Marsilio Ficino fue un sacerdote y filósofo cuya labor se centró, en su mayoría, en traducir y difundir las ideas de Platón y los subsecuentes neoplatónicos durante el Renacimiento. Lo que quería lograr era el poder crear un puente entre la antigua filosofía griega con la revelación cristiana, pues creía que la verdad moraba ahí dentro. Su obra fue decisiva para el impulso de la poética renacentista, en particular con su obra De Amore, escrita entre 1474 y 1475. Se trataba de un comentario a El banquete de Platón.

En dicho texto, Ficino nos menciona que hay dos perfecciones: la interna, que corresponde a la bondad, y la externa que es la belleza, la perfección interna produce la externa, y aquello que en ambos es perfecto es felicísimo. Identifica seis potencias del alma pertenecientes al conocimiento: razón, vista, oído, olfato, gusto y tacto. Las tres primeras son las más cercanas a lo suprasensible y al espíritu, mientras que las últimas se orientan más hacia lo terrenal, al cuerpo y la materia. Y aquella gracia de la virtud, ella quien llama y rapta al alma hacia sí por medio de la razón, la vista o el oído, es la belleza.

El resplandor y la gracia del rostro de Dios debe llamarse belleza universal. Y el impulso que se vuelve hacia esta es el amor universal. Lo bello y el amor se identifican en el esplendor del rostro de Dios, si las cosas individuales son bellas se debe a esto. El amor real es necesariamente incorpóreo. Pues, nos dice el mismo Ficino:

La belleza es una cierta gracia, vivaz y espiritual, infundida por el rayo de Dios que ilumina […] mueve y deleita nuestros espíritus […], y al deleitarlos los rapta, los inflama de un amor ardiente.

(De amore, 2001, p.65)

Este amor es entonces el más feliz, ya que es el más bello y por ende el mejor. Se encarga de hacer a los amantes buenos, puesto que es necesario que aquel que hace mejores a otros sea él mismo mejor. Su contrario, el odio, surge de lo deforme por el hecho de que, siguiendo las líneas de Ficino y a la estética medieval, esta se trata de una indigna representación de lo divino.

Es así que el hombre por medio del arte hace presente aquello que no es corpóreo, trae lo suprasensible a lo sensible mediante él, busca crear y entender dicho amor, reproducirlo en las diferentes artes. Una representación que no le hace justicia, pues no fue hecho para ser algo sensible, pero el ser humano suscita para así tratar de comprender aquello que no puede ver, solamente sentir y padecer.

Bibliografía

Ficino, M. (2001). De amore. (R. de la Villa Ardura, Trad.). Tecnos.

Imagen | Pixabay

Cita este artículo (APA): Ortiz, M. (2023, 09 de mayo). El amor en la estética de Ficino. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/05/el-amor-en-la-estetica-de-ficino
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por Mayra Ortiz Franco

Estudiante de sexto semestre en la licenciatura de Filosofía en la Universidad de Guanajuato. Entusiasta de la estética, la música y la filosofía medieval. Integrante de la Red Mexicana de Mujeres Filósofas (ReMMuF).

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