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Mi padre, director del Centro Cultural de Collblanc la Torrasa (uno de los barrios, en Barcelona, de Hospitalet de Llobregat con más densidad de población, además de con una distribución muy heterogénea en cuanto a etnias, “razas”, procedencias, costumbres…) me contó una anécdota de su trabajo:

En una de las famosas plazas del barrio, para una de las actividades del centro, había alquilado una tarima, sillas, vallas, equipo de sonido, unas cuantas mesas… y lo que más nos interesa: baños móviles públicos. Estos lavabos se habían montado de forma que quedaban alineados con la tarima (que conformaba el escenario principal), estaban a pocos metros. Las actividades para las que este material había sido reservado no son relevantes, al día siguiente la comunidad Sij del barrio iba a celebrar una de sus costumbres más relevantes: una procesión para exponer y reverenciar el libro sagrado Gurú Granth Sahib, donde finalmente este libro quedaría mostrado en el escenario con el objetivo de rendirle culto.

Él, en un ataque de generosidad (debido a que el coste del alquiler era el mismo para mantener el montaje de la tarima y demás objetos un día más), le ofreció a la comunidad la posibilidad de usar su material. En nombre del centro cultural les cedía, les dejaba las instalaciones. Mi padre pensaba que la respuesta inmediata sería un sí rotundo, acompañada de notables muestras de agradecimiento… pero lo que realmente sucedió fue un silencio tenso acompañado de conversaciones controversiales entre los miembros religiosos (en su lengua). No aceptaban inmediatamente la propuesta, y esta estaba ocasionando un ambiente polémico. Completamente extrañado, mi padre pregunto: – ¿Qué sucede? Uno del grupo le explico: – Cuando hacemos la exposición del libro sagrado en la tarima, este no debería estar al lado, alineado con los lavabos, la línea imaginaria entre lo puro y sagrado (el libro) y lo impuro (los lavabos) es algo inaceptable. Mi padre profundamente extrañado, miró de cambiar la localización de los baños.

Justo al explicarme la anécdota, rápidamente Mary Douglas tomo presencia en mi pensamiento; una antropóloga británica con una experiencia relevante en trabajos sobre el análisis del simbolismo y los textos bíblicos, autora de “Pureza y peligro”, una obra con gran influencia en el estudio antropológico de los sistemas de clasificación.

Resulta que en la discusión anecdótica estaban en juego los esquemas, las estructuras, las formas de organizar la realidad de los Sij, realmente resultaba un desorden, una profanación insoportable la cercanía del libro sagrado y los lavabos. La religión como fenómeno cultural había estructurado el pensamiento del colectivo religioso de una manera distinta a la de mi padre (alguien ateo occidental).

Un observador (ficticio) ingenuo y un tanto arrogante ante este hecho, inmediatamente objeta:

Anda que son estúpidos los religiosos, ¡están retrasados! (Además de un muy probable desprecio hacia las diferencias culturales de los Sij).

Claro está, ¿Qué importancia iba a tener algo que es completamente absurdo analizado desde una óptica “racional”, “objetiva”, científica, desde el ojo de un occidental con la mente llena de “cosas demostradas científicamente”?

Este observador seguro que piensa también que en su día a día de hombre “avanzado”, todas las decisiones que toma son con sentido, de modo racional, útiles y efectivamente testadas…

Entonces, ¿Por qué le provocaría pavor una bolsa de cereales en el cajón de la ropa?

E aquí donde movilizo toda la carga teórica de la antropóloga inglesa:

Mary Douglas en el capítulo La profanación secular del libro mencionado anteriormente, advierte como absolutamente todos los ritos, costumbres, clasificaciones basadas en una diferenciación entre lo “puro” y lo “impuro” o lo “limpio” y lo “sucio” son fruto de construcciones irracionales ambientales (y, por lo tanto, muy probablemente, aunque no siempre, culturales) antes de ser justificadas por una supuesta funcionalidad racional.

Los procesos de purificación o profanación son guiados por un comportamiento irracional. El texto parte a través de una crítica hacia el materialismo médico: las acciones, rituales, comportamientos culturales son guiados por un proceso de mejor adaptación médica, en el sentido que los rituales que contemplan la higiene, hábitos saludables, la curación… son los rituales que prevalezcan debido la ventaja adaptativa que suponen. Por lo que se consideran estas razones como causas de los rituales: los musulmanes no pueden comer cerdo debido a que en las condiciones en las que se formuló este ritual no convenía por lo peligroso que podía resultar este comportamiento en cuanto a las enfermedades que producía. Esto según Douglas es caer en un sesgo racionalista y etnocéntrico, según ella no es cierto que las razones de este actuar fueran “empíricas” o “racionales”, los motivos antes son irracionales, simbólicos… por lo que las posibles ventajas “médicas” que suponen son consecuencias de lo irracional, no motivos. Como argumento principal utiliza las diferencias culturales que surgen cuando se trata de determinar lo que es puro o lo que es impuro, cada sociedad tiene fronteras distintas, formas de estructurar la realidad diferente, acompaña el argumento proponiendo una forma por la cual se crean estas estructuras y como todas las sociedades tenemos mecanismos para enfrentar las ambigüedades   que no caben en la categorización cultural. Douglas afirma también que no hay diferencia entre los rituales de culturas no occidentales y occidentales, los rituales de esta última, en esencia (aún, en ocasiones, con la excusa de la ciencia) son en primera instancia de suerte irracional. Por eso mismo, el observador imaginario convocado anteriormente (y a merced de mi inspiración) que protagoniza esta argumentación, imprudente en sus acusaciones precipitadas, se lava las manos con gel hidroalcohólico cada 5 minutos o dobla la ropa e inmediatamente la coloca en el cajón de “ropa limpia” (donde jamás mezclará los calcetines con los calzoncillos). Todas las acciones que repetimos, y que pensamos que están respaldadas por un ideal higiénico, científico, pensado, normalmente son compulsiones en forma de hábitos que antes que nada satisfacen el orden inconsciente que configura nuestra estructura aprendida mayormente de la cultura. Por lo que al final, lavarse las manos antes de comer o no mezclar los calzoncillos con los calcetines, no difiere tanto de evitar poner un libro sagrado alineado con un lavabo público.

