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El león, la bruja y la historia o, la fantasía historiable

Pensar en el pasado es una cualidad humana que nos ha permitido unirnos en grupo por la experiencia y el sentido de permanencia que este nos da; el pasado también nos modifica, construye y llega hasta a dirigir a los grupos humanos por el camino amarillo para alcanzar la felicidad. Pensar en los que fue nos da cordura y nos ubica en el tiempo y espacio, nos da esperanzas y nos enseña, sobre todo, nos lleva a justificar nuestras acciones (sean positivas o negativas) ante los demás. La acción de adentrarnos a nuestra memoria es bastante maleable e individual, todos los usos que le otorgamos no son más que los usos que le queremos dar; es decir, depende plenamente de los deseos personales y de grupo, de nuestra subjetividad y de nuestro contexto.

Construyendo
el discurso histórico

Si decidiéramos irnos por la ruta que indica que la historia es historia siempre que haya sido pensada a través del lenguaje y por ello, la historia es discurso, nos quedaríamos en un plano muy cartesiano que definiría la existencia de la historia a través de que sea pensada. Ahora, también podríamos pensar a la historia como algo que está y que no ha sido conocida en su totalidad por los historiadores, que mediante su investigación y con la ayuda de documentos, podemos conocer al pasado porque tiene una base material. Por último, podríamos hacer una combinación y decir que si bien el pasado existió y su muestra es nuestra realidad, es imposible conocerlo porque no se encuentra en nuestro presente y además, la forma en la que nos podemos acercar a él, es mediante los discursos que permanecieron en forma de fuentes escritas por quienes lo habitaron. Es seguro que existen más formas de comprender al pasado y a la realidad, pero, por el momento, les propongo esas tres opciones que nos ayudarán a concebir a la historia de manera que se logre entablar una conversación en torno a ellas.

Las teorías son dadas para que puedan ser utilizadas, lo maravilloso de la mente es que mediante una idea puede formular otras, nuestro acercamiento a ellas también llega a ser individual y/o colectivo, dependiendo la manera de trabajarlas. En mi caso en particular y en estos momentos de mi vida (el cambio es fundamental en la vida por lo que el mañana es distinto al hoy), me inclino a la tercera teoría anteriormente planteada.

Los historiadores y las historiadoras, aceptamos nuestro destino y nos historiamos a nosotros mismos; al igual que nuestro objeto de estudio (la humanidad en el tiempo y espacio), nosotros mismos somos historiables porque nos ubicamos en un contexto determinado y nos encontramos construyendo pasados y futuros desde nuestro presente. Quedando esto en claro, la construcción del discurso histórico se verá afectado por nuestro contexto, desde el cual partimos para enunciar nuestra concepción del pasado.

Al igual que esa frase de Sergio Pitol que encontramos en muchos lugares. “Yo me aventuro a decir que soy los libros que he leído, la pintura que he visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas”, somos hijos del pasado en grande, mediana y pequeña escala1; porque tanto los grandes acontecimientos como la vida en las cavernas nos han afectado, como los medianos como la Revolución Francesa y los chicos como el estudiar en una universidad, nos constituyen.

La fantasía
historiable

Con “fantasía historiable” no me refiero a inventos, me refiero a la representación de cosas que no existen en la realidad y con ello, al pasado que existió, pero no existe más (considerando las pruebas materiales e inmateriales que dejó). ¿Por qué dejó de existir el pasado? La respuesta es porque existe el movimiento y el cambio, el devenir no es estable y al moverse de lugar desaparece dejando algunos rastros en algo que llamamos presente y es todo lo que podemos conocer; el pasado no existe más, pero si existió al igual que nosotros existiremos por una porción de tiempo más, pero dejaremos de hacerlo algún día, aceptar esto nos permite dejar de cargar el gran peso de lo que fue y avanzar tranquilamente.

La construcción de discurso histórico tiene una base de realidad con unos toques de fantasía, si pudiéramos recrear totalmente al pasado, nos tendríamos tiempo de vivir nuestro presente, si tuviéramos todos los elementos materiales e inmateriales para recrear el siglo XX, no tendríamos personas ni edificios del siglo XXI; no sería posible la existencia al mismo de todas las construcciones del pasado y del presente o de todas las personas que vivieron y vivimos porque no habría espacio en el planeta, los intentos de recreación total del pasado son aspiraciones imposibles porque nuestro contexto es distinto y aunque lo lograran reconstruir, la percepción de ese tiempo no sería la misma para los reconstructores que la percepción que tuvieron quienes lo construyeron originalmente.

Lo que pretendo explicar es que a pesar de tener fuentes para la reconstrucción del pasado, no se tienen las suficientes, quedan muchos vacíos porque es imposible ver al pasado cómo era. Los huecos restantes no nos dejarían explicar los sucesos, ahí es cuando la imaginación aparece y trata de darle sentido a lo desconocido, para que el discurso histórico funcione, además de ideología, metodología, investigación y fuentes, necesita de un sustento fantasioso que cierre la narración y nos vincule a esa memoria, que nos permita relacionarnos mediante el lenguaje con el pasado, en este aspecto la estilística en la narración tendrá mucho que ver.

Conclusión

Al tener una ideología de la cual partir y teniendo en cuenta nuestra ubicación espacio-temporal, podemos acercarnos al estudio del pasado con una mentalidad abierta. En la actualidad no se acepta más que la única verdad está en los documentos y se ha aceptado que el lenguaje es fundamental para la historia, puesto que discursos hay en todas partes y la materialidad en ocasiones no está más.
En este trabajo se dieron algunos elementos para analizar la construcción del discurso histórico, más no pretende ser una guía ni explicar en su totalidad este vasto tema.

Notas

[1] Las escalas dependen del uso que se les dé. En este caso, las definí según la cantidad de tiempo que llevó la elaboración de una y otra.

Imagen | Wikipedia

Artículo de:

Beatriz Alvarado (Fundadora y directora de la revista cultural La Memoria Errante):
Estudiante de Historia y Arte en el Instituto Cultural Helénico (ICH) y de Comunicación y medios en la Universidad Tecnológica de México (UNITEC). Se ha interesado por la difusión de la historia, el periodismo cultural y el estudio de la opinión pública.

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Cita este artículo (APA): Alvarado, B. (2023, 19 de abril). El león, la bruja y la historia o, la fantasía historiable. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/04/el-leon-la-bruja-y-la-historia-o-la-fantasia-historiable
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por La Memoria Errante

La Memoria Errante (LME) es una revista cultural y digital que surgió en 2020 ante la necesidad de crear un espacio donde artistas y humanistas pudieran compartir sus creaciones fuera del mundo académico. Actualmente, cuenta con escritoras y escritores de distintas partes de la República Mexicana y América Latina. Tiene convocatorias abiertas a todo público y busca hacer promoción de la lectura y la escritura haciendo uso de las diferentes redes sociales.

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