A lo largo de mis lecturas, había algo por la que siempre me acercaba a Saramago desde una perspectiva curiosa, me preguntaba: ¿qué era lo que me atraían de sus lecturas?, ¿cómo es que en algunos capítulos de la obra me sentía incómoda de lo que presenciaba?, como si no perteneciera a una situación tan íntima y personal por la que los personajes estaban pasando. Hasta hace poco es que lo descubrí: José Saramago es un chismoso. A lo largo de este artículo, podremos entender cómo es que el autor nos permite espiar a los personajes que vamos siguiendo, pero sin escondernos de ellos, sino más bien, exponiéndolos a nuestra perspectiva y a la suya misma, teniendo a un narrador que muestra su opinión en más de una ocasión.

Vamos por partes, debido a que la consigna es escandalosa incluso para mí, sin embargo, pronto explicaré como es que este click bait no es tan click bait como parece. Cuando nos referimos a la obra de Saramago, una de las principales características es su singular forma de escribir, siendo que dentro de sus lecturas tan solo encontraremos puntos que delimiten una frase de otra. Sin más, es trabajo del lector interpretar cada una de esas frases para entender cuál es su rol dentro de la historia. Es interesante cómo incluso este factor puede llegar a ser una de las razones por las cuales se debe de interpretar en más de un sentido lo que Saramago escribe; las diferentes lecturas que le podemos dar a un punto y seguido, una coma o un párrafo completo, es uno de los elementos que hace de Saramago un autor interesante, pues la estructura gramatical que conocemos nos permite entender la estructura que seguiremos dentro de la historia, por ejemplo, cuándo habla un personaje, cuándo habla el narrador, qué dice qué personaje, etc. Pero esto queda a nuestra interpretación en sus obras, pudiendo pensar que algún diálogo es de un personaje o de otro, siempre que para nosotros se explique dentro de la conversación.

Luego de entender la estructura gramatical del escritor portugués, pasaremos a otro tema (el principal aquí) y es que, dentro de sus obras, él, y nosotros, interpretamos un papel importante: somos los que observamos. Saramago se dedica a relatarnos diversas historias contadas en tercera persona, pero esta voz no es únicamente el narrador, sino el expositor. Nos da un recorrido por las acciones que están pasando en el momento, guiándonos no solo con las descripciones de los personajes, de los lugares o de los objetos, también nos dice cómo es que se siente él, el narrador, el expositor. Nos muestra el punto de vista que cae sobre sus ojos al momento de mirar lo que nos narra.

Y aquel es Domingos Alfonso Lagareiro, natural y morador, que fue de Portel, que fingía visiones para que lo estuviesen por santo y hacía curas usando bendiciones, palabras y cruces, y otras tales supersticiones, imagínense, como si hubiera sido él el primero.

Memorial del convento, José Saramago

Dentro de las palabras encontramos sus puntos de vista, cómo es que, mostrándonos lo que ve, también nos dice lo que sabe o piensa. Viéndolo de otra forma, nos está dando un Tour en la historia, uno que, nos lleva a entender qué es el lugar que visitamos, quienes habitan ese lugar; luego, nos lleva hasta los personajes, y es ahí donde nos encierra junto con la intimidad de estos y los observamos, como aquellos turistas invisibles que somos, haciendo de su dolor un espectáculo, pero también explicándonos por qué se sienten de tal forma. Es obvio que cuando nos hace énfasis en lo que nos cuenta (imagínense, como si hubiera sido él el primero), también nos encontramos con que es una narración subjetiva, donde vamos a encontrar sus comentarios como si fueran notas del texto, opiniones dignas del conocedor de la historia completa, quien se mofa de Domingos Alfonso por creer ser el primero en fingir visiones, cuando nuestro narrador conoce a más de uno que lo ha hecho antes, ¿es acaso esto una motivación para el lector de realizar una búsqueda más exhaustiva para comprender sus comentarios que parecieran lanzados al aire? Si bien una de las ventajas del narrador en tercera persona es que este está determinado por ser omnipresente, y es una de las ventajas que podemos observar dentro de las lecturas de Saramago, en ocasiones podemos ir de un personaje a otro, y luego al bullicio de la ciudad, y después a uno de sus ejemplos para que a nosotros, como turistas, nos quede claro cómo es que las cosas funcionan dentro de ello.

Para concluir, podemos apreciar que dentro de la narrativa de Saramago, observamos una estructura gramatical fresca y abierta a diferentes formas de lecturas. La misma apertura la podremos encontrar en su singular narración, la cual está empapada de subjetividad, encontrando comentarios puramente personales dentro de ella. Personalmente, considero importante esta forma de contar las historias, porque nos motiva a reflexionar más allá de las acciones que vemos en los personajes, permite verlos de manera más humana, siendo estas las cadenas de su vida y no de la narración, y pudiendo entender las motivaciones de cada uno a partir de ello. Además, son pequeñas aportaciones que también nos incita a conocer más, a enternecernos, sentir tristeza o alegría por los personajes, conectar con cada uno de ellos y sobre todo, sentir que la historia leída y también una historia contada para nuestra presencia.

Bibliografía

Saramago, J. (1995) Ensayo sobre la ceguera. Alfaguara.

Saramago, J. (1998) Memorial del convento. Alfaguara.

Saramago, J. (2004) Ensayo sobre la lucidez. De bolsillo.

Saramago, J. (2005) Las intermitencias de la muerte. De bolsillo.

Imagen | Life of Pix

Cite este artículo (APA): Ramos, P. (2023, 15 de mayo). ¿Por qué Saramago es el autor indiscreto? Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/05/por-que-saramago-es-el-autor-indiscreto

Artículo de:

Paola Ramos Ramos (autora invitada):
Escritora y cineasta, 24 años, CDMX. Estudiante de todo lo interesante que es la vida.

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por autores invitados

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