Ayn Rand realiza un revisionismo histórico mediante el cual consigue desvirtualizar el capitalismo, entendido desde la premisa tribal. Además, establece el objetivismo como base filosófica para dotarle de los principios que la manipulación conceptual había deformado.

El capitalismo es un término bastante susceptible. Cuando alguien se aproxima mínimamente al concepto, le presta la mínima atención y le dedica, aunque sea, un corto proceso de reflexión, probablemente le suscite alguna sacudida interior. Es quizá un concepto de extremos, lo veneras o lo condenas. En primera instancia, viéndolo de forma simple y en síntesis, el capitalismo se determina en pos de la libertad. Dicha atribución tan cargada, levanta inevitablemente pasiones en las personas, tanto positivas como negativas. Porque la libertad, siendo una condición humana, es algo que nos ocupa y nos preocupa en todos los sentidos. Los teóricos deben tener en cuenta que el capitalismo no afecta igual a todas las personas; a unas las beneficia, a otras las perjudica. Sabiendo que el capitalismo es algo principalmente político, y que la opinión política es algo meramente emocional, cada uno lo criticará de forma según lo que sienta hacia él, porque ese sentimiento se produce con base en la visión personal de la vida, y la política es la forma de organizarla.

Destrucción y reconstrucción

Ayn Rand aborda el concepto desde un punto accesible para todos, apartándose de cualquier noción económica y explicando que, antes de cualquier atribución, antes de todo el manoseo de economistas, políticos y magnates, se encuentra el humano. Es precisamente a la persona, a la que, desde la definición inicial del capitalismo, se le ha ignorado. La filósofa piensa que la cultura europea ha arrastrado una tradición tribal concibiendo la sociedad como un grupo de pertenencia al cual debe servirle. En él, los integrantes son meros elementos que hacen funcionar el sistema, y la función de cada individuo es aportar algo para alcanzar el objetivo común. Lo que critica Ayn Rand es que la economía administra los recursos de la comunidad para que se alcance el bienestar general, basando esta funcionalidad en la justificación moral del altruismo.

El ideal de comunidad está tan arraigado que la premisa tribal es algo incuestionable, de tal forma que aun con la intromisión del capitalismo, donde el motor del sistema es el individuo y no la comunidad, la economía política sigue explicando el capitalismo desde una visión comunitaria. Por lo tanto, Rand plantea rechazar la premisa tribal y reescribir su argumentación desde un comienzo apropiado, que no devenga en incoherencias.

“El concepto del hombre como individuo libre, independiente, era profundamente insólito para la cultura europea.”

(Rand, p.15)

Según Rand, la economía política, disciplina que formula el capitalismo, siempre ha cometido el error de ajustar al hombre dentro de la teoría económica ya desarrollada. Las ciencias empiezan a analizar su objeto de estudio desde el sujeto, pero la economía deduce en lugar de inducir. Como ciencia social y humana que es, debería comenzar por la persona, desde su propia la existencia. Porque la economía no es algo a pesar del hombre, sino que está directamente relacionada con su contexto.

Así pues, declara que la característica primaria del hombre es su racionalidad. Desde ella obtiene el arma más elemental ante su supervivencia, el conocimiento. La filósofa remarca que es una acción completamente individual. El proceso de pensar solo lo puede desarrollar uno consigo mismo. Se puede cooperar y transmitir con otros, pero cada uno desarrolla individualmente su mente con su razón. Cada especie se mantiene con vida porque se desarrolla en virtud de su naturaleza. Teniendo en cuenta que la naturaleza del hombre es intelectual, todo lo que necesita lo conoce por su pensamiento y lo consigue por su esfuerzo. La razón aplicada a la producción es el medio que sostiene la existencia de la raza humana.

Para que el pensar pueda desarrollarse correctamente, el hombre necesita ser libre. Y así, como diría Jorge Luis Borges1: “El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta ‘el modo imperativo’ ” a lo que, personalmente, añadiría que el verbo pensar tampoco lo soporta. La mente puede ser coartada, incluso presionada, para evitar que piense, pero a una mente no se la puede obligar a pensar. Cuando un hombre actúa acorde a su naturaleza, guiándose por la razón es entonces que perfecciona su supervivencia y alcanza el bienestar; pero cuando se guía desde la irracionalidad, se autodestruye yendo en contra de su propia naturaleza.

