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Disclaimer

Estimadas lectoras y lectores de Filosofía en la Red,

Me siento muy honrado de saludarles por primera vez dentro de este maravilloso espacio que ha tenido a bien invitarme para que pueda colaborar de vez en cuando. Me llamo Alfonso Mareschal y soy el director de Revista Popper, un proyecto cultural que toma su nombre del padre del falsacionismo, Karl Popper, pero también —y más aún, si cabe— del modo popular en que normalmente suele llamarse al nitrito de amilo, sustancia vasodilatadora que, tal y como la define Adam Zmith en su ensayo Inhalación profunda: historia del popper y futuros queer (Editorial Dos Bigotes, 2022), resulta «a la vez un producto y lo que usamos para liberar nuestra alma».

«Como cualquier droga», concluye Zmith, «el popper nos ayuda a creer que hemos escapado de nuestras circunstancias materiales. Se trata de una huida breve, como el alivio de la angina o del dolor menstrual», y eso, en los tiempos que corren —aunque es verdad que no me gustaría hacer apología del consumo de nada—, no es un asunto baladí. Al fin y al cabo, las «circunstancias materiales» son las que determinan y conforman nuestra vida, desde que nos levantamos para ir al trabajo hasta que nos acostamos temprano pensando que al día siguiente hay que volver a trabajar. Entre tanto, surgen frustraciones, entretenimientos, alegrías, distracciones y dudas; y eso es, precisamente, lo que hemos venido a despejar: lo que sucede en el mundo, pero de un modo diferente —bueno, qué digo diferente, si no es más que aplicar la mayéutica de Sócrates—, valiéndonos de nuestra experiencia periodística y de las respuestas de nuestros entrevistados en Revista Popper para descubrir con qué otras acepciones cuentan los conceptos que, de un modo u otro, a todos nos vienen a tocar.

Siendo así, cada entrada de esta nueva enciclopedia popperiana abordará un tema concreto cada vez, pero lo hará tomando como referencia las ideas de aquellas autoras y autores a quienes hemos podido preguntar al respecto a lo largo de nuestros ya dos años y medio de carrera. En este tiempo, nos hemos dado cuenta de que las preguntas que les hacemos a los protagonistas de nuestras conversaciones son únicas y específicas, pero que a su vez hay ciertos asuntos comunes que a todos sobrevuelan, como el amor, la amistad, la vocación o la entrega; y, claro, una vez descubierto, ¿por qué no valernos de su armonía para componer una serie de piezas polifónicas sobre lo que ahí fuera nos acecha, armando, así, un proyecto coral? ¡Y dónde mejor que en una plataforma dedicada a la Filosofía! Queden, por tanto, atentos y atentas, y disfruten del primer artículo de la Enciclopedia —dedicado al trabajo—, que, si todo sale bien, podrán encontrarla trimestralmente actualizada en Filosofía en la red.

¿Qué se entiende por «El trabajo»?

En honor a la temática de esta plataforma, comenzamos abordando la coyuntura laboral de nuestro tiempo haciendo mención a las palabras que nos regaló la investigadora y ensayista Remedios Zafra (Córdoba, 1973) en julio de 2021, cuando, al ser preguntada por las posibilidades de escapar del trabajo precario, señaló lo siguiente:

Para las personas que valoran su trabajo y valoran también la libertad de ejercerlo es fundamental la conciencia. Si tú no eres consciente de manera crítica del contexto en el que estás, terminarás docilizado, haciendo lo que crees que deberías hacer, pero sin una visión crítica ni libre.

