Nota de la autora: Escribí la siguiente disertación para la primera fase de la XIII Olimpiada Filosófica de Madrid1. Honestamente, no tenía pensado publicarla, pero la vida se cruzó en mi camino: días después de escribirla, Reino Unido anunció2 su resonada ley migratoria de deportación y negación del asilo político a inmigrantes "ilegales". 

Aristóteles decía que la vida es la causa eficiente de la Filosofía: la inquietud del filósofo nace de preguntas inmanentes en la vida misma. Por esto mismo, soy incapaz de retirar la mirada a la vida (tanto la propia como la ajena): las circunstancias, la coyuntura política actual, la vida política de Europa, me obligan a reflexionar acerca de determinadas preguntas filosóficas. Publicar (ahora) un ensayo acerca del ser platónico, la existencia de Dios o la trascendencia existencial, me supone una cierta inquietud moral. Caer en estos derroteros metafísicos y abstractos implica hacer oídos sordos a la actualidad, a la vida misma. Implica apagar la radio, quitar las noticias, cerrar el periódico. La filosofía existe por y para la vida. Y la inmigración, como protagonista de la vida política actual, merece un hueco entre esas interrogaciones tan reivindicadas por la Filosofía.

Wittgenstein decía3 que toda pregunta filosófica es, en última instancia, una pregunta acerca del significado de las palabras. La palabra “frontera” tiene muchos significados, pues es una palabra que alberga en sí la contradicción. Frontera significa entrada y salida, principio y fin; significa lo “propio”, pero también lo “ajeno” o “extranjero”. El término “frontera” se fundamenta en la diferencia, sin ser ello casualidad. Haciendo referencia, de nuevo, a la propuesta wittgensteiniana, el lenguaje es un reflejo de la realidad: y la palabra “frontera”, al igual que la frontera misma, es pura polisemia.

En cuanto al segundo término, “justicia”, tiene poco que envidiar a la ambigüedad del primero. A partir de la Modernidad, la justicia se entiende como el procedimiento de legitimación de un Estado. Luego, lo “justo” no reside en la materia de la acción estatal, sino en el procedimiento que lo fundamenta. El cómo legitima al qué. En el siguiente ensayo, se analizará el debate de las fronteras y la inmigración desde la teoría política moderna y contemporánea. La razón de ello es simple: la política moderna deja de buscar “lo derecho” —la antropología esencialista que fundamentaba el orden político clásico— para buscar “los derechos”. La política moderna habla de libertad: de individuos, de seres humanos… y el debate de la inmigración debería partir de esta misma premisa: la presunción de la humanidad. El reconocimiento de la dignidad del ser humano, en cuanto humano.

Aclarado ya este simple, pero crucial presupuesto, ya puede asomarse, tranquila y sosegadamente, el verdadero concepto que subyace bajo la palabra “justicia”, “global” y “frontera”. Se trata, evidentemente, de la palabra “emigrante”. De la palabra “extranjero”, “MENA” o “refugiado”, todas distintas pero unidas por un factor clave: la búsqueda de asilo —económico y político; pero también emocional, moral y, por encima de todo, vital—.

Ahora bien, ¿cómo debemos actuar, como individuos y como sociedad, ante este fenómeno? Pues bien, para autores como Richard Rorty4 debemos actuar como seres humanos: desde la humanidad hasta la humanidad. Para él, la solidaridad es un sentimiento de compasión con aquellos que son “como nosotros”. Esta forma de identificación no nace de un cálculo racional —esto es, de la razón subjetiva propia de la modernidad—, sino de un sentimiento de lealtad, de capacidad imaginativa para trascender las fronteras que hacen “extranjero” al extranjero. Ahora bien, ¿cómo puede identificarse una chica española de dieciocho años con un refugiado sirio? Desde la filosofía de Rorty, no es posible esquivar esta pregunta mediante un argumento esencialista. Para él, el camino hacia la justicia no es sino el reconocimiento del dolor ajeno. No hay vínculo más poderoso que la aceptación de la vulnerabilidad, el sufrimiento y, en último término, la finitud humana. Desde este ángulo, el “otro” pasa a formar parte del “nosotros”; la primera y la segunda persona se funden en un mismo plural. Solo mediante la identificación recíproca y colectiva existirá esa “justicia global”. 

Tomemos ahora la tesis anterior sobre la polisemia de la palabra “frontera”. En el pensamiento de Rorty, ¿existe algo como tal? Realmente, el “nosotros” debe ampliarse universalmente —y ello requiere, por tanto, una mayor empatía con el dolor ajeno—. Luego, la frontera desaparece: se disipa, se desdibuja esa línea que divorcia al el “yo” del “tú”. El extranjero se torna, entonces, un extranjero “moral” o “ético”. Es decir, el “nosotros” busca la solidaridad, huye de la humillación y la crueldad, y conforma, por tanto, un “nosotros” moral. El que se halle “fuera” de ese círculo será, en consecuencia, el inmoral —el hostigador y el egoísta—. Rorty no habla, pues, de una frontera material sino ético-moral.