En el momento que se asume la necesaria relación, supervivencia-razón, inevitablemente, se llega a los derechos individuales que, terminan siendo la consolidación y ratificación de naturaleza humana. Como no podía ser de otra forma, todos (incluso no capitalistas) debemos estar de acuerdo en que el derecho a la vida es el más fundamental. De él emanan el resto de los derechos donde, para Rand, el derecho de la propiedad privada es también esencial para mantener la vida, porque cada individuo necesita poseer su propia vida para controlarla y funcionar en ella.

Si no puede disponer del producto de su esfuerzos, no puede disponer de sus energías; si no puede disponer de sus energías, no podrá disponer de su vida. Sin derechos de propiedad, no se puede practicar ninguno de los otros derechos.

(Rand, p.22)

Con todo ello el hombre es capaz de desarrollarse, y desarrollarse para sí, porque el ser humano es un fin en sí mismo y los esfuerzos que realiza tienen que girar en torno a potenciar su vida al máximo, que será, precisamente, el resultado de haberse desarrollado correctamente. Por tanto, para determinar un sistema social apropiado según esta concepción antropológica, Rand responde a la pregunta: “¿El hombre es libre?”. Aparta por completo la visión del hombre como miembro de una comunidad, en tanto en cuanto, es un elemento del conjunto que funciona como medio para alcanzar el objetivo común, que acoge también como su objetivo personal.

Entonces, Rand establece el capitalismo como único sistema que considera al hombre completamente libre. En él, el derecho individual, la naturaleza del hombre, la relación supervivencia-razón está protegida por el gobierno, que es la única función que le compete. Protege la posibilidad de desarrollo individual sin interferencias exteriores porque, el capitalismo, crea relaciones humanas voluntarias en las que cada uno toma la libre decisión de aceptar o rechazar. Gracias a la implantación del derecho a la propiedad privada, se produce esta condición de ejercer la libertad para desarrollar el proyecto individual y personal y, de esta manera, alcanzar el verdadero bienestar.

El Objetivismo

De esta forma es como se cierra el círculo de la construcción sistémica del capitalismo, concretándose en el Objetivismo. Este establece sus cimientos sobre cuatro pilares filosóficos, fundamentando así, la base filosófica que tanto añoraba el capitalismo: metafísicamente, los requisitos de la naturaleza humana y su supervivencia; epistemológicamente, la razón; éticamente, los derechos individuales; políticamente, la libertad. Establece que el sujeto está ineludiblemente incorporado a su contexto y solo puede entenderse dentro de él. Este bienestar debe ser descubierto dentro de un contexto determinado, armonizar el bienestar con el beneficiado para que sus necesidades condicionadas se adecuen perfectamente a sus satisfacciones. Por eso se necesita la racionalidad, para que cada uno razone qué es lo que más le conviene y contraponga esa concepción comunitaria del “bienestar general”, lo cual se concreta en una dictadura de la mayoría. Así, entiende que hay ciertos bienestares que se priorizan ante otros y, cancela el bienestar de la minoría obligándoles a acatar uno que no les es propio.

`El bienestar general´ (o “el interés público”) es un concepto indefinido e indefinible: no existe tal entidad como “la tribu” o “el público”; la tribu (o el público, o la sociedad) es solo una cantidad de hombres individuales.

(Rand, p.25)

El objetivismo aplicado al libre mercado es elegir el mejor objetivo desde una razonamiento fundamentado. En el mercado libre no gobierna la dictadura de la mayoría, sino que es la minoría, precisamente, la que puede salir victoriosa porque se desarrolla intelectualmente más, al traer un producto novedoso. Son estos, los que hacen uso del conocimiento que les es propio y los que lo maximizan. Son los que mueven el libre mercado por atreverse con nuevos proyectos que desarrollan y salen exitosos porque fueron capaces de ver algo a largo plazo.