De hecho, «el futuro emancipador que imaginamos requiere de trabajadores formados y que quieran dar sentido a lo que hacen». Por desgracia,

Ante esa precariedad mantenida en el tiempo, la única alternativa […] pasa por blindarte y renunciar a todo aquello que te subjetiva. Este es el gran fracaso del sujeto libre y del sujeto humanista como motor de las cosas que tienen sentido para uno y para la colectividad

¿Cómo solucionarlo? Por ejemplo, preservando «la visión positiva de la adolescencia como momento en el que todavía las personas quieren hacer las cosas bien y creen que la sociedad les puede ayudar»

O siguiendo la experiencia de la propia Remedios:

Fue cuando empecé a primar el trabajo con sentido cuando yo, por fin, noté que recuperaba el control sobre lo que hacía. Preferí no aceptar todas las cosas que me iban llegando, que en los contextos en red cada vez son más y más, sino centrarme en profundizar, conocer, abordar y disfrutar el proceso de hacer. Este se convierte, entonces, en un hacer valioso para el mundo; un hacer que, por supuesto, va precedido de un malestar del que debemos apropiarnos para hacerlo más constructivo.

Con Marta Sanz (Madrid, 1967), encontrar el pretexto adecuado para debatir acerca del trabajo fue muy sencillo, pues en la mayoría de sus novelas tiene el acierto de hablar sobre el mundo laboral bajo el término «malditos benditos trabajos», precisamente. ¿Por qué?

La visión que yo quiero dar del trabajo en casi todas mis novelas es una visión que lo contempla como algo consustancial a la naturaleza humana; o sea, si no trabajamos, si no nos desarrollamos a partir de un trabajo —sea el que sea— en realidad no llegaremos nunca a cumplir nuestras expectativas, provocando no, ya que nos sintamos personas fracasadas, sino huecas. Si no trabajamos no estamos haciendo, precisamente, lo que tenemos que hacer […] Por otra parte, me gusta constatar el hecho de que en el mundo en que vivimos, capitalista y liberal, lo que a veces hacen los trabajos, en vez de convertirse en una herramienta de realización y en una forma de ganarnos la vida sin que esa vida esté chupada por nuestras tareas y labores, es vampirizarnos, absorber toda nuestra energía por medio de actividades tan exigentes que, por mucho que tú les des, nunca te permiten salir de la precariedad y siempre están exigiéndote más cosas. En mi último libro, Parte de mí, hablo de cómo en el confinamiento, mientras estaba en casa, sentía que no podía parar y me iba preocupando cada vez más ya no solo por la enfermedad, sino también por esa salida económica que nos tiene a todos con la soga al cuello. En todos mis libros me gusta reflejar esa idea del precariado: el cultural y el general de todos los trabajadores y trabajadoras del sistema económico y social en que vivimos; pero haciendo hincapié en el precariado cultural porque es el que me ha tocado vivir a mí. Porque detrás de los libros que escribo estoy yo, que he padecido todas estas situaciones. Con la dicotomía de «malditos benditos trabajos» lo que pretendo poner sobre la palestra es precisamente esto: que, por un lado, el trabajo es fundamental, necesario, forma parte de la naturaleza humana… pero, por otro, en sociedades perversamente organizadas el trabajo nos chupa la sangre y los hígados.

En todo esto también hay otra cosa interesante, y es que las personas que tenemos la suerte —y la simultánea desgracia— de dedicarnos a un oficio vocacional muchas veces, en esa especie de autoexigencia y de dar el do de pecho permanentemente —porque nos dedicamos a lo que nos gusta—, te dejas demasiado la piel y eres incapaz de separar tu espacio de ocio de tu espacio laboral, y puedes acabar demasiado ensimismada, tal y como decíamos al principio. Esto es lo que cuenta Remedios Zafra en su ensayo El entusiasmo (Anagrama, 2017), por ejemplo, donde mantiene la tesis de que socialmente los trabajadores vocacionales son utilizados, y de que las instituciones y las empresas culturales se aprovechan de esa condición. Claro, bastante tienen con hacer aquello que les gusta, y esa es la excusa para fomentar la precariedad.

En el caso de la escritora Meryem El Mehdati (Rabat, 1991), aunque no se cansaba de afirmar «que el trabajo se ha comido nuestras vidas y que ya no trabajamos para vivir, sino que vivimos para trabajar», descubrió la paradoja:

Sin embargo, y a pesar de la queja, no termino de bajarme de la rueda, como tantas y tantas personas que curran en los medios, asisten a coloquios y no paran de participar en proyectos cuyo mantra es criticar el trabajo mientras no paran de trabajar. El asunto es que yo antes lo veía desde fuera, pero últimamente lo experimento desde dentro y soy consciente de lo difícil que es salir de esa espiral.

