La disrupción. El pensamiento que atraviesa la pared en vez de tocar la puerta. El riesgo de jugar a las escondidas caminando detrás del buscador. Tales from the Loop1, de Simon Stalenhag, representa el confuso puente que conecta el punto A con el punto… ¿Quién nos asegura que es un solo punto? Es la crisis de la transición, un espacio perdido entre el sopor después de la alarma que suena y el pie que baja de la cama. Vivimos el tiempo de la orilla del mar, esa que, según Gorostiza, no es agua ni arena y abrazamos con eterno miedo la ilusión que se nos había prometido de un presente constante, devenir de un pretérito plus-cuam-perfecto. Por eso hago la pregunta, por eso acudo a la filosofía: desde los corridos tumbados2 hasta el arte retrofuturista, carguémonos de preguntas.

La gracia de las modernidades consiste no en su proyecto, sino en su estar siendo. Aunque el punto de partida sea el ideario futurista, resulta soberbio pensar que, en todo caso, lo moderno será lo que será; su dinamismo habita en lo que comienza a ser. La paradoja de Zenón. Superar la luz y la sombra para habitar lo que es en medio. Aunque los dioses nos vomiten y nos expulsen de sus paraísos distraídos.

Toquemos a la vaca sagrada con un gesto impertinente. Quiero que la IA reinvente un aria de Mozart con la voz de Rosalía y una película en la que Borges haya escrito Harry Potter. Luego alzar la mirada y regresar a mi trabajo de ocho horas y decirle a mi madre que prenda otra veladora a la Virgen de los desamparados, porque Siri aún no me dice si dios existe y el GTP no tiene cura para el cáncer. Nada de imaginar futuros ni sortear casualidades: en cambio, aferrarnos al pasado de luz tenue y olor a polvo, pues el algoritmo sabe que soy vintage, como el fascismo y la homofobia, como la fe y el patriarcado.

Simon Stalenhag3 apela al bucle que hace perpendiculares la nostalgia de una época vivida y la grotesca aparición del futuro. Lo que se teme no es que este último irrumpa en destrucción. Se teme el abandono de lo que ya se ha conquistado. Soltar el ancla. La angustia es el rastro dejado por lo imposible, lo que se quiso ser y alguien arrebató de las manos.

Pienso entonces en los corridos tumbados y en las olas de indignación que aclaman: “Nos han destruido el regional mexicano”. Aunque nadie lo haya hecho. Un día despertamos y la industria ya nos había inyectado la fórmula, sembraron una música que supo abrazar la crisis y hacerla suya; el mercado hizo después su parte: y sucumbimos. Ahora en redes se añoran las historias de caballos, bandidos y forajidos de la revolución mexicana, esa música de antaño “que fortalecía el espíritu“, según el tío Ramón, conocedor de licores ilegales y música con tololoche para escuchar a 43°C: el bucle que hace perpendiculares la nostalgia de una época vivida y la grotesca aparición del futuro. Déjà vu.

Entre Stalenhag y los corridos tumbados brota un sendero casi místico: sus representaciones son el azote de la copiosa lluvia en el desierto: ansiada e inesperada: bendición y maldición: un lujo para el que la gente desértica no está preparada. Y, sin embargo, llueve. Sus imágenes llevan en sí también el paisaje cotidiano que se rasga por un elemento fuera de guion: el juguete abandonado, la inocencia a la deriva. Desprende luego una retahíla de preguntas incómodas que se cuelgan de la conciencia, porque nunca nos enseñaron a preguntar cosas y siempre nos enseñaron a decir sí o no.

El pensamiento que sorprende y atraviesa la mirada atávica. Retrofuturista: monarcodemocrático: idealmaterialismo: narcoestado: café descafeinado. ¿No fuimos ya en otros tiempos un chiste de nosotros mismos?

Notas

[1] Puedes ver la galería en: https://www.simonstalenhag.se/tftl.html

[2] El corrido tumbado es un subgénero de los corridos (género musical mexicano; se trata de una narrativa popular que puede ser cantada, recitada o bailada); en cuanto a los corridos tumbados: son una variante del corrido tradicional que incorpora la sensibilidad del hip-hop tanto musicalmente como en materia temática; adicionalmente, lo que diferencia a este subgénero es que hace referencia a actos violentos.

[3] Me refiero a esta imagen concreta de Simon Stalengah: https://www.simonstalenhag.se/tftlbig/8.jpg

Imagen | Robots músicos mexicanos tocando corridos tumbados, generada a través de la IA de Canva.

Artículo de:

Luis Ángel Barrera Morán (autor invitado):
Lic. en Literaturas Hispánicas. Estudios de Filosofía en el Instituto Salesiano de Estudios Superiores. Diplomatura en Prácticas Filosóficas y Consultoría Filosófica por el Centro Educativo para la Creación Autónoma en Prácticas Filosóficas (CECAPFI).

Cite este artículo (APA): Barrera, L. (2023, 22 de mayo). Corridos tumbados y arte retrofuturista: pensar la disrupción. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/05/corridos-tumbados-y-arte-retrofuturista
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por autores invitados

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