Así, la política se traduce como la aplicación de unos principios filosóficos a la vida real. Por lo que, para Rand, el desarrollo de una teoría política solo puede darse desde la relación de la naturaleza del hombre y su existencia. De esta forma, habiendo rechazado ya la moral altruista, la justificación moral del capitalismo no es otra que armonizar un sistema social garante de oportunidades, con la naturaleza del ser humano, venerándola y protegiéndola de corrupciones exteriores. Y es esto precisamente lo que Rand acaba por entender como justicia.

“Excedente social”

Los sistemas comunitarios hablan de un excedente social entendiéndolo como lo que “sobra” de la producción; podría ser las ganancias de la producción, la superación de costes=beneficios, es decir, la riqueza. En la época preindustrial, la hambruna se situaba en el nivel de la norma, así que el excedente no era demasiado, no sobraba mucho con lo que pudieras adquirir algo que no fuera más que lo suficiente para sobrevivir. Esto hacía que, con este pírrico beneficio no se pudiera invertir, ni movilizar el dinero fuera de un monopolio como lo era el rey. De esta forma, se seguía doblegando a la población por el desconocimiento de la libertad, porque esa desinformación ocultaba las posibilidades de crecer y conseguir algo propio, es decir, trabajar y, que cada uno, con lo ganado se administrase y adquiriera lo que libremente desease. Esa norma se situaba en un nivel demasiado bajo y lo que consiguieron los primeros capitalistas no fue solo superar las hambrunas, sino que el excedente que crearon consiguió desarrollar el funcionamiento social estancado y, además, mejorar el nivel de vida.

Rand se percata del error de atribuirle lo social al excedente porque la riqueza no es algo comunitario, sino que le pertenece a alguien, es de quien la produce. La sociedad no es su creadora ni su propietaria, porque esta no ha invertido, sino que lo ha hecho un capitalista con su excedente y su libertad de decidir invertir para, así, apropiarse de lo que ha trabajado. Por lo que, el excedente social tal vez Rand preferiría llamarlo excedentes individuales, puesto que solo se consigue con la capacidad de producción que permite la libertad.

En lugar de construir pirámides y catedrales, los que estaban al mando del excedente social eligieron invertir en barcos, depósitos, materias primas, productos terminados y otras formas materiales de riqueza.”

(Rand, p.17)

El Capitalismo

El capitalismo es un sistema vivo que está en continua renovación, lo cual genera el progreso y que todo se mueva, que todo avance. Es ridículo pensar que la riqueza tiene que repartirse alegando a un anonimato común, cuando en realidad en esta época, todo lo que se innova tiene nombre y apellido. Los grandes industriales fueron los que trajeron la nueva riqueza, la que cuanto más crea, más riqueza genera en un ciclo sin fin, la cual anteriormente no existía porque no se permitía que estos hombres desarrollaran su mente.

Resumiendo, el capitalismo fue cancelado porque empezó planteándose sin una base filosófica en la que soportarse, huérfano de principios morales y políticos. Estaba encerrado en el paradigma del altruismo analizado desde la premisa tribal, dentro del cual no tenía cabida. Establecer esta base se volvió fundamental para Ayn Rand cuando se apoyaba en las evidencias que le brindaban los hechos históricos y, aun así, se seguía permitiendo la ejecución de un sistema arcaico que manipulaba los argumentos justificándose en una base ética que no era cercana con lo que en realidad sucedía.

Explica que las crisis y depresiones se han provocado por la intromisión del gobierno mientras que, lo que ha permitido el avance ha sido la libertad desde la cual se han desarrollado nuevas formas de atender las necesidades de la población cuando esta las reclamaba; y, en definitiva, el capitalismo es lo que ha mejorado notablemente la vida de los hombres, en tanto que les permite adquirir lo que persiguen porque no hay limitaciones ni interferencias en el camino. Esto es lo que crea verdaderamente un sistema moral y racional, el único existente para Rand en la historia, que abre paso al desarrollo del hombre que, por su propia naturaleza, reclama y de esta forma se realiza, en virtud de su esencia.

Veo dibujado un sistema que en el que las posibilidades son infinitas y que todos las tienen a su alcance, un sistema no exento de circunstancias socioeconómicas y donde todo el mundo debe ser feliz porque se le permite un desarrollo personal, a mayor o menor escala, que siempre tendrá acceso a conseguir. Es como si estuviera explicando la sinopsis de Un mundo feliz de Huxley, en el que termina por descubrirse la trampa y el cartón, en el que todos están sumidos por una manipulación artificial.