Sobre todo después de publicar su primera novela, Supersaurio (Blackie Books, 2022). En ella, su postura es evidente: «Trabajar es miserable», pero, en línea con lo que apuntaba Marta Sanz:

Nos guste o no nos guste, el trabajo se ha convertido en una pieza fundamental de nuestra identidad […] ¿Podría seguir respirando y llevar una vida normal sin escribir? Por supuesto. ¿Podría hacerlo sin trabajar? Pues a ver con qué pagaría el alquiler o qué comería a diario.

Y puestos a soñar, soñemos con que la pesadilla se acaba:

De mayor me gustaría ser jubilada y no tener que trabajar, solo hacer pequeñas cosas de pequeña Meryem, como darme un paseíto, cocinar algo rico para cenar, beber café del bueno, leer… Y sé que el mundo no funciona así, pero por eso lo planteo, porque no me gusta que el mundo funcione del modo en que funciona, suspendiendo nuestra existencia durante ocho horas, cinco días por semana, y dejándonos tan agotados que al llegar a casa no tenemos tiempo —ni ganas— de hacer nada más, aparte de prepararnos para ir de nuevo a trabajar por la mañana.

Para nuestra querida Brenda Navarro (Ciudad de México, 1982), «el problema es trabajar, ¿o no? [risas]. Deberíamos de tener la renta básica universal y poder hacer otras muchas cosas en este mundo». Sin embargo, ya que tenemos que apechugar, ¿por qué no intentar verlo todo desde un prisma positivo? En Supersaurio, por ejemplo, la voz protagonista de Meryem sostenía: «No creo, la verdad, que sea sano difuminar tanto la línea entre compañeros de trabajo y amigos», pero, al ser cuestionada por eso mismo, Brenda prefiere darle la vuelta a la tortilla:

Lo interesante sería que, desde el trabajo mismo, desde esta imposición, pudiéramos escudriñar a las personas —que también son convertidas en autómatas, como tú—, reconocer su humanidad, aceptarla y compartirla. En ese sentido, claro que creo que los espacios de trabajo son unos espacios en donde podemos generar grandes relaciones afectivas.

Por último, la visión del poeta Adrián Fauro (Alicante, 1994) es también interesantísima, pues eleva a una suerte de estado de post-crítica a la crítica al trabajo misma. Porque, por mucho que haya logrado encontrar:

Un trabajo donde estoy super a gusto y donde disfruto y curro un montón […] sigo estando en contra del trabajo, que no deja de ser un ladrón de nuestras vidas […] Es curioso, porque ahora que trabajo en algo que me gusta soy mucho más crítico con el asunto. Intento, a pesar de que me encante, no caer en esos estereotipos; porque el trabajo es trabajo, y aunque lo disfruto enormemente considero que su crítica tiene que seguir estando.

Y tú, ¿qué opinas al respecto?

Imagen | Unsplash

Cita este artículo (APA): Mareschal, A. (2023, 24 de mayo). ¿Cómo entendemos “el trabajo”? Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/05/como-entendemos-el-trabajo

Artículo de:

Alfonso Mareschal (director de la Revista Popper):
Graduado en Derecho y Periodismo y cuenta con un máster en Cultura Contemporánea. Como Valle-Inclán en ‘Luces de Bohemia’, cree que «el periodismo es travesura, lo mismo que la política. Son el mismo círculo en diferentes espacios».

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por Revista Popper

La Revista Popper es una publicación cultural ecléctica que aborda temas filosóficos, literarios, musicales y recreativos. Sus objetivos son enganchar a su audiencia con contenido innovador y ecléctico, y celebrar la cultura alejada de los parámetros clásicos; está conformada por un equipo diverso de jóvenes expertos en diferentes campos. La revista busca producir excitación, euforia y sensación de libertad a través de su contenido siendo parte de la cultura que dilata.

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