Siguiendo esta fundamentación emocional de la justicia global, resulta pertinente incluir la postura del filósofo Jacques Derrida. Sin duda, el pilar clave en la construcción de un Estado justo es la hospitalidad —que no es sino una forma de aceptación—. Para el filósofo francés5, la imprevisibilidad, la finitud y la incondicionalidad expresan un ideal de recepción del otro. Derrida no habla, pues, de una invitación del extranjero, sino de un cobijo incondicional. Y la migración, como llegada del “otro”, remite necesariamente a una aceptación incondicional, a una erradicación de la otredad: a una búsqueda de la igualdad. Para Derrida, “debemos abrir nuestras puertas” incondicionalmente. Bajo este paradigma, el concepto de “sintecho” desaparece. Todo el mundo, la humanidad en su conjunto, tiene un techo: un techo material, cultural, moral y político

La postura del alemán Jürguen Habermas, trata de garantizar racionalmente la cohesión social en las sociedades contemporáneas. Para ello, el filósofo aboga6 por un diálogo intersubjetivo como fuente de verdad. Se trata de una defensa del uso ilocucionario del lenguaje, que deriva en un entendimiento y consenso colectivos. Ahora bien, para que esto sea posible, la igualdad, la tolerancia, y la razón deben ser condiciones formalizadas en el propio diálogo. Solo así puede darse una búsqueda compartida de la verdad. Respetando la dignidad humana podremos entablar una conversación con el “desfavorecido”, con el débil, con aquel que necesita asilo. Habermas repite aquello que siempre nos decían de niños: los problemas se solucionan hablando.

Esta propuesta se encuentra en la misma línea del deber kantiano. La diferencia clave es que Habermas sustituye el monólogo por el diálogo, la reflexión individual por el consenso. Esta propuesta supone el abandono definitivo del solipsismo cartesiano y kantiano. En la política, este planteamiento deriva en una politización de la sociedad, en la que los lugares públicos son espacios de debate y discusión. Y esta politización de la vida social tiende la mano a la presunción de la humanidad previamente comentada, y deriva en un continuo diálogo donde el desfavorecido también tiene voz. 

Parece, pues, que tanto desde la razón, como desde el sentimiento, puede defenderse una justicia global donde el refugiado quede refugiado.

En conclusión, desde tres argumentos absolutamente distintos entre sí, es posible llegar a la conclusión de que existe un impulso o deber moral de acoger al refugiado. Para Rorty, es el reconocimiento del dolor ajeno aquello que nos impulsa a empatizar y solidarizar con el “extraño”. Mientras, Derrida defiende una hospitalidad incondicional que nace de un trato igualitario. Por último, Habermas responderá al asunto de la migración desde una postura racional, arguyendo que el consenso y la aceptación de la dignidad humana deben regir todo diálogo.

Finalmente, me gustaría terminar esta disertación aludiendo a un poema de José Hierro. Rorty argumenta que la literatura amplía nuestra capacidad imaginativa de identificación con la otredad. En muchos casos, solo el Arte puede conmovernos y, sobre todo, movernos —remover nuestras consciencias, zarandear nuestra situación ideológica de confort—. En este poema, al que llama Réquiem7, José Hierro habla de un exiliado español fallecido en Estados Unidos en la más absoluta anonimia y soledad. El poeta dedica este Réquiem al que vive y muere huérfano; al que se ve obligado a huir, ya sea en tren, avión o patera. Ello es debido a que no hay lágrima más profunda y humana, no hay lágrima más antigua y eterna, que la lágrima que moja el papel en el que José Hierro escribe: Vino un día porque su tierra es pobre.

Nota

[1] El presente texto fue la Disertación presentada por la autora en la 1era fase de la Olimpiada Filosófica de Madrid, edición 2023, de la que posteriormente fue ganadora del primer lugar.

[2] RTVE. (2022, 7 de marzo). Reino Unido anuncia una nueva ley para deportar a los migrantes que lleguen por el Canal de la Mancha. RTVE. https://www.rtve.es/noticias/20230307/reino-unido-anuncia-nueva-ley-deportar-migrantes-canal-mancha/2430309.shtml

[3] Wittgenstein, L. (1921). Tractatus Logico-Philosophicus. Kegan Paul, Trench, Trubner & Co.

[4] Rorty, R. (1979). Philosophy and the Mirror of Nature. Princeton University Press.

[5] Derrida, J. (1991). Donner le temps. 1. La fausse monnaie [Giving Time: 1. The False Coin]. Galilée.

[6] Habermas, J. (1999). Truth and justification. MIT Press.

[7] Puede leerse en: https://cvc.cervantes.es/literatura/escritores/hierro/voz/requiem.htm

Bibliografía

Almeyda Sarmiento, J.D. et al (2021). Hospitalidad, Tolerancia y Justicia en la filosofía de Jacques Derrida y Jurgen Habermas. Revista Filosofía UIS.

Truchero Cuevas, J. (2008) Rorty y la solidaridad. Universidad Autónoma de Madrid.

Diaz Montiel, Z. (2007) J. Habermas: Lenguaje y diálogo, el rol del entendimiento intersubjetivo en la sociedad moderna. Revista Utopía y Praxis Latinoamericana

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Artículo de:

Elena Verdugo (autora invitada):
Estudiante de Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Trilingüe (español, francés e inglés). Obtuvo el 2º premio de disertación en la OFM (Olimpiada Filosófica de Madrid) de 2022, y el 1º en 2023.

Cite este artículo (APA): Verdugo, E. (2023, 01 de mayo). Sobre justicia global y fronteras. Filosofía en la Red. https://filosofiaenlared.com/2023/05/sobre-justicia-global-y-fronteras
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por autores invitados

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