Vivo en el lado afortunado del capitalismo, donde rige la ley de la oferta y la demanda, donde existe esa oportunidad de consumir o de aceptar un trabajo. Me encuentro en el lado de la alambrada donde Ayn Rand ve un paraíso, aunque realmente no es tan bonito como parece, tampoco tan dramático como al otro lado. Mi percepción no es precisamente una sociedad libre, ni siquiera individuos libres. Ayn Rand habla de que el capitalismo es la tumba de la esclavitud y la explotación, sin embargo, hoy sigo viendo trabajos que explotan a sus trabajadores por un sueldo precario y otros que se autoexplotan por presiones exteriores que acaban integrándolas como propias, lo cual hace que se perciba como una decisión libre. Esta sensación de tener el poder sobre las miles de oportunidades es el mayor marketing jamás aplicado en el mercado. Este hechizo manipula mentes.

Es cierto que la época industrial acabó con el feudalismo y mejoró los niveles de vida. Pero desde ese momento, convirtiéndose en la herencia del capitalismo, se pagaban salarios bajos y todo por la ley del interés individual. La verdadera ley, en la que se sostiene este capitalismo, es la que protege al individuo aludiendo el derecho a velar por su propio interés. Esto acaba concretándose en que el objetivo del empresario es maximizar beneficios, lo cual significa conseguir el mayor rendimiento con el menor coste posible, y esto incluye el salario de los trabajadores. Estos trabajadores, se puede decir que trabajan para sí mismos porque lo hacen para sustentar su vida, pero realmente, están trabajando para el empresario que necesitaba una fuerza de trabajo humana con la que alcanzar su objetivo personal. De esta manera, el empresario sí consigue su meta y, a costa del esfuerzo de otros, se lucra con respaldo institucional.

Es gracias a la regulación de leyes de trabajadores y contrapesos que se le imponen al sistema, que el capitalismo no puede recrearse en su máximo esplendor en muchas ocasiones. Si no fuera por eso y la economía se dejara enteramente en manos capitalistas puras, los trabajadores seguirían siendo esclavos. El capitalismo no es un sistema al alcance de todos, solo un sistema al alcance de unos pocos que, se les considera brillantes en la genialidad de la novedad y, someten al resto a mover la maquinaria de dinero que va directo a los que se acogen al ideal de la meritocracia, otro aval del capitalismo. Todas las licencias exclusivas que el capitalismo concede a los más afortunados, hacen creer al resto de individuos que pueden alcanzar el cielo con el esfuerzo preciso. Pero, en realidad no hay espacio para tantos y se quedan con su mediocridad haciendo algo que, realmente, no les hace felices con su objetivo personal pendiente por cumplir.

Notas

[1] De acuerdo al portal “Pregunte: las bibliotecas responden”, que es atendido por bibliotecas de diferentes Comunidades Autónomas de España y coordinado por la Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura del Ministerio de Cultura y Deporte, no hay certeza para asegurar dicha autoría, aunque muchas fuentes se la atribuyen a Borges. Puedes ver más información en: https://www.pregunte.es/consulta/inicio.cmd?FORMULARIO=buscador&ACCION=getDetalleConsulta&NIC=72146

Bibliografía

Rand, A. (2009). ¿Qué es el capitalismo? En Capitalismo: El ideal desconocido. Grito Sagrado Editorial.

Artículo de:

Mireia Romero Fernández (autora invitada):
Estudiante de Filosofía y Ciencias Políticas.

Imagen | Freepik

Cita este artículo (APA): Romero, M. (2023, 21 de mayo). Una actualización conceptual del capitalismo. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/05/ayn-rand-actualizacion-concepto-capitalismo
#Ayn Rand, #bienestar general, #capitalismo, #comunidad, #filosofía, #individuo, #Libertad, #objetivismo, #premisa tribal, #Racionalidad

por autores invitados

¿Te gustaría escribir para nosotros? Puedes hacerlo enviando textos de forma esporádica o unirte a nuestro equipo permanente de autores. Para más información, envíanos un mail: contacto[at]filosofiaenlared.com

error: Content is protected !!