Cruz2

En dos estrofas podemos apreciar cuestiones sobre el valor del conocimiento, el relativismo o la opinión como elemento del saber (¿no incluía Platón a la opinión en su epistemología?). En el resto de su obra podemos encontrar también postulados sobre la moralidad, menciones a otros filósofos e incluso me atrevo a sugerir la duda cartesiana.

Si estas referencias y contenidos no son suficientes para llamarla filósofa, la obra que se mencionará a continuación es, a mi parecer, lo que no deja lugar a duda del gran genio de la Fénix Americana.

Primero Sueño

Escrito alrededor de 1685 es quizá la única obra que sabemos fue escrita por gusto y no por encargo3. Es una composición de 975 versos donde se explora la aventura del alma en busca del conocimiento. Durante su sueño, el alma de la protagonista se eleva para contemplar la verdad, cuya luz es intensa y la ciega. Hay una caída y el alma intenta alcanzar esas alturas de nuevo, ahora poco a poco, de forma metódica, pero no lo logra. Ha salido el Sol y es hora de despertar.

Filosóficamente hablando encontramos todo tipo de referencias, postulados, categorías. Líricamente es una composición excelente e inagotable en sus posibilidades de interpretación. Incluso se ha sugerido que puede leerse como un tratado astronómico, pero queda fuera de mis posibilidades comprobarlo.

Elegir solo un fragmento para reproducir en ese texto es difícil, pues cuando me decido por un verso en el cual cortar la cita no me permito omitir la que sigue y la que sigue, sucesivamente. Así que me limito a compartir los últimos versos, donde la frustración ante la propia ignorancia se evidencia como experiencia universal y atemporal.

Consiguió al fin, la vista del Ocaso
el fugitivo paso
y —en su mismo despeño recobrada
esforzando el aliento de la ruina—
en la mitad del globo que ha dejado
el Sol desamparada,
segunda vez rebelde determina
mirarse coronada,
mientras nuestro Hemisferio la dorada
ilustraba del Sol madeja hermosa,
que con luz judiciosa
de orden distributivo, repartiendo
a las cosas visibles sus colores
iba, y restituyendo
entera a los sentidos exteriores
su operación, quedando a luz más cierta
el Mundo iluminado, y yo despierta.

Sor Juana Inés de la Cruz4

Nuestra deuda con Sor Juana

No sería justo decir que hay que reivindicar el papel de Sor Juana en la historia pues no lo necesita. ¿Pero en la filosofía? Ahí sí tenemos tierra fértil donde queda mucho por sembrar. Aunque el texto no es exhaustivo, considero que queda evidenciada la profundidad del pensamiento de Sor Juana y su carácter decididamente filosófico.

Si vamos a continuar negándole la condición de filósofa a Sor Juana Inés de la Cruz por escribir poemas, bien podríamos sacar del canon a Platón por escribir fanfic sobre su maestro, u omitir El extranjero del repertorio existencialista por tratarse de una novela.

Notas

[1] González, L. A. (2004), pp. 195-196

[2] Cruz, J. I. D. L. & Editorial Porrúa S.A. de C.V. (2010), p.4

[3] Cruz, J. I. D. L. & Editorial Porrúa S.A. de C.V. (2010), p.X

[4] Cruz, J. I. D. L. & Editorial Porrúa S.A. de C.V. (2010), p.201

Bibliografía

Cruz, J. I. D. L. & Editorial Porrúa S.A. de C.V. (2010). Obras Completas (16.a ed.). Editorial Porrúa México.

González, L. A. (2004). Las ideas filosóficas de Sor Juana Inés de la Cruz. Realidad, 98, 195-228. https://doi.org/10.5377/realidad.v0i98.4605

Imagen | Wikipedia

Cite este artículo: Marin, R. (2023, 08 de marzo). Sor Juana Inés de la Cruz, filósofa latinoamericana. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/03/sor-juana-ines-de-la-cruz-filosofa-latinoamericana
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por Rebeca Marín

Mexicana. Licenciada en Filosofía. Sus temas favoritos son la epistemología, el trabajo y la aplicación de la filosofía en la cultura popular. Lee "la Fenomenología del espíritu" en su podcast Tras Hegel.

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