Aquel que creía en su superioridad en cuanto a la forma de procesar la información alega:

Pero la ciencia es un método más avanzado de comprender el mundo que el pensamiento mágico, o el pensamiento primitivo, salvaje. 

El observador, ingenuo de nuevo, no entiende que las reglas estructurantes del pensamiento moderno en esencia siguen siendo las mismas que las del pensamiento mágico o “primitivo”. O esto es lo que Levi Strauss trata de demostrar en su libro Pensamiento salvaje. Strauss fue uno de los antropólogos y filósofos franceses más influyentes en el siglo XX, su relevancia es debido a los grandes aportes en estas disciplinas, en especial introdujo el enfoque estructuralista1 en las ciencias sociales y fue de hecho el fundador de la antropología estructural2.

En el capítulo la ciencia de lo concreto el antropólogo francés para estudiar el pensamiento y el conocimiento de los pueblos, como las personas se acercan al universo, se guía por el estudio del lenguaje, donde tiene en cuenta algunos criterios erróneos que en cantidad de investigadores y expertos conducen a la creencia de que el pensamiento primitivo es menos capaz para desarrollar el pensamiento abstracto, ya que en sus lenguas faltan términos para expresar conceptos abstractos tales como “árbol” o “animal”. En otras palabras, utilizan pocos conceptos generales. Pero una mejor observación (realizada por Strauss) muestra que los nombres concretos prevalecen por los diferentes intereses de cada sociedad en particular, sin ser necesaria una multitud de palabras abstractas como en el lenguaje “civilizado”.

Por otro lado, tampoco es cierto que el pensamiento de estas culturas sea utilitario, en el sentido que aquello que piensan es precisamente lo que necesitan para su experiencia vital (el observador justificaría este argumento alegando que conocen tantas plantas, porque están en contacto con ellas y las necesitan para sus “ambiciones” culturales). Strauss realiza en este capítulo una sucesión de ejemplos en los que se demuestra como culturas concretas tienen en su vocabulario bastantes más plantas de las que son habituales en su día a día. Evidentemente, este conocimiento proviene de la experiencia o saberes populares compartidos. Pero es más probable que esta experiencia derivada hacia la comprensión o clasificación proviniese de la curiosidad, antes que una por supuesta utilidad. Evidentemente, no puedes saber si algo resultara útil si nunca se ha tenido el impulso previo de conocerlo. ¿Qué motiva este impulso, la necesidad o la curiosidad? Si partimos de la premisa que la mayoría de “descubrimientos” en el pensamiento salvaje provienen de la casualidad, que las culturas mantienen una estabilidad que puede resultar incluso más opulenta que en el mundo occidental contemporáneo (Sahlins, 1972) y que en muchas cultura la experiencia vital no está mediada por la comprensión del ambiente a través de la relación “medio-fin” (resultan, en muchas ocasiones, reacias a entender el entorno como un proveedor de recursos), parece evidente que la curiosidad resulta una explicación más sensata que la necesidad. Por lo que la curiosidad “científica” o el “conocer por conocer” parece ser un mínimo común denominador en el funcionamiento humano. Y este “conocer por conocer” puede dar lugar a un pensamiento mágico o científico. Ambos parten de la misma raíz, pero presentan diferencias en el determinismo o principio de causalidad que practican. Donde la primera diferencia real que se observa es que el pensamiento mágico está más ligado a un determinismo global e integral. Básicamente, a muchos sucesos se les adjudica una causa que lo determina, existiendo sistemas de vínculos muy amplios y logrados. El pensamiento mítico, denominado por Strauss como “bricoleur”, elabora estructuras disponiendo acontecimientos, o más bien (como afirma él) con residuos de acontecimientos, en tanto que la ciencia crea, en forma de acontecimientos (resultados), gracias a las estructuras que fabrica, aquellas que resultan ser sus hipótesis y teorías.

