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¿Por qué el amor tiene que ser solo romántico?

Este texto fue publicado originalmente en la Revista We Are Davinci el 26 de febrero de 2023 como parte de nuestra alianza de colaboración con ellos. Puedes leer también el texto que ellos escribieron sobre la misma temática en Filosofía en la Red. 

¿A quién imaginas que le puedes decir “te amo”? Normalmente, reducimos al amor ya sea a su vertiente romántica o, en el mejor de los casos, a los vínculos familiares. Solemos entenderlo como ese sentimiento fuerte de filiación que nos vincula a nuestra pareja o a nuestra familia, pero ¿por qué vemos como algo raro amar a un amigo, a una amiga? E incluso, hay algo peor: nos es imposible imaginar siquiera que un hombre y una mujer (hablando de forma heterosexual) puedan ser cercanos, experimentar cariño o sentir amor el uno por el otro sin que esto conlleve una atracción sexual o romántica; pero antes de llegar a quien propuso la premisa de este tipo de amor, podríamos preguntarnos ¿por qué creemos que la preocupación y atención por el otro implica necesariamente un interés?

Spoiler: porque somos egoístas.

Por más que nos llenamos la boca argumentando cosas acerca del amor, en nuestro interior casi siempre queremos no solo amar, sino ser amados. Buscamos esa media naranja que nos complemente, esa compañera o compañero que esté ahí para nosotros, esos brazos que nos acojan cuando tenemos frío. Pero el amor es algo más. La esencia de este no es mi satisfacción, sino la del otro, el amor no busca llenarme, sino llenar; amar, de verdad, al menos considero yo, es poner a aquel antes que a nosotros. Y aclaro, no me refiero a esta vertiente codependiente en donde no importa que el otro o la otra me lastime, no; desde luego que implica “amor propio” (con nuestros límites y demás) pero girando hacia la donación en donde yo doy sin realmente esperar algo a cambio.

Y es por eso que solemos encasillar al amor en los dos puntos que comenté. La familia, de una u otra manera, nos vincula y nos ofrece algo: pertenencia; la pareja, por otro lado, está ahí como compañera de vida. Pero un amigo, que coloquialmente se dice “es la familia que uno escoge”, aunque está no “puede estar” tanto como la familia o la pareja; normalmente siempre habrá una barrera, sutil u obvia, que haga que ese estar no lo sea completo.

Quizá sea por la desafortunadamente famosa cultura patriarcal, pero mostrar aprecio o cuidado de un hombre hacia una mujer suele estar ligado al coqueteo, a la seducción. Tenemos tan taladrada en la cabeza la idea de que cuando buscamos a alguien lo hacemos por interés, que va contra natura ver cómo un chico puede preocuparse por una chica sin que esto implique una atracción sexual. Mandar mensajes preguntando cómo estás, interesarse por ella, procurar verse o simplemente estar se suele vincular a que quien lo hace lo realiza porque quiere algo más que una amistad; tenemos tan relacionada la idea de que siempre tenemos que dar algo a cambio, que cuando alguien nos procura, lo primero que pensamos es que sus intenciones van más allá que un simple trato.

¿Por qué todo “interés” tendría
que estar relacionado con deseo sexual?

Platón es un filósofo con una suerte peculiar, ya que la cultura pop lo recuerda más por el amor platónico que por todas sus ideas. Pero apelando a su fama, bebamos un poco de este amor. Lejos también de lo que se suele creer, el amor platónico es un amor sin lazos sexuales ni románticos, este se basa en la conexión emocional, el respeto y la amistad; es verdad, hablar de este tipo de amor apela más, como todo buen precepto filosófico, a una utopía que a una probabilidad, pero ¿acaso es tan difícil abrazar algo que a priori no es tan ilusorio?

Desde una naturaleza heteronormativa, se valora y se promueven las relaciones heterosexuales como la forma más valiosa y deseable de amor, reduciendo así toda manifestación afectiva a un plano secundario cuando no persigue dicho fin. Pero el amor, sí, amor entre amigos, aunque el sustantivo pueda sonar muy fuerte para muchos, es una relación que puede ser más fuerte y duradera. La relación se puede desarrollar en un contexto en donde se comparten intereses, valores y perspectivas similares; y en donde la amistad y la confianza son la base. Sí, dichos adjetivos pueden calzar en una relación romántica, pero entre amigos, al ser bajo un plano diferente (sin un fin sexual), esto mismo se catapulta de una forma diferente.

¿El afecto es siempre
un pretexto para el sexo?

Por supuesto que no, aunque parece que no muchos están preparados para entenderlo. Por más que hacemos ensayos y reflexiones, o por más que escuchamos que “hombres y mujeres pueden ser amigos”, a la hora de la verdad, no siempre compramos la idea. Nos cuesta mucho “cambiar el chip” de que puede haber relaciones sin un fin sexual. El cariño viene en muchos sabores, y el amor tiene diferentes maneras de manifestarse, pero la clave acá es permitirnos vivirlo. Quizá sea por lo hondo que está en la cultura la idea, e incluso tal vez en los genes, de que dos personas de diferente sexo “tarde o temprano terminarán en la cama”, es que nos cerramos a la posibilidad de que alguien puede preocuparse por mí, que puede amarme, y, aun así, no desearme sexualmente, o no tener un interés romántico.

El amor no tiene que ser solo romántico.

Y de hecho, deberíamos de perderle el miedo a la palabra. Sí, evidentemente podemos argumentar que está un poco desgastada o infravalorada, pero hay situaciones en donde el miedo a decirle “te quiero” a una amiga pesa más por el qué dirán, porque a un amigo no lo “puedes” amar. 

Pero amar es algo tan subjetivo y amplio que no tendría que estar sometido a ningún juicio o valoración. Cada quien ama a su manera y ama lo que quiere; per se, deberíamos de “poder” expresar el amor sin el miedo al que dirán y sin el tabú de que a alguien, simplemente por no tener el título de pareja o familia, no se le puede amar.

Imagen | Unsplash

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por Miguel Ángel

ceo de filosofía en la red, drando. en Filosofía, mtro. filosofía y valores, lic. en psicología organizacional, PTB en enfermería; catedrático de licenciatura en la Universidad Santander (México)

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