Nuestro protagonista ingenuo vuelve a objetar:

No me cuentes historias, ¡todo esto es cultural!, ¡a mí me interesa la ciencia, lo comprobado empíricamente de la naturaleza! Una cosa es la cultura y otra cosa distinta la naturaleza.

La dicotomía entre cultura y naturaleza, entorno y genética, humanidades y ciencias… es la culpable de los comentarios de nuestro personaje común.

Philippe Descola, discípulo de Lévi-Strauss y director del “Laboratoire d’Anthropologie Sociale de Paris” (dentro de la EHESS), tiene desde 2001 la cátedra de ‘Antropología de la Naturaleza’ en el honorable “Collège de France”. Y de seguro le escandalizarían los comentarios del observador, debido a que se ha dedicado profundamente a considerar y estudiar una “antropología de la naturaleza”.  ¿Pero, no es esto un contrasentido?, ¿no son cosas incompatibles? Una cosa en la naturaleza y otra la cultura ¿no?

Según Descola es un claro no. La relación entre las personas y su medio puede adquirir distintas dimensiones según la cultura. En occidente es común la distinción entre “naturaleza” y “cultura”, entre “nosotros” y “eso”. Pero esta distinción no es algo universal, el estudio antropológico de Descola observa cómo esto puede tomar formas heterogéneas. Desde culturas en las que no existe una distinción entre lo “humano” y lo “natural”, donde existe una continuidad de “materialidades” e “interiores” (o “almas”) entre humanos y no-humanos, hasta culturas naturalistas donde esta distinción es evidente e interiorizada como natural (valga la redundancia). Descola habla de cuatro grandes ontologías, es decir, sistemas de propiedades de los seres existentes, que sirven de punto de anclaje, de formas cosmológicas, modelos de vínculo social: totemismo (continuidad de ‘materialidades’ e ‘interiores’ entre humanos y no humanos), animismo (continuidad entre humanos y no humanos en cuanto ‘interiores’ y diferencia es su ‘materialidad’), analogismo (discontinuidad entre humanos y no humanos tanto en su ‘materialidad’ como en sus ‘interiores’) y naturalismo (continuidad entre humanos y no humanos en lo ‘material’ y separación en “interiores” y ‘aptitud cultural’). Aunque antes de ser esta clasificación algo definitivo, algo absoluto, se trata de una simplificación que traza un camino alternativo para comprender la relación entre naturaleza y cultura, un camino que puede mostrar la posibilidad de múltiples formas cosmológicas además de las clasificadas. Realmente desde este sentido intentar delimitar una frontera seria entre “naturaleza” y “cultura” resulta absurdo.

 ¿Cómo es posible exponer la distinción u orden entre una cosa y otra, si en sí mismo son construcciones mutuas, circulares, sinérgicas y relativas a cosmologías distintas?

El observador finaliza con: – ¿pero entonces que me influencia más la cultura o la naturaleza?

Yo respondería: – ¿una puerta que es más un agujero o un trozo de madera?

Notas

[1] Estructuralismo (lingüística). Recuperado el 13 de abril de 2023, de https://es.wikipedia.org/wiki/Estructuralismo_(ling%C3%BC%C3%ADstica)

[2] Antropología estructuralista. Recuperado el 13 de abril de 2023, de https://es.wikipedia.org/wiki/Antropolog%C3%ADa_estructuralista

Bibliografía

Lévi-Strauss, Claude (1962) “La ciencia de lo concreto”, El pensamiento salvaje, Barcelona: Ed.62, pp.19-50.

Douglas, Mary (1991 [1966]) “La profanación secular” y “Magia y milagro”, Pureza y peligro. Un análisis de los conceptos de contaminación y tabú, Madrid: Siglo XXI, pp.27-41 y 61-79.

Descola, Philippe (2011) “Más allá de la naturaleza y de la cultura” “In Montenegro, L (ed.) Cultura y Naturaleza. Bogotá: Jardín Botánico de miBogotá Celestino Mutis, pp. 76-97

Miguel Ángel, (2012) “Información recopilada sobre el Sijismo”. Instituto de ciencias de la educación (UPC).

Imagen | Pixabay

Artículo de:

Daniel Luque (Revista We Are Davinci):
Estudiante de ciencia, tecnología y humanidades en la UAB (tema central: filosofía de la ciencia y técnica), estudiante de física en la UNED. Amante del rock progresivo, y el arte subversivo.

Cita este artículo (APA): Luque, D. (2023, 30 de abril). La línea invisible entre el baño y el libro. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/04/la-linea-invisible-entre-el-bano-y-el-libro

por Revista da Vinci

Revista sin ánimo de lucro, de divulgación interdisciplinar, plural y cercana. Las temáticas que se diluyen y operan en conjunto son el arte, la filosofía, la ciencia y la historia. Quieren motivar en las personas la creatividad, el cuestionamiento heterogéneo y holístico, el humanismo… por un sentir completo. Intentan recuperar el espíritu polímata, crítico, subversivo. El proyecto nace de la asociación Wearedavinci, una asociación que pretende ser una red de tertulias cercanas interdisciplinares, un movimiento cultural con los valores anteriormente mencionados.

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